Archivo de la categoría: Arte

Nací en el Mediterráneo: Sorolla y la colección “Visión de España” (segunda parte)

En esta ocasión trataremos una de las colecciones más conocidas que Sorolla tuvo que pintar para la Hispanic Society de Nueva York (1911): las Regiones de España o La visión de España. Esta colección fue un encargo que consistía en la realización de catorce paneles al óleo sobre lienzo que decorarían la biblioteca del edificio sede de la institución, y estarían dedicados a cada una de las regiones de España. Esta obra, que hizo entre los años 1913 y 1919, es un monumento imborrable a nuestro país, dado que se representaban escenas características de diversas provincias tanto españolas como portuguesas, reflejando sólo una escena interior y las demás exteriores.

Ayamonte, la pesca del atún - Sorolla
Pintura: Ayamonte, la pesca de atún.

Para llevar a cabo esta grandiosa obra, necesitó casi todo el año de 1912, con tal de poder viajar por todo el país, modelando bocetos y trabajos de costumbres y paisajes in situ. Pues bien, de esta colección destacó las pinturas que realizó en 1916, dedicadas a niños y mujeres en las playas de Valencia, como Madre e hija o Pescadora valenciana. Se inspiró, por tanto, en las alquerías y los grandes naranjales de Alcira.

Valencia, las grupas - Sorolla
Pintura: Valencia, las grupas.

Así pues, por necesidades de restauración, estas obras fueron descolgadas en 2008, ocasión que se aprovechó para exhibirlas en distintas ciudades españolas (Valencia, Barcelona, Málaga, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Museo de Bellas Artes de Sevilla y el Museo del Prado en Madrid) hasta el 2009, considerándose un éxito de visitas. Sin embargo, la serie de lienzos fueron devueltos a la institución en 2010. Puedes conocer más de este autor dando clic aquí.

Estas son las pinturas que componen esta eximia colección. Para conocer los títulos, da clic en la imagen.

Pintura de portada: Cataluña, Joaquín Sorolla.

 

 

 

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20 pinturas de Safo

Esta última entrega la dedicaremos exclusivamente a apreciar cómo los pintores y ceramistas plasmaron con sus pinceles a nuestra poetisa favorita, Safo de Lesbos. A continuación podrán observar la bellezacon la que se representa a esta escritora, cuyos escritos nos han llegado de manera fragmentaria por desgracia. Si quieres conocer más sobre Safo de Lesbos, puedes picar aquí.

Nací en el Mediterráneo: Joaquín Sorolla (primera parte)

Para dominar la pintura, uno de los elementos que nuestros maestros nos piden que adoptemos es el manejo perfecto de la luz y la sombra, ya sea con el fin de resaltar los personajes principales del cuadro, ya sea con tal de un uso perfecto de cada una de las partes del paisaje, ambiente que resulta estar en plena armonía con su conjunto. De esta manera, podemos disfrutar de cada uno de los pasos del aprendizaje de esta bella arte. Así pues, dichas habilidades, propias de esta disciplina, son las que nuestro pintor perfeccionó de modo admirable para el disfrute de generaciones futuras.

Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 1863 – Cercedilla, 1923), pintor español, fue un artista muy productivo, al haber realizado más de 2,000 obras de las más diversas corrientes, como la impresionista, postimpresionista y luminista.

Los padres de Sorolla fallecieron a causa de una epidemia de cólera cuando este tenía dos años, quedando huérfanos tanto él como su hermana Eugenia, y haciéndose cargo de ellos su tía Isabel, hermana de su madre, y su marido, cuya profesión era la de cerrajero. Desde pequeño, mostró una gran vocación para las bellas artes.

Mi familia - Sorolla
Pintura: Mi familia, Joaquín Sorolla.

Después de terminar su formación en la Escuela de Artesanos de Valencia, empezó a enviar sus obras a concursos y exposiciones de bellas artes, tal como la de Madrid (1881), en la cual presentó tres marinas valencianas que no tuvieron éxito, dado que no encajaban con la pintura oficial, al no ser pintura histórica y dramática. Al año siguiente, pudo estudiar la obra de Velázquez y de otros muchos autores en el Museo del Prado. En 1883, logró por fin una medalla en la Exposición Regional de Valencia; en 1884, la medalla de segunda clase en la Exposición Nacional por su pintura Defensa del parque de artillería de Monteleón.

Su obra El crit del palleter, cuyo tema era el de la Guerra de la Independencia, tuvo gran éxito en su tierra. Por este motivo, fue pensionado por la Diputación Provincial de Valencia para que viajase a Roma, con el fin de trabajar y conocer el arte clásico y renacentista, además de los grandes museos y otros artistas. Luego, el artista viajó a París junto con Pedro Gil en 1885, para acercarse a la pintura impresionista; así, con esta técnica pudo hacer variaciones en su estilo ya de regreso a Roma, tomando contacto con las vanguardias europeas.

El crit del palleter - Sorolla
Pintura: El crit del palleter, Joaquín Sorolla.

En 1888, se casó con Clotilde Garcia en su tierra; mas vivió un año más en Asís, Italia, época en la que se relacionan algunas de sus obras, como la de Vendiendo Melones, y donde solía pintar acuarelas de temas costumbristas y anecdóticos para venderlos. Al año siguiente, toda su familia se instaló en Madrid, y cinco años después, Sorolla consiguió por fin el reconocimiento como pintor.

Años después volvió a viajar a París, donde desarrolló una técnica llamada “Luminismo”, estilo caracterizador de su obra a partir de este momento. A raíz de este hecho comenzó a pintar al aire libre, realizando en sus cuadros escenas cotidianas y paisajísticas de la vida mediterránea, como las  obras de La vuelta de la pesca, La playa de Valencia o Triste herencia, recibiendo con la última pintura mencionada el “Grand Prix” en el certamen internacional de París (1900), y continuando con su pintura de denuncia social, como Y aún dicen que el pescado es caro (1894).

La vuelta de la Pesca - Sorolla
Pintura: La vuelta de la pesca, Joaquín Sorolla.

Después de haber viajado tanto a Europa como a Inglaterra y Francia, realizó una exposición en París que le dio tanto reconocimiento internacional, que le permitió que su obra pictórica se conociese por toda Europa y América.

En 1909 triunfó con una exposición que hizo en Nueva York, con obras como Sol de tarde o Nadadores; de igual manera, en 1911, realizó exposiciones en el Museo de Arte de San Luis y en el Instituto de Arte de Chicago.

Nadadores - Sorolla
Pintura: Nadadores, Joaquín Sorolla.

También cabe destacar su faceta como retratista que desarrolló en aquellos años (Cajal, Galdós, Machado, Vicente Blasco Ibañez, entre otros). En 1914 fue nombrado académico, y después trabajó como profesor de composición y color en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. En 1920 sufrió una hemiplejía, mientras pintaba el retrato de la mujer de Ramón Pérez de Ayala, impidiéndole continuar con su pasión.

Tres años después de este hecho murió en su residencia de Cercedilla.

Galería

 

 

 

La historia de Candaules en la pintura

Muchas veces presumir en exceso de nuestros bienes o de alguna situación favorable puedes salirnos muy caro. Hasta cierto punto, es algo normal en nuestros días mostrarles a los otros nuestra buena fortuna, posesiones, viajes, educación y mucho más. Nos gusta el reconocimiento y ser apreciados por ello. Sin embargo, hay quienes hacen alarde y se exhiben de una manera desproporcionada, con lo cual no hacen más que construir su propia tumba. Este es el caso del Rey Candaules, último rey de Lidia, cuya historia nos la cuenta Heródoto en sus Historias. 

Enamorado profundamente de su esposa, Candaules gustaba de presumir los atributos de su mujer y, sobre todo, de convencer a los demás de ello. Su vanagloria llegó a tanto, que en una ocasión invitó a uno de sus amigos y colaboradores más cercanos, el jefe militar Giges, a contemplar a su esposa desnuda y comprobar de cerca todas sus virtudes. A pesar de la resistencia de Giges, el Rey terminó por convencerlo de entrar en la alcoba y observar el cuerpo perfecto de la reina. Y así fue, hasta que al día siguiente, Giges fue llamado por la reina, quién le contó que se había percatado de su presencia en la alcoba el día anterior, mientras ella estaba desnuda. Ante esto, Giges tuvo dos opciones propuestas por la reina: morir a causa de su falta o asesinar a Candaules en el mismo lugar que se había ocultado.

Desde luego, Giges eligió la última opción.

En recuerdo de este par de voyeuristas, te dejamos la siguiente galería con el motivo de Giges y Candaules. Si te gustó, no olvides compartir la entrada.

Pintura de portada: King Candaules, Jean-Léon Gérôme.

 

Cerámica griega: Aquiles y Áyax jugando a los dados (primera parte)

Autora: Mónica Encinas Fons

En los próximos días, abordaremos minuciosamente el tema de la cerámica tanto con sus pintores más conocidos como sus utensilios, así como sus técnicas (vasos de figuras negras y de figuras rojas). Así pues, para presentar la nueva sección de la Villa de los Papiros trataremos primero de uno de los más reconocidos maestros de este arte, Exekias, además de su escasa obra.

