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La alabanza al amor: Himno en honor a Afrodita de Safo

La oda a Afrodita, al ser el poema más conocido de Safo y tener la particularidad de ser el único que hemos conservado entero a pesar de que le falta el inicio del tercer verso de la quinta estrofa, fue citado por Dionisio de Halicarnasio, un escritor del siglo I a.C, motivo del cual ha llegado hasta nosotros.

Pues bien, el contendido del himno es un ruego que hace nuestra escritora a la diosa del amor, Afrodita, para que pedirle ayuda: atraer hacia ella un amor renegado. En este caso sabemos que la amada es una mujer, por la ausencia de una letra al final de la sexta estrofa. Después de la invocación, encontramos una larga digresión, donde la poetisa rememora una ocasión anterior en que la diosa estuvo dispuesta a ayudarle, ocasión en la cual la diosa, que es conducida por un carruaje de oro tirado por gorriones, descendió y le prometió que su suplica sería cumplida. Por último, el poema se cierra con una estrofa en la cual se reitera la solicitud de ayuda en la “guerra del amor”, comparando la relación amorosa con la batalla.

Texto en griego

Ποικιλόθρον᾽ ὰθάνατ᾽ ᾽Αφρόδιτα,
παῖ Δίος, δολόπλοκε, λίσσομαί σε
μή μ᾽ ἄσαισι μήτ᾽ ὀνίαισι δάμνα,
πότνια, θῦμον.

ἀλλά τυίδ᾽ ἔλθ᾽, αἴποτα κἀτέρωτα
τᾶς ἔμας αὔδως αἴοισα πήλγι
ἔκλυες πάτρος δὲ δόμον λίποισα
χρύσιον ἦλθες

ἄρμ᾽ ὐποζεύξαια, κάλοι δέ σ᾽ ἆγον
ὤκεες στροῦθοι περὶ γᾶς μελαίνας
πύκνα δινεῦντες πτέῤ ἀπ᾽ ὠράνω αἴθε
ρος διὰ μέσσω.

αῖψα δ᾽ ἐξίκοντο, σὺ δ᾽, ὦ μάκαιρα
μειδιάσαισ᾽ ἀθανάτῳ προσώπῳ,
ἤρἐ ὄττι δηὖτε πέπονθα κὤττι
δηὖτε κάλημι

κὤττι μοι μάλιστα θέλω γένεσθαι
μαινόλᾳ θύμῳ, τίνα δηὖτε πείθω
μαῖς ἄγην ἐς σὰν φιλότατα τίς τ, ὦ
Ψάπφ᾽, ἀδίκηει;

καὶ γάρ αἰ φεύγει, ταχέως διώξει,
αἰ δὲ δῶρα μὴ δέκετ ἀλλά δώσει,
αἰ δὲ μὴ φίλει ταχέως φιλήσει,
κωὐκ ἐθέλοισα.

ἔλθε μοι καὶ νῦν, χαλεπᾶν δὲ λῦσον
ἐκ μερίμναν ὄσσα δέ μοι τέλεσσαι
θῦμος ἰμμέρρει τέλεσον, σὐ δ᾽ αὔτα
σύμμαχος ἔσσο.

Texto en español

Santa hija de Zeus, de esmaltado trono,
dolotrenzadora, Afrodita, atiende:
ya no domes más con pesar y angustias
mi alma, señora,

sino ven aquí, si mi voz de lejos
otra vez oíste y me escuchaste
y dejando atrás la dorada casa
patria viniste,

tras uncir el carro: gorriones lindos
a la negra tierra tiraban prestos
con sus fuertes alas batiendo el aire
desde los cielos.

Y llegaron pronto, y tú, bendita,
sonriendo siempre en tu faz divina,
preguntabas qué me pasaba, a qué otra
vez te llamaba,

y qué es lo que tanto ahora en mi alma loca
conseguir quería: “¿A quién deseas
que al amor te traiga? Ah dime, Safo,
¿quién te hace daño?

Que, si huyó de ti, pronto irá a buscarte;
si aceptar no quiso, dará regalos;
y si no ama hoy, te amará muy pronto,
aun sin quererlo”.

Ven también ahora y de amargas penas
líbrame, y otorga lo que mi alma
ver cumplido ansía, y en esta guerra
sé mi aliada.

Obra de la pintura: Charles Amable Lenoir, Whisper of love
Traducción: Juan Manuel Rodríguez Tobal.

