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Fedra y la literatura francesa: Fedra de Racine, 1677 (segunda parte)

Autora: Mónica Encinas Fons

Racine nació en 1639 bajo el seno de una modesta familia en La Ferté-Milon; sin embargo, se quedó huérfano antes de cumplir los cuatro años, siendo criado por su abuela y su tía y recibiendo así una educación clásica en griego, latín y oratoria. Gracias al conocimiento original de la lengua griega, pudo leer tanto a Sófocles como a Eurípides.

Uno de sus grandes triunfos, además de tener la carrera de cortesano, es su entrada en la Académie Français en 1673, el haberse convertido en historiógrafo oficial del rey en 1677 junto a Boileau; asimismo, destacan sus visitas constantes a los salones literarios, pues llegó a ser el preferido de las nuevas favoritas del rey, representando la dramaturgia de la corte. Muere en 1699, cuyos restos fueron enterrados en la abadía de Port-Royal, donde estudió a los maestros clásicos.

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Los personajes de este poeta son antihéroes que se caracterizan por su debilidad y en el reconocimiento de sus conflictos íntimos, personajes que asumen su destino al considerarlo infranqueable.

Este autor escribió sólo once tragedias y una comedia durante 1664 y 1677: La Tebaida (estreno en 1664), Alejandro (creada en 1665), la comedia de Los litigantes (1668), Andrómaca (1667), Bayaceto (1672), Británico (1669), Berenice (1670), Mitridato (1673), Ifigenia (1674), Ester (1689), Atalía (1691) y Fedra (1677).

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Cuando se estrena Fedra, el 1 de enero de 1677, Racine tiene 37 años, costándole el silencio y la despedida del teatro. La protagonista se encuentra entre dos posturas: la confesión y el silencio, la culpa y el engaño, al ser el principal delito el adulterio incestuoso con el hijastro, realizado en su mente. En cambio, Hipólito, aunque es inocente, es conducido a la muerte por su padre debido a una mentira, trasunto de Poseidón. El conflicto de la pasión de Fedra le lleva a un callejón sin salida, en el cual el antihéroe, que es culpable, sólo puede confesarse mediante la palabra, cuya solución de la heroína trágica es la muerte física.

La fuente de inspiración de Racine proviene tanto de Eurípides como de Séneca, siendo este último destacable por la importancia que le concede a Fedra como la absoluta protagonista y portavoz de los conflictos de los demás personajes, invirtiendo los roles. Nuestro poeta comienza su tragedia con el conflicto ya estallado: Fedra se enamora perdidamente de Hipólito, primer hijo de su marido con una amazona, y se la caracteriza como más joven que su marido Teseo.

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En cambio, la principal novedad es la introducción de Aricia en la tragedia, personaje que está prometida con Hipólito y es hermana de Ariadna. Tenemos también un doble contraste con los amos y los sirvientes: la relación de Fedra y su confidente Enone; la de Hipólito y su confidente Terameno. Cabe señalar la presencia del origen de la naturaleza de los personajes desde el punto de vista mitológico: Teseo (vencedor del laberinto), Hipólito y Aricia son simples mortales sin descendencia divina; por el contrario, Fedra es hija de Minos y Pasífae, además de descender en línea directa del sol por ser nieta del sol. Por tanto, encontramos en Fedra una doble naturaleza que la conduce a una lucha constante por su pasión incestuosa.

Así pues, la luz de Fedra que produce la ceguera en la gente mediocre que la rodea es imprescindible en este personaje y sin ella se vuelve soportable, así como su confidente Enone, cuya relación será de dependencia y fascinación, tal como vemos en el acto IV, cuando es despedida por su ama, y al enterarse de la falsa acusación a Teseo del intento de violación, toma la firme decisión de suicidarse. La contradicción de su conducta, producida por el furor y la crisis, la llevarán al fatal desenlace: el envenenamiento (acto V, escena VII), pero liberándose y asumiendo el deshonor de su secreto antes de morir, y de nuevo confesando la naturaleza de su mentira.

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Con todo, la acción, que se desarrolla en cinco actos, comienza con una muerte anunciada, de la cual termina con la realización de la misma después de la confesión purificadora, al surtir los efectos devastadores del veneno.

Esta obra fracasó por culpa de las maniobras de la duquesa de Bouillon y el duque de Nervers, cuyo motivo era la supuesta inmoralidad de este autor, considerándose en nuestros días la pieza maestra de Racine de la cual es de obligado repertorio en las representaciones teatrales.

En relación a los personajes racianos, se los presenta como personajes míticos, grandes, que se muestran, en sus miserias cotidianas, débiles o heridos psicológicamente, además de añadírsele estos problemas: la fragilidad de las soluciones, la repercusión que recae sobre los personajes que son inocentes y la incomunicación verbal que sufren constantemente.

Ahora bien, las pasiones febriles que observamos en su obras no son consideradas ejemplares en la corte, a pesar de emplear las tres unidades aristotélicas: la acción dura menos de veinticuatro horas; el espacio es claustrofóbico, producto de la angustia que le produce el conflicto interno del protagonista, cuyos personajes siempre están a punto de confesar o arrepentirse; la acción principal es única, y la podemos ver al comienzo de la obra.

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Los personajes, por tanto, aparecen en escena, desde el principio, agonizantes, y con una carga de su culpa anterior. En Fedra, hallamos dos intrigas entrelazadas: la confesión del amor de Fedra hacia su hijastro por pensar que su marido no volvería de su viaje al Hades que duró seis meses; la posterior consecuencia de su revelación: el horror consecuente de Hipólito, precipitándose los acontecimientos al regresar Teseo (Fedra debe confesar cuanto antes, así como la mentira de Enone y la solución final).

Según un precepto aristotélico, los personajes racianos se consideran tanto culpables como inocentes. Culpables, ya que sus pasiones eróticas o políticas transgreden las normas sociales; inocentes, puesto que aspiran a una felicidad o bien que tuvieron en el pasado, o bien creen conocer, pero no alcanzan (esto último sucede con Fedra). Enone es el único personaje que encontramos en su obra literaria que miente y calumnia por su amor y dependencia de su ama.

Respecto a la fatalidad y al destino, el concepto de destino está ligado al de fatalidad del autor, cuya formación jansenista consideraba que la destinación del personaje no tenía libertad de acción, sino que era desconocedor de su futuro, que termina por realizarse en contra de su voluntad al estar por encima de él, a pesar del desenlace deseado o no. En cambio, la fatalidad surge tanto por la impunidad del comportamiento de la divinidad, como que el personaje no puede modificar su futuro. La principal novedad es la aproximación de los personajes al público, porque los presenta en toda su debilidad y crueldad de las situaciones.

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En cuanto al espacio claustrofóbico, los personajes muestran la violencia de todos los efectos funestos de las pasiones en este tipo de espacios cerrados, que suponen una amenaza a su intimidad, cuya solución es la desaparición, la huida o la muerte como fuente de liberación.

