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El motivo de Putifar

Autora: Mónica Encinas Fons.

Los motivos y los elementos del tema  de Putifar están esparcidos en una amplitud de usos tanto en la literatura arcaica y clásica griega como en la literatura del Próximo Oriente, modificándose así la línea general del relato tradicional previo tras adaptarlo a los componentes básicos de esta unidad temática, cuya plasmación escrita de una antigua tradición oral es difícil de rastrear. En efecto, el tema de Putifar se fundamenta en cinco motivos principales en cuanto a su estructura formal: en primer lugar, el enamoramiento, pues el tema de la mujer, en muchos de los casos, casada, que declara sus sentimientos a un tercer personaje, un hombre -más joven y de rango social inferior- ligado por algún vínculo familiar, afectivo o de lealtad con el marido; en segundo lugar, el intento de seducción por parte de ella y el consiguiente rechazo del hombre a la declaración de amor de la mujer por la lealtad ofrecida al esposo; en tercer lugar, la falsa acusación de la esposa -o bien ante el despecho, o bien ante el temor de ser delatada en cualquier momento ante su marido, o bien por ambas- , pues se venga esta, venganza que consiste -en la mayoría de los casos- en la acusación falsa de intento de seducción por parte del joven ante el hombre ligado por una relación amorosa con esta mujer lamentándose de la deslealtad de este hombre ante el marido y apoyando su argumento con diferentes tipos de argucias (uno de ellos es el estado físico deplorable); en cuarto lugar, el intento de defensa del calumniado; y finalmente, el descubrimiento de la verdad, el castigo consiguiente ante la revelación para la mujer infiel, la salvación y exaltación del hombre leal.

Por lo tanto, estos temas y motivos -surgidos en todos los pueblos de la ribera del Mediterráneo-, saga ́s worthy en la denominación de C. Gordon, tienen una arraigada tradición oral, que se ubican en la corte (humana o divina) y están enmarcados dentro de ese género de leyendas cortesanas que son tan habituales en el Próximo Oriente, y que podemos rastrear en diferentes ámbitos geográficos -Egipto, Irán, India, Ugarit, Mesopotamia, Grecia- historias que repiten estos mismos motivos.

Para comenzar, partiré de la historia bíblica que dio nombre al tema, la historia de José, hijo de Jacob, que encontramos en el Génesis, así como después veremos algunos relatos de la literatura del Próximo Oriente, pasando a continuación a tratar las historias de la literatura arcaica y clásica griega, todas ellas parten de un eje común como es este motivo.

La historia de José y la mujer de Putifar en los textos sagrados

La historia de José, que está en la parte final del Génesis (vv. 37-50), nos cuenta cómo las doce tribus de Israel llegaron desde Canaán a Egipto, donde José consiguió ganarse la confianza del faraón gracias por su prudencia y sabiduría, llegando de este modo a ser su virrey. A continuación, en el versículo 37, nos describe cómo José, uno de los hijos de Jacob, que pastoreaba su ganado junto con sus hermanos -que lo odiaban por ser el favorito de su padre- decidieron deshacerse de él echándolo a un pozo, entregando al padre su ropaje lleno de sangre de macho cabrío para hacerle creer que su hijo había muerto; después de esto, su hermano Juda lo sacó del pozo tras venderlo a unos mercaderes que lo llevaron a Egipto.

Encontramos en el capítulo 39 el tema que nos concierne: pues, Putifar, un eunuco y jefe de cocina del faraón, había comprado en Egipto a José a unos ismaelitas a los que se lo habían vendido sus propios hermanos, siendo Putifar -según el Testamento de José (13)- el jefe de todos los eunucos de la corte y tercero en dignidad después del faraón, y teniendo 17 años cuando fue comprado. Ya, en la casa de Putifar, este consiguió la total confianza de su dueño al ponerle a cargo de la administración de todos sus bienes. Pero nada más verlo su mujer, no le pudo quitar los ojos de encima y le dijo que se acostara con ella, propuesta que rechazó por respeto a su amo y a Dios; sin embargo, la mujer de Putifar insistía cada día hasta que una vez que José entró en casa para hacer algunos trabajos y encontrándose sólo dentro, la mujer de Putifar le tiró de su manto tras proponerle lo mismo. Después de este hecho, Putifar huyó de ella, dejándose tras de sí su capa en las manos de ella, quien llamó enseguida a los sirvientes que estaban en la casa para decirles a voces lo que le había propuesto al muchacho, tras salir cuando ella gritó . Una vez que llegó su marido, dejando el manto a un lado, le confesó que el esclavo hebreo intentó forzarla. Así pues, Putifar se enfureció y mandó encarcelarlo ante la falsa acusación de su mujer, estando allí interpretó un sueño del faraón, donde aparieron siete vacas gordas y siete flacas, cuya interpretación fue que había en lo sucesivo tanto siete años de abundancia de trigo en Egipto como después siete años de escasez; la previsión de este hecho le valió a José convertirse en dueño de todo el país con la ayuda de Yahvet, que le entregará como esposa a Asenet.

Por tanto, encontramos la continuación de este tema en los siguientes libros: De Iosepho de Filón de Alejandría, la lectura de los Apócrifos, el Génesis (41,45), el Testamento de los XII Patriarcas y la versión árabe del Corán (cap. 12, 22). En De Iosepho de Filón de Alejandría, este autor nos hace un comentario y una ampliación del tema de la historia de José del Génesis; en cambio, en la lectura de los Apócrifos tenemos la historia completa de José y de su relación con la mujer de Putifar ofrecida por la tradición: nos presenta a José -en el relato de José y Asenet- como un modelo de hasid (varón piadoso), propio de la sophrosyne de Hipólito que rozoba el límite de lo patológico; en Génesis 41,45, el faraón le entregó en matrimonio a Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On, ampliándose en el relato apócrifo el primer encuentro de ambos protagonistas: al tener José treinta y Asenet dieciocho, José llegó a la mansión del máximo sacerdote de Heliópolis, donde ve en una terraza que se encuentra una joven de gran belleza, y en ese momentó preguntó quién era esa mujer que estaba al pie de la terraza, junto a la ventana, invitándola, por tanto, que se fuera de esa casa. Pues, la sola de presencia de esa mujer le molestaba, así como también todas las mujeres y las hijas de los magnates y sátrapas de todo el territorio de Egipto que querían acostarse con él. Y no era de extrañar que le sucediera esto entre la mayoría de las mujeres e hijas de los egipcios, puesto que sufrían en gran medida por su belleza, enviándole sin césar mensajeros con oro, plata y regalos; sin embargo, José los rechazaba con desdén, mientras pensaba que no estaba dispuesto a pecar contra el dios de Israel. Tan solo cuando el máximo sacerdote le contó que era su hija -no una extranjera, como él creía-, y que la considerase como una hermana, ya que era una doncella que detestaba a los hombres, José tuvo que saludarla, a pesar de que esta se le acercase a darle un beso, rechazándola al decirle que a un hombre que es piadoso no le estaba permitido besar a una mujer extranjera que se encargara de bendecir con su boca imagénes muertas y mudas.

En cuanto al Testamento de los XII Patriarcas, trata de forma ampliada la relación de José con la mujer de Putifar, puesto que nos describe cómo le insinuaba la menfita -con visitas nocturnas, sus adulaciones, regalos y repetitivas proposiciones-, llegándole incluso a amenazar, en el caso de no aceptar su proposición, con el suicidio, pues entraba a su casa por la noche con la intención de visitarlo. En un primer momento, al no tener ningún descendiente varón, lo consideraba como un hijo suyo; no obstante, tras rogar José al Señor, tuvo un hijo, aunque le abrazaba como un hijo durante ese tiempo, no viendo sus verdaderas intenciones: arrastrarlo a la fornicación.

Por último, en la versión árabe del Corán, nos ofrece algunas ampliaciones del tema del Putifar en el Genésis: una vez que el egipcio compró a José le dijo a su mujer que hiciera su estancia agradable por tener la intención de adoptarlo como hijo; por el contrario, en el episodio del intento de seducción, tanto él como la mujer de Putifar se deseaban, no obstante no podía satisfacer sus deseos al haber visto el signo manifiesto del Señor. En otro momento nos cuenta que incluso cuando corrieron hacia la puerta, ella le cogió de la túnica rasgandósela por detrás; pero este hecho lo presenció el egipcio al aparecer en ese preciso momento, y su mujer lo acusó de intento de violación. José aseguró que ese intento fue por parte de su mujer; un esclavo de la casa -viendo el engaño de su señora- alegó que si la túnica estuviera rasgada por delante sería creíble semejante acusación, pero lo estaba por detrás, y por tanto, ella estaba mintiendo (este detalle nos lo encontramos en Filón de Alejandría), quedando el honor de José a salvo, a pesar de ser encarcelado.

Los relatos de la literatura próximo-oriental

Los relatos de la literatura próximo-oriental que tratan el tema de Putifar son los siguientes: Baal, Asertu y Elkunirsa; Aqat y Anat; Gilgamesh e Ishtar; y por último, Bata y la mujer de Anubis.

Baal, Asertu y Elkunirsa

En una leyenda cananea -que se transmitió de forma muy fragmentada en un texto hitita, cuya traducción al castellano fue realizada por A. Bernabé- está el motivo de la impotencia del marido, donde la diosa Asertu acude al dios Baal, su hijastro, a causa de la impotencia de Elkunirsa, diciéndole que se acueste con ella. Sin embargo, es rechazada por su hijastro, hecho que causa la ira de esta contra Baal, al que amenaza. A continuación, Baal se dirige a su padre con la intención de contarle la proposición, aconsejándole que vaya y duerma para unirse con ella, después de humillarla. Tras escuchar esto, Asertu le dolió profundamente esa humillación y llamó a las plañideras, quienes lloraron durante siete años, llanto que se correspondió -según A.Bernabé- a un período de hambre de siete años en Canaán, referido en el libro de José, en el cual los cananeos compraban grano en Egipto.

