Archivo de la categoría: Poesía

El paso inexorable del tiempo en Alphonse de Lamartine

Nacido hacia 1865 en el seno de una familia militar de la pequeña nobleza francesa, Alphonse de Lamartine recibió una educación clásica durante su escolarización, en la cual leyó a Chateaubriand, a Virgilio y a Horacio, además de haber viajado bastante en su juventud. Pero, en 1816, a causa de una depresión, nuestro autor se trasladó a Aix-les-Bains (Saboya), donde conoció a Jules Charles, mujer del físico Jacques Charles, que murió de tuberculosis y a la cual dedicó parte de sus Meditaciones poéticas.

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Lago Brothers Water

Los cargos más importantes que obstento fueron: el primer puesto oficial bajo el gobierno de Luis XVIII en la secretaria de la embajada francesa (desde 1825 hasta 1828); miembro de la Academia Francesa (1829); electo diputado (1833 y 1839); gobernador durante la revolución de 1848 en Francia; ministro de Asuntos Exteriores después de la caída de Luis Felipe de Orleans; y gobernador interino en la recién República (desde el 24 de febrero de 1848 hasta el 11 de mayo del mismo año).

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Lago de Chalain.

Asimismo, dentro su obra poética, cabe señalar esta producción: Les Méditations poétiques (1820), Les Nouvelles Méditations (1823), Harmonies poétiques et religieuses (1830) y Recueillements poétiques.

 

Lagos de Covadonga

Nuestro autor muríó en la pobreza en 1869, en París.

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Lago de Pátzcuaro

Le lac es un poema dedicado a su enamorada, Elvira, en el cual abordaba el tema de el paso inexorable del tiempo con la presencia de la naturaleza salvaje, donde los días de felicidad se van tan deprisa como los de infelicidad, que permanece como ese punto de anclaje y lugar propicio para la intimidad de los amantes (grutas, bosques, la noche, etc.), cuya ambivalencia de la naturaleza aparece en que el lago es reposo y tormenta.


}«Le Lac», Méditations poétiques (1820)

Ainsi , toujours poussés vers de nouveaux rivages,
Dans la nuit éternelle emportés sans retour,
Ne pourrons-nous jamais sur l´océan des âges
Jeter l´ancre un seul jour?

Ô lac! l´année à peine a fini sa carrière,
Et près des flots chéris qu´elle devait revoir,
Regarde! Je viens seul m´asseoir sur cette pierre
Où tu la vis s´asseoir!

Tu mugissais ainsi sous ces roches profondes,
Ainsi tu te brisais sur leurs flancs déchirés,
Ainsi le vent jetait l´écume de tes ondes
Sur ses pieds adorés.

Un soir, t´en souvient-il? Nous voguions en silence;
On n´entendait au loin, sur l´onde et sous les cieux,
Que le bruit des rameurs qui frappaient en cadence
Tes flots harmonieux.

Tout à coup des accents inconnus à la terre
Du rivage charmé frappèrent les échos
Le flot fut attentif, et la voix qui m´est chère
Laissa tomber ces mots:

«Ô temps! Suspends ton vol, et vous, heures propices!
Suspendez votre cours:
Laissez-nous savourer les rapides délices
Des plus beaux de nos jours!

«Assez de malheureux ici-bas vous implorent,
Coulez, coulez pour eux;
Prenez avec leurs jours les soins qui les dévorent,
Oubliez les heureux.

«Mais je demande en vain quelques moments encore,
Le temps m´échappe et fuit;
Je dis à cette nuit: Sois plus lente; et l´aurore
Va dissiper la nuit.

«Aimons donc, aimons donc! de l´heure fugitive,
Hâtons-nous,jouissons!
L´homme n´a point de port, le temps n´a point de rive;
Il coule, et nous passons!»

Temps jaloux, se peut-il que ces moments d´ivresse,
Où l´amour à longs flots nous verse le bonheur,

S´envolent loin de nous de la même vitesse
Que les jours de malheur?

Eh quoi! n´en pourrons-nous fixer au moins la trace?
Quoi! Passés pour jamais! Quoi! Tout entiers perdus!
Ce temps qui les donna, ce temps qui les efface,
Ne nous les rendra plus!

Éternité, néant, passé, sombres abîmes,
Que faites-vous des jours que vous engloutissez?
Parlez: nous rendrez-vous ces extases sublimes
Que vous nous ravissez?

Ô lac! Rochers muets! Grottes! Forêt obscure!
Vous, que le temps épargne ou qu´il peut rajeunir,
Gardez de cette nuit, gardez, belle nature,
Au moins le souvenir!

Qu´il soit dans ton repos, qu´il soit dans tes orages,
Beau lac, et dans l´aspect de tes riants coteaux,
Et dans ces noirs sapins, et dans ces rocs sauvages
Qui pendent sur tes eaux.

Qu´il soit dans le zéphyr qui frémit et qui passe,
Dans les bruits de tes bords par tes bords répétés,
Dans l´astre au front d´argent qui blanchit ta surface
De ses molles clartés.

Que le vent qui gémit, le roseau qui soupire,
Que les parfums légers de ton air embaumé,
Que tout ce qu´on entend, l´on voit ou l´on respire,
Tout dise: Ils ont aimé!


El Lago

Así llevados siempre a nuevas orillas,
sin retorno arrastrados a la noche eterna,
¿nunca podremos en el océano del tiempo
echar el ancla un día?

¡Oh lago!, el año casi ha acabado su curso,
y junto a las olas gratas que ella debía mirar,
¡mírame!, me siento sólo en la misma roca
donde la viste sentada.

