Archivo de la categoría: Literatura

El paso inexorable del tiempo en Alphonse de Lamartine

Nacido hacia 1865 en el seno de una familia militar de la pequeña nobleza francesa, Alphonse de Lamartine recibió una educación clásica durante su escolarización, en la cual leyó a Chateaubriand, a Virgilio y a Horacio, además de haber viajado bastante en su juventud. Pero, en 1816, a causa de una depresión, nuestro autor se trasladó a Aix-les-Bains (Saboya), donde conoció a Jules Charles, mujer del físico Jacques Charles, que murió de tuberculosis y a la cual dedicó parte de sus Meditaciones poéticas.

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Lago Brothers Water

Los cargos más importantes que obstento fueron: el primer puesto oficial bajo el gobierno de Luis XVIII en la secretaria de la embajada francesa (desde 1825 hasta 1828); miembro de la Academia Francesa (1829); electo diputado (1833 y 1839); gobernador durante la revolución de 1848 en Francia; ministro de Asuntos Exteriores después de la caída de Luis Felipe de Orleans; y gobernador interino en la recién República (desde el 24 de febrero de 1848 hasta el 11 de mayo del mismo año).

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Lago de Chalain.

Asimismo, dentro su obra poética, cabe señalar esta producción: Les Méditations poétiques (1820), Les Nouvelles Méditations (1823), Harmonies poétiques et religieuses (1830) y Recueillements poétiques.

 

Lagos de Covadonga

Nuestro autor muríó en la pobreza en 1869, en París.

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Lago de Pátzcuaro

Le lac es un poema dedicado a su enamorada, Elvira, en el cual abordaba el tema de el paso inexorable del tiempo con la presencia de la naturaleza salvaje, donde los días de felicidad se van tan deprisa como los de infelicidad, que permanece como ese punto de anclaje y lugar propicio para la intimidad de los amantes (grutas, bosques, la noche, etc.), cuya ambivalencia de la naturaleza aparece en que el lago es reposo y tormenta.


}«Le Lac», Méditations poétiques (1820)

Ainsi , toujours poussés vers de nouveaux rivages,
Dans la nuit éternelle emportés sans retour,
Ne pourrons-nous jamais sur l´océan des âges
Jeter l´ancre un seul jour?

Ô lac! l´année à peine a fini sa carrière,
Et près des flots chéris qu´elle devait revoir,
Regarde! Je viens seul m´asseoir sur cette pierre
Où tu la vis s´asseoir!

Tu mugissais ainsi sous ces roches profondes,
Ainsi tu te brisais sur leurs flancs déchirés,
Ainsi le vent jetait l´écume de tes ondes
Sur ses pieds adorés.

Un soir, t´en souvient-il? Nous voguions en silence;
On n´entendait au loin, sur l´onde et sous les cieux,
Que le bruit des rameurs qui frappaient en cadence
Tes flots harmonieux.

Tout à coup des accents inconnus à la terre
Du rivage charmé frappèrent les échos
Le flot fut attentif, et la voix qui m´est chère
Laissa tomber ces mots:

«Ô temps! Suspends ton vol, et vous, heures propices!
Suspendez votre cours:
Laissez-nous savourer les rapides délices
Des plus beaux de nos jours!

«Assez de malheureux ici-bas vous implorent,
Coulez, coulez pour eux;
Prenez avec leurs jours les soins qui les dévorent,
Oubliez les heureux.

«Mais je demande en vain quelques moments encore,
Le temps m´échappe et fuit;
Je dis à cette nuit: Sois plus lente; et l´aurore
Va dissiper la nuit.

«Aimons donc, aimons donc! de l´heure fugitive,
Hâtons-nous,jouissons!
L´homme n´a point de port, le temps n´a point de rive;
Il coule, et nous passons!»

Temps jaloux, se peut-il que ces moments d´ivresse,
Où l´amour à longs flots nous verse le bonheur,

S´envolent loin de nous de la même vitesse
Que les jours de malheur?

Eh quoi! n´en pourrons-nous fixer au moins la trace?
Quoi! Passés pour jamais! Quoi! Tout entiers perdus!
Ce temps qui les donna, ce temps qui les efface,
Ne nous les rendra plus!