Por lo que hace al Eros y pasión amorosa, el motor principal de la conducta del protagonista consiste en la pasión amorosa que terminará por destruir su voluntad (otra clase de fatalidad), causa determinada por una mirada, un recuerdo revivido, una sensación, que es interpretada con una fuerza irracional que el personaje puede lograr mediante la fuerza, el engaño o el subterfugio al objeto amado. En el caso de Fedra es una mirada, ya que esta se enamora nada más verle, y la negación de la posesión o el contacto con el ser deseado es descrito desde un erotismo claro (acto I, esc.III. vv.273-276). Estas confesiones cargadas de erotismo son reveladas a un confidente, y que, por culpa de este erotismo, los personajes se vuelven más débiles por haber perdido el autocontrol (parte del pathos), cayendo en desgracia al enamorarse y arrastrarse por la primera pulsión sexual.

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Por ello, los celos, parte del conflicto trágico y del irracionalismo en el cual se encuentra el protagonista, se solucionan mediante dos medidas: la purificación por la muerte figurada (la locura) o real (el suicidio), resaltando la presencia de personajes femeninos, mujeres enamoradas no correspondidas, por la complejidad de sus pasiones, sin contaminación erótica.

Con el verso alejandrino, Racine describe en sus poemas dramáticos la angustia del mundo opresivo de sus personajes.

La Fedra de Racine es una obra que refleja todos los elementos del clasicismo, ya que es el modelo de establecimiento de la solidez del reinado de Luis XIV. En esta obra, existen dos pulsiones antagónicas: barroca y clasicista. Fedra es un personaje barroco por representar el amor prohibido, anormativo (intento de asaltar los cielos), cuya pulsión antinatural es expresada mediante la palabra, es decir, es el amor por medio de la palabra, pues desafía la norma; en cambio, Fedra se sepulcra en su propia muerte, por eso es clásica.

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El personaje de Fedra, hija de Pasifae y Minos, es el símbolo de la imposibilidad de cambiar la genealogía, y esto lo podemos observar ya desde el significado de su nombre (Φαίδρα significa “brillante). Por tanto, esta heroína es la nieta del sol, pues el sol cometió la grandísima afrenta de alumbrar los amores de Venus y Marte, lanzando esta diosa una condena no sólo al sol, sino a toda su estirpe. Fedra, consciente de esa fatalidad de su propia estirpe, se rebela contra su destino, aunque está condenada por él. Encontramos esta idea de la imposibilidad de escapar del destino en dos obras de Shakespeare: Macbeth (Yet I will try the last!, “¡Voy a inventarlo hasta el final!”) y Julio César ( Beware of the Idees of March!, “¡Cuidado con los Idus de Marzo!”).

En los versos siguientes (vv. 631-711), esta heroína está condenada por esa estirpe tan sólo por amar, tragedia que reside en morir al no ser amada, pues Fedra es la tragedia de la palabra, puesto que esta no es sólo culpable porque ama, sino por confesar. Es decir, al hacerlo público la protagonista por medio de la palabra da a entender que esa pasión no puede ser compartida. En efecto, la pasión desbordante de Fedra es peligrosa, pues resquebraja el equilibrio de lo común; el amor no puede ser pasional.

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Hallamos en esta obra a Fedra que se enamora de Hipólito y que este hecho es pecado, considerándose así este amor anticanónico, que surge de los celos y no es correspondido. Por tanto, el amor de Fedra es, como comentamos, anticanónico por las pasiones dadas de su pasado que se le apodera a causa de su herencia y que no se puede librar de él por tenerlo dentro y ser consciente de ello.


Versión en francés

 

HIPPOLYTE: Je vois de votre amour l´effet prodigieux:

                      Tout mort qu´il est. Thésée est présent à vous yeux;

                      Toujours de mon amour votre âme est embrasée.

 

PHÈDRE: Oui, prince, je languis, je brûle pour Thésée:

                 Je l´aime, non point tel que l´ont vu les enfers,

                 Volage adorateur de mille objets divers,

                  Qui va du dieu des morts déshonorer la couche;

                   Mais fidèle, mais fier, et même un peu farouche,

                   Charmant, jeune, traînant tous les coeurs après soi,

                   Tel qu´on dépeint nos dieux, ou tel que je vous voi.

                   Il avait votre port, vos yeux, votre langage;

                   Cette noble pudeur colorait son visage,

                   Lorsque de notre Crète il traversa les flots,

                   Digne sujet des voeux des filles de Minos.

                   Que faisiez-vous alors? Pourquoi, sans Hippolyte,

                   Des héros de la Grèce assembla-t-il l´elite?

                   Pourquoi, trop jeune encore, ne pûtes-vous alors

                   Entrer dans le vaisseau qui le mit sur nos bords?

                   Par vous aurait péri le monstrue de la Crète,

                   Malgré tous les détours de sa vaste retraite:

                   Pour en développer l´embarras incertain,

                   Ma soeur du fil fatal eût armé votre main.

                   Mais non: dans ce dessein je l´aurais devancée;

                   L´amour m´en eût d´abord inspiré la pensée;

                   C´est moi, prince, c´est moi, dont l´utile secours

                   Vous eût du labyrinthe enseigné les détours:

                   Que de soins m´eût coûtés cette tête charmante!

                   Un fil n´eût point assez rassuré votre amante:

                   Compagne du péril qu´il vous fallait chercher,

                   Moi-même devant vous j´aurais voulu marcher;

                   Et Phèdre au labyrinthe avec vous descendue

                   Se serait avec vous retrouvée ou perdue.

 

HIPPOLYTE: Dieux! Qu´est-ce que j´entends? Madame, oubliez-vous

                      Que Thésée est mon père, et qu´il est votre époux?

 

PHÈDRE: Et sur quoi jugez-vous que j´en perds la mémoire,

                        Prince? Aurais-je perdu tout le soin de ma gloire?

 

HIPPOLYTE: Madame, pardonnez; j´avoue, en rougissant,

                        Que j´accusais à tort un discours innocent.

                        Ma honte ne peut plus soutenir votre vue;

                        Et je vais…

 

PHÈDRE: Ah! Cruel! Tu m´as trop entendue!

                       Je t´en ai dit assez pour te tirer d´erreur.

                       Eh bien! Connais donc Phèdre et toute sa fureur:

                       J´aime. Ne pense pas qu´au moment que je t´aime,

                       Innocente à mes yeux, je m´approuve moi-même,

                       Ni que du fol amour qui trouble ma  raison,

                       Ma lâche complaisance ait nourri le poison;

                       Objet infortuné des vengeances célestes,

                       Je m´abhorre encore plus que tu ne me détestes.

                       Les dieux m´en sont témoins, ces dieux qui dans mon flanc

                       Ont allumé le feu fatal à tout sang;

                       Ces dieux qui se sont fait une gloire cruelle

                       De séduire le coeur d´une faible mortelle.