Así bramabas bajo estos peñascos profundos,
así te rompías contra sus bordes rasgados,
así el viento echaba la espuma de tus olas
en sus pies adorados.

Una noche, ¿te acuerdas?, bogábamos callados;
sólo oíamos lejos, en el agua, bajo el cielo,
el rumor de remeros tocando en cadencia
la armonía de tus olas.

De pronto, unos tonos extraños a la tierra
hicieron eco en la orilla encantada:
la ola esperó y la voz para mí tan grata abandonó estas palabras:

¡Oh tiempo!, ¡detén tu acoso!, y vos, ¡horas propicias!,
detened la carrera:
dejadnos saborear las fugaces delicias
de los días más bellos.
«Muchos infelices en la tierra os imploran,
corred, corred para ellos;
tomad con sus días las penas que los devoran,
olvidad a los felices.

»Mas pido en vano aún algunos momentos,
el tiempo se va y huye;
le digo a la noche: Ve más lenta; y el alba
va a desvanecer la noche.

»¡Amemos, pues, amemos!, de la hora fugaz,
deprisa, gocemos.
El hombre no tiene puerto, ni tiempo la orilla;
¡él corre y morimos!».

¿Puede el tiempo celoso de los entusiasmos,
cuya dicha el amor vierte por oleadas
ponerlos en fuga, lejos, con la misma presteza
como en los días nefastos?

¡Y qué!, ¿podríamos al menos fijar la huella?
¡Muertos para siempre! ¡No!, ¡por completo perdidos!
Lo que el tiempo nos dio luego lo quitó,
¡y no nos lo devolverá!

Eternidad, vacío, pasado, negros abismos,
¿qué es lo que hacéis de los días que devoráis?

Hablad: ¿nos daréis estos sublimes éxtasis
que nos arrebatáis?

¡Oh lago!, ¡mudas peñas!, ¡grutas!, ¡bosque oscuro!,
a quienes el tiempo salva o rejuvenece,
guardad de esta noche, guardad naturaleza
al menos el recuerdo.

Ya sea en calma, ya sea con tempestades,
hermoso lago, y en el perfil de alegres laderas,
y en los negros abetos y en las rocas salvajes
colgantes sobre el agua.

Ya sea en el céfiro que tiembla y pasa,
en el rumor de tus bordes que otros bordes repiten,
en el astro de plata que blanquea tu cara
con luces suaves y claras.

Que el lamento del viento, el suspiro del junco,
los suaves perfumes de tu aire resinoso,
que todo lo que se oye, se ve o se respira,
todo diga: Han amado.

Portada: Lago de Zirahuén.

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La sempiterna espera de Argos, el mejor amigo de Ulises

En memoria de Lucky

Después de veinte años, Ulises, rey de Itaca y marido de Penélope, apareció disfrazado de mendigo en su palacio para recuperar su antigua posición, pues, en ese tiempo, participó durante diez años en la guerra de Troya, y otros diez que transcurrió deambulando por el mar, en su regreso, a su patria.

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Imagen: Flaxman – Odiseo y su perro

Al punto tras reconocerlo Argos, el perro de nuestro héroe, que estaba enfermo y lleno de estiércol por el poco cuidado que recibía de los criados de la casa y los pretendientes que acechaban allí, lo saludó arduamente con la cola, a pesar de las facciones disimuladas por Atenea de su amo con el fin de enfrentarse a sus enemigos sin sospechas; sin embargo, Ulises, al no poder responderle, soltó una lágrima y continuó con su camino, aunque muriera a sus pies.

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Imagen: Schützenberger – El regreso de Odiseo

Esta triste historia, modelo antiguo de fidelidad del can hacia el hombre, la encontramos en el canto XVII (versos 290-327) que los dejamos a continuación:


Texto en griego antiguo

ὣς οἱ μὲν τοιαῦτα πρὸς ἀλλήλους
ἀγόρευον·

ἂν δὲ κύων κεφαλήν τε καὶ οὔατα κείμενος
ἔσχεν,

θρέψε μέν, οὐδ᾽ ἀπόνητο, πάρος δ᾽ εἰς
Ἴλιον ἱρὴν

ὤιχετο. τὸν δὲ πάροιθεν ἀγίνεσκον νέοι
ἄνδρες

αἶγας ἐπ᾽ ἀγροτέρας ἠδὲ πρόκας ἠδὲ
λαγωούς·

δὴ τότε κεῖτ᾽ ἀπόθεστος ἀποιχομένοιο
ἄνακτος,

ἐν πολλῆι κόπρωι, ἥ οἱ προπάροιθε θυράων
ἡμιόνων τε βοῶν τε ἅλις κέχυτ᾽, ὄφρ᾽ ἂν
ἄγοιεν

δμῶες Ὀδυσσῆος τέμενος μέγα
κοπρήσοντες·

ἔνθα κύων κεῖτ᾽ Ἄργος, ἐνίπλειος
κυνοραιστέων.

δὴ τότε γ᾽, ὡς ἐνόησεν Ὀδυσσέα ἐγγὺς
ἐόντα,

οὐρῆι μέν ῥ᾽ ὅ γ᾽ ἔσηνε καὶ οὔατα
κάββαλεν ἄμφω,

ἆσσον δ᾽ οὐκέτ᾽ ἔπειτα δυνήσατο οἷο
ἄνακτος

ἐλθέμεν· αὐτὰρ ὁ νόσφιν ἰδὼν ἀπομόρξατο
δάκρυ,

ῥεῖα λαθὼν Εὔμαιον, ἄφαρ δ᾽ ἐρεείνετο
μύθωι·

Εὔμαι᾽, ἦ μάλα θαῦμα, κύων ὅδε κεῖτ᾽ ἐνὶ
κόπρωι.