Éternité, néant, passé, sombres abîmes,
Que faites-vous des jours que vous engloutissez?
Parlez: nous rendrez-vous ces extases sublimes
Que vous nous ravissez?

Ô lac! Rochers muets! Grottes! Forêt obscure!
Vous, que le temps épargne ou qu´il peut rajeunir,
Gardez de cette nuit, gardez, belle nature,
Au moins le souvenir!

Qu´il soit dans ton repos, qu´il soit dans tes orages,
Beau lac, et dans l´aspect de tes riants coteaux,
Et dans ces noirs sapins, et dans ces rocs sauvages
Qui pendent sur tes eaux.

Qu´il soit dans le zéphyr qui frémit et qui passe,
Dans les bruits de tes bords par tes bords répétés,
Dans l´astre au front d´argent qui blanchit ta surface
De ses molles clartés.

Que le vent qui gémit, le roseau qui soupire,
Que les parfums légers de ton air embaumé,
Que tout ce qu´on entend, l´on voit ou l´on respire,
Tout dise: Ils ont aimé!


El Lago

Así llevados siempre a nuevas orillas,
sin retorno arrastrados a la noche eterna,
¿nunca podremos en el océano del tiempo
echar el ancla un día?

¡Oh lago!, el año casi ha acabado su curso,
y junto a las olas gratas que ella debía mirar,
¡mírame!, me siento sólo en la misma roca
donde la viste sentada.

Así bramabas bajo estos peñascos profundos,
así te rompías contra sus bordes rasgados,
así el viento echaba la espuma de tus olas
en sus pies adorados.

Una noche, ¿te acuerdas?, bogábamos callados;
sólo oíamos lejos, en el agua, bajo el cielo,
el rumor de remeros tocando en cadencia
la armonía de tus olas.

De pronto, unos tonos extraños a la tierra
hicieron eco en la orilla encantada:
la ola esperó y la voz para mí tan grata abandonó estas palabras:

¡Oh tiempo!, ¡detén tu acoso!, y vos, ¡horas propicias!,
detened la carrera:
dejadnos saborear las fugaces delicias
de los días más bellos.
«Muchos infelices en la tierra os imploran,
corred, corred para ellos;
tomad con sus días las penas que los devoran,
olvidad a los felices.

»Mas pido en vano aún algunos momentos,
el tiempo se va y huye;
le digo a la noche: Ve más lenta; y el alba
va a desvanecer la noche.

»¡Amemos, pues, amemos!, de la hora fugaz,
deprisa, gocemos.
El hombre no tiene puerto, ni tiempo la orilla;
¡él corre y morimos!».

¿Puede el tiempo celoso de los entusiasmos,
cuya dicha el amor vierte por oleadas
ponerlos en fuga, lejos, con la misma presteza
como en los días nefastos?

¡Y qué!, ¿podríamos al menos fijar la huella?
¡Muertos para siempre! ¡No!, ¡por completo perdidos!
Lo que el tiempo nos dio luego lo quitó,
¡y no nos lo devolverá!

Eternidad, vacío, pasado, negros abismos,
¿qué es lo que hacéis de los días que devoráis?

Hablad: ¿nos daréis estos sublimes éxtasis
que nos arrebatáis?

¡Oh lago!, ¡mudas peñas!, ¡grutas!, ¡bosque oscuro!,
a quienes el tiempo salva o rejuvenece,
guardad de esta noche, guardad naturaleza
al menos el recuerdo.

Ya sea en calma, ya sea con tempestades,
hermoso lago, y en el perfil de alegres laderas,
y en los negros abetos y en las rocas salvajes
colgantes sobre el agua.

Ya sea en el céfiro que tiembla y pasa,
en el rumor de tus bordes que otros bordes repiten,
en el astro de plata que blanquea tu cara
con luces suaves y claras.

Que el lamento del viento, el suspiro del junco,
los suaves perfumes de tu aire resinoso,
que todo lo que se oye, se ve o se respira,
todo diga: Han amado.