                       Toi-même en ton esprit rappelle le passé:

                       C´est peu de t´avoir fui, cruel, je t´ai chassé;

                       J´ai voulu te paraître odieuse, inhumaine;

                       Pour mieux te résister, j´ai recherché ta haine.

                       De quoi m´ont profité mes inutiles soins?

                       Tu me haïssais plus, je ne t´aimais pas moins;

                       Tes malheurs te prêtaient encore de nouveaux charmes.

                        J´ai langui, j´ai séché dans les feux, dans les larmes:

                        Il suffit de tes yeux pour t´en persuader,

                        Si tes yeux un moment pouvaint me regarder.

                        Que dis-je? Cet aveu que je te viens de faire,

                        Cet aveu si honteux, le crois-tu volontaire?

                        Tremblante pour un fils que je n´osais trahir

                         Je te venais prier de ne le point haïr:

                         Faibles projets d´un coeur trop plein de ce qu´il aime!

                         Hélas! Je ne t´ai pu parler que de toi-même!

                         Venge-toi, punis-moi d´un odieux amour:

                         Digne fils du héros qui t´a donné le jour,

                         Délivre l´univers d´un monstrue qui t´irrite.

                         La veuve de Thésée ose aimer Hippolyte!

                         Crois-moi, ce monstre affreux ne doit point t´échapper;

                         Voilà mon coeur: c´est là que ta main doit frapper.

                        Impatient déjà d´expier son offense,

                        Au-devant de ton bras je le sens qui s´avance.

                        Frappe: ou si tu le crois indigne de tes coups,

                        Si ta haine m´envie un supplice si doux,

                        Ou si d´un sang trop vil ta main serait trempée,

                        Au défaut de ton bras prete-moi ton épée;

                        Donne.

 

OENONE: Que faites-vous, madame! Justes dieux!


Versión en español

HIPOLITO: Vuestro amor se declara con efectos pasmosos.

Aunque muerto, Teseo está aún ante vos;

y su amor es hoguera que consume vuestra alma.

 

FEDRA: Cierto, príncipe, sufro, por Teseo suspiro.

Mas no le amo del modo que le ven los infiernos, 635

cual versátil amante de incontables mujeres

que hasta el dios de los muertos deshonraba en su tálamo.

Sino fiel y orgulloso, tal vez hasta adusto,

seductor, joven, siempre de los ojos imán.

Cual nos pintan a un dios, como yo os veo ahora. 640

Vuestro porte tenía, vuestros ojos y el habla,

vuestro noble pudor sonrojaba su rostro

cuando fuera a surcar nuestros mares de Creta,

digno objeto de amor de las hijas de Minos.

¿Vos qué hacíais entonces? ¿Y por qué sin Hipólito 645

de los héroes griegos eligió a los mejores?

¿Por qué siendo aún un niño no pudisteis con él

embarcar en la nave que abordó nuestra orilla?

Vos hubierais matado a aquel monstruo de Creta

a pesar de las vueltas de su vasto cubil. 650

Para ser vencedor en lugar tan confuso

aquel hilo mi hermana os pusiera en la mano.

Pero no, yo la hubiera precedido en hacerlo.

Que primero el amor me inspirara la idea.

Fuese, príncipe,Fedra la que hubiese acudido 655

hasta aquel laberinto a serviros de guía.

¡Qué desvelos me diera ese ser adorable!

No bastara a la calma de una amante aquel hilo.

Compañera del riesgo que debíais correr,

yo delante de vos caminar eligiese. 660

Y en aquel laberinto Fedra junto con vos

se salvara con vos o con vos se perdiera.

 

HIPÓLITO: ¡Dioses! Pero ¿Qué escucho? Mas, señora, ¿Olvidáis

que Teseo es mi padre y además vuestro esposo?

 

FEDRA: ¿Podéis, príncipe, creer que he olvidado todo eso? 665

¿Me juzgáis insensible al valor de mi honra?

 

HIPÓLITO: Perdonadme, señora. Sonrojado os confieso

que acusaba sin causa un discurso inocente.

Mi vergüenza no puede resistir vuestra vista.

Ahora voy…

 

FEDRA: ¡Ah, cruel! Me comprendes de sobra. 670

Demasiado te he dicho y no cabe la duda.

¡Sabes, pues, cómo es Fedra y cuál es su delirio!

Amo, sí. Mas no creas que en el hecho de amarte,

inocente a mis ojos a mí misma me apruebe;

ni que ruin complacencia destilara el veneno 675

que alimenta a ese amor que enloquece la mente.

Desdichada que elige la venganza del cielo,

tú me execras, mas yo más aún me aborrezco.

Son testigos los dioses, ellos que en mis entrañas

encendieron el fuego que es fatal a mi estirpe. 680

Esos dioses que han hecho una gloria cruel

de extraviar toda el alma de una débil mortal.

Busca tú en la memoria y recuerda el pasado.

No tan sólo te huí, oh cruel, te alejé,

me obstiné en parecerte inhumana y odiosa; 685

por ser fuerte ante ti aspiré a que me odiaras.

Mas ¿De qué me sirvieron esos vanos afanes?

Tú me odiabas aún más y yo menos no amaba.

Tus desdichas te daban nuevo encanto a mis ojos.

¡Sufrí tanto deshecha en el fuego y las lágrimas! 690

Te bastaran los ojos para ver la verdad

si tus ojos pudiesen un momento mirarme.

Mas ¿Qué digo? ¿Crees que esas vergonzosas palabras

que me acabas de oír las he dicho a propósito?

Con la angustia de un hijo que quería salvar 695

yo venía a rogarte que olvidaras tu odio.

¡Pobre afán de mi pecho que rebosa lo que ama!

Solamente he podido, ay, hablarte de ti.

Oh castígame, véngate de un amor tan odioso.

Sé hijo digno del héroe que te diera la vida, 700

libra al mundo de un monstruo que te enoja.

¡La viuda de Teseo osa amar nada menos que a Hipólito!

Sí, no tengas piedad de ese monstruo espantoso.

Aquí está el corazón. Hiere aquí con tu acero.

Impaciente, queriendo expiar esta ofensa, 705

se anticipa a tu brazo, va, lo siento, en su busca..

Hiere aquí. Mas si crees que es indigno del hierro

y si tu odio me niega un suplicio tan dulce,

si no quiere mancharse de vil sangre tu mano,

no hagas nada, consiente en que tome tu espalda. 710

Así.

 

ENONE: ¿Qué hacéis, señora? ¡Oh, poderes divinos!

                        

                   

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La exaltación del fluir de la vida: un poema de Jean-Baptiste Chassignet

Si algún autor fue representativo en la corriente del barroco francés, este es Jean-Baptiste Chassignet con su poesía. En ella podemos percibir las características de este movimiento que está representado por la polifonía de miradas en la pintura y la constante transformación del hombre, aunque siga siendo el mismo. En efecto, de este último punto es el que hablaremos en este artículo.