Esta ánfora de arcilla de 61 cm, cuyo autor fue Exekias que trabajó como ceramista y pintor de figuras negras (pinturas negras sobre el fondo rojo) entre los años 550 a. C. – 525 a. C. en Atenas, se encuentra en el Museo Vaticano de Roma y se fecha hacia 550-30 a.C.; procede de Etruria, concretamente de Vulci. La ánfora sirve, en la época clásica, para guardar vino, aceite y alimentos sólidos. En esta aparecen los dos héroes jugando a los dados.

Los vasos pintados eran exportados a Corinto, y después a Atenas, sobre todo a las colonias del Mediterráneo oriental y occidental, teniendo mucho éxito en Italia entre los etruscos que las colocaron en sus numerosos sepulcros; no obstante, los primeros vasos aparecieron en Italia, sobre todo en las necrópolis etruscas.

En cuanto a su composición, es armónica y serena; por otra parte, revela su autoría como pintor del vaso. Tal como comentamos más arriba, Aquiles y Áyax aparecen sentadosuno enfrente del otro en dos taburetes, con una mesita con tablero mediando entre ellos.

Aquiles, que está inclinado hacia adelante y totalmente concentrado en el juego, dice “cuatro” y su compañero “tres, como se puede observar en las palabras que aparecen a través de las bocas de los héroes. El de los pies ligeros, que tiene un casco prominente, gana; mientras que Áyax, deslizado hacia adelante, pierde. También es posible apreciar las lanzas entrecruzadas en el centro de la imagen y los dos escudos apoyados en la pared. Dichos escudos aportan motivos artísticos diferentes: por una parte, en el de la izquierda, tiene la cabeza de un sileno sobre una pantera; por otra, en el de la derecha, una Gorgona sobre una serpiente. Por último, tanto las cintas del pelo como en los rizos sobre la frente de estos, nos recuerdan a aquellos “kouroi” arcaicos hechos con mármol, que representaban el ideal perfecto de belleza entre los aristócratas, imagen que vemos personalizada en estos dos personajes.

Obra: Aquiles y Áyax, Exequias.

‘Achilles and Ajax playing dice’; Attic black-figure amphora by Exekias, from Vulci, Italy, circa 540–530 BCE
‘Achilles and Ajax playing dice’; Attic black-figure amphora by Exekias, from Vulci, Italy, circa 540–530 BCE

 

De amor sí se puede morir: la poetisa Layla Al-Ajyaliyya

Autora: Mónica Encinas Fons

En ocasiones pensamos que el amor no visitará nuestra puerta; otras, que será efímero como el paso de las estaciones y del transcurso de la vida; no obstante, algunos afortunados encontrarán el amor para toda la eternidad. Este es el caso que le sucedió a la poetisa Layla Al-Ajyaliyya (muerte 704), representante de la continuación de la tendencia amorosa de la Arabia Pre-islámica, en la que los amantes sólo consagran devoción a una pareja. Esta poetisa, que cultivó el treno, se enamoró de un guerrero llamado Tawba, muerto en combate en el año 674; en este preciso momento, nuestra autora empezará a sufrir tanto de amor, que enfermará hasta el punto de morir a la edad de ochenta años sobre la tumba de su amado en la completa pobreza, representando de este modo a alguien que muere de amor.

Juro llorar la muerte de Tawba
y honrar a aquél contra quien se volvió la fortuna.
Por vida tuya, que la muerte no es un oprobio para el joven,
si en vida no cayó en falta.
Ni uno solo entre los vivos, por muy sano que esté,
sobrevivirá a los enterrados en las tumbas,
y quien, angustiado, interpela al destino,
un día, sin remedio, se verá pacientemente juzgado.
Ninguna vida escapa a la muerte;
los días y el tiempo no vuelven atrás.
El vivo no puede evitar lo que decreta el destino
ni el muerto resucitará, si ni tan siquiera el vivo espera.
Toda juventud o todo lo nuevo se reducen a nada.
Todo hombre torna a Dios un día.
En desconcierto nos separamos de nuestros compañeros,
por más que los tuviéramos en mucho,
por larga que fuera nuestra convivencia.
Juro no dejar de llorarte
mientras la paloma zuree sobre la rama o un pájaro vuele.

 

Cuadro: Frederick Leighton – The Reconciliation of the Montagues and Capulets over the Dead Bodies of Romeo and Julieta.

La Mu´allaqa de Imru´l Qays, un prólogo amoroso ejemplar en la literatura árabe

Autora: Mónica Encinas Fons

Antes de comenzar a ilustrar la belleza de semejante poema, mis palabras se centrarán en el agradecimiento eterno a la que me enseñó por primera vez esta literatura embriagada de erotismo en toda su plenitud. Pues, desde ese momento, no he dejado de leer por las noches la poesía árabe de la época preislámica. Esta vez hablaré de un poeta beduino -poeta que recorre el desierto como un nómada, con el fin de luchar contra sus enemigos y que se rige por el código del honor y deshonor-, Imru´l Qays (muerte 540), que fue conocido por ser “El rey errante”, al proponerse vengarse de los que asesinaron a su padre, así como también sabemos que Justiniano se dio cuenta de las miradas amorosas entre su hija y nuestro autor, por lo que hizo que, antes de marcharse, se le entregase una túnica envenenada, recuerdo del mito de Heracles y el centauro Neso.

Sin embargo, si de algo conocemos su obra, es por el primer prólogo amoroso (Nasib) en dicha lengua, donde nos describe que Imru´l estaba agazapado en una especie de duna en la que podía ver a unas mujeres desnudas que se bañaban. Este prólogo se diferencia de los demás en romper la norma: habla de varias amadas, además de observarse claramente cuatro partes imprescindibles del nasib: la descripción física de la amada; el hecho de estar montado en caballo y hacer un alto en el campamento de su amada; la descripción de las ruinas; y por último, el llanto ante las ruinas, constante en esta poesía.

 

Hagamos un alto y lloremos en recuerdo de la amada
y una morada cerca del bancal entre Dajl y Hawmal.
Los vientos del Norte y del Sur, Tudih y Miqrat,
han tejido en los patios, sin borrar sus huellas,
excrementos de gacela como granos de pimienta.

La mañana en que ella partió yo mascaba coloquíntida por las acacias del aduar.
Mis compañeros detuvieron junto a mí sus monturas:
Contente, no caigas en la aflicción.
Mi consuelo es dejar correr las lágrimas;
más, ¿Acaso consuelan unas huellas borradas?
¿No cortejaste antes a Umm al-Ribab en Mas´al?

Cuando ellas se levantaban esparcían bocanadas de almizcle,
aroma de clavo transportado por el céfiro y,
al dejarlas, tanto lloraba que llegué a mojar de lágrimas el cinto.
Con ellas pasé días maravillosos,
pero el mejor fue el día de Darat Yulyul.

Ese día maté a mi caballo para ofrecérselo a las muchachas
que se disputaban los trozos de carne,
yendo y viniendo la grasa de unas a otras como jirones de seda,
entré en el palanquín de Unayza.
Baja, dijo, si no lo haces tendré que hacerlo yo.

El palanquín se balanceaba bajo nuestros cuerpos.
Baja, Imrul Qays, el animal sufre.
Yo le respondí: suéltate brida. No me alejes de tu codiciado fruto.
Antes he visitado a mujeres como tú, incluso encintas,
que dejaban al recién nacido con sus amuletos.
Girándose, si lloraba, tan sólo de medio cuerpo para arriba.
Una se me resistió una vez en lo alto de la duna
pretextuando una promesa indisoluble.

Calma, Fátima, aunque hayas decidido romper vete poco a poco;
¿o te gusta ver como tu amor me mata, como mil corazón te obedece en el acto?Pretextando una promesa indisoluble.

Calma, Fátima, aunque hayas decidido romper vete poco a poco;
¿o te gusta ver como tu amor me mata, como mi corazón te obedece en el acto?

Si por algo me odias, separa nuestros vestidos
y verás que están hechos de la misma trama.
Tus ojos sólo lloran para mejor lanzar sus dardos
que han herido de muerte a un corazón desgarrado.

Con otras mejor guardadas disfruté en una alcoba infranqueable
atravesando una tropa de guardianes atentos para matarme.
Entré cuando en el cielo se desplegaban las pléyades
como juego de perlas en collar ensartadas.

Ella se había quitado la ropa, sólo llevaba una llevaba una ligera túnica.
No, por Dios, tus tretas no valen aquí, dijo,
veo que no cejas en tu seducción.

Me la llevé en seguida abriéndole camino
mientras con su manto ella iba borrando las huellas del suelo.
Cuando atravesamos la plaza del aduar
y alcanzamos el fondo de un vado rodeado de dunas,
con las manos en las sienes, la incliné hacia mí:
fina cintura, pierna exuberante, llena de ajorcas.

Blanca y esbelta, prieta. Su pecho era liso y pulido como un espejo,
reflejos de rechazo o deseo en un rostro liso.
Su ojo, tierno como el de la fiera de Wajrah para con su cría.
Su cuello tan hermoso como el de la gacela, delicado al alzarse, sin abalorios.
La cabellera abundante y muy negra, engalanando la espalda,
rica como rama de palmera cargada de frutos.
Sus rizos rebeldes son indómitos y enredan los lazos del pelo
en una ola de ondas encabalgadas.
Costados delicados, maleables como cuerda trenzada.
Una cepa hincada en tierra regada en su pierna.