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Safo de Lesbos, la verdadera reveladora del amor en Occidente

Autora: Mónica Encinas Fons

Si pensamos en un poeta de la Antigua Grecia, nos viene a la mente la poetisa que celebró el amor en todas sus manifestaciones, Safo de Lesbos. Esta autora, cuyo nacimiento fue en Mitilene, Lesbos, 650/610 a.C y muerte en Léucade, 580 a. C., fue una de las primeras representantes de la nueva poesía lírica occidental que se estaba dando en Lesbos, poesía destinada al canto, con un carácter privado, subjetivo e intimista.

Asimismo, los poetas lesbios se dedicaron a escribir poesía al servicio de sus propios intereses, para expresar sus sentimientos al reducido círculo de amigos en fiestas o banquetes. Es aquí, en Lesbos, donde se fija esta poesía, quien tiene como representante a Safo, cultivadora de una poesía del amor llena de emociones que se ha ganado el mérito de ser, según Schadewaldt, “la verdadera reveladora del amor en Occidente”.

No sabemos casi nada de la vida de nuestra poetisa, pues lo único que conocemos de ella es a través de sus fragmentos, los datos que ofrecen las fuentes indirectas, alusiones y biografías de los antiguos. Además de saber su fecha de nacimiento, también tenemos la certeza de su matrimonio con Cércilas de Andros, padre de su única hija (Cleis), así como a sus tres hermanos (Larico, Eurygio y Caraxo).

Édouard-Henri_Avril_(24)

Su poesía era de encargo, epitalamios para bodas que se cantaban por los coros de muchachos y muchachas que formaban el cortejo nupcial -fragmentos 104 (a) – 111-, cuyo centro de su producción poética y de su vida está en el círculo de sus amigas, del cual dependía también económicamente, y de las cuales se enamoraba, amor inasible y sagrado por la religión.

Posteriormente, la obra de Safo fue editada por los poetas alejandrinos tomando como modelo la métrica de sus composiciones, considerando que su obra comprendía unos 12,000 versos; de los cuales conservamos 200 fragmentos gracias a los papiros o citas de autores antiguos, pero la mayor parte de ellos son ilegibles.

De todas maneras, les ofrecemos dos fragmentos de Safo que ensalzan la belleza del amor como su fuente de vida y riqueza.

Fragmento 16

texto griego

ο]ἱ μὲν ἱππήων στρότον οἱ δὲ πέσδων
οἱ δὲ νάων φαῖσ’ ἐπ[ὶ] γᾶν μέλαι[ν]αν
ἔ]μμεναι κάλλιστον, ἐγὼ δὲ κῆν’ ὅττω
τις ἔραται.

πάγχυ δ’ εὔμαρες σύνετον πόησαι
πάντι τοῦτ’· ἀ γὰρ πολὺ περσκέθοισα
κάλλος ἀνθρώπων Ἐλένα τὸν ἄνδρα
τὸν πανάριστον

καλλίποισ’ ἔβας ‘ς Τροίαν πλέοισα
κωὐδὲ παῖδος οὐδὲ φίλων τοκήων
πάμπαν ἐμνάσθη, ἀλλὰ παράγαγ’ αὔταν
οὐκ ἀέκοισαν

Κύπρις· εὔκαμπτον γὰρ ἔφυ βρότων κῆρ
] κούφως τ . . . οη . . . ν
κἄμε νῦν Ἀνακτορίας ὀνέμναι-
σ’ οὐ παρεοίσας

τᾶς κε βολλοίμαν ἔρατόν τε βᾶμα
κἀμάρυχμα λάμπρον ἴδην προσώπω
ἢ τὰ Λύδων ἄρματα κἀν ὄπλοισι
πεσδομάχεντας.

texto en español

Dicen que una tropa de carros unos,
otros que de infantes, de naves otros,
es lo más hermoso en la negra tierra;
yo que todo aquello de lo que uno mismo
se ha enamorado.

Y es sencillo hacer que cualquiera entienda
esto, pues Helena, que aventajaba
en belleza a todos, a su marido,
alto en honores,
lo dejó y se fue por el mar a Troya,
y ni de su hija o sus propios padres
quiso ya acordarse, pues fue llevada

y esto me recuerda que mi Anactoria
no está presente,
de ella ver quisiera el andar amable
y la clara luz de su rostro antes
que a los carros lidios o a mil guerreros
llenos de armas.