El poema que vamos a comentar a continuación trata sobre el famoso Πάντα ῥεῖ de Heráclito, es decir, que todo en la vida está en continuo cambio como el fluir de un río, pues nunca llegamos a bañarnos en las mismas aguas ni ser los mismos de cuando miramos una fotografía del pasado, ya que el tiempo nos indica la ausencia de reconocimiento. Para ello el autor emplea vocabulario propio del agua (rivière, fleuve, cours) tanto en la fonética (las letras de la v y la f recuerdan los sonidos del río) como el juego de ese cambio e inestabilidad con paralelismos y con los tiempos verbales, comparando de este el nombre con el río por sus semejanzas.

Assieds-toi sur le bord d’une ondante rivière
Tu la verras fluer d’un perpétuel cours,
Et flots sur flots roulant en mille et mille tours
Décharger par les prés son humide carrière.

Mais tu ne verras rien de cette onde première
Qui naguère coulait ; l’eau change tous les jours,
Tous les jours elle passe, et la nommons toujours
Même fleuve, et même eau, d’une même manière.

Ainsi l’homme varie, et ne sera demain
Telle comme aujourd’hui du pauvre corps humain
La force que le temps abrévie et consomme:

Le nom sans varier nous suit jusqu’au trépas,
Et combien qu’aujourd’hui celui ne sois-je pas
Qui vivais hier passé, toujours même on me nomme.

Pintura: The Seine At Asnieres, Renoir

La alabanza al amor: Himno en honor a Afrodita de Safo

La oda a Afrodita, al ser el poema más conocido de Safo y tener la particularidad de ser el único que hemos conservado entero a pesar de que le falta el inicio del tercer verso de la quinta estrofa, fue citado por Dionisio de Halicarnasio, un escritor del siglo I a.C, motivo del cual ha llegado hasta nosotros.

Pues bien, el contendido del himno es un ruego que hace nuestra escritora a la diosa del amor, Afrodita, para que pedirle ayuda: atraer hacia ella un amor renegado. En este caso sabemos que la amada es una mujer, por la ausencia de una letra al final de la sexta estrofa. Después de la invocación, encontramos una larga digresión, donde la poetisa rememora una ocasión anterior en que la diosa estuvo dispuesta a ayudarle, ocasión en la cual la diosa, que es conducida por un carruaje de oro tirado por gorriones, descendió y le prometió que su suplica sería cumplida. Por último, el poema se cierra con una estrofa en la cual se reitera la solicitud de ayuda en la “guerra del amor”, comparando la relación amorosa con la batalla.

Texto en griego

Ποικιλόθρον᾽ ὰθάνατ᾽ ᾽Αφρόδιτα,
παῖ Δίος, δολόπλοκε, λίσσομαί σε
μή μ᾽ ἄσαισι μήτ᾽ ὀνίαισι δάμνα,
πότνια, θῦμον.

ἀλλά τυίδ᾽ ἔλθ᾽, αἴποτα κἀτέρωτα
τᾶς ἔμας αὔδως αἴοισα πήλγι
ἔκλυες πάτρος δὲ δόμον λίποισα
χρύσιον ἦλθες

ἄρμ᾽ ὐποζεύξαια, κάλοι δέ σ᾽ ἆγον
ὤκεες στροῦθοι περὶ γᾶς μελαίνας
πύκνα δινεῦντες πτέῤ ἀπ᾽ ὠράνω αἴθε
ρος διὰ μέσσω.

αῖψα δ᾽ ἐξίκοντο, σὺ δ᾽, ὦ μάκαιρα
μειδιάσαισ᾽ ἀθανάτῳ προσώπῳ,
ἤρἐ ὄττι δηὖτε πέπονθα κὤττι
δηὖτε κάλημι

κὤττι μοι μάλιστα θέλω γένεσθαι
μαινόλᾳ θύμῳ, τίνα δηὖτε πείθω
μαῖς ἄγην ἐς σὰν φιλότατα τίς τ, ὦ
Ψάπφ᾽, ἀδίκηει;

καὶ γάρ αἰ φεύγει, ταχέως διώξει,
αἰ δὲ δῶρα μὴ δέκετ ἀλλά δώσει,
αἰ δὲ μὴ φίλει ταχέως φιλήσει,
κωὐκ ἐθέλοισα.

ἔλθε μοι καὶ νῦν, χαλεπᾶν δὲ λῦσον
ἐκ μερίμναν ὄσσα δέ μοι τέλεσσαι
θῦμος ἰμμέρρει τέλεσον, σὐ δ᾽ αὔτα
σύμμαχος ἔσσο.

Texto en español

Santa hija de Zeus, de esmaltado trono,
dolotrenzadora, Afrodita, atiende:
ya no domes más con pesar y angustias
mi alma, señora,

sino ven aquí, si mi voz de lejos
otra vez oíste y me escuchaste
y dejando atrás la dorada casa
patria viniste,

tras uncir el carro: gorriones lindos
a la negra tierra tiraban prestos
con sus fuertes alas batiendo el aire
desde los cielos.

Y llegaron pronto, y tú, bendita,
sonriendo siempre en tu faz divina,
preguntabas qué me pasaba, a qué otra
vez te llamaba,

y qué es lo que tanto ahora en mi alma loca
conseguir quería: “¿A quién deseas
que al amor te traiga? Ah dime, Safo,
¿quién te hace daño?

Que, si huyó de ti, pronto irá a buscarte;
si aceptar no quiso, dará regalos;
y si no ama hoy, te amará muy pronto,
aun sin quererlo”.

Ven también ahora y de amargas penas
líbrame, y otorga lo que mi alma
ver cumplido ansía, y en esta guerra
sé mi aliada.

Obra de la pintura: Charles Amable Lenoir, Whisper of love
Traducción: Juan Manuel Rodríguez Tobal.

Safo de Lesbos, la verdadera reveladora del amor en Occidente

Autora: Mónica Encinas Fons

Si pensamos en un poeta de la Antigua Grecia, nos viene a la mente la poetisa que celebró el amor en todas sus manifestaciones, Safo de Lesbos. Esta autora, cuyo nacimiento fue en Mitilene, Lesbos, 650/610 a.C y muerte en Léucade, 580 a. C., fue una de las primeras representantes de la nueva poesía lírica occidental que se estaba dando en Lesbos, poesía destinada al canto, con un carácter privado, subjetivo e intimista.

Asimismo, los poetas lesbios se dedicaron a escribir poesía al servicio de sus propios intereses, para expresar sus sentimientos al reducido círculo de amigos en fiestas o banquetes. Es aquí, en Lesbos, donde se fija esta poesía, quien tiene como representante a Safo, cultivadora de una poesía del amor llena de emociones que se ha ganado el mérito de ser, según Schadewaldt, “la verdadera reveladora del amor en Occidente”.