Aqat y Anat

En relación con ciertos episodios de la leyenda ugarítica de Anat y Aqat -fechada en el siglo XIV-, algunos autores, entre ellos está Paolo Xella, encontraron un precedente del tema de putifar. Pues, la diosa Anat se encaprichó en un banquete del arco de Aqat, hermoso joven e hijo del rey Danel; sin embargo, el joven le aconseja cómo puede conseguir un arco parecido, pero Anat, empecinada en tenerlo, le quiere dar por él todo el oro y la plata del mundo, así como la inmortalidad. Por el contrario, este le responde que no a su propuesta, ocasionando así por considerarlo una ofensa que decida subir al cielo para pedir ayuda a su padre -que era el dios El, conocido como “el dios Toro” o “el toro del cielo”-, tras acusarlo falsamente con la intención de vengar el rechazo, cuya respuesta el dios El da muerte al joven en una cacería, siendo su cadáver destrozado por las aves. Acto seguido, la diosa -al saber de la muerte de Aqat- se entristeció sobremanera, llorando desconsolada, así como provocó que los campos se agostaron, y a causa de esto se revivificó al héroe muerte al final del poema.

Gilgamesh e Ishtar

En cuanto a los motivos del tema que nos concierne, los hallamos en el Poema de Gilgamesh, concertamente en la sexta tablilla de la versión ninivita, cuyo relato en seis columnas están las proposiciones amorosas de la diosa Ishtar a Gilgamesh, el rechazo de este y el despecho y la venganza de la diosa. En la versión hetita de este poema está la escena donde Ishtar le propone a Gilgamesh que sea su marido y el rechazo de este ante tal proposición.

Este relato nos cuenta que Gilgamesh era hijo del rey Lugalbanda y de Ninsu, diosa con forma de vaca, que le entregó que dos tercios de su naturaleza fueran divinos, así como se la asociaba con la diosa tierra por ser diosa de la fertilidad y de la fecundidad. Sobre las proposiciones amorosas de la diosa Ishtar y el rechazo de este, se encuentra cuando Ishtar se fija en la belleza de Gilgamesh, tras lavarse, peinarse y vestirse con su mejor ropaje al haber matado a Huwawa en el bosque de los Cedros, y se dirige a él proponiéndole ser su amante, con la condición de darle al héroe todo tipo de regalos que podía conseguir; no obstante, este le rechaza lánzandole toda clase de improperios. Ishtar -enfadada por la contestación del héroe- subió al cielo para pedirle llorando a su padre, el dios Anu, que hiciera un toro celeste con la intención de matar a Gilgamesh, advertiéndole que -en el caso de crearlo- habría siete años de sequía en Uruk, y, por tanto, tendrían que guardar forraje y grano para sobrevivir durante esos años. Gilgamesh y su amigo Enkidu tuvieron que luchar contra el toro, al que mataron, causando aún más la desesperación de la diosa: Enkidu, cansado de sus lágrimas, cogió la parte derecha del muslo del toro, tras lanzársela a la diosa en la cara, de modo que provocó los lamentos de Ishtar y todas las hierodulas y prostitutas sobre esta parte del toro. Al final del relato, está la muerte de Enkidu.

Bata y la mujer de Anubis

Esta historia, que se desarrolla en la corte egipcia del Faraón, se encuentra en el Papiro d ́Orliney – descubierto y publicado por Rougé en 1852-, cuyo autor fue el escriba Enana, encargado del tesoro del Faraón, y tiene raíces míticas por los nombres de sus dos protagonistas -Anubis, el hermano mayor, que lleva el nombre egipcio del dios de la muerte y de los muertos, y Bata, el nombre de una diosa local, que fue venerada en la ciudad de Sakka del Alto Egipto (zona de Nubia)-. La función principal de Anubis, en esta historia, es cuidar de su hermano, después de morir, y devolverle la vida. Este cuento egipcio está dentro de la Historia de los dos hermanos, que a su vez está recogido en un papiro datado en torno al 1225 a. C., donde nos habla de dos hermanos, Anubis y Bata.

Mientras Anubis estaba casado y tenía una casa con campos y ganado, Bata, su joven hermano menor, vivía con este y su mujer como hijo, ocupándose de este modo de los trabajos del campo y del ganado, así como se sentía agradecido a este por haberle cuidado y veneraba al dios Re; también se encargaba de dirigir a las vacas al campo, al señalarle los sitios que habían buen pasto, que era donde se quedaban, gracias a esto se criaban gordas, así como le entregaban leche de gran calidad. Una vez que andaban escasos de siembra, los hermanos tuvieron que llevarse el grano, el arado para sembrarlo; no obstante, al estar sin grano allí, Anubis pidió a Bata que fuera a casa a por más. Cuando llegó, la mujer de su hermano se estaba arreglando el pelo, y al comprobar esta la fuerza y musculatura del joven después de cargar cinco sacos sobre los hombros -aprovechando la ausencia de su marido- lo llamó agarrándole para decirle que viniera, se acostaran y juguetearan durante una hora a cambio de bonitos vestidos, cuya reacción del joven fue rehusarla, puesto que la consideraba como una madre, y su marido como un padre por haberle criado desde pequeño. Tras marcharse de la casa, le aseguró que nadie lo sabría por él, y acto seguido se diriguió al campo donde le esperaba su hermano.

Temerosa la mujer por si Bata le contaba lo que había sucedido, esta trazó un plan: se hizo la apaleada, además de no preparar lo habitual, para que, una vez que llegara su marido le preguntase lo que le pasaba y así decirle las palabras que ella había pronunciado pero invertidas en boca de Bata. Anubis, que estaba lleno de ira, esperó a su hermano con un cuchillo afilado detrás de la puerta del establo con la intención de matarlo; sin embargo, cuando este vuelve al atardecer, una vaca -o según otras versiones unas vacas- le avisó del peligro y este pudo salir corriendo sin ningún problema en su camino. Después, Bata suplicó a Ré, el dios del sol, y su dios interviene hiciendo brotar una acaudalosa corriente llena de cocodrilos y abriendo una zanja entre los dos hermanos, pudiendo contarle su versión de los hechos desde la otra orilla, y con el fin de asegurarle que estaba diciendo la verdad se cortó su pene y lo arrojó al agua, tragándoselo la corriente, así como le comunicó incluso que se marcharía al Valle de los Cedros (quizás el Líbano), para quitarse allí -y no en otro lugar- el corazón colocándolo en la flor más alta del cedro; y en el caso de que el cedro cayese, tendría que ir Anubis en busca del corazón de su hermano con el fin de que no muriese.

Por tanto, Bata se fue al Valle de los Cedros para poner el corazón de este en la flor de un cedro; después de andar triste los dioses se compadecieron de él y le dieron una bella mujer. El faraón, al verla, se encaprichó de la belleza de esta mujer, así como del olor de su cabello, y mandó que fuera raptada y llevada a Egipto, donde la mujer le pidió que cortase el cedro del cual dependía el corazón de Bata para que muriese. Seguidamente, el faraón dio la orden. Mientras tanto, Anubis partió en la búsqueda del corazón; pero lo encontró tras desesperarse durante años de búsqueda en una baya del cedro, de la que, al colocarla en agua, hacía surgir y revivir a Bata. Entonces Bata se convirtió en un

hermoso toro de colores que se dirigió con su hermano al palacio con la intención de vengarse. Después de presentarse a la mujer, le dijo que estaba vivo y que tenía forma de toro; su mujer reaccionó en mandar sacrificar al toro, cumpliendo el faraón su deseo. Pues, al matarlo, en una sacudida del toro, dos gotas de sangre cayeron ante las puertas del palacio, haciendo surgir dos melocotoneros, donde la mujer se sentó a la sombra de uno de ellos, y así le hizo saber que aún vivía en el corazón de ese frutal. La mujer volvió a ordenar que talaran todos los frutales para hacer muebles. Mas cuando realizaban esta orden saltó una viruta del árbol y la mujer se la tragó. A partir de ese momento se quedó embarazada, dando a luz un hijo, que se convirtió en príncipe heredero del rey de los nuvios. Luego este fue el heredero del faraón, y después de su muerte reunió al príncipe, que era Bata, a todos los cortesanos para contarles su historia, y, a continuación, juzgar ante todos a la mujer, que era esposa y madre del príncipe, proclamándole rey y gobernando durante 30 años en todo el país. Después de su muerte allí al arrojarla a los perros, le sucedió su hermano Anubis.

Además de estos relatos, tenemos testimonios en la literatura india de este motivo. Maurice Bloomfield nos habla de dos casos más, donde se puede observar al prototipo: primero, el episodio del príncipe de Paduma, cuyo triangulo está compuesto por rey-príncipe-madrastra y tiene un desenlace, en el que intervienen una divinidad u el rey de los dragones en ayuda del maltratado joven honesto; segundo, la historia del príncipe Kunala, hijo del emperador Asoka, que se convierte en la víctima de la pasión de su madrastra, siendo cegado, sin embargo consigue al final que, gracias a su bondad, recupere la vista y su madrastra sea quemada viva.