 

Fragmento 31

texto en griego

Φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν᾽ ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἆδυ φωνεί-
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμέροεν. τό μ᾽ ἦ μάν
καρδίαν ἐν στήθεσιν ἐπτόαισεν.
ὢς γὰρ ἔς σ᾽ ἴδω βρόχε᾽, ὤς με φώνη-
σ᾽ οὖδεν ἔτ᾽ εἴκει,

ἀλλὰ κὰμ μὲν γλῶσσα ἔαγε, λέπτον
δ᾽ αὔτικα χρῶι πῦρ ὐπαδεδρόμακεν,
ὀππάτεσσι δ᾽ οὖδεν ὄρημμ᾽, ἐπιρρόμ-
βεισι δ᾽ ἄκουαι,

ἀ δέ μ᾽ ἴδρως κακχέεται, τρόμος δέ
παῖσαν ἄγρει, χλωροτέρα δὲ ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ᾽ ὀλίγω ᾽πιδεύης
φαίνομ᾽ ἔμ᾽ αὔται·

ἀλλὰ πᾶν τόλματον, ἐπεὶ +καὶ πένητα

texto en español

Me parece igual a los dioses ese
hombre que ahora está frente a ti sentado,
y tu dulce voz a tu lado escucha
mientras le hablas

y tu amable risa; lo cual, te juro,
en mi pecho el alma saltar ha hecho:
pues te miro apenas y mis palabras
ya no me salen,

se me queda rota la lengua y, suave,
por la piel un fuego me corre al punto,
por mis ojos ya nada veo, y oigo
sólo un zumbido,

me destila un frío sudor, y entera
un temblor me apresa, y cual la paja
amarilla estoy, y mi muerte siento
poco alejada.

Pero todo habrá que sufrirlo, incluso…

 

Traducción: Manuel Rodríguez Tobal
Pintura de portada: Sappho, Charles Mengin 
Pintura interior: 
Safo y su novia, Édouard-Henri Avril

 

 

 

 

Biografías Poéticas: Jaime Siles

La primera vez que escuché la poesía de Jaime Siles fue en su tierra natal, en voz de una compatriota suya que tuvo la camaradería de contarme un poco de la historia de este escritor y erudito valenciano. Nacido en 1951, Jaimes Siles es un fiel representante de eso que llamamos “tradición clásica”, tanto por su formación en letras (doctorado por la Universidad de Salamanca en Filología Clásica), como por su dedicación a la poesía en sus formas más tradicionales. Autor de 19 poemarios, entre los que se encuentra el célebre Semáforos, semáforos (1990) y Desnudos y acuarelas (2009), Siles destaca no sólo como vate talentoso, sino también como estudioso de otros poetas españoles, especialmente de la Generación del 27. En fin, esperamos que disfruten una de sus obras más célebres y que se animen a leer más de este magnífico autor.

Semáforos, Semáforos

La falda, los zapatos,
la blusa, la melena.
El cuello, con sus rizos.
El seno, con su almena

El neón de los cines
en su piel, en sus piernas.
Y, en los leves tobillos,
una luz violeta.

El cláxon de los coches
se desangra por ella.
Anuncios luminosos
ven fundirse sus letras.

Cuánta coma de rimmel
bajo sus cejas negras
taquigrafía el aire
y el aire es una idea.

El cromo de las motos
gira a cámara lenta.
Destellos, dioramas,
tacones, manos, medias.

Un solo parpadeo
Y todo se acelera.
El carmín es un punto
y es un ruido de seda.

La falda, los zapatos,
la blusa, la melena
Se han ido con la luz
verde que se la lleva.

En un paso de cebra
La vi y dije: ¡ella!
Y todos los motores
me clavaron su espuela.

El semáforo dijo
hola y adiós. Y era
muy pronto para todo,
muy tarde para verla.

El ámbar me mordía
los ojos y las venas
y la calle tenía
resplandor de pantera.

En qué esquina de yodo
su mirada bucea.
En qué metro de níquel
o burbuja de menta.

Ningún libro me dice
ni quién es ni quién era.
Ni su nombre ni el mío
intercambian fonemas.

Lloran los diccionarios,
lloran las azoteas
y dicto mis mensajes
en una lengua muerta.

He llegado hasta junio
y estoy en las afueras.
La costura del cielo
tiene blondas de niebla.

Las boquitas pintadas
dejan polvo de estrellas
en el borde de un vaso
boreal de ginebra.