No sabemos casi nada de la vida de nuestra poetisa, pues lo único que conocemos de ella es a través de sus fragmentos, los datos que ofrecen las fuentes indirectas, alusiones y biografías de los antiguos. Además de saber su fecha de nacimiento, también tenemos la certeza de su matrimonio con Cércilas de Andros, padre de su única hija (Cleis), así como a sus tres hermanos (Larico, Eurygio y Caraxo).

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Su poesía era de encargo, epitalamios para bodas que se cantaban por los coros de muchachos y muchachas que formaban el cortejo nupcial -fragmentos 104 (a) – 111-, cuyo centro de su producción poética y de su vida está en el círculo de sus amigas, del cual dependía también económicamente, y de las cuales se enamoraba, amor inasible y sagrado por la religión.

Posteriormente, la obra de Safo fue editada por los poetas alejandrinos tomando como modelo la métrica de sus composiciones, considerando que su obra comprendía unos 12,000 versos; de los cuales conservamos 200 fragmentos gracias a los papiros o citas de autores antiguos, pero la mayor parte de ellos son ilegibles.

De todas maneras, les ofrecemos dos fragmentos de Safo que ensalzan la belleza del amor como su fuente de vida y riqueza.

Fragmento 16

texto griego

ο]ἱ μὲν ἱππήων στρότον οἱ δὲ πέσδων
οἱ δὲ νάων φαῖσ’ ἐπ[ὶ] γᾶν μέλαι[ν]αν
ἔ]μμεναι κάλλιστον, ἐγὼ δὲ κῆν’ ὅττω
τις ἔραται.

πάγχυ δ’ εὔμαρες σύνετον πόησαι
πάντι τοῦτ’· ἀ γὰρ πολὺ περσκέθοισα
κάλλος ἀνθρώπων Ἐλένα τὸν ἄνδρα
τὸν πανάριστον

καλλίποισ’ ἔβας ‘ς Τροίαν πλέοισα
κωὐδὲ παῖδος οὐδὲ φίλων τοκήων
πάμπαν ἐμνάσθη, ἀλλὰ παράγαγ’ αὔταν
οὐκ ἀέκοισαν

Κύπρις· εὔκαμπτον γὰρ ἔφυ βρότων κῆρ
] κούφως τ . . . οη . . . ν
κἄμε νῦν Ἀνακτορίας ὀνέμναι-
σ’ οὐ παρεοίσας

τᾶς κε βολλοίμαν ἔρατόν τε βᾶμα
κἀμάρυχμα λάμπρον ἴδην προσώπω
ἢ τὰ Λύδων ἄρματα κἀν ὄπλοισι
πεσδομάχεντας.

texto en español

Dicen que una tropa de carros unos,
otros que de infantes, de naves otros,
es lo más hermoso en la negra tierra;
yo que todo aquello de lo que uno mismo
se ha enamorado.

Y es sencillo hacer que cualquiera entienda
esto, pues Helena, que aventajaba
en belleza a todos, a su marido,
alto en honores,
lo dejó y se fue por el mar a Troya,
y ni de su hija o sus propios padres
quiso ya acordarse, pues fue llevada

y esto me recuerda que mi Anactoria
no está presente,
de ella ver quisiera el andar amable
y la clara luz de su rostro antes
que a los carros lidios o a mil guerreros
llenos de armas.

 

Fragmento 31

texto en griego

Φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν᾽ ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἆδυ φωνεί-
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμέροεν. τό μ᾽ ἦ μάν
καρδίαν ἐν στήθεσιν ἐπτόαισεν.
ὢς γὰρ ἔς σ᾽ ἴδω βρόχε᾽, ὤς με φώνη-
σ᾽ οὖδεν ἔτ᾽ εἴκει,

ἀλλὰ κὰμ μὲν γλῶσσα ἔαγε, λέπτον
δ᾽ αὔτικα χρῶι πῦρ ὐπαδεδρόμακεν,
ὀππάτεσσι δ᾽ οὖδεν ὄρημμ᾽, ἐπιρρόμ-
βεισι δ᾽ ἄκουαι,

ἀ δέ μ᾽ ἴδρως κακχέεται, τρόμος δέ
παῖσαν ἄγρει, χλωροτέρα δὲ ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ᾽ ὀλίγω ᾽πιδεύης
φαίνομ᾽ ἔμ᾽ αὔται·

ἀλλὰ πᾶν τόλματον, ἐπεὶ +καὶ πένητα

texto en español

Me parece igual a los dioses ese
hombre que ahora está frente a ti sentado,
y tu dulce voz a tu lado escucha
mientras le hablas

y tu amable risa; lo cual, te juro,
en mi pecho el alma saltar ha hecho:
pues te miro apenas y mis palabras
ya no me salen,

se me queda rota la lengua y, suave,
por la piel un fuego me corre al punto,
por mis ojos ya nada veo, y oigo
sólo un zumbido,

me destila un frío sudor, y entera
un temblor me apresa, y cual la paja
amarilla estoy, y mi muerte siento
poco alejada.

Pero todo habrá que sufrirlo, incluso…

 

Traducción: Manuel Rodríguez Tobal
Pintura de portada: Sappho, Charles Mengin 
Pintura interior: 
Safo y su novia, Édouard-Henri Avril

 

 

 

 

Dificultades del latín: tema de presente (primera parte)

El aprendizaje de cualquier idioma requiere de mucha constancia, disciplina y horas de estudio, lo que a veces no es del todo satisfactorio, sobre todo en las lenguas clásicas, pues necesitan y se nutren de todo nuestro tiempo, mermando nuestra vida social. Asimismo, comparándolas con otras artes, como la pintura y la música, es necesaria la dedicación constante y cotidiana, para que en un futuro, sus resultados sean maravillosos.

Empezaremos esta sección de lengua latina con los temas de morfología y fonética más complicados para entender la gramática histórica de este idioma. Los temas que trataremos a lo largo de estos días serán: las declinaciones del sustantivo (las cinco declinaciones), el adjetivo (el comparativo y el superlativo), el pronombre y el verbo (las consideraciones preliminares, el tema de presente, el tema de perfecto, los morfemas verbales y los verbos irregulares).

El tema de presente tiene tres formaciones: temas radicales, temas radicales ampliados y temas sufijados.

En el primer caso, estos temas se definen por añadir a la raíz directamente las desinencias personales, encontrándonos dos subclases: los radicales atemáticos (sin vocal temática) y los radicales temáticos (la raíz tiene vocal temática). El segundo caso se caracteriza por presentar en la raíz un alargamiento, cuyo principal alargamiento es el nasal.

Finalmente, los derivados por sufijación muestran estos sufijos: -(es)so, urio (desiderativo), como en el caso de quaero [buscar, preguntar] / quaeso [pedir, rogar]; -sco (incoativo: proceso que ha empezado, pero que no ha llegado a su fin), por ejemplo lucet [brillar] / lucesco [comenzar a clarear]; -to/so, -ito (conativo / frecuentativo), como en capio [coger] / capto [tratar de coger]; el causativo *-eįo (moneo, doceo), el sufijo de estado *-ē (taceo) y el sufijo *-(į)e / o para la formación de verbos denominativos, es decir, verbos que se forman a partir de nombres (cura > curare).