καλὸς μὲν δέμας ἐστίν, ἀτὰρ τόδε γ᾽ οὐ
σάφα οἶδα,

εἰ δὴ καὶ ταχὺς ἔσκε θέειν ἐπὶ εἴδεϊ τῶιδε,

ἦ αὔτως οἷοί τε τραπεζῆες κύνες ἀνδρῶν

γίγνοντ᾽· ἀγλαΐης δ᾽ ἕνεκεν κομέουσιν
ἄνακτες.

τὸν δ᾽ ἀπαμειβόμενος προσέφης, Εὔμαιε
συβῶτα·

καὶ λίην ἀνδρός γε κύων ὅδε τῆλε
θανόντος.

εἰ τοιόσδ᾽ εἴη ἠμὲν δέμας ἠδὲ καὶ ἔργα,

οἷόν μιν Τροίηνδε κιὼν κατέλειπεν
Ὀδυσσεύς,

αἶψά κε θηήσαιο ἰδὼν ταχυτῆτα καὶ ἀλκήν.

οὐ μὲν γάρ τι φύγεσκε βαθείης βένθεσιν
ὕλης

κνώδαλον, ὅττι δίοιτο· καὶ ἴχνεσι γὰρ
περιήιδη·

νῦν δ᾽ ἔχεται κακότητι, ἄναξ δέ οἱ ἄλλοθι
πάτρης

ὤλετο, τὸν δὲ γυναῖκες ἀκηδέες οὐ
κομέουσι.

δμῶες δ᾽, εὖτ᾽ ἂν μηκέτ᾽ ἐπικρατέωσιν
ἄνακτες,

οὐκέτ᾽ ἔπειτ᾽ ἐθέλουσιν ἐναίσιμα
ἐργάζεσθαι·

ἥμισυ γάρ τ᾽ ἀρετῆς ἀποαίνυται εὐρύοπα
Ζεὺς

ἀνέρος, εὖτ᾽ ἄν μιν κατὰ δούλιον ἦμαρ
ἕληισιν.

ὣς εἰπὼν εἰσῆλθε δόμους εὖ ναιετάοντας,

βῆ δ᾽ ἰθὺς μεγάροιο μετὰ μνηστῆρας
ἀγαυούς.

Ἄργον δ᾽ αὖ κατὰ μοῖρ᾽ ἔλαβεν μέλανος
θανάτοιο,

αὐτίκ᾽ ἰδόντ᾽ Ὀδυσῆα ἐεικοστῶι ἐνιαυτῶι.


Texto en español

Tal hablaban los dos entre sí cuando vieron un perro
que se hallaba allí echado e irguió su cabeza y orejas:
era Argo, aquel perro de Ulises paciente que él mismo
allá en tiempos crió sin lograr disfrutarlo, pues tuvo
que partir para Troya sagrada.

Los jóvenes luego lo llevaban a cazas de cabras, cervatos y liebres,
mas ya entonces, ausente, ausente su dueño, yacía despreciado
sobre un cerro de estiércol de mulas y bueyes que habían
derramado ante el porche hasta tanto viniesen los siervos
y abonasen con ello el extenso jardín.

En tal guisa de miseria cuajado se hallaba el can; con todo,
bien a Ulises notó que hacia él se acercaba y, al punto,
coleando dejó las orejas caer, mas no tuvo
fuerzas ya para alzarse y llegar a su amo.

Éste al verlo desvió su mirada, enjugóse una lágrima, hurtando
prestamente su rostro al porquero, y al cabo le dijo:
“Cosa extraña es, Eumeo, que yazga tal perro en estiércol:
tiene hermosa figura en verdad, aunque no se me alcanza
si con ella también fue ligero en correr o tan sólo
de esa clase de canes de mesa que tienen los hombres
y los príncipes cuidan, pues suelen servirles de ornato.”

Respondístele tú, mayoral de los cerdos, Eumeo:
“Ciertamente ese perro es del hombre que ha muerto allá lejos
y si en cuerpo y en obras hoy fuese lo mismo que era,
cuando Ulises aquí lo dejaba al partirse hacia Troya,
pronto echaras tú mismo de ver su vigor y presteza.

Animal que él siguise a través de los fondos umbríos
de la selva jamás se le fue, e igual era en rastreo.
Mas ahora su mal le ha vencido: su dueño halló muerte
por extraño país, las mujeres de él no se acuerdan
ni le cuidan; los siervos, si falta el poder de sus amos,
nada quieren hacer ni cumplir con lo justo, que Zeus
el tonante arrebata al varón la mitad de su fuerza
desde el día que en él hace presa la vil servidumbre.”

Tal habló, penetró en el palacio de buena vivienda
y derecho se fue al gran salón donde estaban los nobles
pretendientes; y a Argos sumióle la muerte en sus sombras
no más ver a su dueño de vuelta al vigésimo año.

Imagen de portada: Theodore van Thulden – Ulysses, Disguised as a Beggar, Recognized by his Dog Argus

Biografías poéticas: poetas del Al-Andalus, segunda parte

Luego de un breve periodo de descanso, continuamos con nuestros contenidos habituales. Prometemos ser más constantes, queridos lectores. Y para retomar actividades, presentamos la segunda parte de esta serie de poetas que vivieron durante este periodo de la antigua Península. Es el turno de Ibn al-Haddad, uno de los poetas cortesanos más reconocidos debido a su cultivo de las artes en general, además de la matemáticas, la filosofía y la teoría musical, destacando por ser un hábil compositor de laúd.