Escrito en cuneiforme
el perfil de sus ruedas
los taxis amarillos
tatúan la alameda.

La noche me maquilla
con su breve tormenta
de bares y de hoteles
sonámbulos que tiemblan.

Otoño de terrazas
vacías y de mesas,
de toldos recogidos
y sillas genuflexas.

Los lápices de labios
con la aurora despiertan.
Los espejos los miran
dibujar sus dos letras.

En un paso de cebra
la vi y dije: ¡ella!
y todos los motores
me clavaron su espuela.

Ésta es la misma calle.
Ésta es la misma acera.
Y la hora, la misma.
Sólo ella no es ella.

La falda, los zapatos,
la blusa, la melena.
El cuello, con sus rizos.
El seno, con su almena.

¿Y la coma de rimmel
bajo sus cejas negras?
El aire me grafía
Aún su silueta.

Esculpida en el ámbar
de algún paso de cebra
fosforesce su piel,
fosforescen sus medias.

Pintura: Jorge Luis Santisteban

 

Biografías poéticas: Rafael Alberti

Hablar sobre Alberti, uno de los poetas representativos de la Generación del 27, no hace mucha falta. Lo que hace mucha falta es leerlo. Nació en 1902 y murió en 1999, ambos acontecimientos en la ciudad de Cádiz, España. Su producción poética es realmente vasta: comienza en 1925 con Marinero en Tierra y finaliza con Canciones para Altair en 1989. También fue autor de diversas obras de teatro  y cuenta con dos guiones de cine. De cualquier manera, y como todo poeta, se conoce mejor leyéndolo. Les dejamos a continuación dos obras de Alberti que les encantarán.

Se equivocó la paloma

Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.

Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa.

Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.

—————
El Ángel desconocido
¡Nostalgia de los arcángeles!
Yo era…
Miradme.
Vestido como en el mundo,
ya no se me ven las alas.
Nadie sabe como fui.
No me conocen.
Por las calles, ¿quién se acuerda?
Zapatos son mis sandalias.
Mi túnica, pantalones
y chaqueta inglesa.
Dime quién soy.
Y, sin embargo, yo era…
Miradme.
——————–

Biografías poéticas: Jaime Sabines

Si no has tenido tiempo de leer algo sobre el cantor de los Amorosos, lo recomendable sería echarle un vistazo a esta pequeña semblanza y dejarte llevar por el talento del poeta chiapaneco Jaime Sabines (1926-1999). Originario de Tuxtla Gutiérrez, México, Sabines es reconocido como uno de los grandes líricos del siglo XX en tierras americanas. Es autor de grandes poemarios como “Adán y Eva” (1952) y “Tarumba” (1956), dos de nuestros preferidos: el primero por su erotismo carnal y místico; el segundo por sus reflexiones sobre la vida de uno más que se sabe mortal. No obstante, el placer no está en describirlo o arrojar miles de datos sobre su trabajo, sino en la lectura de su obra. En la Villa de los Papiros te dejamos dos composiciones pertenecientes a los poemarios mencionados. ¡Qué lo disfrutes!

¿Qué putas puedo?
(De Tarumba)

¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla,
con mi pierna tan larga y tan flaca,
con mis brazos, con mi lengua,
con mis flacos ojos?

¿Qué puedo hacer en este remolino
de imbéciles de buena voluntad?

¿Qué puedo con inteligentes podridos
y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía?

¿Qué puedo entre los poetas uniformados
por la academia o por el comunismo?

¿Qué, entre vendedores o políticos
o pastores de almas?

¿Qué putas puedo hacer, Tarumba,
si no soy santo, ni héroe, ni bandido,
ni adorador del arte,
ni boticario,
ni rebelde?

¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo
y no tengo ganas sino de mirar y mirar?

III
(De Adán y Eva)

Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas?

Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquila y tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.

¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron, pues, de mi costado, no me dueles?

Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande, de algún modo.

Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día.

Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve.

Pintura: Los amantes, Alfredo Ramos Martínez.