Portada: Lago de Zirahuén.

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Makura no Sōshi, un elogio a la cotidianidad femenina

Pocas veces explorada por los públicos “occidentales”, la literatura clásica japonesa posee joyas de extraordinaria belleza artística y documental como lo es el famoso “Libro de la almohada” o Makura no Sōshi de Sei Shōnagon, la enigmática escritora y ayudante de la emperatriz Sadako, quien gobernó hacia finales del siglo X, durante la Era Heian (794-1185). Durante esta época, la literatura tenía una fuerte presencia en los ámbitos femeninos, principalmente en el ámbito poético y epistolar. De hecho, el desarrollo de la escritura conocida como hiragana, una simplificación fonética de los kanjis o ideogramas chinos, está asociado a la educación de las mujeres, quienes tenían vedado el aprendizaje de los ideogramas chinos por ser considerados como demasiado complejos. Y esta obra, el Libro de la Almohada, es una de las primeras escritas en a partir de este silabario.

54e2aedfbefe2Sei Sei Shōnagon en la corte imperial, Chikanobu.

A Sei Shōnagon se le conoce por sus delicadas descripciones del ambiente cortesano y por ser una de las escritoras pioneras de un género propio de la literatura japonesa: el  zuihitsu o ensayo “al correr del pincel”, en donde es posible encontrar fragmentos dispersos tanto de sentimientos o sensaciones específicas, así como breves narraciones de su acontecer diario sobre cualquier tema de la vida cotidiana al servicio de la emperatriz Sadako.

6951b83ba4fdff832024ecd6ef50947a (1)Representación anónima de Shōnagon

Con un estilo sobrio y anecdótico, el Libro de la Almohada nos muestra la intimidad de los ojos y la mente de Shōnagon, sin dejar del lado la imagen de una mujer intelectualmente capaz y dotada de un ingenio sobresaliente. En no pocos pasajes del libro, se puede comprobar esta afirmación y disfrutar de cada una de las pinceladas de esta magnífica escritora, que inspiró más de mil años después al cineasta Peter Greenaway para la realización de su obra The Pillow Book.

312px-Sei_ShonagonSei Shōnagon de Kikuchi Yōsai.

En el Libro de la almohada destacan sobre todo las listas en las que enumera diferentes elementos sobre una temática determinada, agrupando situaciones de acuerdo a su criterio o simplemente trazando imágenes y perfiles de una misma idea. No olvidemos que se trata, ante todo, de un diario íntimo sobre sus experiencias, un retrato de su intimidad. A continuación, como ya es costumbre, les dejamos breves fragmento de Makura no Sōshi, un auténtico elogio de la cotidianidad femenina.

25. Árboles en Flor

Capullos de ciruelo, más claros o más oscuros, y sobre todo los bien rojos, me llenan de felicidad. También me gustan las delgadas ramas de los cerezos, con sus pétalos y las hojas de un tinte rojo. Graciosa es la glicina con sus ramas inclinadas por sus racimos de pétalos de color delicado.

Los pimpollos púrpura de la paulonia son una delicia. Debo confesar que no me agrada el aspecto de sus hojas tan anchas cuando se abren… Pero no puedo referirme a la paulonia del mismo modo que lo hago con los otros árboles, pues es en ella donde el grandioso y famoso pájaro de China anida, y esta idea me colma de admiración. Por otra parte, es el árbol que proporciona la madera para los laúdes de los que salen sonidos tan bellos. ¿Cómo pude emplear un término tan común como ”delicia”? La paulonia no es una delicia, es magnífica.

63.  Cosas embarazosas

Mientras estoy con una visita, escucho como los sirvientes conversan desenfadadamente en las habitaciones de atrás. Es embarazoso que nuestro visitante puede llegar a oírlos. Pero ¿cómo detenerlos?

Haber hablado de alguien sin sospechar que podía oírnos. Es embarazoso aun si era sobre un criado o alguna otra persona completamente insignificante.

Un ignorante que en presencia de algunas personas instruidas se da aires de sabihondo y conversa sobre hombres de otros tiempos.

110. Cosas que aunque lejanas son próximas

El Paraíso.