Agua y fuego

Mis párpados nada más ver a Muwayra son rojo con fuego,
fuego que me quema, que no es lo que yo pido.

Agua tú eras, como el agua que en mis manos sostengo
y fuego eres para mí, que mantengo en mis entrañas.

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Cautivo Romántico

De verdad son mi llorar y mi suspirar rítmicos.

Confieso que lo que tengo dentro de mí es igual.

¿Por qué he de ocultar yo lo que es sistemático
si la palidez lo manifiesta en mí como auténtico?

¡Cómo obtener la satisfacción del amor tiránico,
si mi corazón es un cautivo romántico!

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Al rojo vivo

Que tus ojos me hieren en las entrañas al rojo vivo
como mis ojos te hieren en las mejillas al rojo vivo.

Herida por herida: ¡por una sobre otra y que seas feliz!

Estoy herida por tu súbito abandono. ¿Cuál es la razón?

Nasir al-Mulk moschea


Fotografías: Nasir al-Mulk en Shiraz, Irán.

Biografías poéticas: poetas del Al-Andalus, primera parte

En la Villa de los Papiros buscamos poner al alcance de nuestros lectores lo mejor de la poesía universal. Por ello, comenzaremos con una breve selección de los mejores autores de ese periodo de la historia de la Península Ibérica conocido como Al-Andalus. Sin entrar en polémicas sobre su denominación y los problemas académicos alrededor de este concepto, podemos decir que el origen del Al – Andalus comienza en el año 711 con la ocupación y conquista de las tierras del Reino Visigodo, que comprendían la Península Ibérica y el territorio galo conocido como Septimania, por parte del Califato de Damasco. La expansión de la cultura árabe y del Islam en este espacio geográfico dio como resultado una rica producción literaria, científica, filosófica y artística sin igual, así como el desarrollo de una sensibilidad particular que ya se ve reflejada en textos como el Collar de la Paloma o en los lamentos amorosos de la poetisa Layla.

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Patio de los leones, Alhambra de Granada.

En esta ocasión, damos inicio a la poesía del Al – Andaluz con Bakkar ben Dawud al-Marwani, del cual sabemos muy poco: su fecha de nacimiento se data en el 1048 y se sabe que perteneció a la familia Omeya, cuya dinastía comienza alrededor del año 661 con el califa Muawiya.

Dura Asta

Tú, estás tardando a la cita,
y yo, en tenso anhelo y cuita.

En mis manos tengo para ti algo
que se ha alzado como dura asta.

Si lo probaras una sola vez, jamás
volverías a tardar, no seas tonta.

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Odalisca y esclava, Ingres.

¡Qué dolor!

Mi corazón no sabía el valor de tu amor
hasta que te has distanciado- ¡Ay dolor!

Yo creía que tu lejanía en nada me afectaría,
y cuando te has ido, me he quedado con ardor.

No cesa de dolerme la amargura del del abandono,
en su fervor casi me separa al alma del cuerpo.

¡Ojalá puedas con el encuentro salvarme de la agonía!

No tengo yo alma que aguante tanto dolor, ¡amor!

 

 

 

 

Biografías poéticas: Pierre Louÿs, el maestro de lo obsceno

La literatura erótica francesa siempre ha gozado de una estupenda salud y de una amplia difusión en las letras universales. Escritores como Dominique Aury o George Bataille dan testimonio de esta afirmación. Y es ya conocido el cliché de pensar en el francés como el idioma del amor -también de la perversión- y otros tantos lugares comunes acerca de esta lengua que dio voz a escritores tan polémicos como Pierre Louÿs, quien es el motivo de esta entrada.

Pierre Félix Louis nació el 10 de diciembre de 1870, en Gante, Bélgica, en donde vivió muy poco tiempo, ya que a muy temprana edad viajó hacia Francia, lugar en el que desarrollaría su controvertida obra literaria. Amigo de artistas e intelectuales de la época como André Gide o Claude Debussy, se desenvolvió en el ámbito literario desde muy temprana edad, pues con tan solo 20 años de edad (1891) participa en la fundación de la célebre revista de autores parnasianos y simbolitas La Conque, a la vez que publica su primer poemario, Astarté.  Años más tarde, en 1896, publica su primera novela Aphrodite (mœurs antiques), en la cual se mezcla la ficción, el refinamiento y su estilo erótico inconfundible.

A continuación les dejamos algunos fragmentos del Manuel de civilité pour les petites filles à l’usage des maisons d’éducation (Manual de Urbanidad para Jovencitas).

No diga…diga…
(fragmento)

No diga: “Mi coño”.
Diga: “Mi corazón”.

No diga: “Quiero follar”.
Diga: “Estoy nerviosa”.

No diga: “Vengo de gozar como una loca”.
Diga: “Estoy un poco fatigada”.

No diga: “Cuándo tendré pelos”.
Diga: “Cuándo creceré”.

No diga: “Prefiero la lengua al pene”.
Diga: “Solamente me gustan los placeres delicados”.

 

Rúbrica especial para hacerse desvirgar
(fragmento)

Cuando tengas ocho años cumplidos, si te piden la virginidad, hay que darla; si no te la piden, hay que ofrecerla amablemente.