Las historias de la literatura arcaica y clásica griega

El tema de Putifar, además de aparecer sus motivos en la literatura egipcia, hitita, mesopótamica, ugarítica, en la india y persia, vuelve a surgir en la literatura arcaica y clásica griega. Estas historias de la literatura arcaica y clásica griega son: Belerofontes, Antea (o Estenebea) y Preto; Peleo, Acasto y Astidamia (o Hipólita); Fénix, Amintor, Ptía; Frixo, Atamante y Demódica (Biádica) o ¿Ino?; Tenes, Cicno, Filónoma; Ocna y Eunosto; Anágyros, el labrador y la madrastra; y, por último, Hipólito, Teseo y Fedra.

En la tragedia griega del siglo V a. C., esta línea argumental tuvo gran éxito entre los poetas trágicos respecto a la temática de sus piezas, así como aparecía en ellas el fondo mítico muchas veces, ya que empleaba los tres motivos antes mencionados por tener contenido narrativo y estar en el período inicial de toda tragedia.

Belerofontes, Antea (o Estenebea) y Preto

En la Ilíada de Homero (canto VI, vv. 119-236), que está el episodio de reconocimiento de Diomedes y Glauco en el encuentro en el campo de batalla, nos informa sobre la ascedencia de Belerofontes, cuya tradición es prehomérica, donde el linaje humano en su futalidad al de las hojas. Preto, rey de Argo, acogió a Belerofontes, por verse desterrado de un asunto amoroso, en su casa, en la cual su esposa, la divina Antea, se enamoró perdidamente de este debido a su belleza y valentía, proponiéndole unirse a ella en secreto amor; no obstante, al no poder persuadirlo y despechada por este motivo, lo acusó -invirtiendo los términos de su propuesta- ante Preto. Después de encolerizarse este, lo mandó a Licia llevando en sus manos una tablilla doblada (ἐν πίνακι πτυκτῷ), donde había escrito σήματα λυγρὰ πολλά, para que el padre de Antea y rey de Licia matara al portador del escrito. Ya allí Jóbanes le propuso tres pruebas antes de hacerlo: la primera era luchar contra la Quimera -monstruo que tenía la cabeza de león, cola de dragón y cuerpo de cabra, y que exhalaba fuego respirando-; la segunda era luchar contra los solimos; y por último, contra las amazonas. Después de haber superado todas las pruebas, el rey de Licia le dio en matrimonio a su hija, unión en la que nacieron tres hijos: Isandro (muerto por los solimos), Hipóloco (padre de Glauco) y Laodamía (madre de Sarpedón que Artemis mató).

Por el contrario, en la versión hesiódica (Teog. 325) y pindárica (Ol. 13, Ist.7) del mito, hallamos que el caballo Pegaso ayudó a nuestro héroe a superar todas las pruebas que Jóbanes le había ordenado. En la Istmíca 7 de Píndaro, está el fin de Belefonte cuando se disponía llegar a la asamblea de los dioses. Este mito también fue tratado por Sófocles y por Eurípides

En la tragedia Jóbanes de Sófocles, versa sobre la historia de Belerofontes, Preto y su mujer, desarrollada -probablemente por el título- en Licia, y de la cual sólo conservamos el título de la obra y teniendo presente que el tema de Putifar estaba en el trasfondo de la problemática concreta de esta pieza. En cambio, Eurípides escribió dos tragedias (Estenebea y Belerofontes). En la primera de ellas (Estenebea), el argumento está en dos fuentes: por una parte, un escolio al comentario de Gregorio de Corinto sobre un tratado de Hermógenes; y por otra parte, un comentario de Juan el Logóteta a ese mismo tratado (F. W. Welker, Gr. Tr. 777-8 y A. Nauck TGF, p. 567-8), que contiene unos treinta versos del prólogo, argumento del cual es: Belerofontes, hijo del rey de Corinto, tiene que ser purificado por un asesinato involuntario por parte de Preto en Tirinto; Estenebea, mujer de Preto e hija de Jóbates, se enamora en un momento dado de Belerofontes, y tras realizar proposiciones amorosas -que este rechaza por respeto a Preto- es acusado ante este de intento de seducción y enviado a Licia a una empresa con final desenlace. En este lugar, después de vencer a la Quimera con ayuda del caballo Pegaso, vuelve a Tirinto para censurar el comportamiento de Preto y amenaza a su mujer con estrangularla; sin embargo se entera de que el matrimonio quiere tenderle una trampa y le propone a esta que suba con él a lomos de Pegaso con la intención de llevarla lejos de allí, propuesta que ella asiente. Una vez que están en el mar la arroja a la altura de la isla de Melos, recogiendo unos pescadores milesios su cadáver, que lo llevan a Tirinto, así Belerofonte puede presentarse y explicar que se ha podido tomar venganza a semejante acción contra su persona por parte de la pareja (de ella arrojándola al mar y de él, con el dolor). Hoy en día, se cree que esta tragedia tendría que comenzar cuando Belerofontes se hallaba aún en Licia.

Los elementos destacables en esta tragedia son: una relación de φόνος ἀκουσιος por parte del joven que viene de fuera para pedir la purificación por “homicidio voluntario”, el sometimiento a una serie de pruebas extraordinarias con la intención de que terminen con su vida estas circunstancias, la incidencia que tuvo este relato en dicho género por el argumento aludido -tenemos una parte inicial narrativa que nos describe el conflicto del enamoramiento de Estenebea comenzado desde el parlamento, donde el héroe abría la tragedia; después, un período de enfrentamiento con Preto e incluso con la esposa; y por último, el cierre de la acción con el descubrimiento de la muerte de Estenebea y la llegada de Belefonte a escena para explicar y justificar lo sucedido.

En la segunda parte (Belerofontes), trata del desencanto del héroe en cuanto a la justicia divina y humana, cuyo desarrollo se sitúa en Licia, por haberse hecho odioso a los ojos de los dioses. Los fragmentos de esta tragedia nos sirve para perfilar la personalidad de Belerofontes (sin datos sobre el tema de Putifar), aunque sí se relata -a igual que en Píndaro en la Istmica 7- el último período de la vida real de este, la muerte del héroe cuando tenía la intención de llegar a la casa de Zeus.

Estos son los rasgos que caben destacan en la épica, la lírica y el drama: una situación de relación histórica entre Argos y Licia, el motivo de la “carta final”, las dramatis personnae y la procedencia. Ahora bien, exite dos interpretaciones de la situación de relación entre Argos y Licia: según S.Kirk, esta relación puede deberse del último período micénico (cuando los griegos empezaron a llegar instalándose en el suroeste del Asia Menor); según Nilsson, en 1933, las luchas entre griegos y licios en época micénica (aparecidos en la Ilíada). Por otra parte, el motivo de la “carta final” en la historia de Belerefontes (Preto hizo llegar esta carta a Jóbates por medio de Belerofontes, en la que ordenaba la muerte del héroe) se encuentra también en Samuel II 15: la mujer de Urías -Urías era de procedencia hitita- se enamoró del rey David, cuya entrega de una carta a este provoca su propia destrucción (según W. Burker, la escritura de esa carta podía proceder de la grecofenicia, porque estas tablillas que se doblaban se llamaban δέλτος, cuya transcripción del semítico era daltu “puerta”). Por el contrario, las dramatis personnae, en este caso, es la mujer de Preto, que aparece con distinto nombre en determinados géneros literarios: en Homero recibe el nombre de Antea; en Heródoto (fr. 129) y Eurípides, Estenebea.

Así pues, el héroe tuvo que abandonar su casa -como Bata o José-, para irse a tierra extranjera (en Homero, este venía de Efira, que se identificaba con Corinto); allí la mujer de su protector se enamoró de él, cuyo abuelo era Sísifo, que había bajado y regresado del Hades, convirtiéndose de este modo en una divinidad infernal. El padre de Belerofontes, Glauco, terminó su vida al ser despedazado por unos caballos durante los juegos funerarios en honor de Pelias en Jolco, tras recibir el sobrenombre de Taraxipo, así como hizo que sus yeguas, para que fueran más rápidas en estos juegos, no se acercasen a los sementales, lo que desencadenó a un castigo ejemplar por haber rechazado a las leyes de Afrodita: un choque de carro y que este quedara destrozado.

En relación a los trabajos impuestos por Jóbates con el fin de quitarle la vida, el más famoso fue la lucha contra la Quimera, monstruo frecuente en la literatura oriental, cuya victoria recuerda a otras tres: la del dios Enlil sobre Labdu (dragón leontocéfalo); el cuerpo de cabra de la Quimera, al dios de las aguas Ea (cuerpo de cabra y cola de pez), y a Leviatán (monstruo marino ugarítico al que venció Baal), monstruos que representaban las caóticas aguas primigenias. También encontramos el motivo del monstruo que respira fuego en la cultura mesopotámica: el toro que mandó Ishtar a Gilgamesh que mató a muchas personas con sus primeros resoplidos (VI 114-129); el toro con el que tuvo que luchar Jasón en Oriente antes de conseguir el vellocino de oro, y en la serpiente con la que combatió el marino náufrago del cuento egipcio. De este modo la interpretación de Jesi acerca del episodio de la victoria de Belerofontes sobre las amazonas representa la instauración del patriarcado de la sociedad micénica en el lugar de la ginecocracia de las regiones orientales.

En cuanto al caballo alado, Pegaso, con el que ganó a la Quimera puede ser de procedencia oriental por ser, según Astour, una síntesis mítico-iconográfica del caballo destructivo y del águila que llevó a Etana al cielo para buscar la planta de la fertilidad.

Una vez que Atenea le entregó a Belerofontes en sueños la rienda de oro con la cual consiguió domar a Pegaso (regalo de Poseidón), le dio tres órdenes: sacrificar al Padre Domador un toro blanco, así como también sacrificar “un animal de fuertes pezuñas” al “poderoso sostenedor de la tierra” y levantar un altar a Atenea Ecuestre (aparecido este motivo en Pind. Ol. 13).