Duerme, el sol en alto, ligera de ropa,
copa desparramados de almizcle sobre su lecho.
Extiende sus tiernos, suaves dedos, como larva de Zuby o palillis de Ishal.
Luce en el ocaso como lámpara de monje en la noche.
Los hombres criados entre corazas y escudos
se enamoran de mujeres así, virgen blanca reluciente entre oros.

Otros insensatos la olvidan, más no yo.

Pintura: Hans Zatzka (1859-1945), Harem Entertainers.

El motivo de Putifar

Autora: Mónica Encinas Fons.

Los motivos y los elementos del tema  de Putifar están esparcidos en una amplitud de usos tanto en la literatura arcaica y clásica griega como en la literatura del Próximo Oriente, modificándose así la línea general del relato tradicional previo tras adaptarlo a los componentes básicos de esta unidad temática, cuya plasmación escrita de una antigua tradición oral es difícil de rastrear. En efecto, el tema de Putifar se fundamenta en cinco motivos principales en cuanto a su estructura formal: en primer lugar, el enamoramiento, pues el tema de la mujer, en muchos de los casos, casada, que declara sus sentimientos a un tercer personaje, un hombre -más joven y de rango social inferior- ligado por algún vínculo familiar, afectivo o de lealtad con el marido; en segundo lugar, el intento de seducción por parte de ella y el consiguiente rechazo del hombre a la declaración de amor de la mujer por la lealtad ofrecida al esposo; en tercer lugar, la falsa acusación de la esposa -o bien ante el despecho, o bien ante el temor de ser delatada en cualquier momento ante su marido, o bien por ambas- , pues se venga esta, venganza que consiste -en la mayoría de los casos- en la acusación falsa de intento de seducción por parte del joven ante el hombre ligado por una relación amorosa con esta mujer lamentándose de la deslealtad de este hombre ante el marido y apoyando su argumento con diferentes tipos de argucias (uno de ellos es el estado físico deplorable); en cuarto lugar, el intento de defensa del calumniado; y finalmente, el descubrimiento de la verdad, el castigo consiguiente ante la revelación para la mujer infiel, la salvación y exaltación del hombre leal.

Por lo tanto, estos temas y motivos -surgidos en todos los pueblos de la ribera del Mediterráneo-, saga ́s worthy en la denominación de C. Gordon, tienen una arraigada tradición oral, que se ubican en la corte (humana o divina) y están enmarcados dentro de ese género de leyendas cortesanas que son tan habituales en el Próximo Oriente, y que podemos rastrear en diferentes ámbitos geográficos -Egipto, Irán, India, Ugarit, Mesopotamia, Grecia- historias que repiten estos mismos motivos.

Para comenzar, partiré de la historia bíblica que dio nombre al tema, la historia de José, hijo de Jacob, que encontramos en el Génesis, así como después veremos algunos relatos de la literatura del Próximo Oriente, pasando a continuación a tratar las historias de la literatura arcaica y clásica griega, todas ellas parten de un eje común como es este motivo.

La historia de José y la mujer de Putifar en los textos sagrados

La historia de José, que está en la parte final del Génesis (vv. 37-50), nos cuenta cómo las doce tribus de Israel llegaron desde Canaán a Egipto, donde José consiguió ganarse la confianza del faraón gracias por su prudencia y sabiduría, llegando de este modo a ser su virrey. A continuación, en el versículo 37, nos describe cómo José, uno de los hijos de Jacob, que pastoreaba su ganado junto con sus hermanos -que lo odiaban por ser el favorito de su padre- decidieron deshacerse de él echándolo a un pozo, entregando al padre su ropaje lleno de sangre de macho cabrío para hacerle creer que su hijo había muerto; después de esto, su hermano Juda lo sacó del pozo tras venderlo a unos mercaderes que lo llevaron a Egipto.

Encontramos en el capítulo 39 el tema que nos concierne: pues, Putifar, un eunuco y jefe de cocina del faraón, había comprado en Egipto a José a unos ismaelitas a los que se lo habían vendido sus propios hermanos, siendo Putifar -según el Testamento de José (13)- el jefe de todos los eunucos de la corte y tercero en dignidad después del faraón, y teniendo 17 años cuando fue comprado. Ya, en la casa de Putifar, este consiguió la total confianza de su dueño al ponerle a cargo de la administración de todos sus bienes. Pero nada más verlo su mujer, no le pudo quitar los ojos de encima y le dijo que se acostara con ella, propuesta que rechazó por respeto a su amo y a Dios; sin embargo, la mujer de Putifar insistía cada día hasta que una vez que José entró en casa para hacer algunos trabajos y encontrándose sólo dentro, la mujer de Putifar le tiró de su manto tras proponerle lo mismo. Después de este hecho, Putifar huyó de ella, dejándose tras de sí su capa en las manos de ella, quien llamó enseguida a los sirvientes que estaban en la casa para decirles a voces lo que le había propuesto al muchacho, tras salir cuando ella gritó . Una vez que llegó su marido, dejando el manto a un lado, le confesó que el esclavo hebreo intentó forzarla. Así pues, Putifar se enfureció y mandó encarcelarlo ante la falsa acusación de su mujer, estando allí interpretó un sueño del faraón, donde aparieron siete vacas gordas y siete flacas, cuya interpretación fue que había en lo sucesivo tanto siete años de abundancia de trigo en Egipto como después siete años de escasez; la previsión de este hecho le valió a José convertirse en dueño de todo el país con la ayuda de Yahvet, que le entregará como esposa a Asenet.

Por tanto, encontramos la continuación de este tema en los siguientes libros: De Iosepho de Filón de Alejandría, la lectura de los Apócrifos, el Génesis (41,45), el Testamento de los XII Patriarcas y la versión árabe del Corán (cap. 12, 22). En De Iosepho de Filón de Alejandría, este autor nos hace un comentario y una ampliación del tema de la historia de José del Génesis; en cambio, en la lectura de los Apócrifos tenemos la historia completa de José y de su relación con la mujer de Putifar ofrecida por la tradición: nos presenta a José -en el relato de José y Asenet- como un modelo de hasid (varón piadoso), propio de la sophrosyne de Hipólito que rozoba el límite de lo patológico; en Génesis 41,45, el faraón le entregó en matrimonio a Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On, ampliándose en el relato apócrifo el primer encuentro de ambos protagonistas: al tener José treinta y Asenet dieciocho, José llegó a la mansión del máximo sacerdote de Heliópolis, donde ve en una terraza que se encuentra una joven de gran belleza, y en ese momentó preguntó quién era esa mujer que estaba al pie de la terraza, junto a la ventana, invitándola, por tanto, que se fuera de esa casa. Pues, la sola de presencia de esa mujer le molestaba, así como también todas las mujeres y las hijas de los magnates y sátrapas de todo el territorio de Egipto que querían acostarse con él. Y no era de extrañar que le sucediera esto entre la mayoría de las mujeres e hijas de los egipcios, puesto que sufrían en gran medida por su belleza, enviándole sin césar mensajeros con oro, plata y regalos; sin embargo, José los rechazaba con desdén, mientras pensaba que no estaba dispuesto a pecar contra el dios de Israel. Tan solo cuando el máximo sacerdote le contó que era su hija -no una extranjera, como él creía-, y que la considerase como una hermana, ya que era una doncella que detestaba a los hombres, José tuvo que saludarla, a pesar de que esta se le acercase a darle un beso, rechazándola al decirle que a un hombre que es piadoso no le estaba permitido besar a una mujer extranjera que se encargara de bendecir con su boca imagénes muertas y mudas.

En cuanto al Testamento de los XII Patriarcas, trata de forma ampliada la relación de José con la mujer de Putifar, puesto que nos describe cómo le insinuaba la menfita -con visitas nocturnas, sus adulaciones, regalos y repetitivas proposiciones-, llegándole incluso a amenazar, en el caso de no aceptar su proposición, con el suicidio, pues entraba a su casa por la noche con la intención de visitarlo. En un primer momento, al no tener ningún descendiente varón, lo consideraba como un hijo suyo; no obstante, tras rogar José al Señor, tuvo un hijo, aunque le abrazaba como un hijo durante ese tiempo, no viendo sus verdaderas intenciones: arrastrarlo a la fornicación.

Por último, en la versión árabe del Corán, nos ofrece algunas ampliaciones del tema del Putifar en el Genésis: una vez que el egipcio compró a José le dijo a su mujer que hiciera su estancia agradable por tener la intención de adoptarlo como hijo; por el contrario, en el episodio del intento de seducción, tanto él como la mujer de Putifar se deseaban, no obstante no podía satisfacer sus deseos al haber visto el signo manifiesto del Señor. En otro momento nos cuenta que incluso cuando corrieron hacia la puerta, ella le cogió de la túnica rasgandósela por detrás; pero este hecho lo presenció el egipcio al aparecer en ese preciso momento, y su mujer lo acusó de intento de violación. José aseguró que ese intento fue por parte de su mujer; un esclavo de la casa -viendo el engaño de su señora- alegó que si la túnica estuviera rasgada por delante sería creíble semejante acusación, pero lo estaba por detrás, y por tanto, ella estaba mintiendo (este detalle nos lo encontramos en Filón de Alejandría), quedando el honor de José a salvo, a pesar de ser encarcelado.

Los relatos de la literatura próximo-oriental

Los relatos de la literatura próximo-oriental que tratan el tema de Putifar son los siguientes: Baal, Asertu y Elkunirsa; Aqat y Anat; Gilgamesh e Ishtar; y por último, Bata y la mujer de Anubis.