 

 

La mujer que quiso combatir: la Balada de Mulan

Autora: Mónica Encinas Fons

En esta entrega de la Villa, pasamos de la poesía de la Arabia Preislámica con la sensualidad de Imru´l Qays y el amor eterno de la poetisa Layla Al-Ajyaliyya, a la de la Antigua China de la mano de Hua Mulan. Todos conoceréis este personaje gracias a la maravillosa factoría de sueños de las películas de Disney. Pero nosotros hablaremos de quién era en realidad. Hua Mulan fue una mujer legendaria que se unió al ejército masculino disfrazada de guerrero con el fin de ocupar el lugar de su anciano padre, cuya fuente de su presencia es el texto narrativo chino, que se compuso en el siglo VI, conocido como La Balada de Mulan, durante el gobierno de la dinastía Tang, a pesar de que se haya discutido si era un personaje histórico o literario, pues el período en que sucede la historia es incierto, y fue enseñado en las escuelas de allí.

El argumento de esta historia es el siguiente: mientras Mulan estaba lavando ropa -como un día cualquiera-, escucha que el ejército está reclutando a gente; en ese preciso momento, decide disfrazarse de hombre con tal de salvar a su padre, que estaba demasiado enfermo y anciano para combatir en una guerra, ocupando su lugar. A continuación, Mulan va al campo de batalla con una mula y una espada de sus antepasados, luchando durante diez o doce años y consiguiendo a su vez el título de general.

Durante la contienda Mulan conoce un oficial, cuyo nombre era Jim Yong, del cual se enamoró. Tras terminar esta con el servicio militar, el emperador le entregó los más altos honores. Una vez que este conoció que era una mujer, su amor creció más, soñando incluso con casarse. Pero esta, al no querer continuar allí, le pide solamente un burro con tal de regresar a su casa. Después de esto, sus antiguos compañeros la visitan y descubren sorprendidos al verla que es una mujer por su vestido. Por último, el poema presenta la imagen de una liebre hembra -representada por Mulan- y otra macho -que son sus compañeros- corriendo juntos, siendo preguntado por un narrador si hubiese alguien que pudiera distinguirlos.

Por otra parte, gracias a la referencia del “Khan”, podemos fechar la composición del poema. Similar a la leyenda de Mulan es la historia de la emperatriz Fu Hao, esposa del emperador Wu Ding de la Dinastía Shang, que se convirtió en general de los ejércitos chinos.

La fuente del relato está en una canción popular de la Dinastía Wei del Norte (184-283 d. C.), cuyo nombre era La balada de Mulan, texto fechado en el siglo VI, que hemos conservado en la obra Music Bureau Collection, antología de lírica, de canciones y poemas recogidos por Guo Maoqin durante el siglo XI o XII, a pesar de que la mayoría de los relatos de su relato fueron agregados durante la dinastía de la Dinastía Tang. Otra presencia de nuestra protagonista la hallamos en la dinastía Ming, así como en otras dos obras más. Estas son: La femenina Mulan o la Heroína Mulan va a la guerra en el palacio de su padre, pieza de dos actos; y el Romance Sui-Tang, novela histórica del siglo XVII. En cuanto a las adaptaciones, nos encontramos una novela basada en dicha balada en el período tardío de la dinastía Ming (1368-1644), la película animada de Disney (1998), así como en numerosas obras de arte.

Tsi-tsi, tsi-tsi…
Está tejiendo Mulan
junto a la puerta.
De pronto cesa el telar,
y se oye un suspiro.
-¿Qué estás pensando, hija?
¿Qué es lo que te preocupa?
-Nada, padre, casi nada…
Es que ayer vi un edicto del Gran Khan
sobre el inicio del reclutamiento.
La lista viene en doce libros,
y en todos encuentro su nombre.
Usted no tiene hijo varón,
ni yo ningún hermano mayor.
Así que quería montar a caballo
y reemplazarle para ir a la guerra.
Compra Mulan un caballo fuerte
en el mercado del este,
una montura en el del oeste,
un freno en el del sur,
y un látigo en el del norte.
A la mañana siguiente,
se despide del padre y la madre.
Por la noche, se detiene
a la orilla del río Amarillo.
Ya no oye la afectuosa voz de sus padres,
sino furiosos rugidos de las olas.
De madrugada, otra vez parte
para pernoctar en el Monte Negro.
Tampoco oye a sus cariñosos padres,
sino furiosos rugidos de las olas.
De madrugada, otra vez parte
para pernoctar en el Monte Tártaro.
Presurosa marcha al campo de batalla,
deja atrás varias fortalezas
El gélido aire trae el duro son
de los gons de los veladores.
Las corazas, bajo un sol lánguido,
despiden un frigio brillo.

Tras cien combates muere el general,
y al cabo de diez años regresa la guerrera.
La recibe el monarca
en la sala de Audiencia.
La asciende al grado más alto
y le concede miles de onzas de oro.