Finalmente, según R. Bellamy piensa que el episodio de Beleforontes es oriental por describir la relación de Grecia con Asia y tener motivos literarios orientales.

Peleo, Acasto y Astidamia (o Hipólita)

La historia de Peleo que es una leyenda desarrollada -como las anteriores- en la corte, cuyo fondo pertenecía a las sagas anteriores a la épica que los poetas plasmaron en sus obras, aparece en los siguientes libros: en los Cantos Ciprios, en el poema épico Los Alcmeónidas, así como es tratado en Ferecides, Hesíodo (Catálogo de las mujeres) y Píndaro (Nemea 3, 4 y 5), Sófocles y Eurípides, y conocido por Aristófanes (Nubes 1063), e incluso mencionado en Apolodoro (III 13, 3 y 17) y los escoliastas de Ilíada (VI 164) y de Apolonio (I 224).

Peleo, hijo de Éaco y nieto de Egina y Zeus, desterrado de Egina por Éaco (en Ferecides, fr. 1B y 61a-b), mató en una competición a su hermano Foco, y después acogido por el rey de Ptía, Euritión, que le dio en matrimonio a su hija, Antígona. En Andrómaca de Eurípides (vv. 788-801), nos narra la nobleza de su linaje, así como sus hazañas en tres casos: como tribulante de la nave Argo,

expedicionario y luchador junto con Heracles contra las Amazonas. En el Catálogo (fr. 81) de Hesíodo, nos cuenta que, en una cacería en Calidón, mata sin querer a su suegro, de modo que es desterrado, acogido y purificado por Acasto, rey de Yolcos, donde la reina Astidamia -Hipólita en Píndaro-, la mujer de Acasto, se enamora de Peleo, haciéndole proposiciones amorosas que rechaza por respeto a Zeus y a su huésped. La reacción de la reina -causada por el desprecio- es contarle a Antígona, mujer de Peleo, que este quiere a Estérope, hija de Acasto, cuya consecuencia es el suicidio de Antígona y la acusación de Astidamia ante Peleo con un falso mensaje de intentar violentarla. Pero el rey, después de enfadarse, lo abandona en una cacería -tras decidir no matarlo-, dormido en el monte Pelión, ocultándole la espada por tal de que el héroe fuese doblegado por los centauros. Sin embargo, el centauro Quirón lo salvó al rebelarle dónde estaba su arma, y Peleo se vengó de esta injusticia de este matrimoniocon la destrucción de Yolcos y la muerte a sus reyes. Así este episodio aparece también en la época de juventud del mito de Peleo. Según Apolodoro (Bibl. III,13,3 y 7), Peleo despedazó a Astidamia antes de casarse con Tetis. Desde el punto de vista de la tipología, tenemos que destacar una serie de elementos mencionados en el relato anterior: una relación extrafamiliar entre los componentes masculinos, la aparición del “homicidio involuntario” como iniciador de la acción y una estratagema subrepticia para conseguir la deseada venganza.

En la tragedia perdida Peleo de Eurípides, conocemos que trataba sobre la juventud del héroe, y puede que desarrollara el tema de Putifar; por el contrario, en la tragedia de Sófocles que lleva el mismo nombre se enfocaba en la vejez y el final del héroe. En la versión de Hesíodo (Hes. Cat. fr. 208), versa sobre Peleo y la mujer de Acasto; en Píndaro (N. V, 51, 56, 59), de la pasíón de las palabras escabrosas y de los artificios proyectos que esta mujer utilizó por tal de lograr el amor de Peleo, al cual ayudó Zeus, así como cuando hubo convenciado a Poseidón, lo casó con Tetis.

Fénix, Amintor, Ptía

Sabemos la historia de Fénix gracias a dos versiones: la homérica (Il. IX 448-463) y la de Apolodoro (III 13, 8), basada quizás en el Fénix de Eurípides. El latino Ennio también escribió una obra con el mismo título, cuyo modelo fue el de Eurípides y que trataba el tema de Putifar, así como en Acarnienses de Aristófanes (421-3) menciona la ceguera que Amintor ocasionó a Fénix después de enfadarse. En la versión homérica, Félix nos informa que se unió a una concubina de su padre, Amíntor, rey de Eleón en Beocia -por mandato de su madre que quería que su hijo la seduciera- por tal de conseguir el desprecio de Amintor a la mujer que odiaba, cuya consecuencia fue la expulsión por parte de su padre de su hijo; pero Peleo lo acogió en Ptía, nombrándolo tutor de su hijo, después de entregarle riquezas y ponerlo a cargo del reino de los dólopes, donde conocerá a Aquiles. En la épica, encontramos que es el joven el que intenta y logra seducir a la mujer, circunstancia poco frecuente en el relato. En un escolio al pasaje homérico antes mencionado, nos presenta la historia de forma direrente, transmitido por un resumen del Félix euripídeo: la concubina intenta a seducir al príncipe, sin embargo le rehusa y ella, despechada ante esta situación, decide acusarlo falsamente ante Amíntor, que lo ciega en un arrebato de cólera, pero luego Quirón lo curará y Peleo lo nombrará rey de los dólopes. En la versión de Apolodoro, hace referencia al esquema clásico de tema de Putifar, puesto que la concubina de Amíntor se insinuó a Félix, que tuvo que rechazar, así que le acusó falsamente ante su padre, cegándolo y expulsándolo de la tierra. Después de este hecho, Peleo lo acogió y Quirón lo curó tras educarlo. Por lo tanto, esta versión es la que Eurípides sigue, cuyas referencias en los fragmentos del Fénix euripideo se refieren a una concubina (fr.818), a las complicaciones que esta lleva al anciano que se ha casado con ella (fr. 804, 807 y 808), al enfrentamiento padre-hijo, a la ceguera del hijo (fr. 816), etc. E incluso en el tratado Sobre Tragedias de Jerónimo de Rodas, versa acerca de la historia de una concubina (παλλακή) cómo no podía convencer a su hijastro, le calumnia al padre de lascivio. Así pues, en la versión homérica del mito hallamos, por ende, un paralelo en la historia bíblica de Rubén y Bilha (Gen. 35, 22), en la cual nos cuenta que Rubén se acostó con Bilha, la concubina de su padre, al verse privado de su primogenitura (Gen. 49, 4).

Por tanto, este episodio tuvo mucho éxito en el teatro grecorromano, destacando tanto Sófocles como Eurípides, que escribieron sendos Fénix, pues el público asistente a este género demostró darle buena acogida cuando en el siglo IV Astidamante II escribió una obra con el mismo título, así como el cómico Eubulo otra por las mismas fechas.

Por otra parte, hallamos algunos testimonios con la variante euripídea: en Aristófanes ( Los acarnienses, 421-423) hace una parodia del estado anímico de Fénix cuando es cegado por su padre; en La samia de Menandro, está en la escena del enfrentamiento entre Mosquión y su padre Démeas por una hetera, que es un eco de la disputa entre Amíntor y Fénix, teniendo como modelo a la versión de Eurípides.

Frixo, Atamante y Demódica (Biádica) o ¿Ino?

La historia de Frixo es otra historia de corte, en la cual encontramos el tema que nos concierne, así como motivos próximo-orientales. Según Higino (Astr. II 20, 2), Demódica, mujer de Creteo, fue la que intentó pretender en una ocasión al joven Frixo, hijo del rey Atamante, considerada en este relato como su tía; no obstante, según el escoliasta a Píndaro (Pit. 4, 162), Demódica fue madrastra de Frixo. En otras tradiciones, recibe el nombre de Biádica.

En efecto, la historia de Frixo fue tratada por los siguientes autores: Sófocles (Frixo)y Eurípides (dos tragedias de nombre Frixo, en las cuales trataban el episodio de Frixo y Demódica) en el siglo V, así como Aqueo y Timocles en el IV en tragedias con sólo el título del protagonista. Otros escritores que trataron este tema fueron: Eurípides (Ino), Sófocles (Atamante), Píndaro (conocedor de la leyenda en Frixo que plasmó en Pit. 4), Apolonio Rodio e incluso en la tragedia latina con Ennio y Acio (un Atamante cada uno ). A pesar de tener estos fragmentos de los trágicos que son escasos, no podemos asegurar que en estas tragedias perdidas se hablara de este tema. Pero, gracias a los testimonios tardíos del escoliasta de Píndaro y de Hígino, parece confirmar esta presencia.

Sobre la situación de la tragedia, el área mítica de Atamante está centrado en sus múltiples mujeres e hijos tenidos de ellas, destacando los diversos Frixos subidos en escena por darse la variante mitográfica aludida, que nos proporcionaba el título, pues la información que tenemos es insuficiente.

Señalamos, a continuación, los motivos que aparecen en esta leyenda: la sequía provocada por Ino, madrastra de Frixo, por tal de destruir al joven (recuerdo de otras leyendas orientales antes mencionadas como la de Ishtar, Asertu, Aqat y José) y el carnero volador enviado por Néfele para salvar a sus hijos de las maquinaciones de Ino (también en Etana, Adapa y Belerofontes, así como en la iconografía mesopotámica aparecen animales voladores). Frixo surca las nubes sobre un carnero, después de llegar a la tierra de Fa, donde gobernaba Eetes; sin embargo su hermana Hele cayó al mar que recibió luego su nombre.