Baal, Asertu y Elkunirsa

En una leyenda cananea -que se transmitió de forma muy fragmentada en un texto hitita, cuya traducción al castellano fue realizada por A. Bernabé- está el motivo de la impotencia del marido, donde la diosa Asertu acude al dios Baal, su hijastro, a causa de la impotencia de Elkunirsa, diciéndole que se acueste con ella. Sin embargo, es rechazada por su hijastro, hecho que causa la ira de esta contra Baal, al que amenaza. A continuación, Baal se dirige a su padre con la intención de contarle la proposición, aconsejándole que vaya y duerma para unirse con ella, después de humillarla. Tras escuchar esto, Asertu le dolió profundamente esa humillación y llamó a las plañideras, quienes lloraron durante siete años, llanto que se correspondió -según A.Bernabé- a un período de hambre de siete años en Canaán, referido en el libro de José, en el cual los cananeos compraban grano en Egipto.

Aqat y Anat

En relación con ciertos episodios de la leyenda ugarítica de Anat y Aqat -fechada en el siglo XIV-, algunos autores, entre ellos está Paolo Xella, encontraron un precedente del tema de putifar. Pues, la diosa Anat se encaprichó en un banquete del arco de Aqat, hermoso joven e hijo del rey Danel; sin embargo, el joven le aconseja cómo puede conseguir un arco parecido, pero Anat, empecinada en tenerlo, le quiere dar por él todo el oro y la plata del mundo, así como la inmortalidad. Por el contrario, este le responde que no a su propuesta, ocasionando así por considerarlo una ofensa que decida subir al cielo para pedir ayuda a su padre -que era el dios El, conocido como “el dios Toro” o “el toro del cielo”-, tras acusarlo falsamente con la intención de vengar el rechazo, cuya respuesta el dios El da muerte al joven en una cacería, siendo su cadáver destrozado por las aves. Acto seguido, la diosa -al saber de la muerte de Aqat- se entristeció sobremanera, llorando desconsolada, así como provocó que los campos se agostaron, y a causa de esto se revivificó al héroe muerte al final del poema.

Gilgamesh e Ishtar

En cuanto a los motivos del tema que nos concierne, los hallamos en el Poema de Gilgamesh, concertamente en la sexta tablilla de la versión ninivita, cuyo relato en seis columnas están las proposiciones amorosas de la diosa Ishtar a Gilgamesh, el rechazo de este y el despecho y la venganza de la diosa. En la versión hetita de este poema está la escena donde Ishtar le propone a Gilgamesh que sea su marido y el rechazo de este ante tal proposición.

Este relato nos cuenta que Gilgamesh era hijo del rey Lugalbanda y de Ninsu, diosa con forma de vaca, que le entregó que dos tercios de su naturaleza fueran divinos, así como se la asociaba con la diosa tierra por ser diosa de la fertilidad y de la fecundidad. Sobre las proposiciones amorosas de la diosa Ishtar y el rechazo de este, se encuentra cuando Ishtar se fija en la belleza de Gilgamesh, tras lavarse, peinarse y vestirse con su mejor ropaje al haber matado a Huwawa en el bosque de los Cedros, y se dirige a él proponiéndole ser su amante, con la condición de darle al héroe todo tipo de regalos que podía conseguir; no obstante, este le rechaza lánzandole toda clase de improperios. Ishtar -enfadada por la contestación del héroe- subió al cielo para pedirle llorando a su padre, el dios Anu, que hiciera un toro celeste con la intención de matar a Gilgamesh, advertiéndole que -en el caso de crearlo- habría siete años de sequía en Uruk, y, por tanto, tendrían que guardar forraje y grano para sobrevivir durante esos años. Gilgamesh y su amigo Enkidu tuvieron que luchar contra el toro, al que mataron, causando aún más la desesperación de la diosa: Enkidu, cansado de sus lágrimas, cogió la parte derecha del muslo del toro, tras lanzársela a la diosa en la cara, de modo que provocó los lamentos de Ishtar y todas las hierodulas y prostitutas sobre esta parte del toro. Al final del relato, está la muerte de Enkidu.

Bata y la mujer de Anubis

Esta historia, que se desarrolla en la corte egipcia del Faraón, se encuentra en el Papiro d ́Orliney – descubierto y publicado por Rougé en 1852-, cuyo autor fue el escriba Enana, encargado del tesoro del Faraón, y tiene raíces míticas por los nombres de sus dos protagonistas -Anubis, el hermano mayor, que lleva el nombre egipcio del dios de la muerte y de los muertos, y Bata, el nombre de una diosa local, que fue venerada en la ciudad de Sakka del Alto Egipto (zona de Nubia)-. La función principal de Anubis, en esta historia, es cuidar de su hermano, después de morir, y devolverle la vida. Este cuento egipcio está dentro de la Historia de los dos hermanos, que a su vez está recogido en un papiro datado en torno al 1225 a. C., donde nos habla de dos hermanos, Anubis y Bata.

Mientras Anubis estaba casado y tenía una casa con campos y ganado, Bata, su joven hermano menor, vivía con este y su mujer como hijo, ocupándose de este modo de los trabajos del campo y del ganado, así como se sentía agradecido a este por haberle cuidado y veneraba al dios Re; también se encargaba de dirigir a las vacas al campo, al señalarle los sitios que habían buen pasto, que era donde se quedaban, gracias a esto se criaban gordas, así como le entregaban leche de gran calidad. Una vez que andaban escasos de siembra, los hermanos tuvieron que llevarse el grano, el arado para sembrarlo; no obstante, al estar sin grano allí, Anubis pidió a Bata que fuera a casa a por más. Cuando llegó, la mujer de su hermano se estaba arreglando el pelo, y al comprobar esta la fuerza y musculatura del joven después de cargar cinco sacos sobre los hombros -aprovechando la ausencia de su marido- lo llamó agarrándole para decirle que viniera, se acostaran y juguetearan durante una hora a cambio de bonitos vestidos, cuya reacción del joven fue rehusarla, puesto que la consideraba como una madre, y su marido como un padre por haberle criado desde pequeño. Tras marcharse de la casa, le aseguró que nadie lo sabría por él, y acto seguido se diriguió al campo donde le esperaba su hermano.

Temerosa la mujer por si Bata le contaba lo que había sucedido, esta trazó un plan: se hizo la apaleada, además de no preparar lo habitual, para que, una vez que llegara su marido le preguntase lo que le pasaba y así decirle las palabras que ella había pronunciado pero invertidas en boca de Bata. Anubis, que estaba lleno de ira, esperó a su hermano con un cuchillo afilado detrás de la puerta del establo con la intención de matarlo; sin embargo, cuando este vuelve al atardecer, una vaca -o según otras versiones unas vacas- le avisó del peligro y este pudo salir corriendo sin ningún problema en su camino. Después, Bata suplicó a Ré, el dios del sol, y su dios interviene hiciendo brotar una acaudalosa corriente llena de cocodrilos y abriendo una zanja entre los dos hermanos, pudiendo contarle su versión de los hechos desde la otra orilla, y con el fin de asegurarle que estaba diciendo la verdad se cortó su pene y lo arrojó al agua, tragándoselo la corriente, así como le comunicó incluso que se marcharía al Valle de los Cedros (quizás el Líbano), para quitarse allí -y no en otro lugar- el corazón colocándolo en la flor más alta del cedro; y en el caso de que el cedro cayese, tendría que ir Anubis en busca del corazón de su hermano con el fin de que no muriese.

Por tanto, Bata se fue al Valle de los Cedros para poner el corazón de este en la flor de un cedro; después de andar triste los dioses se compadecieron de él y le dieron una bella mujer. El faraón, al verla, se encaprichó de la belleza de esta mujer, así como del olor de su cabello, y mandó que fuera raptada y llevada a Egipto, donde la mujer le pidió que cortase el cedro del cual dependía el corazón de Bata para que muriese. Seguidamente, el faraón dio la orden. Mientras tanto, Anubis partió en la búsqueda del corazón; pero lo encontró tras desesperarse durante años de búsqueda en una baya del cedro, de la que, al colocarla en agua, hacía surgir y revivir a Bata. Entonces Bata se convirtió en un

hermoso toro de colores que se dirigió con su hermano al palacio con la intención de vengarse. Después de presentarse a la mujer, le dijo que estaba vivo y que tenía forma de toro; su mujer reaccionó en mandar sacrificar al toro, cumpliendo el faraón su deseo. Pues, al matarlo, en una sacudida del toro, dos gotas de sangre cayeron ante las puertas del palacio, haciendo surgir dos melocotoneros, donde la mujer se sentó a la sombra de uno de ellos, y así le hizo saber que aún vivía en el corazón de ese frutal. La mujer volvió a ordenar que talaran todos los frutales para hacer muebles. Mas cuando realizaban esta orden saltó una viruta del árbol y la mujer se la tragó. A partir de ese momento se quedó embarazada, dando a luz un hijo, que se convirtió en príncipe heredero del rey de los nuvios. Luego este fue el heredero del faraón, y después de su muerte reunió al príncipe, que era Bata, a todos los cortesanos para contarles su historia, y, a continuación, juzgar ante todos a la mujer, que era esposa y madre del príncipe, proclamándole rey y gobernando durante 30 años en todo el país. Después de su muerte allí al arrojarla a los perros, le sucedió su hermano Anubis.