La trayectoria de un bote.

Las relaciones entre un hombre y una mujer.

117. Personas que parecen complacidas

Un hombre que ha conseguido el puesto de chambelán para su querido hijo en un momento en el que la competencia es muy fuerte.

Un hombre joven que ha sido elegido entre varios candidatos para ser adoptado como yerno.

Un jugador en un juego de rimas ocultas que rápidamente descubre el ideograma encubierto.

Ta´abbata Sharran, el poeta bandolero que expresó mejor el deseo de venganza

Algunos de los poetas más representativos de la poesía preislámica, como los bandoleros, cuyos autores a destacar son Shanfara y Ta´abbata Sharran del cual hablaremos más detenidamente, fueron considerados anticonvencionales tanto en su vida como en su obra poética por asaltar en los caminos y vivir de la rapiña, además de ser individuos fuera de la ley que la mayoría de ellos pertenecían a la tribu de Hudayl, situada al sur de la Meca,y estaban regidos por el concepto de honor o deshonor.

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Pues bien, las conductas antisociales que hallamos en estos poemas son: no convivían con otros seres humanos, salvo sus compañeros que estaban con fieras salvajes, así como se sentían orgullosos de ello; vivían en cuevas; no querían ser enterrados, y renunciaban al amor.

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Ta´abbata Sharran, más conocido con el sobrenombre de “El que lleva el mal bajo el brazo” a causa de llevar debajo del brazo un arma, ganó fama por su fino oído al escuchar, en una ocasión, cuando estaba cerca de un punto de agua con un amigo, el enemigo que se estaba acercando y también por ser el poeta que mejor expresó el deseo de venganza según Goethe. En estos versos que presentamos a continuación, nos describe con magistralidad una relación con una gula del desierto (una gula era un ser del desierto que habitaba en los lugares solitarios), sometiéndose sexualmente a ella.

Negra se me apareció cuando desgarré sus ropas
dejándolas cual coleto por el que asoma el seno;
hasta que llegó la noche y ella rasgó su ropa negra.

Pasé la noche escrutando sus movimientos a la luz de un fuego
hasta tenerla cerca.

Qué monstruosa eres, compañera.
Reclamé su vulva y entonces se giró con un rostro aterrador
y se me apareció una gūla.

Le dije: mírame, que me veas.
Volvió la cara y me tomó por un gūl.
Entonces se acercó a gatas como hacen las hijas de los genios,
excitada a no poder más.

Cuando empezó a flaquear la golpeé con una roca;
entonces se afiló y ya no vi sus formas
hasta convertirse en una lagartija del desierto
con dos túnicas sin hilar de hojas de ţalḥ.

Quien pregunte por el vestido de mi compañera
sepa que en la arena mora.

Cuando me propongo algo me comporto a la altura
y lo que digo lo llevo a cabo.

Caligrafía de Everitte Barbee.

Sabiduría de la brevedad: consejos de Baltasar Gracián y el Oráculo manual

Dentro de su discreto lugar en la historia de la literatura, Baltasar Gracián es capaz de enseñarnos importantes lecciones acerca de la brevedad y la sabiduría condensada en pocas palabras. Pocos exponentes como el jesuita, nacido en el año 1603, en Zaragoza, de lo que significa la síntesis y el comentario. En obras como el Oráculo manual y arte de prudencia, se disfruta del aforismo en su más plena expresión dentro de la lengua española de aquel siglo XVII.

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Baltasar Gracián © J. Bedmar/Iberfoto

Gracián fue un hombre polémico dentro del círculo de jesuitas, aunque nunca motivo de censura expresa. Y si algo enseña este autor es a comportarse de acuerdo a una determinada situación de acuerdo a los principios de la prudencia y su contraparte, la imprudencia.

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Giovanni Bellini, cuatro alegorías: la prudencia.

A continuación les dejamos algunos aforismos de este magnífico autor. A decir nuestro: breve, pero sustancioso y jugoso.