La relación de la figura de Atamante está vinculada a la peripedia de sus tres matrimonios, donde las sucesivas esposas se conviertieron en madrastras de los hijos habidos en los matrimonios anteriores para apartarlos con el fin de beneficiar a los suyos. Cabe destacar una relevancia especial en Frixo y Hele, los dos hijos de Atamante nacidos del primer matrimonio de Néfele, y expuestos a una inmolación inmerecida, a pesar de que al final sean salvados por su madre por haberles entregado un carnero de toisón de oro, para que sean llevados por los aires hasta la Cólquida.

En cuanto a la culpabilidad de Frixo, la interpretación más general es la de que Ino, segunda mujer de Atamante, tiene la intención de matar a Frixo y a su hermana por tal de que sus hijos ocupasen un lugar favorable ante Atamante, aunque en un momento dado encontramos una variante bien

distinta: Demódica, mujer de Creteo, cuyo hermano de este último es Atamante, se enamora del que es su sobrino, intentando seducirlo, después de calumniarlo ante Creto y Atamante se venga pidiendo que se le castigue.

Tenes, Cicno, Filómena

También la historia de Tenes -hijo de Cicno, rey de una región troyana, y de Proclea y nieto por parte de padre de Poseidón y de Laomedonte por parte de madre- se desarrolla en una corte, concretamente en la de Colona (costa egea del Asia). Según Píndaro (Ol. 2 e Ist. 5), Cicno, su padre, lo mató Aquiles en la guerra de Troya. Puede ser que incluso Esquilo y Eurípides escribieran una tragedia intitulada Tenes. En los fragmentos del Papiro de Oxirrinco 2455 y 2456, cuya publicación corrió a cargo de Turner en 1962, ha demostrado la autenticidad de la tragedia eurípidea, confirmándose el desarrollo del tema de Putifar. Estas son las demás referencias tardías: Aristóteles (Ret. 2, 22), Apolodoro (Epit. 323), Licofrón (Alex. 232), Pausanias (X 14, 1-2), Estobeo (III 2, 15), Conón (28) y Plutarco (QG 28, Mor. 297 D-F).

Una vez que Proclea se murió, Cicno se casó con Filónoma, quien se enamoró perdidamente de su hijastro Tenes y, por ende, le hizo proposiciones amorosas, que este rechazó, así que se vengó de él acusándolo falsamente ante Cicno de haber querido forzarla y presentó luego al flautista Eumolpo como testigo. Cicno decidió encerrar a Tenes y Hemítea, hermana de este, en un cofre que tiró al río; sin embargo, Poseidón hizo que la corriente fluvial llevase el cofre hasta la isla de Leucophyx, que recibió el nombre, a raíz de ese preciso momento, de Tenedos, proclamando los habitantes de la isla rey a Tenes. Así pues, enterado Cicno de la falsa acusación, este ordenó lapidar a Eumolpo y enterró viva a Filónome -así como Hebros, en Plutarco (De fluviis, VIII 3) fue perseguido por su madrastra Damasipa, y se arrojó a un río que llevó su nombre por ello-, reconciliándose con su hijo, a pesar de que algunas fuentes discrepan ante este hecho: por una parte, Conón nos informa que el hijo rechazaba la pretensión paterna; por otra, el escolio 232 a Licofrón nos habla que Cicno tiene un final feliz por vivir feliz en Ténedos con sus hijos, después de matar a su segunda esposa.

Ocna y Eunosto

Encontramos algún pequeño fragmento de la poetisa Mírtide de Antedón (Edmonds, Lyra Graeca III, p.3), donde se narra la historia de Eunosto y Ocna -también aparece en Moralia de Plutarco (CG 40, 300D-301B)-. Ocna, hija de Colono, se enamora del hijo de Helico, Eunesto; luego se le declara, sin embargo es rechazada, lo que provoca que ella lo acuse falsamente ante sus hermanos de que la había violentado. Sus hermanos le tendieron una emboscada a Eunesto para poder matarlo. Cuando lo mató, Helico encarceló a estos; no obstante, después de arrepentirse Ocna, le dijo la verdad y este a Colono, el padre de la joven. Mientras Colono desterró a sus propios hijos, Ocna se lanzó por un precipicio. Así pues, se le rindió culto a Eunosto en un santuario, en el cual se prohibía la entrada de las mujeres.

Anágyros, el labrador y la madrastra

En las Ranas (1044) de Aristófanes, trató el tema de Putifar a modo de parodia, cuando nos habla del juicio de Esquilo y Eurípides, inclinándose a favor del primero, porque Esquilo no sacaba en escena a πορνάς, tal como las Fedra o Estenebeas eurípideas.

Según Anágyros, comedia aristofánica perdida, versaba también de este tema -haciendo una parodia de él- por el conocimiento que tenemos de los fragmentos y de comentarios antiguos. Por el contrario, L. Gil -a raíz del primer testimonio de este término aparecido en un contexto proverbial del prólogo de la Lisístrata de Aristófanes (vv. 67-8)- se encarga del estudio de la acepción del término en los paremiógrafos, observando que el proverbio Anagyraisios daimon ( “destino

catastrófico que se abatía sobre una familia entera”), así como explicado en el Proverbium Coislinianum 30 (“un labrador que en el demos de los anagiradios contrajo la culpa de haber agraviado a un altar cercano, por lo que cayó en terribles desgracias. En primer lugar perdió a su mujer de la que había tenido un hijo. Luego hirió al hijo por la falsa calumnia de su madrastra, lo embarcó en una lancha y lo abandonó en un islote miserable. Después, cubiertos de oprobio él y su mujer en toda la ciudad, se encerró en su casa con todos los bienes, la prendió fuego y murió achicharrado. La mujer se tiró a un pozo”).

En efecto, la “falsa calumnia” de la madrastra al hijastro ante el padre nos hace pensar en el tema de Putifar, confirmado así por la Suda y por Focio, donde un labrador que ha talado un bosque sagrado adoptó una culpa que le llevó a grandes desgracias -una de ellas fue que su concubina se enamorara del hijo del labrador, y así le propusiera relaciones amorosas, que rechazó, por lo que acusara al padre de seduccirla, ahorcándose este-, así como en la Suda sabemos que Jerónimo de Rodas en Sobre los Tragediógrafos(fr. 4. Hiller) comparaba esta historia con la del Fénix de Eurípides.Wilamowitz pensó que Eurípides había escrito su Fénix a partir de este relato rural; en cambio, L. Gil cree que la semejanza con Jerónimo es el tema de Putifar, cuya inspiración es “un añadido reciente a la leyenda local”.

Hipólito, Teseo y Fedra

Eurípides escribió dos tragedias, cuyo tema era el amor de Fedra por su hijastro Hipólito. En la segunda tragedia trataba el tema de Putifar. En Hippolytos kalyptómenos, la primera tragedia, sólo hemos conservado algunos fragmentos. El argumento de esta obra es el siguiente: Fedra se acerca a Hipólito para expresarle sin tapujos sus sentimientos; pero tras ser rechazada, ella se venga acusándolo falsamente ante Teseo de que había intentado forzarla y también puede ser que le presentara alguna prueba del delito. Después esta se suicidó para escapar de la deshonra.

A continuación, tras el escándalo que generó esta primera tragedia, Sófocles escribió una Fedra, que conservamos muy pocos fragmentos, donde la protagonista es más contenida que la anterior. En la tragedia de Sófocles, Teseo se encontraba en el Hades, y por tanto, Fedra ya no esperaba su vuelta.

La contestación de esta tragedia fue la de Hipólito Coronado de Eurípides, que recibió el primer premio en el año 428, cuyo argumento es el siguiente: mientras la nodriza, sin contar con el consentimiento de su señora, le revela a Hipólito el amor de Fedra por él, esta sufre por la decisión de elegir entre “el querer y el deber”. Así pues, Fedra deja la acusación escrita a Hipólito -no como la primera que lo hace de forma directa ante Teseo- mediante una nota que hallarán después de su muerte, por lo que la protagonista justifica su calumnia con el fin de no perjudicar a sus hijos del escándalo de su rumor. Por lo tanto, esta tragedia triunfó entre el público ateniense por presentar a una Fedra menos desinhibida.

Encontramos otro Hipólito, en este caso, de Licofrón en el siglo III, del cual conocemos sólo -por la Suda- su nombre; en la Roma imperial, la Fedra de Séneca, donde la protagonista se suicidó con la propia espada de Hipólito, espada con la que supuestamente la había pretendido intimidar.

En Apolodoro (Ep. I 18-9), esta pidió a Hipólito que se acostara con ella, sin embargo aquel no quiso por odiar a todas las mujeres, y esta -temiendo que lo acusara ante su padre- hizo lo siguiente: desgarrar sus vestiduras y acusar falsamente a Hipólito de haberla forzado.

Así, conocemos de la segunda tragedia de Eurípides -por su conservación- que, al estar enfadado Teseo, a causa de haberse creído la falsa acusación que había hecho su mujer, solicitó a Poseidón que matase a su hijo después de expulsarlo de Trecén. Tras enganchar Hipólito sus caballos, se alejó

de la ciudad hasta que llegó a la altura del golfo Sarónico, donde eschuchó un profundo bramido, produciendo que los caballos se encabritaran y una enorme ola surgiera del mar, así como al romper esta expulsó un monstruoso toro salvaje, que las yeguas, al verlo, se asustaron y perdieron el control, provocando así que el toro se colocase delante de ellas y las enloqueciese, hasta que el carro volcase y su jinete cayese, y después de ser arrastrado entre las riendas, se golpeó la cabeza contra las rocas, cuyas carnes resultaron desgarradas.

Aún este mito es citado en el catálogo de las mujeres en la Odisea (11,321-2), y aludido en Los Naupactia (11) por la resurrección por parte del dios Asclepio de Hipólito, narrado por Pausanias (X, 38,11).