Además de estos relatos, tenemos testimonios en la literatura india de este motivo. Maurice Bloomfield nos habla de dos casos más, donde se puede observar al prototipo: primero, el episodio del príncipe de Paduma, cuyo triangulo está compuesto por rey-príncipe-madrastra y tiene un desenlace, en el que intervienen una divinidad u el rey de los dragones en ayuda del maltratado joven honesto; segundo, la historia del príncipe Kunala, hijo del emperador Asoka, que se convierte en la víctima de la pasión de su madrastra, siendo cegado, sin embargo consigue al final que, gracias a su bondad, recupere la vista y su madrastra sea quemada viva.

Las historias de la literatura arcaica y clásica griega

El tema de Putifar, además de aparecer sus motivos en la literatura egipcia, hitita, mesopótamica, ugarítica, en la india y persia, vuelve a surgir en la literatura arcaica y clásica griega. Estas historias de la literatura arcaica y clásica griega son: Belerofontes, Antea (o Estenebea) y Preto; Peleo, Acasto y Astidamia (o Hipólita); Fénix, Amintor, Ptía; Frixo, Atamante y Demódica (Biádica) o ¿Ino?; Tenes, Cicno, Filónoma; Ocna y Eunosto; Anágyros, el labrador y la madrastra; y, por último, Hipólito, Teseo y Fedra.

En la tragedia griega del siglo V a. C., esta línea argumental tuvo gran éxito entre los poetas trágicos respecto a la temática de sus piezas, así como aparecía en ellas el fondo mítico muchas veces, ya que empleaba los tres motivos antes mencionados por tener contenido narrativo y estar en el período inicial de toda tragedia.

Belerofontes, Antea (o Estenebea) y Preto

En la Ilíada de Homero (canto VI, vv. 119-236), que está el episodio de reconocimiento de Diomedes y Glauco en el encuentro en el campo de batalla, nos informa sobre la ascedencia de Belerofontes, cuya tradición es prehomérica, donde el linaje humano en su futalidad al de las hojas. Preto, rey de Argo, acogió a Belerofontes, por verse desterrado de un asunto amoroso, en su casa, en la cual su esposa, la divina Antea, se enamoró perdidamente de este debido a su belleza y valentía, proponiéndole unirse a ella en secreto amor; no obstante, al no poder persuadirlo y despechada por este motivo, lo acusó -invirtiendo los términos de su propuesta- ante Preto. Después de encolerizarse este, lo mandó a Licia llevando en sus manos una tablilla doblada (ἐν πίνακι πτυκτῷ), donde había escrito σήματα λυγρὰ πολλά, para que el padre de Antea y rey de Licia matara al portador del escrito. Ya allí Jóbanes le propuso tres pruebas antes de hacerlo: la primera era luchar contra la Quimera -monstruo que tenía la cabeza de león, cola de dragón y cuerpo de cabra, y que exhalaba fuego respirando-; la segunda era luchar contra los solimos; y por último, contra las amazonas. Después de haber superado todas las pruebas, el rey de Licia le dio en matrimonio a su hija, unión en la que nacieron tres hijos: Isandro (muerto por los solimos), Hipóloco (padre de Glauco) y Laodamía (madre de Sarpedón que Artemis mató).

Por el contrario, en la versión hesiódica (Teog. 325) y pindárica (Ol. 13, Ist.7) del mito, hallamos que el caballo Pegaso ayudó a nuestro héroe a superar todas las pruebas que Jóbanes le había ordenado. En la Istmíca 7 de Píndaro, está el fin de Belefonte cuando se disponía llegar a la asamblea de los dioses. Este mito también fue tratado por Sófocles y por Eurípides

En la tragedia Jóbanes de Sófocles, versa sobre la historia de Belerofontes, Preto y su mujer, desarrollada -probablemente por el título- en Licia, y de la cual sólo conservamos el título de la obra y teniendo presente que el tema de Putifar estaba en el trasfondo de la problemática concreta de esta pieza. En cambio, Eurípides escribió dos tragedias (Estenebea y Belerofontes). En la primera de ellas (Estenebea), el argumento está en dos fuentes: por una parte, un escolio al comentario de Gregorio de Corinto sobre un tratado de Hermógenes; y por otra parte, un comentario de Juan el Logóteta a ese mismo tratado (F. W. Welker, Gr. Tr. 777-8 y A. Nauck TGF, p. 567-8), que contiene unos treinta versos del prólogo, argumento del cual es: Belerofontes, hijo del rey de Corinto, tiene que ser purificado por un asesinato involuntario por parte de Preto en Tirinto; Estenebea, mujer de Preto e hija de Jóbates, se enamora en un momento dado de Belerofontes, y tras realizar proposiciones amorosas -que este rechaza por respeto a Preto- es acusado ante este de intento de seducción y enviado a Licia a una empresa con final desenlace. En este lugar, después de vencer a la Quimera con ayuda del caballo Pegaso, vuelve a Tirinto para censurar el comportamiento de Preto y amenaza a su mujer con estrangularla; sin embargo se entera de que el matrimonio quiere tenderle una trampa y le propone a esta que suba con él a lomos de Pegaso con la intención de llevarla lejos de allí, propuesta que ella asiente. Una vez que están en el mar la arroja a la altura de la isla de Melos, recogiendo unos pescadores milesios su cadáver, que lo llevan a Tirinto, así Belerofonte puede presentarse y explicar que se ha podido tomar venganza a semejante acción contra su persona por parte de la pareja (de ella arrojándola al mar y de él, con el dolor). Hoy en día, se cree que esta tragedia tendría que comenzar cuando Belerofontes se hallaba aún en Licia.

Los elementos destacables en esta tragedia son: una relación de φόνος ἀκουσιος por parte del joven que viene de fuera para pedir la purificación por “homicidio voluntario”, el sometimiento a una serie de pruebas extraordinarias con la intención de que terminen con su vida estas circunstancias, la incidencia que tuvo este relato en dicho género por el argumento aludido -tenemos una parte inicial narrativa que nos describe el conflicto del enamoramiento de Estenebea comenzado desde el parlamento, donde el héroe abría la tragedia; después, un período de enfrentamiento con Preto e incluso con la esposa; y por último, el cierre de la acción con el descubrimiento de la muerte de Estenebea y la llegada de Belefonte a escena para explicar y justificar lo sucedido.

En la segunda parte (Belerofontes), trata del desencanto del héroe en cuanto a la justicia divina y humana, cuyo desarrollo se sitúa en Licia, por haberse hecho odioso a los ojos de los dioses. Los fragmentos de esta tragedia nos sirve para perfilar la personalidad de Belerofontes (sin datos sobre el tema de Putifar), aunque sí se relata -a igual que en Píndaro en la Istmica 7- el último período de la vida real de este, la muerte del héroe cuando tenía la intención de llegar a la casa de Zeus.

Estos son los rasgos que caben destacan en la épica, la lírica y el drama: una situación de relación histórica entre Argos y Licia, el motivo de la “carta final”, las dramatis personnae y la procedencia. Ahora bien, exite dos interpretaciones de la situación de relación entre Argos y Licia: según S.Kirk, esta relación puede deberse del último período micénico (cuando los griegos empezaron a llegar instalándose en el suroeste del Asia Menor); según Nilsson, en 1933, las luchas entre griegos y licios en época micénica (aparecidos en la Ilíada). Por otra parte, el motivo de la “carta final” en la historia de Belerefontes (Preto hizo llegar esta carta a Jóbates por medio de Belerofontes, en la que ordenaba la muerte del héroe) se encuentra también en Samuel II 15: la mujer de Urías -Urías era de procedencia hitita- se enamoró del rey David, cuya entrega de una carta a este provoca su propia destrucción (según W. Burker, la escritura de esa carta podía proceder de la grecofenicia, porque estas tablillas que se doblaban se llamaban δέλτος, cuya transcripción del semítico era daltu “puerta”). Por el contrario, las dramatis personnae, en este caso, es la mujer de Preto, que aparece con distinto nombre en determinados géneros literarios: en Homero recibe el nombre de Antea; en Heródoto (fr. 129) y Eurípides, Estenebea.

Así pues, el héroe tuvo que abandonar su casa -como Bata o José-, para irse a tierra extranjera (en Homero, este venía de Efira, que se identificaba con Corinto); allí la mujer de su protector se enamoró de él, cuyo abuelo era Sísifo, que había bajado y regresado del Hades, convirtiéndose de este modo en una divinidad infernal. El padre de Belerofontes, Glauco, terminó su vida al ser despedazado por unos caballos durante los juegos funerarios en honor de Pelias en Jolco, tras recibir el sobrenombre de Taraxipo, así como hizo que sus yeguas, para que fueran más rápidas en estos juegos, no se acercasen a los sementales, lo que desencadenó a un castigo ejemplar por haber rechazado a las leyes de Afrodita: un choque de carro y que este quedara destrozado.