Para hacerse desvirgar, póngase en medio de la cama, quítese la camisa, o al menos levántela hasta las axilas, abra las piernas y abra con sus propias manos los labios del coño.

Una vez que la hayan desvirgado, cuídese bien de ir a contarlo a su señor padre. Eso no se hace.

 

De visita
(fragmento)

Si se ha hecho usted una paja en el ascensor, vuelva a ponerse los guantes antes de entrar.

En un salón muy fino, no coja nunca el pañuelo de un señor para limpiarse las partes ocultas, incluso si se moja por él.

Si una mujer modesta le dice: “Mi hijo trabaja peor que su hermano”, no conteste “Sí, pero su leche es mejor”. Los elogios de este tipo no suelen complacer a una madre cristiana.

 

Imagen de portada: Desnudo femenino, Egon Schiele

Biografías poéticas: Estratón de Sardes, un homenaje a la pederastia

En la actualidad, la práctica de la pederastia es considerada como un delito sexual grave en la mayor parte del mundo, con duras consecuencias psicológicas para los menores abusados y sanciones equivalentes para los adultos culpables. No obstante, la relación pederasta no fue siempre concebida como una práctica criminal, sino como parte fundamental de la formación de los jóvenes varones. En este caso, hablamos de la pederastia como una de las instituciones más arraigadas en la Antigua Grecia, donde era considerada un pilar en la formación de los hombres aristócratas, pues iba más allá del mero contacto sexual.

Zeus y Ganímedes, Anton Raphael Mengs
Pintura: Zeus y Ganímedes, Anton Raphael Mengs. 

Así, la relación pederasta sólo podía darse entre hombres de la misma condición social y con fines principalmente pedagógicos y civiles, ya que su principal fin era introducir al erómenos (ἐρώμενος), quien era un varón de entre 12 y 18 años, a las virtudes y deberes del ciudadano.  El encargado de esto era el erastés (ἐραστής), quien debía ser un varón mayor de 25 años y ciudadano prominente, adinerado y comprometido con la vida social de la polis griega. Si bien la relación entre ambos tenía acercamientos carnales, esta se basaba el respeto mutuo y no implicaba la homosexualidad de alguna de las partes. De esta forma, la pederastia en la Antigua Grecia constituía un ideal antes que un goce meramente sexual; posteriormente, con el declive de la polis y el comienzo del periodo helenístico, la pederastia se transformo en una práctica que apuntaba más a la belleza del joven y al placer derivado de la misma.

Parejas pederastas - Colonia griega de Paestum

Pintura:  Parejas pederastas en un fresco de una tumba ubicada en la colonia griega de Paestum, Italia.

En este sentido, la pederastia como goce sexual quedó plenamente representada en la poesía grecorromana, especialmente en los poemas que componen el libro XII de la Antología Palatina, dedicado exclusivamente al amor pederasta, y en donde el nombre de Estratón de Sardes sale a relucir, pues 94 epigramas pertenecen a este epigramista que, según los pocos datos que tenemos,  vivió en siglo II d.C. Su poesía destaca por su carácter satírico y pornográfico. Su obra se encuentra reunida en el famoso libro titulado “La musa de los muchachos”.

A continuación les dejamos algunos epigramas de su autoría.

I

Las pirulas de los muchachos, Diodoro, de tres formas
cuelgan; aprende sus nombres.
La que todavía está sin descapullar, llámala “Lalu”;
“Coco”, la que comienza a empalmarse;
La que puede menearse con la mano, dile “Lagarto”,
la más perfecta. Ya sabes como debes llamarlas.

II

Me complace el muchacho de doce años; pero
más deseable que este es con mucho el de trece.
El que tiene catorce es la flor más dulce de los amores.
pero más encantador es el que acaba de cumplir los quince.
El año decimosexto es propio de dioses. Al de diecisiete
no me toca a mi buscarlo, sino a Zeus.
Si alguno desea un muchacho de más edad, ya no juguetea,
sino que busca responder “dándose la vuelta”.

III

Aunque te haya crecido vello en la cara
y finos rizos rubios en las sienes,
ni aún así abandono a mi amado. Pues su belleza,
a pesar de la barba, a pesar del cabello, me pertenece.

IV

Una muchacha no tiene esfínter, ni besos
cándidos, ni buen olor natural en la piel,
ni ese dulce lenguaje picante, ni inocente
mirada…y si va de lista es bastante peor.
Frígidas por detrás todas son. Pero lo más importante
no es eso, sino dónde poner la mano errante.

V

Me gustan los blanquitos, lo mismo que me encantan los de piel color miel,
y los rubios, pero por otro lado amo a los morenos.
No desdeño los ojos castaños; pero especialmente
me encantan los de brillantes ojos negros.

Pintura de portada: Cílica ática, siglo V a.C

 

Biografías poéticas: Rosalía de Castro, la flor del Rexurdimento

Los datos que recogen los biógrafos de Rosalía de Castro son pocos y en ocasiones contradictorios, aunque suficientes para darnos una idea de la vida de esta grandiosa poeta de origen gallego. Nació el 25 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela,  fruto de una relación escandalosa para la época: su madre, María Teresa de Castro y Abadía, se había visto en relaciones con el sacerdote José Martínez Viojo, quien por su condición no pudo reconocer a Rosalía como su hija. Al parecer este hecho marcó tanto a la madre como a la hija, quienes construyeron a lo largo de su vida en común una relación estrecha y profunda, la cual se ve reflejada en algunos de sus poemas.

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Fotografía: Rosalía de Castro.