La acción de Hipólito coronado se desarrolla en Trecén. Fedra, princesa cretense, era nieta de la fenicia Europa e hija de Pasífae, la que se enamoró del toro que le envió Poseidón, naciendo de esta unión el Minotauro al que venció Teseo con la ayuda de la hermana de Fedra, Ariadna.

En conclusión, en el esquema básico del motivo genérico de Putifar se produce una alteración en la figura de Hipólito por considerarse un personaje que rechaza no sólo las propuestas de un amor incestuoso, sino cualquier clase, ya que pertenecía al séquito de Ártemis, la diosa virgen de la caza, circunstancia en la cual producirá un desenlace distinto en la historia de los jóvenes mencionados arriba (estos, después de demostrar su honestidad, triunfan y vuelven a su vida feliz, donde el matrimonio se convierte en el destino que les espera. Por el contrario, Hipólito termina por derrumbarse en la autodestrucción, a pesar de que haya quedado libre de culpa en su relación con Fedra al final, siendo culpable así de haber venerado únicamente a Ártemis, y despreciando a Afrodita, consecuencia que hace que este muera.

Conclusiones

En referencia a los motivos literarios y los elementos estructurales del tema de Putifar, cabe destacar los siguientes aspectos: en primer lugar, la mayoría de las historias que contienen este tema se ubican en época prehomérica, en la Edad de Bronce, cuando se demostró por la arqueología que hubo relaciones e intercambios entre Grecia y el Próximo Oriente; en segundo lugar, estas historias se desarrollan en alguna corte real que evoca las monarquías orientales (Egipto, Mesopotamia, Ugarit, coexistentes con la realeza micénica) y miran todas hacia Oriente; en tercer lugar, los animales fantásticos que tienen su origen en la fantasía oriental y están en las historias griegas del tema que nos concierne en estos momentos con dos objetivos: por una parte estos aparecen para luchar contra el protagonista, por otra para ayudarle en sus empresas; la finalidad de estas historias tiene una doble función: deleitar, entretener y amonestar, así como puede verse en ellas el culto de alguna divinidad de tipo agrario; en cuarto lugar, tenemos el σπαραγμός -unido a lo anterior-del protagonista y su posterior vuelta a la vida con un ritual de muerte y resurrección, su aspiración a la inmortalidad o su resurección; en quinto lugar, en cuanto a sus orígenes, en el cual podemos observar un ritual agrario, por lo que la muerte o desaparición del protagonista suele coincidir con un período de aridez e infertilidad, donde la tierra se vuelve yerma y no da fruto, recuerdo del enfado y venganza de la mujer o diosa rechazada, o un período de impotencia que atravesaba el marido; en sexto lugar, una mayor naturalidad en las mujeres orientales (sobre todo en las diosas) cuando expresa sus sentimientos amorosos; en séptimo lugar, la “carta fatal”; en octavo lugar, el falso corpus delicti; en octavo lugar, la imagen del toro (mejor símbolo de la fusión de Eros y Thanátos) en los relatos y el caballo e incluso Poseidón en las leyendas griegas, siendo estos dos animales símbolos sexuales, cuya asociación es la de Poseidón; en noveno lugar, la oposición potencia (=juventud)/ impotencia (=vejez), inscrito en los ritos de fertilidad -por ejemplo, la oposición padre/hijo (en todos los mitos de sucesión) y la de los sexos mujer (principio del mal)/varón (inocencia virtuosa), propia de las sociedades patriarcales, frente a la mujer como fuente de fertilidad, así como la tierra-madre (en sociedades agrarias y matriarcales); y por último, la variante del hijo-madrastra.

Así pues, el hombre en las distintas versiones que aparece como el prototipo de Putifar puede ser: o bien un eunuco, o bien un viejo que no puede satisfacer sexualmente a su esposa, puesto que es más joven y, por tanto, con el despertar de la libido; por otra parte, la mujer echa de menos en estos relatos el abrazo fertilizante del hombre, cuya búsqueda del deseo lo halla en el objeto más próximo a ella (un fiel servidor del marido o el hijo de este en el caso de tratarse de una segunda esposa). En efecto, el tabú del incesto nos sirve para remarcar la pasión culpable y justificar el rechazo al sexo de un joven adolescente que es inexperto en asuntos amorosos por verlo con horror en la mujer madura enamorada de este al ser ya una imagen de la madre, ya una amenaza a los roles aceptados por la sociedad y sus posibles consecuencias.

Finalmente, la variante del hijo-madrastra aparece en las versiones griegas más recientes (Fénix, Tenes, Anágyros e Hipólito), tal vez por contaminación con el mito de Edipo.

Ahora bien, en relación a los elementos del tema de Putifar cabe resaltar lo siguiente: un joven sobresaliente por sus cualidades y belleza debe abandonar su patria por dos razones -ya por haber cometido un delito, ya por ser desterrado o enviado en una misión de alto riesgo, donde puede perder la vida-; en el extranjero llega a tener un alto puesto en la sociedad, en la que la mujer de su protector le entrega a cambio todo tipo de bienes por su amor; el joven, en efecto, tiene que rechazar los avances amorosos y así la mujer rechazada se venga empleando una acusación falsa ante el marido o el varón más próximo (padre, hermano) de intentar seduccirla; este es encarcelado y expulsado del país -en ningún caso es condenado a muerte-, después de esto, el protagonista tiene que superar unas arduas pruebas, por lo que al final de ellas resplandecerá la verdad sucediéndose la exaltación del héroe (algunas de ellas se ocurriran post-mortem), pruebas de carácter iniciático y que deben ser superadas para convertirse en héroes; y por último, la venganza personal a la mujer seductora -a veces substituida por un final ejemplarizante arrojándose a un pozo, a un precipicio o colgándose, pues el sentimiento de culpabilidad de la mujer está más presente en las historias de la época clásica al ser la esposa infiel que es convertida en juguete de pasiones humanas.

Pintura: José y la mujer de Putifar, Tintoretto.

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100 lecciones de vida en latín

Autora: Mónica Encinas Fons

A menudo, el camino de la vida nos suele resultar complicado por sus obstáculos; sin embargo, encontramos siempre la manera de enfrentar los retos como una forma de superar las etapas de nuestro desarrollo, así como aprender de los errores de la existencia humana. Seguidamente, te ofrecemos 100 lecciones que nos ofreció el pensamiento clásico latino para afrontar las experiencias de cada paso de nuestra vida.

1. Ira animi lutum vomit – Con ira en el corazón se vomita cieno

2. Aequam memento rebus in arduis servare mentem – Recuerda conservar la mente serena en los momentos difíciles

3. Amor Omnia Vincit – El amor todo lo vence

4. Ars longa, vita brevis – El arte es largo, la vida es corta

5. Bene curris, sed extra vium – Corres bien, pero por el camino equivocado

6. De nihilo nihilum – De la nada, nada puede salir

7. In medio, virtus – En el medio está la virtud

8. Natura omnes homines aequales genuit – La naturaleza engendró iguales a todos los hombres

9. Non metuit mortem qui scit contemnere vitam. – No teme la muerte el que sabe despreciar la vida

10. Veritas filia temporis – La verdad es hija del tiempo

11. De parvis grandis acervus erit – De las cosas pequeñas se hacen las cosas más grandes

12. De mortuis nil nisi bonum -De los muertos no digas nada a menos que sea algo bueno

13. De indisolubilia non disputatur – No debemos seguir discutiendo sobre lo que no podemos resolver o acordar

14. De gustibus et coloribus no es disputandum – De gustos y de colores no se debe disputar

15. De duobus malis minus est semper eligendum – Siempre es mejor escoger el menor de dos males

16. Da mihi factum, dabo tibi ius – Dame los hechos, yo te daré justicia

17. Cupis me esse nequam tamen ero fruti bonae – Deseas que yo no valga nada; sin embargo produciré buen fruto

18. Cur in amicorum vitiis tam cernis acutum – Por qué miras tan incisivamente los vicios de los amigos

19. Cum vita brevis sit, nolite tempus perdere – Puesto que la vida es breve, no perdáis el tiempo

20. Cum sis mortalis quae sunt mortalia cura – Puesto que eres mortal, atiende a las cosas perecederas

21. Cum in domum alienam veneris, et mutus et surdus esto – Cuando entres en casa ajena, sé mudo y sordo

22. Cum fovet fortuna, cave namque rota rotunda – Cuando la fortuna te favorece, ten cuidado, porque la rueda gira

23. Cum bene potatur, quae non sunt debita fatur – Cuando se bebe bien, se habla lo que no se debe

24. Culpa vacare maximum est solacium – Ser inocente es el mayor consuelo

25. Cuiusvis est errare; nullius nisi insipientes, in errore perseverare – El errar es propio de todo hombre; pero el persistir en el error, de nadie, sino de un necio

26. Cuius vita despicitur, restat ut eius praedicatio contemnatur – Cuando la vida de un hombre es despreciable, entonces sus palabras deben ser condenadas

27. Cui amat periculum in illo peribit – El que ama el peligro perecerá en él

28. Cucullus non facit monachum – El hábito no hace al monje

29. Crudelius est quam mori semper timere mortem – Es más cruel tenerle miedo a la muerte que morir

30. Credula vitam spes fovet et melius cras fore semper dicit – La fe vitaliza nuestras vidas, y nos hace pensar que mañana será mejor