42. Del natural imperio. Es una secreta fuerça de superioridad. No ha de proceder del artificio enfadoso, sino de un imperioso natural. Sugétansele todos sin advertir el cómo, reconociendo el secreto vigor de la conatural autoridad. Son estos Genios señoriles, Reyes por mérito y Leones por privilegio inato, que cogen el coraçón, y aun el discurso, a los demás, en fe de su respeto. Si las otras prendas favorecen, nacieron para primeros mobles políticos, porque executan más con un amago que otros con una proligidad.

61. Eminencia en lo mejor. Una gran singularidad entre la pluralidad de perfecciones. No puede aver Héroe que no tenga algún extremo sublime: las medianías no son assunto del aplauso. La eminencia en relevante empleo saca de un ordinario vulgar y levanta a categoría de raro. Ser eminente en professión Humilde es ser algo en lo poco; lo que tiene más de lo deleitable, tiene menos de lo glorioso. El excesso en aventajadas materias es como un carácter de soberanía: solicita la admiración y concilia el afecto.

80. Atención al informarse. Vívese lo más de información. Es lo menos lo que vemos; vivimos de fe agena. Es el oído la puerta segunda de la verdad y principal de la mentira. La verdad ordinariamente se ve, extravagantemente se oye; raras vezes llega en su elemento puro, y menos quando viene de lejos; siempre trae algo de mixta, de los afectos por donde passa; tiñe de sus colores la passión quanto toca, ya odiosa, ya favorable. Tira siempre a impressionar: gran cuenta con quien alaba, mayor con quien vitupera. Es menester toda la atención en este punto para descubrir la intención en el que tercia, conociendo de antemano de qué pie se movió. Sea la reflexa contraste de lo falto y de lo falso.

108. Atajo para ser persona: saberse ladear. Es mui eficaz el trato. Comunícanse las costumbres y los gustos. Pégase el genio, y aun el ingenio sin sentir. Procure, pues, el pronto juntarse con el reportado; y assí en los demás genios, con éste conseguirá la templança sin violencia: es gran destreza saberse atemperar. La alternación de contrariedades hermosea el universo y le sustenta, y si causa armonía en lo natural, mayor en lo moral. Válgase desta política advertencia en la elección de familiares y de famulares, que con la comunicación de los extremos se ajustará un medio mui discreto.

Pintura de portada: Virtù Cardinali e Teologali e la Legge, Rafael Sanzio.

 

Biografías poéticas: poetas del Al-Andalus, segunda parte

Luego de un breve periodo de descanso, continuamos con nuestros contenidos habituales. Prometemos ser más constantes, queridos lectores. Y para retomar actividades, presentamos la segunda parte de esta serie de poetas que vivieron durante este periodo de la antigua Península. Es el turno de Ibn al-Haddad, uno de los poetas cortesanos más reconocidos debido a su cultivo de las artes en general, además de la matemáticas, la filosofía y la teoría musical, destacando por ser un hábil compositor de laúd.

Agua y fuego

Mis párpados nada más ver a Muwayra son rojo con fuego,
fuego que me quema, que no es lo que yo pido.

Agua tú eras, como el agua que en mis manos sostengo
y fuego eres para mí, que mantengo en mis entrañas.

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Cautivo Romántico

De verdad son mi llorar y mi suspirar rítmicos.

Confieso que lo que tengo dentro de mí es igual.

¿Por qué he de ocultar yo lo que es sistemático
si la palidez lo manifiesta en mí como auténtico?

¡Cómo obtener la satisfacción del amor tiránico,
si mi corazón es un cautivo romántico!

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Al rojo vivo

Que tus ojos me hieren en las entrañas al rojo vivo
como mis ojos te hieren en las mejillas al rojo vivo.

Herida por herida: ¡por una sobre otra y que seas feliz!

Estoy herida por tu súbito abandono. ¿Cuál es la razón?

Nasir al-Mulk moschea


Fotografías: Nasir al-Mulk en Shiraz, Irán.