Si bien Rosalía de Castro no fue una mujer con mucha instrucción, supo construir una obra poética de gran calidad estética, tanto en forma como en fondo. Esto se comprueba en su formidable manejo expresivo del castellano, pero sobre todo en el interés por escribir en su lengua materna, el gallego. Su primer poemario, La Flor (1857), fue escrito en castellano, y dado a conocer por Manuel Martínez Murguía, su esposo, en la revista “La Iberia”; no obstante, su primer libro en gallego fue Cantares Gallegos (1863), en donde se reivindica el espíritu romántico de Galicia, lo que le valió la admiración de sus contemporáneos. Para los interesado en su producción literaria en gallego, puede interesarles su Folla Novas (1880).

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Fotografía: Brañas del Sar, Turismo Santiago.

A continuación, les dejamos una probadita de la obra de esta magnífica poeta del llamado Rexurdimento o resurgimiento literaria en la Galicia del siglo XIX.

Follas novas 

¡Follas novas! risa dame
ese nome que levás,
cal si a unha moura ben moura,
Branca lle oíse chamar.

Non Follas novas, ramallo
de toxos e silvas sós,
hirtas, coma as miñas penas,
feras, coma a miña dor.

Sin olido nin frescura,
bravas magoás e ferís…
¡Se na gándara brotades,
como non serés así!

Versión al castellano

¡Hojas nuevas! me da risa
el nombre que os pienso dar,
como si a una negra bien negra
blanca la oyera llamar.

No hojas nuevas sino ramo
de zarzas y aliagas son,
tan yertas como mis penas,
fieras como mi dolor.

Sin aroma ni frescura,
bravas dañáis y herís…
¡Si en el páramo brotasteis,
como no iba a ser así!

Ben sei que non hai nada

Ben sei que non hai nada
novo en baixo do ceo,
que antes outros pensaron
as cousas qu’ora eu penso.

E ben, ¿para qu’escribo?
E ben, por que así semos,
relox que repetimos
eternamente o mesmo.

Versión al castellano

Bien sé que no existe nada
nuevo debajo del cielo,
y que antes ya otros pensaron
las cosas que ahora pienso.

Y bien, ¿para qué escribimos?
Pues bien, porque así seremos
relojes que repetimos
idéntico son eterno.

 

Para conocer más de la obra de Rosalía de Castro, da clic aquí.

La alabanza al amor: Himno en honor a Afrodita de Safo

La oda a Afrodita, al ser el poema más conocido de Safo y tener la particularidad de ser el único que hemos conservado entero a pesar de que le falta el inicio del tercer verso de la quinta estrofa, fue citado por Dionisio de Halicarnasio, un escritor del siglo I a.C, motivo del cual ha llegado hasta nosotros.

Pues bien, el contendido del himno es un ruego que hace nuestra escritora a la diosa del amor, Afrodita, para que pedirle ayuda: atraer hacia ella un amor renegado. En este caso sabemos que la amada es una mujer, por la ausencia de una letra al final de la sexta estrofa. Después de la invocación, encontramos una larga digresión, donde la poetisa rememora una ocasión anterior en que la diosa estuvo dispuesta a ayudarle, ocasión en la cual la diosa, que es conducida por un carruaje de oro tirado por gorriones, descendió y le prometió que su suplica sería cumplida. Por último, el poema se cierra con una estrofa en la cual se reitera la solicitud de ayuda en la “guerra del amor”, comparando la relación amorosa con la batalla.

Texto en griego

Ποικιλόθρον᾽ ὰθάνατ᾽ ᾽Αφρόδιτα,
παῖ Δίος, δολόπλοκε, λίσσομαί σε
μή μ᾽ ἄσαισι μήτ᾽ ὀνίαισι δάμνα,
πότνια, θῦμον.

ἀλλά τυίδ᾽ ἔλθ᾽, αἴποτα κἀτέρωτα
τᾶς ἔμας αὔδως αἴοισα πήλγι
ἔκλυες πάτρος δὲ δόμον λίποισα
χρύσιον ἦλθες

ἄρμ᾽ ὐποζεύξαια, κάλοι δέ σ᾽ ἆγον
ὤκεες στροῦθοι περὶ γᾶς μελαίνας
πύκνα δινεῦντες πτέῤ ἀπ᾽ ὠράνω αἴθε
ρος διὰ μέσσω.

αῖψα δ᾽ ἐξίκοντο, σὺ δ᾽, ὦ μάκαιρα
μειδιάσαισ᾽ ἀθανάτῳ προσώπῳ,
ἤρἐ ὄττι δηὖτε πέπονθα κὤττι
δηὖτε κάλημι

κὤττι μοι μάλιστα θέλω γένεσθαι
μαινόλᾳ θύμῳ, τίνα δηὖτε πείθω
μαῖς ἄγην ἐς σὰν φιλότατα τίς τ, ὦ
Ψάπφ᾽, ἀδίκηει;

καὶ γάρ αἰ φεύγει, ταχέως διώξει,
αἰ δὲ δῶρα μὴ δέκετ ἀλλά δώσει,
αἰ δὲ μὴ φίλει ταχέως φιλήσει,
κωὐκ ἐθέλοισα.

ἔλθε μοι καὶ νῦν, χαλεπᾶν δὲ λῦσον
ἐκ μερίμναν ὄσσα δέ μοι τέλεσσαι
θῦμος ἰμμέρρει τέλεσον, σὐ δ᾽ αὔτα
σύμμαχος ἔσσο.