31. Corruptissima republica plurimae leges – La república más corrupta es la que tiene más leyes

32. Copia ciborum, subtilitas impeditur – La abundancia de alimentos entorpece la inteligencia

33. Contumeliam si dices, audies – Si dices insultos, también los escucharás

34. Perfer et obdura; dolor hic tibi proderit olim – Sea paciente y duro; algún día este dolor será útil para usted

35. Tu ne cede malis sed contra audentior ito – No cedas a las desgracias, sino avanza aún más audaz en su contra

36. Verba volant scripta manent – Las palabras vuelan, los escritos /lo escrito permanece

37. Veritas odium parit – La verdad engendra odio

38. Contra factum non valet argumentum – Contra los hechos, no hay argumento que valga

39. Conscientia mille testes – La conciencia vale mil testigos

40. Cogitationis poenam nemo patitur – Nadie debería ser castigado por sus pensamientos

41. Cessante causa, cessant effectus – Si la causa desaparece, también el efecto

42. Audere est facere – Querer es poder

43. Pedes in terra ad sidera visus – Los pies en la tierra, la mirada en el cielo

44. Litterarum radices amaras, fructus dulces – Las raíces del estudio son amargas, sus frutos dulces

45. Ut sementem feceris ita metes – Como siembres, así recogerás

46. Canis timidus vehementius latrat quam mordet – Un perro tímido ladra más violentamente que lo que muerde

47. Carpe diem, quam minimum credula postero – Aprovecha el día de hoy y fíate lo menos posible del mañana

48. Gaudeamus igitur, juvenes dum sumus – Alegrémonos, pues, mientras somos jóvenes”

49. In taberna quando sumus / non curamos quid sit humus – Cuando estamos en la taberna / no nos preocupamos de la tumba

50. Dum licet fruere – Mientras se pueda, goza

51. Memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris – Recuerda, hombre, que eres polvo, y que al polvo regresarás

52. Nihil est incertius vulgo, nihil obscurius voluntate hominum, nihil fallacius ratione tota comitiorum – Nada es más incierto que el vulgo, nada más oscuro que la voluntad de los hombres, nada más decepcionante que el sistema político

53. Astra regunt homines, sed Deus regit astra – Los astros rigen a los hombres, pero Dios rige los astros

54. Honeste vivere, naeminem laedere et jus sum cuique tribuere – Vivir honestamente, no dañar al otro y dar a cada quien lo que le corresponde

55. Fundamentum iustitiae primum est ne cui noceatur – El primer fundamento de la justicia es no dañar a nadie

56. In dubiis non est agendum – En casos dudosos, no se debe actuar

57. Iniuria non excusat iniuriam – Un mal no justifica otro

58. Nosce te ipsum – Conócete a ti mismo

59. Asinus asinum fricat – El asno frota al asno

60. Timendi causa est nescire – La ignorancia causa el miedo

61. Timeo hominem unius libri – Temo al hombre de un solo libro

62. Quod in inventute non discitur, in matura aetate nescitur – Lo que no se aprende de joven se ignora de viejo

63. Otium sine litteris mors est et hominis vivi sepultra – El ocio sin la literatura es la muerte y sepultura del hombre vivo

64. Vive, memor mortis – Vive sin olvidar la muerte

65. Post mortem nihil, ipsaque mors nihil – Después de la muerte, nada; y la misma muerte no es nada

66. Mors ultima linea rerum est – La muerte es el límite final de las cosas

67. Brevis aetas, vita fugax – El tiempo es corto, la vida fugaz

68. Aegroto, dum anima est, spes esse dicitur – Se dice que, para un enfermo, hay esperanza mientras hay vida

69. Amicis aequa ibit hora – Entre amigos la hora pasa sin sentir

70. Historia magistra vitae et testis temporum – La historia es maestra de la vida y testigo de los tiempos

71. Militia est vita hominis super terram – La vida del hombre sobre la tierra es lucha

72. Clavum clavo expellere – Un clavo se quita con otro clavo

73. Consuetudo quasi altera natura – La costumbre es nuestra segunda naturaleza

74. Ama et quid vis fac – Ama y haz lo que quieras

75. Experientia docet – La experiencia enseña

76. Calamitas nulla sola – La desgracia no viene sola

77. Ne te quaesiveris extra – No intentes buscarte fuera de ti

78. Nihil eripit fortuna nisi quod dedit – La fortuna no arrebata sino lo que dio

79. Non facit ebrietas vitia, sed protrahit – La embriaguez no crea vicios, sólo los pone en
evidencia

80. Possunt quia posse videntur – Pueden, porque creen poder

81. Potius sero quam nunquam – Más vale tarde que nunca

82. Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem – No debe presumirse la existencia de más cosas que de las absolutamente necesarias

83. Fere libenter homines, id quod volunt, credunt – La gente casi siempre cree de buena gana lo que quiere

84. A digito cognoscitur leo / Ab unguibus leo – Al león conocemos por la uña

85. Hoc non pereo habebo fortior me / Quod non me necat, fortior me facit / Quod non me occidit, me certe fortiorem reddit – Lo que no me mata, me hace más fuerte

86. Ignavi coram morte quidem animam trahunt, audaces autem illam non saltem
advertunt – Los cobardes agonizan ante la muerte, los valientes ni se enteran de ella

87. Alis volat propriis – Vuela con tus propias alas

88. Faber est suae quisque fortunae – Cada hombre es el artesano de su propia fortuna

89. Audietur et altera pars – A la otra parte también hay que oírla

90. Amicus verus est rara avis – Un verdadero amigo es una rara ave

91. Leges bonae ex malis moribus procreantur – Las leyes buenas nacen de costumbres malas

92. Fama nihil est celerius – No hay nada más rápido que un rumor

93. Amicus certus in re incerta cernitur – Un amigo en la necesidad es un amigo de verdad

94. Dictum, factum – Dicho y hecho

95. Est humanum errare, divinum ignoscere – Errar es humano, pero perdonar es divino

96. Amantium irae amoris integratio est – Las discusiones entre enamorados reavivan el amor

97. Iucundi acti labores – Las labores cumplidas son agradables

98. Aliquando et insanire iucundum est – De vez en cuando es agradable hacer una tontería

99. Per varios usus artem experientia fecit – Con varias prácticas se nos facilita la experiencia

100. Qui non est hodie cras minus aptus erit – Aquel que no está preparado hoy, lo estará
menos mañana

Pintura: El sueño del caballero, Antonio de Pereda

20 consejos de autores grecolatinos para afrontar la muerte

Autora: Mónica Encinas Fons

La muerte es, para muchas de las sociedades, el mayor miedo, por representar uno de los tabús más temidos de la historia; sin embargo, es necesaria para aprender a vivir según nuestras metas y objetivos, como si fueran los últimos que logramos alcanzar. De todos modos, con temor a ella o asumiéndola por formar parte esencial de nuestra límitada vida, ella es considerada por los antiguos clásicos un bien preciado que nos enseña tanto a aprender a vivir como a saber morir, sin resistencia al haber aprovechado todos los momentos que la vida nos ha brindado.

Así pues, te dejamos más abajo 20 lecciones con el fin de enfrentarla y valorar que es parte de nuestra vida.

1.- La vida de aquellos que han muerto yace en la mente de aquellos que aún viven. Marco Tulio Cicerón.

2.- Una pérdida no es más que un cambio, y el cambio es el deleite de la naturaleza. Marco Aurelio.

3.- La muerte puede ser una de las más grandes bendiciones del ser humano. Sócrates.

4.- No es a la muerte a lo que un hombre debe temerle, si no a nunca empezar a vivir. Marco Aurelio.

5.- Yo no moriré completamente, y una parte de mi escapará de la tumba. Horacio.

6.- La muerte es un castigo para algunos, un regalo para otros, y un favor para muchos. Séneca.

7.- Debes aprender que morir es una deuda que todos debemos pagar. Eurípides.

8.- Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo. Platón.

9.- La pálida muerte lo mismo llama a las cabañas de los humildes que a las torres de los reyes. Horacio.

10.-  A los muertos no les importa cómo son sus funerales. Las exequias suntuosas sirven para satisfacer la vanidad de los vivos. Eurípides.

11.- El filósofo auténtico se ejercita en morir, y para nadie es menos temible la muerte. Platón.

12.- Es estúpido quien confiesa temer la muerte no por el dolor que pueda causarle en el momento en que se presente, sino porque, pensando en ella, siente dolor: porque aquello cuya presencia no nos perturba, no es sensato que nos angustie durante su espera. Epicuro.

13.- La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo. Epicuro.

14.- Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo. Séneca.

15.- La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte. Epicteto.

16.- Es más cruel temer a la muerte que morir. Publio Siro.

17.- La mejor tumba es la más sencilla. Platón.

18.- ¿Por qué no salir de esta vida como sale de un banquete el convidado harto? Lucrecio.

19.- Muerte es todo lo que vemos despiertos; sueño lo que vemos dormidos. Heráclito de Efeso.

20.- Incierto es el lugar en donde la muerte te espera; espérela, pues, en todo lugar. Séneca.

Portada: Herbert Draper, El lamento de Ícaro. 

Si llegas a olvidarme: 10 reflexiones filosóficas acerca del olvido

Autora: Mónica Encinas Fons

¿Cuántas veces hemos querido olvidarnos de algún hecho traumático de nuestro pasado para pasar página y seguir adelante de nuestras vidas? ¿Cuántas veces hemos recordado esos malos recuerdos de nuestra vida sin poder evitarlo? Estas 10 frases de eruditos clásicos te ayudarán a afrontar esos hechos y más con el fin de hacer más agradable nuestros pasos futuros.