Pintura de portada: A grotesque scene with animals playing and a dog wrapped in swaddling clothes, Maestro della Fertilità dell’Uovo.

La​ ​culminación​ ​de​ ​un​ ​éxito:​ ​Carlos​ ​García​ ​Gual

Después de muchos estudios de mitología y años de estudio sobre el mundo antiguo, nuestro escritor especialista en lenguas clásicas, Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943), recibió ayer, el 30 de noviembre de este año, el asiento “J” de la Rae, que estaba vacante desde que murió el dramaturgo Francisco Nieva, el 10 de noviembre del año pasado. Fue elegido en una segunda votación, pues antes había sido doblemente candidato a​ ​ocupar​ ​la​ ​silla​ ​M​ ​junto​ ​con​ ​Rosa​ ​Montero.

La formación de este filólogo es excelente, porque aprendió de los mejores helenistas españoles: Manuel Fernández Galiano, Francisco Rodríguez Adrados y Luis Gil. Gracias a su educación y a su perseverancia pudo acceder a la cátedra de filología griega en la Universidad Complutense de Madrid, especializándose en la antigüedad clásica y literatura, formación que concluyó con la escritura de numerosos artículos y libros acerca de literatura clásica​ ​y​ ​medieval,​ ​filosofía​ ​griega​ ​y​ ​mitología​ ​en​ ​revistas​ ​clásicas.

Cabe​ ​destacar​ ​entre​ ​su​ ​producción​ ​las​ ​siguientes​ ​obras​ ​clásicas:​ ​​Los​​ orígenes de la ​novela, Primeras novelas europeas, ​Epicuro, ​Diccionario de mitos, ​Encuentros heroicos, ​Seis escenas griegas, ​Las Primeras novelas: desde las griegas y las latinas hasta la edad media o ​Prometeo, ​mito y literatura, aunque escribe también como crítico literario de libros en ​El País, ​Revista de Occidente, entre otras.

Asimismo, ha destacado como editor y colaborador de la revista ​Historia National Geographic. Sin embargo, la aportación más importante de este catedrático fue la dirección de dos colecciones de la Editorial Gredos (las obras griegas de la Biblioteca Clásica Gredos y la de clásicos universales, Biblioteca Universal Gredos), además de dos premios -bien merecidos- de traducción: ​Premio de traducción Fray Luis de León (1978) con ​Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia de Pseudo Calístenes, y el Premio​​ Nacional ​(2002),​ ​por​ ​el​ ​conjunto​ ​de​ ​su​ ​obra​ ​de​ ​traducción.

Pues bien, las traducciones que ha realizado en nuestros días son la de la ​Odisea de Homero y las ​Vidas de filósofos ilustres de Diógenes Laercio en Alianza Editorial. Las últimas aportaciones que tiene la intención de conseguir dentro de esta institución son el estudio del léxico helénico -resaltando la formación de nuevas palabras, cuyas terminaciones son la de filia y fobia- en el vocabulario científico y médico y en la política, así como en la influencia que ejercerá para que el mundo helénico siga vigente en la actualidad, no en su progresiva desaparición del currículum escolar hoy en día, y sobre todo, en la esperanza que tenemos los de clásicas en que, ya desde su silla, puede modificar la terrible reducción del número de horas dedicadas a las Humanidades en la enseñanza​ ​secundaria,​ ​quien​ ​se​ ​muestra​ ​muy​ ​preocupado​ ​por​ ​cambiar.

Fotografía: Wikicommons

90 maneras de aprender con propiedad a insultar en latín

Autora: Mónica Encinas Fons

El latín, como cualquier otra lengua romance, además de ser un idioma con vocabulario propio de tecnicismos del derecho y de la filosofía, es común para las vulgaridades, como las palabrotas, empleadas la mayoría de ellas con sentido sexual y escatológico. De hecho, los romanos disfrutaban de lo lindo metiendo con sus semejantes al tener un repertorio de insultos para cada ocasión.

Por consiguiente, te dejamos unos cuantos de ellos con tal de no quedarte con las ganas de ampliar tus conocimientos sobre este apasionante lenguaje, donde ninguno de los enfrentamientos entre sus oponentes termina en una fiel amistad.

1. Acerrimus: puntiagudo, pinchante o hiriente.

2. Cinaedus: afeminado, sodomita.

3. Fraudulens: fraudulento.

4. Fraus populi: timador del pueblo.

5. Fur: ladrón (de donde el castellano hurtar).

6. Trifur: literalmente, “triple ladrón”.

7. Furcifer: pícaro, ladrón.

8. Impurus: impuro.

9. Leno: mercader de mujeres esclavas, alcahuete.

10. Parricida: con el mismo significado que ahora.

11. Pathicus: cabrón. 12.Puttus: puto.

13. Periurus: mentiroso, perjuro.

14. Pernicies adulescentum: perdición de los adolescentes, corruptor de menores.

15. Scelestus: granuja.

16. Sociofraudus: “traicionamigos”.

17. Verbero: avergonzado (se refería a alguien con un pasado vergonzoso)

18. Perfice: traidor, pérfido.

19. Crudelis: cruel, insensible, inhumano.

20. Caudex o Stipes: idiota (referente al tamaño de cerebro y inteligencia de la persona).

21. Imbecillis o Imbecille: faltos de báculo (indefensión intelectual).

22. Stultus, Stolide o Stolo: tonto.

23. Stultissime: completamente estúpido.

24. Stultissimi: perfectos estúpidos.

25. Fanatice o Nequissime: fanático (referente a lo mente cerrada que puede ser una persona y/o a la falta de originalidad).

26. Amens: imprudente.

27. Pecus o Vervex: borrego o burro.

28. Hirce: cabrón.

29. Sus: cerdo.

30. Cimex: chinche.

31.Hirudo: sanguijuela.

32. Bufo: sapo.

33. Impudicus: deshonesto.

34. Mentula: alguien de escasa dotación viril.

35. Spado: castrado o impotente.

36. Vetule: antigualla.

37. Pusille: microbio.

38. Merda o Merdose: Mierda o de Mierda.

39. Cacate o Cacator: cagado o cagón.

40. Sordes: basura.

41. Ructator: eructador.

42. Ructabunde: bolsa de pedos.

43. Sterculinum: letrina.

44. Fatue: tonto.

45. Nugator: insignificante.

46. Matula: cabeza hueca.

47. Vappa: término intraducible que se refiere al vino agrio y desagradable (personas que querían manifestar cierta superioridad social sobre el otro).