Texto en español

Santa hija de Zeus, de esmaltado trono,
dolotrenzadora, Afrodita, atiende:
ya no domes más con pesar y angustias
mi alma, señora,

sino ven aquí, si mi voz de lejos
otra vez oíste y me escuchaste
y dejando atrás la dorada casa
patria viniste,

tras uncir el carro: gorriones lindos
a la negra tierra tiraban prestos
con sus fuertes alas batiendo el aire
desde los cielos.

Y llegaron pronto, y tú, bendita,
sonriendo siempre en tu faz divina,
preguntabas qué me pasaba, a qué otra
vez te llamaba,

y qué es lo que tanto ahora en mi alma loca
conseguir quería: “¿A quién deseas
que al amor te traiga? Ah dime, Safo,
¿quién te hace daño?

Que, si huyó de ti, pronto irá a buscarte;
si aceptar no quiso, dará regalos;
y si no ama hoy, te amará muy pronto,
aun sin quererlo”.

Ven también ahora y de amargas penas
líbrame, y otorga lo que mi alma
ver cumplido ansía, y en esta guerra
sé mi aliada.

Obra de la pintura: Charles Amable Lenoir, Whisper of love
Traducción: Juan Manuel Rodríguez Tobal.

Safo de Lesbos, la verdadera reveladora del amor en Occidente

Autora: Mónica Encinas Fons

Si pensamos en un poeta de la Antigua Grecia, nos viene a la mente la poetisa que celebró el amor en todas sus manifestaciones, Safo de Lesbos. Esta autora, cuyo nacimiento fue en Mitilene, Lesbos, 650/610 a.C y muerte en Léucade, 580 a. C., fue una de las primeras representantes de la nueva poesía lírica occidental que se estaba dando en Lesbos, poesía destinada al canto, con un carácter privado, subjetivo e intimista.

Asimismo, los poetas lesbios se dedicaron a escribir poesía al servicio de sus propios intereses, para expresar sus sentimientos al reducido círculo de amigos en fiestas o banquetes. Es aquí, en Lesbos, donde se fija esta poesía, quien tiene como representante a Safo, cultivadora de una poesía del amor llena de emociones que se ha ganado el mérito de ser, según Schadewaldt, “la verdadera reveladora del amor en Occidente”.

No sabemos casi nada de la vida de nuestra poetisa, pues lo único que conocemos de ella es a través de sus fragmentos, los datos que ofrecen las fuentes indirectas, alusiones y biografías de los antiguos. Además de saber su fecha de nacimiento, también tenemos la certeza de su matrimonio con Cércilas de Andros, padre de su única hija (Cleis), así como a sus tres hermanos (Larico, Eurygio y Caraxo).

Édouard-Henri_Avril_(24)

Su poesía era de encargo, epitalamios para bodas que se cantaban por los coros de muchachos y muchachas que formaban el cortejo nupcial -fragmentos 104 (a) – 111-, cuyo centro de su producción poética y de su vida está en el círculo de sus amigas, del cual dependía también económicamente, y de las cuales se enamoraba, amor inasible y sagrado por la religión.

Posteriormente, la obra de Safo fue editada por los poetas alejandrinos tomando como modelo la métrica de sus composiciones, considerando que su obra comprendía unos 12,000 versos; de los cuales conservamos 200 fragmentos gracias a los papiros o citas de autores antiguos, pero la mayor parte de ellos son ilegibles.

De todas maneras, les ofrecemos dos fragmentos de Safo que ensalzan la belleza del amor como su fuente de vida y riqueza.

Fragmento 16

texto griego

ο]ἱ μὲν ἱππήων στρότον οἱ δὲ πέσδων
οἱ δὲ νάων φαῖσ’ ἐπ[ὶ] γᾶν μέλαι[ν]αν
ἔ]μμεναι κάλλιστον, ἐγὼ δὲ κῆν’ ὅττω
τις ἔραται.

πάγχυ δ’ εὔμαρες σύνετον πόησαι
πάντι τοῦτ’· ἀ γὰρ πολὺ περσκέθοισα
κάλλος ἀνθρώπων Ἐλένα τὸν ἄνδρα
τὸν πανάριστον

καλλίποισ’ ἔβας ‘ς Τροίαν πλέοισα
κωὐδὲ παῖδος οὐδὲ φίλων τοκήων
πάμπαν ἐμνάσθη, ἀλλὰ παράγαγ’ αὔταν
οὐκ ἀέκοισαν

Κύπρις· εὔκαμπτον γὰρ ἔφυ βρότων κῆρ
] κούφως τ . . . οη . . . ν
κἄμε νῦν Ἀνακτορίας ὀνέμναι-
σ’ οὐ παρεοίσας

τᾶς κε βολλοίμαν ἔρατόν τε βᾶμα
κἀμάρυχμα λάμπρον ἴδην προσώπω
ἢ τὰ Λύδων ἄρματα κἀν ὄπλοισι
πεσδομάχεντας.

texto en español

Dicen que una tropa de carros unos,
otros que de infantes, de naves otros,
es lo más hermoso en la negra tierra;
yo que todo aquello de lo que uno mismo
se ha enamorado.

Y es sencillo hacer que cualquiera entienda
esto, pues Helena, que aventajaba
en belleza a todos, a su marido,
alto en honores,
lo dejó y se fue por el mar a Troya,
y ni de su hija o sus propios padres
quiso ya acordarse, pues fue llevada

y esto me recuerda que mi Anactoria
no está presente,
de ella ver quisiera el andar amable
y la clara luz de su rostro antes
que a los carros lidios o a mil guerreros
llenos de armas.