1. Pronto lo olvidarás todo, pronto serás olvidado – Marco Aurelio.

2. Olvido es señal de menosprecio, y por tanto causa enojo – Aristóteles de Estagira.

3. Procuremos olvidar lo que traído a la memoria nos entristece – Lucio Anneo Séneca.

4. Un instante y habrás olvidado todo, otros instante todavía y todos te habrán olvidado – Marco Aurelio.

5. Nos olvidamos de nuestros placeres, nos acordamos de nuestros sufrimientos – Marco Tulio Cicerón.

6. Olvidemos lo que ya sucedió, pues puede lamentarse, pero no rehacerse – Tito Livio.

7. El que se olvida de los bienes gozados en el pasado es ya viejo hoy – Epicuro.

8. Recuerdo incluso lo que no quiero. Olvidar no puedo lo que quiero – Cicerón.

9. La mente tarda en olvidar lo que le ha llevado mucho tiempo aprender – Séneca.

10. Es con frecuencia muy sabio olvidar lo que se sabe – Publio Siro.

Pintura: Vanitas, Pieter Claesz.

20 lecciones sobre la amistad por autores clásicos

Autora: Mónica Encinas Fons

La amistad es para muchos un bien preciado difícil de valorar en los tiempos que corren; para otros, una forma de vivir y superar las alegrías y las adversidades que nos enfrentamos cada día. De todos modos, todos la apreciamos por igual como un regalo de la vida, puesto que es una manera de estimarnos ante el mundo. A continuación, te dejamos 20 reflexiones acerca de la amistad por las máximas autoridades de nuestro mundo occidental.

  1. Una de las más bellas cualidades de la verdadera amistad es entender y ser entendido. Séneca.
  2. La amistad mejora nuestra felicidad y disminuye nuestras desgracias doblando nuestras alegrías y dividiendo nuestro dolor. Cicerón.
  3. Los amigos muestran su amor en tiempos de problemas, no de felicidad. Eurípides.
  4. El antídoto para cincuenta enemigos es un amigo. Aristóteles.
  5. Nada excepto el cielo es mejor que un amigo que realmente es un buen amigo. Plauto.
  6. Un amigo de todos es un amigo de nadie. Aristóteles.
  7. Se lento para entrar en la amistad, pero cuando estés en ella, continúa firme y constantemente. Sócrates.
  8. La amistad es un alma que reside en dos cuerpos. Aristóteles.
  9. Desear ser amigos es un trabajo rápido, pero la amistad es una fruta de maduración lenta. Aristóteles.
  10. Un amigo leal vale diez mil amigos. Eurípides.
  11. Cuando uno es amigo de sí mismo, lo es también de todo el mundo. Séneca.
  12. De todas las cosas que la sabiduría provee para hacernos completamente felices, la mayor es la posesión de la amistad. Epicuro.
  13. Nunca es largo el camino que conduce a casa de un amigo. Juvenal.
  14. No necesito un amigo que cambie cuando yo cambio y que se siente cuando yo me siento; mi sombra lo hace mucho mejor. Plutarco.
  15. Deshacerse de un amigo honesto es deshacerse de tu vida. Sófocles.
  16. La vida no tiene una bendición igual a un enemigo prudente. Eurípides.
  17. La amistad es el vínculo de dos almas virtuosas. Pitágoras.
  18. Amistad que acaba no había comenzado. Publio Siro.
  19. Quien contempla a un verdadero amigo, es como si contemplara un ejemplo de sí mismo. Cicerón.
  20. Algunas personas creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud. Aristóteles.

Portada: Sancho y el Quijote, Gustave Doré

Hero y Leandro, un amor de leyenda

Autora: Mónica Encinas Fons, Universitat de València

¿Quién no se ha enamorado alguna vez de alguien que estaba lejos de nuestro hogar y ha tenido que cruzar océanos, continentes o cualquier cosa que se ponga por delante tan sólo para estar con él? Esto mismo les pasó a Hero y Leandro, protagonistas de este amor de leyenda.

Hero (Ήρώ), sacerdotisa de Afrodita cortejada por Apolo, residía en una torre junto con sus padres en la ciudad Sestos; Leandro (Λέανδρος), en Abido, al otro lado del estrecho que separaba ambas ciudades. Estos dos jóvenes se conocieron en el mismo santuario de Hero, mientras la doncella estaba ocupada en sus obligaciones como sacerdotisa en el templo de Afrodita. En ese mismo momento, surgió la llamada del amor; sin embargo, los separaba el Helesponto (en la actualidad, estrecho de los Dardanelos, en Turquía).

Tan pronto como los padres se enteraron de su amor -al igual que Romeo y Julieta, historia que está basada en este mito-, se negaron en rotundo a que contrajeran matrimonio, así como a sus largos encuentros amorosos. No obstante, ellos trazaron un plan para verse, a pesar de la oposición de sus padres, a escondidas y en secreto. Así, cuando caía la noche, Hero encendía una antorcha en lo alto de la torre, a modo de guía, para que Leandro -que estaba en la orilla opuesta- supiera, a través de esta señal, que podía visitarla sin ningún temor a ser descubierto. De esta manera, todos los días Leandro, al ver brillar esta luz al otro lado de la orilla, se lanzaba con ímpetu al mar, a fin de atravesarlo a nado, cuya recompensa era estar en los brazos de su amada, tal y como nos relata Ovidio (Heroídas, XVIII, versos 101- 110):

Texto latino

“Ne fieret prima pes tuus udus aqua

excipis amplexu feliciaque oscula iungis –

oscula, di magni, trans mare digna peti! –

eque tuis demptos umeris mihi tradis amictus,

et madidam siccas aequoris imbre comam.

Cetera nox et nos et turris conscia novit,

quodque mihi lumen per vada monstrat iter

non magis illius numerari gaudia noctis

Hellespontiaci quam maris alga potest;

quo brevius spatium nobis ad furta dabatur,

hoc magis est cautum, ne foret illud iners”.

Traducción al castellano

“Me recibes en un abrazo y me das unos abrazos felices, unos besos felices, unos besos ¡grandes dioses!, que merecen ser buscados cruzando el mar; te quitas tu capa de los hombros y me la das y me secas el pelo empapado de agua marina. Lo demás lo sabe la noche, y nosotros, y la almena,  nuestra cómplice, y la lumbre que me enseña el sendero a través del mar. Tan innumerables como las algas marinas del Helesponto fueron las delicias de aquella noche. Cuanto menos tiempo se concedía a nuestro amor escondido, tanto más cuidábamos de que no pasara en balde”.

De este modo transcurrió su amor durante cierto tiempo, pues Leandro repetía esa acción sin importarle desafiar a la muerte para estar con ella, aunque fuesen pocas horas de la noche, en las cuales podían permanecer juntos sin temor a que los padres de la muchacha les sorprendiesen. Sin embargo, estos amantes tenían que despedirse al comienzo del alba, estando Leandro apenado por su partida y con la esperanza de volver a cruzar el mar al día siguiente (Ovidio, Heroidas, XVIII, versos 111-115):

Texto latino

“Iamque fugatura Tithoni coniuge noctem

praevius Aurorae Lucifer ortus erat;

oscula congerimus properata sine ordine raptim

et querimur parvas noctibus esse moras

atque ita cunctatus monitu nutricis amaro”.

Traducción al castellano

“Y ya la esposa de Titono estaba a punto de poner en fuga a la noche,  y había salido el Lucero, precursor de Aurora.  Amontonamos besos apasionados, sin orden ni concierto,  y nos quejamos de que tan cortas fueran las horas de la noche”.

Pero esta situación terminó en tragedia una noche de tempestad, en la que un fuerte vendaval hizo apagar la antorcha de su amada, hecho que provocó que Leandro ya no pudiera guiarse y, por tanto, perdiese el camino; no obstante, reforzó sus fuerzas en balde, ya que unas olas embravecidas fueron las causantes de su funesto destino.

A la mañana siguiente, Hero, desesperada por no haber recibido noticias de su amado, fue a la playa donde se citaban; y acto seguido, el mar depositó el cuerpo inerte de Leandro al pie de la torre. La reacción inmediata de Hero fue arrojarse a las turbulentas aguas, según algunas versiones, o tirarse desde lo alto de su torre, según otras:

Texto griego

ἤλυθε δ’ ἠριγένεια καὶ οὐκ ἴδε νυμφίον Ἡρώ.

πάντοθι δ’ ὄμμα τίταινεν ἐς εὐρέα νῶτα θαλάσσης,

εἴ που ἐσαθρήσειεν ἀλωόμενον παρακοίτην

λύχνου σβεννυμένοιο. παρὰ κρηπῖδα δὲ πύργου

δρυπτόμενον σπιλάδεσσιν ὅτ’ ἔδρακε νεκρὸν ἀκοίτην,

δαιδαλέον ῥήξασα περὶ στήθεσσι χιτῶνα

ῥοιζηδὸν προκάρηνος ἀπ’ ἠλιβάτου πέσε πύργου.

κὰδ δ’ Ἡρὼ τέθνηκε σὺν ὀλλυμένῳ παρακοίτῃ.

ἀλλήλων δ’ ἀπόναντο καὶ ἐν πυμάτῳ περ ὀλέθρῳ.

Traducción al castellano

“Y llegó la Mañana y Hero no vio a su marido. A todas partes dirigía su mirada sobre la ancha superficie de la mar, por si en parte alguna avistaba, a la deriva, a su esposo, por haberse apagado el candil. Mas cuando, al pie de la torre, vio el cadáver de su esposo que los escollos habían magullado, rasgóse el artístico manto sobre sus pechos y con ímpetu de cabeza se arrojó de la escarpada torre. Y Hero encuentra la muerte junto a su marido muerto, y hasta en el mismo trance postrero de su mutua compañía gozaron” (Museo, Hero y Leandro, versos 335-343).

Pintura: Il corpo di Leandro trasportato dalle nereidi, Carpioni Giulio.

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