48. Malus nequamque: bueno para nada (literalmente, “malo para todo”).

49. Bucco: bocazas.

50. Caenum: sucio.

51. Stercoreus: estercóreo.

52. Spurce: mugroso.

53. Mentulam caco: me cago en la polla.

54. Fungi: hongos (insulto sectario para referirse a los sujetos provincianos).

55. Bucco: bucón (acompañado por caenum, “sucio”; spurce, “mugroso”, o stercoreus, “sorete”).

56. Luteus: embarrado (alguien con las ropas sucias).

57. Oraputide: boca podrida (alguien con mal aliento).

58. Putide: apestoso.

59. Lutulente: mugriento.

60. Tramas: basura.

61. Pediculose: piojoso (tanto alguien que sufría de pediculosis como de cabellera desprolija).

62. Fugitivus: fugitivo (sólo la persona esclava podía ser considerada fugitiva).

63. Cruciarus: alguien que merecía ser crucificado.

64. Paedicabo ego vos: voy a romperte el culo (insulto exclusivo entre hombres).

65. Irrumabo ego vos: voy a obligarte a que me practiques una felación.

66. Duros nequeunt movere lumbos: que es incapaz de tener una erección.

67. Moechari: adúltera.

68. Derideo te: me río de ti.

69. Vescere bracis meis: comerse tus pantalones.

70. Stultus est sicut stultus facit: alguien es tan estúpido como las estupideces que hace.

71. Asinus asinum fricat: el estúpido soba al estúpido (gente que solo sabe hacer las cosas mediante halagos exagerados e innecesarios a sus superiores).

72. Utinam barbari spatium proprium tuum invadant!: ojalá los bárbaros invadan tu espacio personal.

73. Adversus solem ne loquitor: no hables en contra del sol (gente terca que no acepta una verdad obvia)

74. Asinus ad lyram: traducción literal “un trasero a la lira” (para denominar a alguien extraño).

75. Bustirapus: expoliador de piras funerarias, profanador.

76. Caenum inmundicia: cieno, fango.

77. Legirupa: infractor de leyes.

78. Pernicies adulescentum: perdición de los adolescentes, corruptor de menores.

79. Planissimus: llano, simple.

80. Sacrilegus: sacrílego, que comete actos impíos.

81. Scelestus: bribón. Granuja.

82. Pedico: sodomizar.

83. Irrumo: correrse por una felación.

84. Impudice: fresco, imprudente, hijo de puta (referente a ámbitos sexuales).

85. Non calor sed umor est qui nobis incommodat: no es el calor, es la humedad.

86. Vacca foeda: vaca fea o desgraciada.

87. Utinam logica falsa tuam philosophiam totam suffodiant!: ¡Qué la lógica defectuosa infeste su sistema filosófico!

88. Te audire non possum. Musa sapientum fixa est in aure: No puedo oírte. Tengo un plátano metido en la oreja.

89. Nihil est-in vita priore ego imperator Romanus fui: Eso no es nada. En una vida pasada fui emperador de Roma.

90. Catapultam habeo. Nisi pecuniam omnem mihi dabis, ad caput tuum saxum immane mittam: Tengo una catapulta. Dame todo el dinero o te lanzaré una enorme piedra a la cabeza.

CARMINA XVI de Catulo

Paedicabo ego vos et irrumabo Aureli pathice et cinaede Furi, qui me ex versiculis meis putastis, quod sunt molliculi, parum pudicum. Nam castum esse decet pium poetam ipsum, versiculos nihil necesse est, qui tum denique habent salem ac leporem, si sunt molliculi ac parum pudici et quod pruriat incitare possunt, non dico pueris, sed his pilosis, qui duros nequeunt movere lumbos. Vos quod milia multa basiorum legitis, male me marem putatis? Paedicabo ego vos et irrumabo

 

Os encularé y me la mamaréis
bardaje de Aurelio y marica de Furio, que a mí por los versículos míos me creísteis, porque son blanditos, poco púdico, pues casto ser honra al piadoso poeta mismo: sus versículos nada necesario es, que entonces al fin tienen sal y encanto si son blanditos y poco púdicos, y que lo que escueza incitar puedan no digo a los chicos, sino a estos vellosos que sus duros lomos no pueden mover. ¿Vosotros, porque muchos besos leísteis, que mal soy yo un hombre creéis? Os daré por el culo y me la mamaréis.

Pintura: La muerte de Julio César, Vincenzo Camuccini

Los procedimientos de repetición y sustitución textual en español (segunda parte)

En nuestra primera parte, ya analizamos y revisamos el concepto de repetición textual en el español. Ahora es turno del procedimiento de sustitución textual, el cual puede considerarse un tipo de repetición, pero a partir del uso de pro-formas muy generales que refieren un elemento o varios que ya aparecían en el texto. Desde luego hablamos de los pronombres y de otro tipo de elementos como las pro-formas léxicas y los pro-adverbios.

Comencemos por los pro-adverbios, los cuales pueden sustituir a partes del texto que poseen función adverbial (generalmente se trata de complementos circunstanciales sustituidos por adverbios de modo o lugar).  Ejemplos de esto serían los siguientes:

Vivía en la parte más alejada del puebloAllá miraba la vida pasar lentamente.

Comía con una gula espectacularAsí era siempre.

En el primer ejemplo, es posible observar como el complemento circunstancial de lugar en la parte más alejada del pueblo” es sustituido por el adverbio “allá”; mientras que en el segundo, “con una gula espectacular”  es sustituido por el adverbio “así”.  

En el caso de los pronombres, la situación es muy similar. Sabemos de antemano que la función del pronombre no sólo es sintáctica, sino también la de sustituto de elementos ya aparecidos en el texto. En este caso, el pronombre hace referencia a un elemento que ya ha aparecido o aparece un poco más adelante (anáfora y catáfora, respectivamente). Dentro de los pronombres que cumplen este tipo de sustituciones están los pronombre personales de tercera persona, los reflexivos, recíprocos, los relativos, indefinidos, posesivos y demostrativos. Podemos identificarlos en los siguiente ejemplos:

Ángel termino de comer el pastel. Él tenia mucha hambre.

Tenías muchos libros, los cuales había heredado de su abuelo.

Alejandro dejó las llaves sobre el escritorio. Su memoria fallaba.

Los policías salieron del lugar. Se subieron a su patrulla tras inspeccionar la zona.

El libro azul es de matemáticas. Este tiene un costo de 23 dólares.

Ella tenía una carta para su hermano. Luisa ignoraba que su hermano ya no estaba en el país.

En el primer ejemplo, se sustituye “Ángel” por el pronombre personal “Él”; en el segundo, libros” por el relativo plural “los cuales”; en el tercero, Alejandro” aparece como antecedente del posesivo “su”; en el cuarto, los policías” por el reflexivo “se”; en el quinto, “el libro azul” por el demostrativo “este”; y finalmente, “Ella” sustituye a Luisa”, aunque en este caso la referencia del pronombre aparezca después de este.

Finalmente quedan las pro-formas léxicas, las cuales responden generalmente a palabras con un valor muy general, como cosa, hecho o persona. También se encuentra la sustitución de diferentes verbos que implican acción por el verbo hacer

La ropa, los libros y los zapatos no caben en la maleta. Tenemos que ver como trasladar esas cosas de manera fácil.