Le pregunta qué piensa hacer.
Mulan le dice que no quiere ser
ni mandarín ni funcionario.
Sólo pide un camello
para volver a casa.
Recibida la noticia,
sus padres, ya muy ancianos,
apoyados uno en el otro,
van a la entrada del pueblo a su encuentro.
Recibida la noticia,
su hermana se adorna ante la ventana.
Recibida la noticia,
su hermanito afila la cuchilla
para matar cordero y cerdo.

Mulan abre la puerta del pabellón este.
Sentada en el lecho del pabellón oeste,
se quita su ropa de combate
y se pone la de doncella.
Junto a la ventana, ante el tocador,
se peina y se maquilla.
Sale a ver a sus compañeros,
que se quedan con la boca abierta.
«Luchando doce años codo a codo,
nunca supimos que era muchacha».

Cuando corren por el campo
una pareja de liebres,
¿quién podrá distinguir
entre el macho y la hembra?

Cuadro: Hua Mulan (Fuente no identificada).

 

 

 

 

De amor sí se puede morir: la poetisa Layla Al-Ajyaliyya

Autora: Mónica Encinas Fons

En ocasiones pensamos que el amor no visitará nuestra puerta; otras, que será efímero como el paso de las estaciones y del transcurso de la vida; no obstante, algunos afortunados encontrarán el amor para toda la eternidad. Este es el caso que le sucedió a la poetisa Layla Al-Ajyaliyya (muerte 704), representante de la continuación de la tendencia amorosa de la Arabia Pre-islámica, en la que los amantes sólo consagran devoción a una pareja. Esta poetisa, que cultivó el treno, se enamoró de un guerrero llamado Tawba, muerto en combate en el año 674; en este preciso momento, nuestra autora empezará a sufrir tanto de amor, que enfermará hasta el punto de morir a la edad de ochenta años sobre la tumba de su amado en la completa pobreza, representando de este modo a alguien que muere de amor.

Juro llorar la muerte de Tawba
y honrar a aquél contra quien se volvió la fortuna.
Por vida tuya, que la muerte no es un oprobio para el joven,
si en vida no cayó en falta.
Ni uno solo entre los vivos, por muy sano que esté,
sobrevivirá a los enterrados en las tumbas,
y quien, angustiado, interpela al destino,
un día, sin remedio, se verá pacientemente juzgado.
Ninguna vida escapa a la muerte;
los días y el tiempo no vuelven atrás.
El vivo no puede evitar lo que decreta el destino
ni el muerto resucitará, si ni tan siquiera el vivo espera.
Toda juventud o todo lo nuevo se reducen a nada.
Todo hombre torna a Dios un día.
En desconcierto nos separamos de nuestros compañeros,
por más que los tuviéramos en mucho,
por larga que fuera nuestra convivencia.
Juro no dejar de llorarte
mientras la paloma zuree sobre la rama o un pájaro vuele.

 

Cuadro: Frederick Leighton – The Reconciliation of the Montagues and Capulets over the Dead Bodies of Romeo and Julieta.

La Mu´allaqa de Imru´l Qays, un prólogo amoroso ejemplar en la literatura árabe

Autora: Mónica Encinas Fons

Antes de comenzar a ilustrar la belleza de semejante poema, mis palabras se centrarán en el agradecimiento eterno a la que me enseñó por primera vez esta literatura embriagada de erotismo en toda su plenitud. Pues, desde ese momento, no he dejado de leer por las noches la poesía árabe de la época preislámica. Esta vez hablaré de un poeta beduino -poeta que recorre el desierto como un nómada, con el fin de luchar contra sus enemigos y que se rige por el código del honor y deshonor-, Imru´l Qays (muerte 540), que fue conocido por ser “El rey errante”, al proponerse vengarse de los que asesinaron a su padre, así como también sabemos que Justiniano se dio cuenta de las miradas amorosas entre su hija y nuestro autor, por lo que hizo que, antes de marcharse, se le entregase una túnica envenenada, recuerdo del mito de Heracles y el centauro Neso.