En relación a los trabajos impuestos por Jóbates con el fin de quitarle la vida, el más famoso fue la lucha contra la Quimera, monstruo frecuente en la literatura oriental, cuya victoria recuerda a otras tres: la del dios Enlil sobre Labdu (dragón leontocéfalo); el cuerpo de cabra de la Quimera, al dios de las aguas Ea (cuerpo de cabra y cola de pez), y a Leviatán (monstruo marino ugarítico al que venció Baal), monstruos que representaban las caóticas aguas primigenias. También encontramos el motivo del monstruo que respira fuego en la cultura mesopotámica: el toro que mandó Ishtar a Gilgamesh que mató a muchas personas con sus primeros resoplidos (VI 114-129); el toro con el que tuvo que luchar Jasón en Oriente antes de conseguir el vellocino de oro, y en la serpiente con la que combatió el marino náufrago del cuento egipcio. De este modo la interpretación de Jesi acerca del episodio de la victoria de Belerofontes sobre las amazonas representa la instauración del patriarcado de la sociedad micénica en el lugar de la ginecocracia de las regiones orientales.

En cuanto al caballo alado, Pegaso, con el que ganó a la Quimera puede ser de procedencia oriental por ser, según Astour, una síntesis mítico-iconográfica del caballo destructivo y del águila que llevó a Etana al cielo para buscar la planta de la fertilidad.

Una vez que Atenea le entregó a Belerofontes en sueños la rienda de oro con la cual consiguió domar a Pegaso (regalo de Poseidón), le dio tres órdenes: sacrificar al Padre Domador un toro blanco, así como también sacrificar “un animal de fuertes pezuñas” al “poderoso sostenedor de la tierra” y levantar un altar a Atenea Ecuestre (aparecido este motivo en Pind. Ol. 13).

Finalmente, según R. Bellamy piensa que el episodio de Beleforontes es oriental por describir la relación de Grecia con Asia y tener motivos literarios orientales.

Peleo, Acasto y Astidamia (o Hipólita)

La historia de Peleo que es una leyenda desarrollada -como las anteriores- en la corte, cuyo fondo pertenecía a las sagas anteriores a la épica que los poetas plasmaron en sus obras, aparece en los siguientes libros: en los Cantos Ciprios, en el poema épico Los Alcmeónidas, así como es tratado en Ferecides, Hesíodo (Catálogo de las mujeres) y Píndaro (Nemea 3, 4 y 5), Sófocles y Eurípides, y conocido por Aristófanes (Nubes 1063), e incluso mencionado en Apolodoro (III 13, 3 y 17) y los escoliastas de Ilíada (VI 164) y de Apolonio (I 224).

Peleo, hijo de Éaco y nieto de Egina y Zeus, desterrado de Egina por Éaco (en Ferecides, fr. 1B y 61a-b), mató en una competición a su hermano Foco, y después acogido por el rey de Ptía, Euritión, que le dio en matrimonio a su hija, Antígona. En Andrómaca de Eurípides (vv. 788-801), nos narra la nobleza de su linaje, así como sus hazañas en tres casos: como tribulante de la nave Argo,

expedicionario y luchador junto con Heracles contra las Amazonas. En el Catálogo (fr. 81) de Hesíodo, nos cuenta que, en una cacería en Calidón, mata sin querer a su suegro, de modo que es desterrado, acogido y purificado por Acasto, rey de Yolcos, donde la reina Astidamia -Hipólita en Píndaro-, la mujer de Acasto, se enamora de Peleo, haciéndole proposiciones amorosas que rechaza por respeto a Zeus y a su huésped. La reacción de la reina -causada por el desprecio- es contarle a Antígona, mujer de Peleo, que este quiere a Estérope, hija de Acasto, cuya consecuencia es el suicidio de Antígona y la acusación de Astidamia ante Peleo con un falso mensaje de intentar violentarla. Pero el rey, después de enfadarse, lo abandona en una cacería -tras decidir no matarlo-, dormido en el monte Pelión, ocultándole la espada por tal de que el héroe fuese doblegado por los centauros. Sin embargo, el centauro Quirón lo salvó al rebelarle dónde estaba su arma, y Peleo se vengó de esta injusticia de este matrimoniocon la destrucción de Yolcos y la muerte a sus reyes. Así este episodio aparece también en la época de juventud del mito de Peleo. Según Apolodoro (Bibl. III,13,3 y 7), Peleo despedazó a Astidamia antes de casarse con Tetis. Desde el punto de vista de la tipología, tenemos que destacar una serie de elementos mencionados en el relato anterior: una relación extrafamiliar entre los componentes masculinos, la aparición del “homicidio involuntario” como iniciador de la acción y una estratagema subrepticia para conseguir la deseada venganza.

En la tragedia perdida Peleo de Eurípides, conocemos que trataba sobre la juventud del héroe, y puede que desarrollara el tema de Putifar; por el contrario, en la tragedia de Sófocles que lleva el mismo nombre se enfocaba en la vejez y el final del héroe. En la versión de Hesíodo (Hes. Cat. fr. 208), versa sobre Peleo y la mujer de Acasto; en Píndaro (N. V, 51, 56, 59), de la pasíón de las palabras escabrosas y de los artificios proyectos que esta mujer utilizó por tal de lograr el amor de Peleo, al cual ayudó Zeus, así como cuando hubo convenciado a Poseidón, lo casó con Tetis.

Fénix, Amintor, Ptía

Sabemos la historia de Fénix gracias a dos versiones: la homérica (Il. IX 448-463) y la de Apolodoro (III 13, 8), basada quizás en el Fénix de Eurípides. El latino Ennio también escribió una obra con el mismo título, cuyo modelo fue el de Eurípides y que trataba el tema de Putifar, así como en Acarnienses de Aristófanes (421-3) menciona la ceguera que Amintor ocasionó a Fénix después de enfadarse. En la versión homérica, Félix nos informa que se unió a una concubina de su padre, Amíntor, rey de Eleón en Beocia -por mandato de su madre que quería que su hijo la seduciera- por tal de conseguir el desprecio de Amintor a la mujer que odiaba, cuya consecuencia fue la expulsión por parte de su padre de su hijo; pero Peleo lo acogió en Ptía, nombrándolo tutor de su hijo, después de entregarle riquezas y ponerlo a cargo del reino de los dólopes, donde conocerá a Aquiles. En la épica, encontramos que es el joven el que intenta y logra seducir a la mujer, circunstancia poco frecuente en el relato. En un escolio al pasaje homérico antes mencionado, nos presenta la historia de forma direrente, transmitido por un resumen del Félix euripídeo: la concubina intenta a seducir al príncipe, sin embargo le rehusa y ella, despechada ante esta situación, decide acusarlo falsamente ante Amíntor, que lo ciega en un arrebato de cólera, pero luego Quirón lo curará y Peleo lo nombrará rey de los dólopes. En la versión de Apolodoro, hace referencia al esquema clásico de tema de Putifar, puesto que la concubina de Amíntor se insinuó a Félix, que tuvo que rechazar, así que le acusó falsamente ante su padre, cegándolo y expulsándolo de la tierra. Después de este hecho, Peleo lo acogió y Quirón lo curó tras educarlo. Por lo tanto, esta versión es la que Eurípides sigue, cuyas referencias en los fragmentos del Fénix euripideo se refieren a una concubina (fr.818), a las complicaciones que esta lleva al anciano que se ha casado con ella (fr. 804, 807 y 808), al enfrentamiento padre-hijo, a la ceguera del hijo (fr. 816), etc. E incluso en el tratado Sobre Tragedias de Jerónimo de Rodas, versa acerca de la historia de una concubina (παλλακή) cómo no podía convencer a su hijastro, le calumnia al padre de lascivio. Así pues, en la versión homérica del mito hallamos, por ende, un paralelo en la historia bíblica de Rubén y Bilha (Gen. 35, 22), en la cual nos cuenta que Rubén se acostó con Bilha, la concubina de su padre, al verse privado de su primogenitura (Gen. 49, 4).

Por tanto, este episodio tuvo mucho éxito en el teatro grecorromano, destacando tanto Sófocles como Eurípides, que escribieron sendos Fénix, pues el público asistente a este género demostró darle buena acogida cuando en el siglo IV Astidamante II escribió una obra con el mismo título, así como el cómico Eubulo otra por las mismas fechas.

Por otra parte, hallamos algunos testimonios con la variante euripídea: en Aristófanes ( Los acarnienses, 421-423) hace una parodia del estado anímico de Fénix cuando es cegado por su padre; en La samia de Menandro, está en la escena del enfrentamiento entre Mosquión y su padre Démeas por una hetera, que es un eco de la disputa entre Amíntor y Fénix, teniendo como modelo a la versión de Eurípides.

Frixo, Atamante y Demódica (Biádica) o ¿Ino?

La historia de Frixo es otra historia de corte, en la cual encontramos el tema que nos concierne, así como motivos próximo-orientales. Según Higino (Astr. II 20, 2), Demódica, mujer de Creteo, fue la que intentó pretender en una ocasión al joven Frixo, hijo del rey Atamante, considerada en este relato como su tía; no obstante, según el escoliasta a Píndaro (Pit. 4, 162), Demódica fue madrastra de Frixo. En otras tradiciones, recibe el nombre de Biádica.

En efecto, la historia de Frixo fue tratada por los siguientes autores: Sófocles (Frixo)y Eurípides (dos tragedias de nombre Frixo, en las cuales trataban el episodio de Frixo y Demódica) en el siglo V, así como Aqueo y Timocles en el IV en tragedias con sólo el título del protagonista. Otros escritores que trataron este tema fueron: Eurípides (Ino), Sófocles (Atamante), Píndaro (conocedor de la leyenda en Frixo que plasmó en Pit. 4), Apolonio Rodio e incluso en la tragedia latina con Ennio y Acio (un Atamante cada uno ). A pesar de tener estos fragmentos de los trágicos que son escasos, no podemos asegurar que en estas tragedias perdidas se hablara de este tema. Pero, gracias a los testimonios tardíos del escoliasta de Píndaro y de Hígino, parece confirmar esta presencia.

