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Amar las ausencias: un vistazo a la poesía de Pedro Salinas

Autor: Daniel Álvarez Bermúdez

Si hay un poeta en lengua castellana que ha sublimado el amor en ausencias puras, ese es Don Pedro Salinas (Madrid 1891 – Boston 1951). Actor clave en la llamada “Generación del 27”, Salinas cuenta con una trayectoria poética de amplios matices y temática diversa, que podemos encontrar reunida en libros como Razón de Amor, Largo Lamento, Presagios, Fábula y signo, La voz a ti debida, entre otro más. No obstante, de toda su producción destaca aquella famosa trilogía dedicada a los recuerdos sin nombre, en donde la palabra se queda a penas en una reminiscencia del amor. Desde luego hablamos de La voz a ti debida, Razón de Amor y Largo Lamento, tres de los poemarios más significativos de la lírica romántica en lengua castellana durante el siglo XX.

Y es que aquellos versos que rezan “La forma de querer tú / es dejarme que te quiera…” han dejado una huella indeleble en millones de amantes en todo el mundo. Recuerdo que la primera vez que tuve la oportunidad de leer a profundidad a este gran poeta fue durante un largo viaje hacia el mediterráneo. En esa ocasión, llegó a mis manos un precioso libro con los tres grandes poemarios ya mencionados, en una edición de Cátedra comentada y prologada por Monserrat Escartín. Al reflexionar sobre sus versos, comencé a notar ciertas recurrencias en el discurso poético de Salinas, especialmente en la red de conceptos empleados por el autor, en las que se repiten constantemente las ausencias, los territorios sin nombre, la nostalgia de lo no dicho y los recuerdos de un amante sin memoria.

Un ejemplo de lo anterior se encuentra en el siguiente fragmento: “Ya no puedo encontrarte / allí en esa distancia, precisa con su nombre, / donde estabas ausente”. Este tipo de imprecisiones se encuentra entretejida discretamente como hilo conductor, desencadenando una secuencia semántica que nos lleva a una realidad inmaterial que se recrea en la palabra poética y que toma realidad únicamente al momento de ser nombrada. En este sentido, cabe mencionar el siguiente fragmento: “Mañana. La palabra / iba suelta, vacante, / ingrávida, en el aire, / tan sin alma y sin cuerpo, / tan sin color ni beso, / que la dejé pasar / por mi lado, en mi hoy. / Pero de pronto tú / dijiste: ‘Yo mañana…’ / Y todo se pobló / de carne y de banderas”. De esta manera, la palabra es dadora de vida, saca de la niebla todo aquello sumergido del sueño poético.

Asimismo, en estos territorios construidos de nostalgia se encuentran presentes fantasmas que dan forma al doble, a ese ser idealizado suspendido en la mirada lejana del poeta. Para ilustrar esta idea, se me viene a la mente este formidable comienzo: “Se te está viendo la otra. / Se parece a ti: / los pasos, el mismo ceño, / los mismos tacones altos / todos manchados de estrellas”. ¿Qué fue real y qué fue sólo invención de la memoria? Ahí se encuentra la magia de Salinas, en ese reino de presencias que nos invitan a sumergirnos en el encadenamiento de lo indeterminado, que sólo toma forma cuando viene a la imaginación poética: “Di, ¿te acuerdas de los sueños, / de cuando estaban allí, / delante? / ¡Qué lejos, al parecer, / de los ojos! / Parecían nubes altas, / fantasmas sin asideros, / horizontes sin llegada. / Ahora míralos, conmigo, / están detrás de nosotros.”.

Finalmente, no me queda más que invitarlos a darle un vistazo a la poesía de este gran poeta y a recrear aquellos rostros que sobrevuelan la palabra de los amantes.

Pintura: Orfeo y Eurídice, Martin Drolling.

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Las nanas de la cebolla, un canto a la desesperación

Autora: Mónica Encinas Fons, Universitat de València

Miguel Hernández, poeta de la Generación del 36 -categoría acuñada por Ricardo Guillón-, le dedicó este poema a su segundo hijo, Manuel Miguel, cuando estaba en la cárcel de Torrijos, una vez que el poeta recibiera una carta de su mujer, Josefina Manresa, en la cual le decía -como canta la canción- que sólo tenían pan y cebolla para alimentarse, a modo de respuesta.

Este poema -compuesto en seguidillas (versos concisos, rápidos y directos)- se encuentra al final del Cancionero y romancero de ausencias, cuyo tema principal es la familia a la que no puede dar de comer, al estar allí encerrado por haberse posicionado en el bando republicano durante la Guerra Civil Española.

El texto está estructurado en dos partes: en la primera (desde el verso 1 hasta el verso 49) nos describe la impotencia del poeta por no poder ayudar a su mujer y a su hijo recién nacido, así como los ánimos para continuar con la esperanza de estar con ellos algún día; en la segunda da ánimos a su hijo para que disfrute de su infancia, a pesar de que no esté presente.

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Pintura: La sopa de los pobres, Reinaldo Giudici.

Extra: te recomendamos las siguientes versiones de Nanas de la cebolla que hemos encontrado en You Tube. Seguro ya conocías la célebre versión de Serrat. Aún así, dales un vistazo.

Serrat

Enrique Morente

Alberto Cortez

José Mercé

Juan Valderrama