 

Fragmento 31

texto en griego

Φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν᾽ ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἆδυ φωνεί-
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμέροεν. τό μ᾽ ἦ μάν
καρδίαν ἐν στήθεσιν ἐπτόαισεν.
ὢς γὰρ ἔς σ᾽ ἴδω βρόχε᾽, ὤς με φώνη-
σ᾽ οὖδεν ἔτ᾽ εἴκει,

ἀλλὰ κὰμ μὲν γλῶσσα ἔαγε, λέπτον
δ᾽ αὔτικα χρῶι πῦρ ὐπαδεδρόμακεν,
ὀππάτεσσι δ᾽ οὖδεν ὄρημμ᾽, ἐπιρρόμ-
βεισι δ᾽ ἄκουαι,

ἀ δέ μ᾽ ἴδρως κακχέεται, τρόμος δέ
παῖσαν ἄγρει, χλωροτέρα δὲ ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ᾽ ὀλίγω ᾽πιδεύης
φαίνομ᾽ ἔμ᾽ αὔται·

ἀλλὰ πᾶν τόλματον, ἐπεὶ +καὶ πένητα

texto en español

Me parece igual a los dioses ese
hombre que ahora está frente a ti sentado,
y tu dulce voz a tu lado escucha
mientras le hablas

y tu amable risa; lo cual, te juro,
en mi pecho el alma saltar ha hecho:
pues te miro apenas y mis palabras
ya no me salen,

se me queda rota la lengua y, suave,
por la piel un fuego me corre al punto,
por mis ojos ya nada veo, y oigo
sólo un zumbido,

me destila un frío sudor, y entera
un temblor me apresa, y cual la paja
amarilla estoy, y mi muerte siento
poco alejada.

Pero todo habrá que sufrirlo, incluso…

 

Traducción: Manuel Rodríguez Tobal
Pintura de portada: Sappho, Charles Mengin 
Pintura interior: 
Safo y su novia, Édouard-Henri Avril

 

 

 

 

Biografías Poéticas: Jaime Siles

La primera vez que escuché la poesía de Jaime Siles fue en su tierra natal, en voz de una compatriota suya que tuvo la camaradería de contarme un poco de la historia de este escritor y erudito valenciano. Nacido en 1951, Jaimes Siles es un fiel representante de eso que llamamos “tradición clásica”, tanto por su formación en letras (doctorado por la Universidad de Salamanca en Filología Clásica), como por su dedicación a la poesía en sus formas más tradicionales. Autor de 19 poemarios, entre los que se encuentra el célebre Semáforos, semáforos (1990) y Desnudos y acuarelas (2009), Siles destaca no sólo como vate talentoso, sino también como estudioso de otros poetas españoles, especialmente de la Generación del 27. En fin, esperamos que disfruten una de sus obras más célebres y que se animen a leer más de este magnífico autor.

Semáforos, Semáforos

La falda, los zapatos,
la blusa, la melena.
El cuello, con sus rizos.
El seno, con su almena

El neón de los cines
en su piel, en sus piernas.
Y, en los leves tobillos,
una luz violeta.

El cláxon de los coches
se desangra por ella.
Anuncios luminosos
ven fundirse sus letras.

Cuánta coma de rimmel
bajo sus cejas negras
taquigrafía el aire
y el aire es una idea.

El cromo de las motos
gira a cámara lenta.
Destellos, dioramas,
tacones, manos, medias.

Un solo parpadeo
Y todo se acelera.
El carmín es un punto
y es un ruido de seda.

La falda, los zapatos,
la blusa, la melena
Se han ido con la luz
verde que se la lleva.

En un paso de cebra
La vi y dije: ¡ella!
Y todos los motores
me clavaron su espuela.

El semáforo dijo
hola y adiós. Y era
muy pronto para todo,
muy tarde para verla.

El ámbar me mordía
los ojos y las venas
y la calle tenía
resplandor de pantera.

En qué esquina de yodo
su mirada bucea.
En qué metro de níquel
o burbuja de menta.

Ningún libro me dice
ni quién es ni quién era.
Ni su nombre ni el mío
intercambian fonemas.

Lloran los diccionarios,
lloran las azoteas
y dicto mis mensajes
en una lengua muerta.

He llegado hasta junio
y estoy en las afueras.
La costura del cielo
tiene blondas de niebla.

Las boquitas pintadas
dejan polvo de estrellas
en el borde de un vaso
boreal de ginebra.

Escrito en cuneiforme
el perfil de sus ruedas
los taxis amarillos
tatúan la alameda.

La noche me maquilla
con su breve tormenta
de bares y de hoteles
sonámbulos que tiemblan.

Otoño de terrazas
vacías y de mesas,
de toldos recogidos
y sillas genuflexas.

Los lápices de labios
con la aurora despiertan.
Los espejos los miran
dibujar sus dos letras.

En un paso de cebra
la vi y dije: ¡ella!
y todos los motores
me clavaron su espuela.

Ésta es la misma calle.
Ésta es la misma acera.
Y la hora, la misma.
Sólo ella no es ella.

La falda, los zapatos,
la blusa, la melena.
El cuello, con sus rizos.
El seno, con su almena.

¿Y la coma de rimmel
bajo sus cejas negras?
El aire me grafía
Aún su silueta.

Esculpida en el ámbar
de algún paso de cebra
fosforesce su piel,
fosforescen sus medias.

Pintura: Jorge Luis Santisteban