Sin embargo, si de algo conocemos su obra, es por el primer prólogo amoroso (Nasib) en dicha lengua, donde nos describe que Imru´l estaba agazapado en una especie de duna en la que podía ver a unas mujeres desnudas que se bañaban. Este prólogo se diferencia de los demás en romper la norma: habla de varias amadas, además de observarse claramente cuatro partes imprescindibles del nasib: la descripción física de la amada; el hecho de estar montado en caballo y hacer un alto en el campamento de su amada; la descripción de las ruinas; y por último, el llanto ante las ruinas, constante en esta poesía.

 

Hagamos un alto y lloremos en recuerdo de la amada
y una morada cerca del bancal entre Dajl y Hawmal.
Los vientos del Norte y del Sur, Tudih y Miqrat,
han tejido en los patios, sin borrar sus huellas,
excrementos de gacela como granos de pimienta.

La mañana en que ella partió yo mascaba coloquíntida por las acacias del aduar.
Mis compañeros detuvieron junto a mí sus monturas:
Contente, no caigas en la aflicción.
Mi consuelo es dejar correr las lágrimas;
más, ¿Acaso consuelan unas huellas borradas?
¿No cortejaste antes a Umm al-Ribab en Mas´al?

Cuando ellas se levantaban esparcían bocanadas de almizcle,
aroma de clavo transportado por el céfiro y,
al dejarlas, tanto lloraba que llegué a mojar de lágrimas el cinto.
Con ellas pasé días maravillosos,
pero el mejor fue el día de Darat Yulyul.

Ese día maté a mi caballo para ofrecérselo a las muchachas
que se disputaban los trozos de carne,
yendo y viniendo la grasa de unas a otras como jirones de seda,
entré en el palanquín de Unayza.
Baja, dijo, si no lo haces tendré que hacerlo yo.

El palanquín se balanceaba bajo nuestros cuerpos.
Baja, Imrul Qays, el animal sufre.
Yo le respondí: suéltate brida. No me alejes de tu codiciado fruto.
Antes he visitado a mujeres como tú, incluso encintas,
que dejaban al recién nacido con sus amuletos.
Girándose, si lloraba, tan sólo de medio cuerpo para arriba.
Una se me resistió una vez en lo alto de la duna
pretextuando una promesa indisoluble.

Calma, Fátima, aunque hayas decidido romper vete poco a poco;
¿o te gusta ver como tu amor me mata, como mil corazón te obedece en el acto?Pretextando una promesa indisoluble.

Calma, Fátima, aunque hayas decidido romper vete poco a poco;
¿o te gusta ver como tu amor me mata, como mi corazón te obedece en el acto?

Si por algo me odias, separa nuestros vestidos
y verás que están hechos de la misma trama.
Tus ojos sólo lloran para mejor lanzar sus dardos
que han herido de muerte a un corazón desgarrado.

Con otras mejor guardadas disfruté en una alcoba infranqueable
atravesando una tropa de guardianes atentos para matarme.
Entré cuando en el cielo se desplegaban las pléyades
como juego de perlas en collar ensartadas.

Ella se había quitado la ropa, sólo llevaba una llevaba una ligera túnica.
No, por Dios, tus tretas no valen aquí, dijo,
veo que no cejas en tu seducción.

Me la llevé en seguida abriéndole camino
mientras con su manto ella iba borrando las huellas del suelo.
Cuando atravesamos la plaza del aduar
y alcanzamos el fondo de un vado rodeado de dunas,
con las manos en las sienes, la incliné hacia mí:
fina cintura, pierna exuberante, llena de ajorcas.

Blanca y esbelta, prieta. Su pecho era liso y pulido como un espejo,
reflejos de rechazo o deseo en un rostro liso.
Su ojo, tierno como el de la fiera de Wajrah para con su cría.
Su cuello tan hermoso como el de la gacela, delicado al alzarse, sin abalorios.
La cabellera abundante y muy negra, engalanando la espalda,
rica como rama de palmera cargada de frutos.
Sus rizos rebeldes son indómitos y enredan los lazos del pelo
en una ola de ondas encabalgadas.
Costados delicados, maleables como cuerda trenzada.
Una cepa hincada en tierra regada en su pierna.

Duerme, el sol en alto, ligera de ropa,
copa desparramados de almizcle sobre su lecho.
Extiende sus tiernos, suaves dedos, como larva de Zuby o palillis de Ishal.
Luce en el ocaso como lámpara de monje en la noche.
Los hombres criados entre corazas y escudos
se enamoran de mujeres así, virgen blanca reluciente entre oros.

Otros insensatos la olvidan, más no yo.

Pintura: Hans Zatzka (1859-1945), Harem Entertainers.