Sobre la situación de la tragedia, el área mítica de Atamante está centrado en sus múltiples mujeres e hijos tenidos de ellas, destacando los diversos Frixos subidos en escena por darse la variante mitográfica aludida, que nos proporcionaba el título, pues la información que tenemos es insuficiente.

Señalamos, a continuación, los motivos que aparecen en esta leyenda: la sequía provocada por Ino, madrastra de Frixo, por tal de destruir al joven (recuerdo de otras leyendas orientales antes mencionadas como la de Ishtar, Asertu, Aqat y José) y el carnero volador enviado por Néfele para salvar a sus hijos de las maquinaciones de Ino (también en Etana, Adapa y Belerofontes, así como en la iconografía mesopotámica aparecen animales voladores). Frixo surca las nubes sobre un carnero, después de llegar a la tierra de Fa, donde gobernaba Eetes; sin embargo su hermana Hele cayó al mar que recibió luego su nombre.

La relación de la figura de Atamante está vinculada a la peripedia de sus tres matrimonios, donde las sucesivas esposas se conviertieron en madrastras de los hijos habidos en los matrimonios anteriores para apartarlos con el fin de beneficiar a los suyos. Cabe destacar una relevancia especial en Frixo y Hele, los dos hijos de Atamante nacidos del primer matrimonio de Néfele, y expuestos a una inmolación inmerecida, a pesar de que al final sean salvados por su madre por haberles entregado un carnero de toisón de oro, para que sean llevados por los aires hasta la Cólquida.

En cuanto a la culpabilidad de Frixo, la interpretación más general es la de que Ino, segunda mujer de Atamante, tiene la intención de matar a Frixo y a su hermana por tal de que sus hijos ocupasen un lugar favorable ante Atamante, aunque en un momento dado encontramos una variante bien

distinta: Demódica, mujer de Creteo, cuyo hermano de este último es Atamante, se enamora del que es su sobrino, intentando seducirlo, después de calumniarlo ante Creto y Atamante se venga pidiendo que se le castigue.

Tenes, Cicno, Filómena

También la historia de Tenes -hijo de Cicno, rey de una región troyana, y de Proclea y nieto por parte de padre de Poseidón y de Laomedonte por parte de madre- se desarrolla en una corte, concretamente en la de Colona (costa egea del Asia). Según Píndaro (Ol. 2 e Ist. 5), Cicno, su padre, lo mató Aquiles en la guerra de Troya. Puede ser que incluso Esquilo y Eurípides escribieran una tragedia intitulada Tenes. En los fragmentos del Papiro de Oxirrinco 2455 y 2456, cuya publicación corrió a cargo de Turner en 1962, ha demostrado la autenticidad de la tragedia eurípidea, confirmándose el desarrollo del tema de Putifar. Estas son las demás referencias tardías: Aristóteles (Ret. 2, 22), Apolodoro (Epit. 323), Licofrón (Alex. 232), Pausanias (X 14, 1-2), Estobeo (III 2, 15), Conón (28) y Plutarco (QG 28, Mor. 297 D-F).

Una vez que Proclea se murió, Cicno se casó con Filónoma, quien se enamoró perdidamente de su hijastro Tenes y, por ende, le hizo proposiciones amorosas, que este rechazó, así que se vengó de él acusándolo falsamente ante Cicno de haber querido forzarla y presentó luego al flautista Eumolpo como testigo. Cicno decidió encerrar a Tenes y Hemítea, hermana de este, en un cofre que tiró al río; sin embargo, Poseidón hizo que la corriente fluvial llevase el cofre hasta la isla de Leucophyx, que recibió el nombre, a raíz de ese preciso momento, de Tenedos, proclamando los habitantes de la isla rey a Tenes. Así pues, enterado Cicno de la falsa acusación, este ordenó lapidar a Eumolpo y enterró viva a Filónome -así como Hebros, en Plutarco (De fluviis, VIII 3) fue perseguido por su madrastra Damasipa, y se arrojó a un río que llevó su nombre por ello-, reconciliándose con su hijo, a pesar de que algunas fuentes discrepan ante este hecho: por una parte, Conón nos informa que el hijo rechazaba la pretensión paterna; por otra, el escolio 232 a Licofrón nos habla que Cicno tiene un final feliz por vivir feliz en Ténedos con sus hijos, después de matar a su segunda esposa.

Ocna y Eunosto

Encontramos algún pequeño fragmento de la poetisa Mírtide de Antedón (Edmonds, Lyra Graeca III, p.3), donde se narra la historia de Eunosto y Ocna -también aparece en Moralia de Plutarco (CG 40, 300D-301B)-. Ocna, hija de Colono, se enamora del hijo de Helico, Eunesto; luego se le declara, sin embargo es rechazada, lo que provoca que ella lo acuse falsamente ante sus hermanos de que la había violentado. Sus hermanos le tendieron una emboscada a Eunesto para poder matarlo. Cuando lo mató, Helico encarceló a estos; no obstante, después de arrepentirse Ocna, le dijo la verdad y este a Colono, el padre de la joven. Mientras Colono desterró a sus propios hijos, Ocna se lanzó por un precipicio. Así pues, se le rindió culto a Eunosto en un santuario, en el cual se prohibía la entrada de las mujeres.

Anágyros, el labrador y la madrastra

En las Ranas (1044) de Aristófanes, trató el tema de Putifar a modo de parodia, cuando nos habla del juicio de Esquilo y Eurípides, inclinándose a favor del primero, porque Esquilo no sacaba en escena a πορνάς, tal como las Fedra o Estenebeas eurípideas.

Según Anágyros, comedia aristofánica perdida, versaba también de este tema -haciendo una parodia de él- por el conocimiento que tenemos de los fragmentos y de comentarios antiguos. Por el contrario, L. Gil -a raíz del primer testimonio de este término aparecido en un contexto proverbial del prólogo de la Lisístrata de Aristófanes (vv. 67-8)- se encarga del estudio de la acepción del término en los paremiógrafos, observando que el proverbio Anagyraisios daimon ( “destino

catastrófico que se abatía sobre una familia entera”), así como explicado en el Proverbium Coislinianum 30 (“un labrador que en el demos de los anagiradios contrajo la culpa de haber agraviado a un altar cercano, por lo que cayó en terribles desgracias. En primer lugar perdió a su mujer de la que había tenido un hijo. Luego hirió al hijo por la falsa calumnia de su madrastra, lo embarcó en una lancha y lo abandonó en un islote miserable. Después, cubiertos de oprobio él y su mujer en toda la ciudad, se encerró en su casa con todos los bienes, la prendió fuego y murió achicharrado. La mujer se tiró a un pozo”).

En efecto, la “falsa calumnia” de la madrastra al hijastro ante el padre nos hace pensar en el tema de Putifar, confirmado así por la Suda y por Focio, donde un labrador que ha talado un bosque sagrado adoptó una culpa que le llevó a grandes desgracias -una de ellas fue que su concubina se enamorara del hijo del labrador, y así le propusiera relaciones amorosas, que rechazó, por lo que acusara al padre de seduccirla, ahorcándose este-, así como en la Suda sabemos que Jerónimo de Rodas en Sobre los Tragediógrafos(fr. 4. Hiller) comparaba esta historia con la del Fénix de Eurípides.Wilamowitz pensó que Eurípides había escrito su Fénix a partir de este relato rural; en cambio, L. Gil cree que la semejanza con Jerónimo es el tema de Putifar, cuya inspiración es “un añadido reciente a la leyenda local”.

Hipólito, Teseo y Fedra

Eurípides escribió dos tragedias, cuyo tema era el amor de Fedra por su hijastro Hipólito. En la segunda tragedia trataba el tema de Putifar. En Hippolytos kalyptómenos, la primera tragedia, sólo hemos conservado algunos fragmentos. El argumento de esta obra es el siguiente: Fedra se acerca a Hipólito para expresarle sin tapujos sus sentimientos; pero tras ser rechazada, ella se venga acusándolo falsamente ante Teseo de que había intentado forzarla y también puede ser que le presentara alguna prueba del delito. Después esta se suicidó para escapar de la deshonra.

A continuación, tras el escándalo que generó esta primera tragedia, Sófocles escribió una Fedra, que conservamos muy pocos fragmentos, donde la protagonista es más contenida que la anterior. En la tragedia de Sófocles, Teseo se encontraba en el Hades, y por tanto, Fedra ya no esperaba su vuelta.

La contestación de esta tragedia fue la de Hipólito Coronado de Eurípides, que recibió el primer premio en el año 428, cuyo argumento es el siguiente: mientras la nodriza, sin contar con el consentimiento de su señora, le revela a Hipólito el amor de Fedra por él, esta sufre por la decisión de elegir entre “el querer y el deber”. Así pues, Fedra deja la acusación escrita a Hipólito -no como la primera que lo hace de forma directa ante Teseo- mediante una nota que hallarán después de su muerte, por lo que la protagonista justifica su calumnia con el fin de no perjudicar a sus hijos del escándalo de su rumor. Por lo tanto, esta tragedia triunfó entre el público ateniense por presentar a una Fedra menos desinhibida.