Biografías poéticas: poetas del Al-Andalus, primera parte

En la Villa de los Papiros buscamos poner al alcance de nuestros lectores lo mejor de la poesía universal. Por ello, comenzaremos con una breve selección de los mejores autores de ese periodo de la historia de la Península Ibérica conocido como Al-Andalus. Sin entrar en polémicas sobre su denominación y los problemas académicos alrededor de este concepto, podemos decir que el origen del Al – Andalus comienza en el año 711 con la ocupación y conquista de las tierras del Reino Visigodo, que comprendían la Península Ibérica y el territorio galo conocido como Septimania, por parte del Califato de Damasco. La expansión de la cultura árabe y del Islam en este espacio geográfico dio como resultado una rica producción literaria, científica, filosófica y artística sin igual, así como el desarrollo de una sensibilidad particular que ya se ve reflejada en textos como el Collar de la Paloma o en los lamentos amorosos de la poetisa Layla.

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Patio de los leones, Alhambra de Granada.

En esta ocasión, damos inicio a la poesía del Al – Andaluz con Bakkar ben Dawud al-Marwani, del cual sabemos muy poco: su fecha de nacimiento se data en el 1048 y se sabe que perteneció a la familia Omeya, cuya dinastía comienza alrededor del año 661 con el califa Muawiya.

Dura Asta

Tú, estás tardando a la cita,
y yo, en tenso anhelo y cuita.

En mis manos tengo para ti algo
que se ha alzado como dura asta.

Si lo probaras una sola vez, jamás
volverías a tardar, no seas tonta.

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Odalisca y esclava, Ingres.

¡Qué dolor!

Mi corazón no sabía el valor de tu amor
hasta que te has distanciado- ¡Ay dolor!

Yo creía que tu lejanía en nada me afectaría,
y cuando te has ido, me he quedado con ardor.

No cesa de dolerme la amargura del del abandono,
en su fervor casi me separa al alma del cuerpo.

¡Ojalá puedas con el encuentro salvarme de la agonía!

No tengo yo alma que aguante tanto dolor, ¡amor!

 

 

 

 

Biografías poéticas: Pierre Louÿs, el maestro de lo obsceno

La literatura erótica francesa siempre ha gozado de una estupenda salud y de una amplia difusión en las letras universales. Escritores como Dominique Aury o George Bataille dan testimonio de esta afirmación. Y es ya conocido el cliché de pensar en el francés como el idioma del amor -también de la perversión- y otros tantos lugares comunes acerca de esta lengua que dio voz a escritores tan polémicos como Pierre Louÿs, quien es el motivo de esta entrada.

Pierre Félix Louis nació el 10 de diciembre de 1870, en Gante, Bélgica, en donde vivió muy poco tiempo, ya que a muy temprana edad viajó hacia Francia, lugar en el que desarrollaría su controvertida obra literaria. Amigo de artistas e intelectuales de la época como André Gide o Claude Debussy, se desenvolvió en el ámbito literario desde muy temprana edad, pues con tan solo 20 años de edad (1891) participa en la fundación de la célebre revista de autores parnasianos y simbolitas La Conque, a la vez que publica su primer poemario, Astarté.  Años más tarde, en 1896, publica su primera novela Aphrodite (mœurs antiques), en la cual se mezcla la ficción, el refinamiento y su estilo erótico inconfundible.

A continuación les dejamos algunos fragmentos del Manuel de civilité pour les petites filles à l’usage des maisons d’éducation (Manual de Urbanidad para Jovencitas).

No diga…diga…
(fragmento)

No diga: “Mi coño”.
Diga: “Mi corazón”.

No diga: “Quiero follar”.
Diga: “Estoy nerviosa”.

No diga: “Vengo de gozar como una loca”.
Diga: “Estoy un poco fatigada”.

No diga: “Cuándo tendré pelos”.
Diga: “Cuándo creceré”.

No diga: “Prefiero la lengua al pene”.
Diga: “Solamente me gustan los placeres delicados”.

 

Rúbrica especial para hacerse desvirgar
(fragmento)

Cuando tengas ocho años cumplidos, si te piden la virginidad, hay que darla; si no te la piden, hay que ofrecerla amablemente.

Para hacerse desvirgar, póngase en medio de la cama, quítese la camisa, o al menos levántela hasta las axilas, abra las piernas y abra con sus propias manos los labios del coño.