Hubo un apagón la semana pasada. El hecho sucedió tras la lluvia.

Joaquín lava los trastes; Román también hace lo mismo, pero sólo cuando quiere.

En el primer ejemplo, “la ropa, los libros y los zapatos” se sustituye por “cosas”; en el segundo, “el apagón” se sustituye por “el hecho”; finalmente, el verbo “lava” se sustituye por “hace”  

Pintura: La tejedora, Diego Rivera.

Fuentes consultadas:  Manuel Casado Velarde, Introducción a la Gramática del texto, Arco Libros, Madrid, 2011.

¿Por qué “piensas en” y “te enamoras de”? El complemento de régimen preposicional en español

Como parte de los consejos que hemos preparado para una buena redacción, elegimos para esta entrega el tema del complemento de régimen preposicional. Nada del otro mundo, así que no te asustes con el nombre. Se trata de algo tan simple como saber emplear correctamente las preposiciones, pues en muchas ocasiones estas sirven para identificar algo más que el complemento circunstancial en tus oraciones. Vamos al grano.

El complemento de régimen preposicional es una construcción sintáctica formada por un verbo y una preposición que se caracteriza por ser necesaria, de ahí el nombre de “régimen”.  Si bien no todos los verbos piden el empleo de la preposición, siempre es bueno tener identificados cuáles son aquellos que te piden el acompañamiento necesariamente. Desde luego que tenemos una lista (seleccionada, pues si no sería muy extensa), con el fin de que identifiques fácilmente cuándo usarlos y cuándo no, además de algunos ejemplos:

  • Acordarse de: Me acordaba de la primera vez que nos vimos.
  • Acostumbrarse a / acostumbrado(a) a: Me acostumbraste a comer pizza todos los días / Ya estoy acostumbrado a  el ruido de la ciudad.
  • Confiar en: Todos confiamos en la veracidad de la nota.
  • Convencer de / convencido(a) de: Ella lo convenció de / Estamos convencidos de volar el día de mañana.
  • Creer en (no se emplea cuando se introduce una oración subordinada): Los jóvenes creían en fantasmas, hasta que desmintieron la leyenda.
  • Depender de:   La caída de la masa depende de la organización.
  • Enamorarse de: Está enamorado de su prima.
  • Influir en: Las canciones de su abuelo influyeron en la formación del niño.
  • Insistir en: Las vecinas insistieron en romper la puerta.
  • Pensar en: Pensaron en la cocina azul.
  • Preocuparse de / Preocuparse por: Se preocupa por sus compañeros.  

Desde luego que existen excepciones; sin embargo, en el análisis del contexto puede deducirse muy bien su aplicación. Recuerden que son reglas generales, lo que no significa un uso en el 100% de casos.

Pintura: La musa (mujer leyendo), Picasso

 

Los procedimientos de repetición y sustitución textual en español (primera parte)

Autor: Daniel Álvarez Bermúdez

Una buena redacción no se limita únicamente a una buena ortografía o al uso correcto de los signos de puntuación. En el ámbito profesional de la producción y el análisis de textos, existen otros elementos tales como la cohesión y la coherencia textuales, que abarcan desde la sintaxis y la organización de las estructuras superficiales, hasta los procesos retóricos y las estrategias discursivas empleadas por el productor. Por ello, en esta ocasión queremos ir más allá de las recomendaciones de estilo más comunes, para acercarnos poco a poco a terrenos un poco más profundos. Así, comenzamos con dos elementos a tomar en cuenta en el análisis textual y discursivo: la repetición y la sustitución.

Cuando hablamos de repetición nos referimos a la aparición de una misma palabra, término, concepto o estructura a lo largo del texto, con la finalidad de reforzar su presencia a lo largo del discurso. En el nivel más básico, la repetición se refiere a la aparición constante de una misma palabra o bien de sus sinónimos. Por ejemplo:

El delantero se lleva el balón por toda la banda. Cerca de la portería, dispara con toda su fuerza y el esférico rebota en un poste. Finalmente, cuando ve perdida su oportunidad, la pelota es retomada por el defensa y remata. El portero no ve el balón y mira desconcertado la celebración del equipo contrario.

Como se puede observar, la palabra balón aparece a lo largo del texto, ya sea de manera literal o a través de sinónimos, en este caso, esférico y pelota (si bien no existe la sinonimia exacta en el español). También aplica en este caso la sinonimia referencial, como se da en el siguiente caso:

Leonardo iba al frente de toda la escuadra de jóvenes militares. Como el capitán de la misión, debía alcanzar el objetivo. El hombre al mando era él y no otro. Su objetivo era claro: lograr recuperar el control en la zona del atentado. El líder de la misión debía arriesgarlo todo o dejarlo.

De igual manera, existen otro tipo de repeticiones que van más allá del mero léxico y se dan en el terreno sintáctico. Por ejemplo:

Tenemos que lidiar con aquellos que nos oprimen todos los días. Tenemos que brindar atención a las personas sin distinción alguna. Tenemos que seguir el curso de la realidad, a pesar de las desgracias. Tenemos que llevar nuestras ideas a donde nos escuchen.

Este tipo de repetición es conocida como paralelismo sintáctico, es decir, cuando se repiten determinadas estructuras dentro del texto, aunque con pequeñas variaciones. Cabe señalar que dentro de los estudios literarios, a este fenómeno se le conoce también como anáfora y ocurre sobre todo en la poesía, cuando se repiten las mismas unidades léxicas al comienzo del verso. Un ejemplo perfecto de la anáfora serían los siguientes versos de Miguel Hernández:

Tristes guerras, si no es amor la empresa. Tristes, tristes.
Tristes armas, si no son las palabras. Tristes, tristes.
Tristes hombres, si no mueren de amores. Tristes, tristes.

Dentro de la repetición también encontramos a los hiperónimos y los hipónimos, es decir, conceptos que engloban a otros, en el primer caso, y conceptos que se encuentran dentro de otros, en el segundo caso. Por ejemplo:

Dejamos las sillas, mesas y armarios en casa. El día de mañana sacarán los muebles y los venderán.

Plantarán flores el día de mañana en el jardín. Al fin podremos disfrutar de las gardenias, girasoles, rosas y demás bellezas.

En el primer ejemplo, sillas, mesas y armarios constituyen hipónimos de muebles; y en el segundo, flores sería el hiperónimo de gardenias, girasoles y rosas.

No obstante, existen otras formas de repetición más complejas, tanto léxicas como sintácticas, que podemos encontrar en los textos: la paráfrasis, la metáfora, el uso de epítetos, la concatenación, el retruecano, entre otros más que pertenecen más a la retórica literaria.

De esta manera, queda conclusa la primera parte de este breve exposición.

Esperen la segunda parte pronto.

Obra de portada: El tejedor, Vicent van Gogh.