Encontramos otro Hipólito, en este caso, de Licofrón en el siglo III, del cual conocemos sólo -por la Suda- su nombre; en la Roma imperial, la Fedra de Séneca, donde la protagonista se suicidó con la propia espada de Hipólito, espada con la que supuestamente la había pretendido intimidar.

En Apolodoro (Ep. I 18-9), esta pidió a Hipólito que se acostara con ella, sin embargo aquel no quiso por odiar a todas las mujeres, y esta -temiendo que lo acusara ante su padre- hizo lo siguiente: desgarrar sus vestiduras y acusar falsamente a Hipólito de haberla forzado.

Así, conocemos de la segunda tragedia de Eurípides -por su conservación- que, al estar enfadado Teseo, a causa de haberse creído la falsa acusación que había hecho su mujer, solicitó a Poseidón que matase a su hijo después de expulsarlo de Trecén. Tras enganchar Hipólito sus caballos, se alejó

de la ciudad hasta que llegó a la altura del golfo Sarónico, donde eschuchó un profundo bramido, produciendo que los caballos se encabritaran y una enorme ola surgiera del mar, así como al romper esta expulsó un monstruoso toro salvaje, que las yeguas, al verlo, se asustaron y perdieron el control, provocando así que el toro se colocase delante de ellas y las enloqueciese, hasta que el carro volcase y su jinete cayese, y después de ser arrastrado entre las riendas, se golpeó la cabeza contra las rocas, cuyas carnes resultaron desgarradas.

Aún este mito es citado en el catálogo de las mujeres en la Odisea (11,321-2), y aludido en Los Naupactia (11) por la resurrección por parte del dios Asclepio de Hipólito, narrado por Pausanias (X, 38,11).

La acción de Hipólito coronado se desarrolla en Trecén. Fedra, princesa cretense, era nieta de la fenicia Europa e hija de Pasífae, la que se enamoró del toro que le envió Poseidón, naciendo de esta unión el Minotauro al que venció Teseo con la ayuda de la hermana de Fedra, Ariadna.

En conclusión, en el esquema básico del motivo genérico de Putifar se produce una alteración en la figura de Hipólito por considerarse un personaje que rechaza no sólo las propuestas de un amor incestuoso, sino cualquier clase, ya que pertenecía al séquito de Ártemis, la diosa virgen de la caza, circunstancia en la cual producirá un desenlace distinto en la historia de los jóvenes mencionados arriba (estos, después de demostrar su honestidad, triunfan y vuelven a su vida feliz, donde el matrimonio se convierte en el destino que les espera. Por el contrario, Hipólito termina por derrumbarse en la autodestrucción, a pesar de que haya quedado libre de culpa en su relación con Fedra al final, siendo culpable así de haber venerado únicamente a Ártemis, y despreciando a Afrodita, consecuencia que hace que este muera.

Conclusiones

En referencia a los motivos literarios y los elementos estructurales del tema de Putifar, cabe destacar los siguientes aspectos: en primer lugar, la mayoría de las historias que contienen este tema se ubican en época prehomérica, en la Edad de Bronce, cuando se demostró por la arqueología que hubo relaciones e intercambios entre Grecia y el Próximo Oriente; en segundo lugar, estas historias se desarrollan en alguna corte real que evoca las monarquías orientales (Egipto, Mesopotamia, Ugarit, coexistentes con la realeza micénica) y miran todas hacia Oriente; en tercer lugar, los animales fantásticos que tienen su origen en la fantasía oriental y están en las historias griegas del tema que nos concierne en estos momentos con dos objetivos: por una parte estos aparecen para luchar contra el protagonista, por otra para ayudarle en sus empresas; la finalidad de estas historias tiene una doble función: deleitar, entretener y amonestar, así como puede verse en ellas el culto de alguna divinidad de tipo agrario; en cuarto lugar, tenemos el σπαραγμός -unido a lo anterior-del protagonista y su posterior vuelta a la vida con un ritual de muerte y resurrección, su aspiración a la inmortalidad o su resurección; en quinto lugar, en cuanto a sus orígenes, en el cual podemos observar un ritual agrario, por lo que la muerte o desaparición del protagonista suele coincidir con un período de aridez e infertilidad, donde la tierra se vuelve yerma y no da fruto, recuerdo del enfado y venganza de la mujer o diosa rechazada, o un período de impotencia que atravesaba el marido; en sexto lugar, una mayor naturalidad en las mujeres orientales (sobre todo en las diosas) cuando expresa sus sentimientos amorosos; en séptimo lugar, la “carta fatal”; en octavo lugar, el falso corpus delicti; en octavo lugar, la imagen del toro (mejor símbolo de la fusión de Eros y Thanátos) en los relatos y el caballo e incluso Poseidón en las leyendas griegas, siendo estos dos animales símbolos sexuales, cuya asociación es la de Poseidón; en noveno lugar, la oposición potencia (=juventud)/ impotencia (=vejez), inscrito en los ritos de fertilidad -por ejemplo, la oposición padre/hijo (en todos los mitos de sucesión) y la de los sexos mujer (principio del mal)/varón (inocencia virtuosa), propia de las sociedades patriarcales, frente a la mujer como fuente de fertilidad, así como la tierra-madre (en sociedades agrarias y matriarcales); y por último, la variante del hijo-madrastra.

Así pues, el hombre en las distintas versiones que aparece como el prototipo de Putifar puede ser: o bien un eunuco, o bien un viejo que no puede satisfacer sexualmente a su esposa, puesto que es más joven y, por tanto, con el despertar de la libido; por otra parte, la mujer echa de menos en estos relatos el abrazo fertilizante del hombre, cuya búsqueda del deseo lo halla en el objeto más próximo a ella (un fiel servidor del marido o el hijo de este en el caso de tratarse de una segunda esposa). En efecto, el tabú del incesto nos sirve para remarcar la pasión culpable y justificar el rechazo al sexo de un joven adolescente que es inexperto en asuntos amorosos por verlo con horror en la mujer madura enamorada de este al ser ya una imagen de la madre, ya una amenaza a los roles aceptados por la sociedad y sus posibles consecuencias.

Finalmente, la variante del hijo-madrastra aparece en las versiones griegas más recientes (Fénix, Tenes, Anágyros e Hipólito), tal vez por contaminación con el mito de Edipo.

Ahora bien, en relación a los elementos del tema de Putifar cabe resaltar lo siguiente: un joven sobresaliente por sus cualidades y belleza debe abandonar su patria por dos razones -ya por haber cometido un delito, ya por ser desterrado o enviado en una misión de alto riesgo, donde puede perder la vida-; en el extranjero llega a tener un alto puesto en la sociedad, en la que la mujer de su protector le entrega a cambio todo tipo de bienes por su amor; el joven, en efecto, tiene que rechazar los avances amorosos y así la mujer rechazada se venga empleando una acusación falsa ante el marido o el varón más próximo (padre, hermano) de intentar seduccirla; este es encarcelado y expulsado del país -en ningún caso es condenado a muerte-, después de esto, el protagonista tiene que superar unas arduas pruebas, por lo que al final de ellas resplandecerá la verdad sucediéndose la exaltación del héroe (algunas de ellas se ocurriran post-mortem), pruebas de carácter iniciático y que deben ser superadas para convertirse en héroes; y por último, la venganza personal a la mujer seductora -a veces substituida por un final ejemplarizante arrojándose a un pozo, a un precipicio o colgándose, pues el sentimiento de culpabilidad de la mujer está más presente en las historias de la época clásica al ser la esposa infiel que es convertida en juguete de pasiones humanas.

Pintura: José y la mujer de Putifar, Tintoretto.

Ese dulce placer llamado lectura

Autor: Daniel Álvarez Bermúdez

Para algunos, un verdadero vicio; para otros, un hábito de la educación; para algunos cuantos más, una manera de evadir el tiempo y transformar la realidad. Como sea que la consideres, la lectura es una de las actividades más alucinantes y placenteras que nos hacen únicos como especie en este planeta. Y es que nada se equipara a ese recorrido de los ojos entre las letras, mientras nuestro cerebro nos transporta a la región más profunda de nuestra mente: la imaginación. Ya sea en un ejemplar de papel de tu novela favorita o en una copia digital almacenada en tu e-book, déjate llevar hacia el fértil territorio de la lectura. Cuentan por ahí que, una vez que te enganchas, es imposible dejarla.

Por ello, y antes de que vuelvas a recorrer las páginas de ese libro que dejaste sobre tu regazo, te presentamos 10 obras maestras que retratan la lectura. Disfrútalas y esperamos que encuentres la inspiración que necesitas para dejarte las pestañas entre una buena historia.

Para conocer el nombre del autor y la obra, da clic en ella.

Pintura de portada: Mujer leyendo – Labasque 

 

Los mitos clásicos en las esculturas de Cellini

Otro de los artistas que plasmó en sus obras los mitos clásicos es el célebre Benvenuto Cellini (Florencia, 1500 – 1571). Este escultor estuvo al servicio de los Papas del siglo XVI, así como de los monarcas y mecenas del momento.

De vida complicada – encarcelado por matar a hombres-, se caracterizó por la precisión, el detalle y la belleza en sus obras escultóricas y de orfebreria. A continuación, te dejamos 12 obras de este artista que nos apasiona. Si quieres saber el nombre de la obra, da clic en la imagen.

 

Fuente: Wikicommons