Una vez que la hayan desvirgado, cuídese bien de ir a contarlo a su señor padre. Eso no se hace.

 

De visita
(fragmento)

Si se ha hecho usted una paja en el ascensor, vuelva a ponerse los guantes antes de entrar.

En un salón muy fino, no coja nunca el pañuelo de un señor para limpiarse las partes ocultas, incluso si se moja por él.

Si una mujer modesta le dice: “Mi hijo trabaja peor que su hermano”, no conteste “Sí, pero su leche es mejor”. Los elogios de este tipo no suelen complacer a una madre cristiana.

 

Imagen de portada: Desnudo femenino, Egon Schiele

Cuando los sueños se hacen realidad: 10 reflexiones acerca de los sueños por autoridades clásicas

Los sueños, al igual que la vida, nos resulta, con frecuencia, llenos de obstáculos que debemos superar con trabajo arduo y perseverancia. De este modo, podemos llegar a saborear nuestros éxitos que son la base de estos, puesto que, sin ellos, carecemos del motor que gira nuestro rumbo.

Seguidamente, los dejamos 10 reflexiones acerca de los sueños que fueron la guía de las autoridades grecorromanas y que aún siguen vigentes en nuestro tiempo.

1. No nos atrevemos porque las cosas sean difíciles, son difíciles porque no nos atrevemos – Séneca.

2. La esperanza es un sueño despierto -Aristóteles.

3. Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo – Aristóteles.

4. Los hombres despiertos no tienen más que un mundo, pero los hombres dormidos tienen cada uno su mundo. También los dormidos son obreros que coadyuvan a lo que en el mundo se está haciendo -Heráclito.

5. Pesado sueño tiene el que no siente cuán mal duerme – Séneca.

6. Nunca seremos recolectores de esbeltas espigas o de flores si en los surcos nuestros diarios empeños carecen de la fuerza que les dan los sueños – Hesíodo.

7. No arruines lo que tienes deseando lo que no tienes; recuerda que lo que ahora tienes estuvo una vez entre lo que anhelabas -Epicuro.

8. Si no quieres ver tus deseos frustrados no desees jamás sino aquello que sólo de ti depende – Epicteto.

9. Los deseos del joven muestran las futuras virtudes del hombre – Cicerón.

10. El sueño alimenta cuando no se tiene qué comer – Menandro.

Pintura: Ladies’ Suit – Remedios Varo

Camil Petrescu, el padre de la novela moderna rumana

Tras una breve pausa en la Villa de los Papiros, retomamos las habituales publicaciones sobre literatura universal. En esta ocasión quisiera hablar de un novelista rumano que, hasta hace algunos meses, era un completo desconocido para mí. Además de Cioran y Mircea Eliade, ¿qué otro nombre nos viene a la memoria cuando buscamos representantes de la literatura en Rumania?

Camil Petrescu nació en Bucarest un 9 de abril de 1894, en el seno de una familia ausente,  ya que se sabe que su padre murió antes de su nacimiento y que perdió a su madre poco después de haber visto la luz. No obstante, logró sobresalir como un estudiante aplicado, además de mostrar un talento evidente para la literatura. Se sabe que su primer poema lo compuso durante la escuela secundaria; a partir de entonces, dedicaría un especial cultivo a este género literario a lo largo de su vida, publicando cuatro libros de poesía. Pero su carrera dentro de la literatura daría un auténtico vuelco con su primera novela Última noche de amor, primera noche de guerra, en donde narra los recuerdos sobre su participación en la Primera Guerra Mundial, conflicto que supuso una auténtica catástrofe para su país. De igual manera, incursionó dentro del ámbito del teatro, con 8 obras de teatro que lo posicionaron como una de las figuras más representativas de la dramaturgia de su país. A raíz de esto, fue nombrado director del Teatro Nacional de Bucarest en 1939.

El lecho de Procusto

Sin embargo, la novela que lo catapultó a la fama dentro de los círculos literarios e intelectuales de su país fue El lecho de Procusto,  una obra en la que se nos narra una historia de amor contada a través de cartas y relatos autobiográficos que ponen de manifiesto la condición irracional y caótica de la pasión. Traducida al castellano en 2007 para Editorial Gadir, esta novela llegó a mis manos cuando aún era un estudiante universitario y me encontraba en pleno descubrimiento de otros novelistas modernos como Albert Cohen o William Faulkner. En esa ocasión, lo que llamó profundamente mi atención fue el título, que me remitía al mito de Procusto, un ladrón que vivía una colina donde ofrecía hospedaje a los caminantes, para después torturarlos.

El suplicio por el que hacía pasar a sus víctimas consistía básicamente en amordazarlos y amarrar cada una de sus extremidades a las esquinas a un lecho hierro: si sus brazos, piernas o cabeza sobresalían de la cama, Procusto se las cortaba con el fin de hacerlos encajar; pero si sus extremidades eran demasiado quedaban demasiado pequeñas, las estiraba hasta despedazarlos.

Y esta es precisamente la metáfora detrás de esta magnífica novela epistolar de Petrescu: la tragedia amorosa de Ladima y Emilia, y la pasión frustrada entre la señora T. y Fred Vasilescu. Cada uno de los testimonios contados por los amantes se ajustan a su propia realidad y sensibilidad acerca del amor, pareciendo contradictorios e incompatibles entre sí al compararlos. Más que un retrato fiel del ser amado, nos encontramos ante un ser ideal, forzando al personaje de carne y hueso a encajar en un hechizo de pura ilusión. Así, esta novela nos cuenta el amor ciego del periodista y poeta Ladima por Emilia, una actriz de cuarta que ejercía la prostitución como modo de vida; no obstante, a los ojos del escritor, Emilia aparecía como una mujer intachable y de talento excepcional, procurando y cumpliendo los caprichos de esta, a pesar de saberse engañado e intuir a la verdadera mujer que se ocultaba detrás de su imagen idealizada. De igual manera, la pareja de la Señora T. y Fred Vasilescu aparece con diferentes matices y versiones de los hechos, llevando al lector a preguntarse quién de los personajes lleva la razón y nos cuenta la verdad. Al final, ambos llevan la verdad a su manera, mostrándonos una cara diferente del mismo amor.

Imagen: Catrina, Nicolae Tonitza, pintor rumano

La exaltación del fluir de la vida: un poema de Jean-Baptiste Chassignet

Si algún autor fue representativo en la corriente del barroco francés, este es Jean-Baptiste Chassignet con su poesía. En ella podemos percibir las características de este movimiento que está representado por la polifonía de miradas en la pintura y la constante transformación del hombre, aunque siga siendo el mismo. En efecto, de este último punto es el que hablaremos en este artículo.

El poema que vamos a comentar a continuación trata sobre el famoso Πάντα ῥεῖ de Heráclito, es decir, que todo en la vida está en continuo cambio como el fluir de un río, pues nunca llegamos a bañarnos en las mismas aguas ni ser los mismos de cuando miramos una fotografía del pasado, ya que el tiempo nos indica la ausencia de reconocimiento. Para ello el autor emplea vocabulario propio del agua (rivière, fleuve, cours) tanto en la fonética (las letras de la v y la f recuerdan los sonidos del río) como el juego de ese cambio e inestabilidad con paralelismos y con los tiempos verbales, comparando de este el nombre con el río por sus semejanzas.

Assieds-toi sur le bord d’une ondante rivière
Tu la verras fluer d’un perpétuel cours,
Et flots sur flots roulant en mille et mille tours
Décharger par les prés son humide carrière.

Mais tu ne verras rien de cette onde première
Qui naguère coulait ; l’eau change tous les jours,
Tous les jours elle passe, et la nommons toujours
Même fleuve, et même eau, d’une même manière.

Ainsi l’homme varie, et ne sera demain
Telle comme aujourd’hui du pauvre corps humain
La force que le temps abrévie et consomme:

Le nom sans varier nous suit jusqu’au trépas,
Et combien qu’aujourd’hui celui ne sois-je pas
Qui vivais hier passé, toujours même on me nomme.

Pintura: The Seine At Asnieres, Renoir