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Biografías poéticas: Pierre Louÿs, el maestro de lo obsceno

La literatura erótica francesa siempre ha gozado de una estupenda salud y de una amplia difusión en las letras universales. Escritores como Dominique Aury o George Bataille dan testimonio de esta afirmación. Y es ya conocido el cliché de pensar en el francés como el idioma del amor -también de la perversión- y otros tantos lugares comunes acerca de esta lengua que dio voz a escritores tan polémicos como Pierre Louÿs, quien es el motivo de esta entrada.

Pierre Félix Louis nació el 10 de diciembre de 1870, en Gante, Bélgica, en donde vivió muy poco tiempo, ya que a muy temprana edad viajó hacia Francia, lugar en el que desarrollaría su controvertida obra literaria. Amigo de artistas e intelectuales de la época como André Gide o Claude Debussy, se desenvolvió en el ámbito literario desde muy temprana edad, pues con tan solo 20 años de edad (1891) participa en la fundación de la célebre revista de autores parnasianos y simbolitas La Conque, a la vez que publica su primer poemario, Astarté.  Años más tarde, en 1896, publica su primera novela Aphrodite (mœurs antiques), en la cual se mezcla la ficción, el refinamiento y su estilo erótico inconfundible.

A continuación les dejamos algunos fragmentos del Manuel de civilité pour les petites filles à l’usage des maisons d’éducation (Manual de Urbanidad para Jovencitas).

No diga…diga…
(fragmento)

No diga: “Mi coño”.
Diga: “Mi corazón”.

No diga: “Quiero follar”.
Diga: “Estoy nerviosa”.

No diga: “Vengo de gozar como una loca”.
Diga: “Estoy un poco fatigada”.

No diga: “Cuándo tendré pelos”.
Diga: “Cuándo creceré”.

No diga: “Prefiero la lengua al pene”.
Diga: “Solamente me gustan los placeres delicados”.

 

Rúbrica especial para hacerse desvirgar
(fragmento)

Cuando tengas ocho años cumplidos, si te piden la virginidad, hay que darla; si no te la piden, hay que ofrecerla amablemente.

Para hacerse desvirgar, póngase en medio de la cama, quítese la camisa, o al menos levántela hasta las axilas, abra las piernas y abra con sus propias manos los labios del coño.

Una vez que la hayan desvirgado, cuídese bien de ir a contarlo a su señor padre. Eso no se hace.

 

De visita
(fragmento)

Si se ha hecho usted una paja en el ascensor, vuelva a ponerse los guantes antes de entrar.

En un salón muy fino, no coja nunca el pañuelo de un señor para limpiarse las partes ocultas, incluso si se moja por él.

Si una mujer modesta le dice: “Mi hijo trabaja peor que su hermano”, no conteste “Sí, pero su leche es mejor”. Los elogios de este tipo no suelen complacer a una madre cristiana.

 

Imagen de portada: Desnudo femenino, Egon Schiele

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Cuando los sueños se hacen realidad: 10 reflexiones acerca de los sueños por autoridades clásicas

Los sueños, al igual que la vida, nos resulta, con frecuencia, llenos de obstáculos que debemos superar con trabajo arduo y perseverancia. De este modo, podemos llegar a saborear nuestros éxitos que son la base de estos, puesto que, sin ellos, carecemos del motor que gira nuestro rumbo.

Seguidamente, los dejamos 10 reflexiones acerca de los sueños que fueron la guía de las autoridades grecorromanas y que aún siguen vigentes en nuestro tiempo.

1. No nos atrevemos porque las cosas sean difíciles, son difíciles porque no nos atrevemos – Séneca.

2. La esperanza es un sueño despierto -Aristóteles.

3. Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo – Aristóteles.

4. Los hombres despiertos no tienen más que un mundo, pero los hombres dormidos tienen cada uno su mundo. También los dormidos son obreros que coadyuvan a lo que en el mundo se está haciendo -Heráclito.

5. Pesado sueño tiene el que no siente cuán mal duerme – Séneca.

6. Nunca seremos recolectores de esbeltas espigas o de flores si en los surcos nuestros diarios empeños carecen de la fuerza que les dan los sueños – Hesíodo.

7. No arruines lo que tienes deseando lo que no tienes; recuerda que lo que ahora tienes estuvo una vez entre lo que anhelabas -Epicuro.

8. Si no quieres ver tus deseos frustrados no desees jamás sino aquello que sólo de ti depende – Epicteto.

9. Los deseos del joven muestran las futuras virtudes del hombre – Cicerón.

10. El sueño alimenta cuando no se tiene qué comer – Menandro.

Pintura: Ladies’ Suit – Remedios Varo

Camil Petrescu, el padre de la novela moderna rumana

Tras una breve pausa en la Villa de los Papiros, retomamos las habituales publicaciones sobre literatura universal. En esta ocasión quisiera hablar de un novelista rumano que, hasta hace algunos meses, era un completo desconocido para mí. Además de Cioran y Mircea Eliade, ¿qué otro nombre nos viene a la memoria cuando buscamos representantes de la literatura en Rumania?

Camil Petrescu nació en Bucarest un 9 de abril de 1894, en el seno de una familia ausente,  ya que se sabe que su padre murió antes de su nacimiento y que perdió a su madre poco después de haber visto la luz. No obstante, logró sobresalir como un estudiante aplicado, además de mostrar un talento evidente para la literatura. Se sabe que su primer poema lo compuso durante la escuela secundaria; a partir de entonces, dedicaría un especial cultivo a este género literario a lo largo de su vida, publicando cuatro libros de poesía. Pero su carrera dentro de la literatura daría un auténtico vuelco con su primera novela Última noche de amor, primera noche de guerra, en donde narra los recuerdos sobre su participación en la Primera Guerra Mundial, conflicto que supuso una auténtica catástrofe para su país. De igual manera, incursionó dentro del ámbito del teatro, con 8 obras de teatro que lo posicionaron como una de las figuras más representativas de la dramaturgia de su país. A raíz de esto, fue nombrado director del Teatro Nacional de Bucarest en 1939.

El lecho de Procusto

Sin embargo, la novela que lo catapultó a la fama dentro de los círculos literarios e intelectuales de su país fue El lecho de Procusto,  una obra en la que se nos narra una historia de amor contada a través de cartas y relatos autobiográficos que ponen de manifiesto la condición irracional y caótica de la pasión. Traducida al castellano en 2007 para Editorial Gadir, esta novela llegó a mis manos cuando aún era un estudiante universitario y me encontraba en pleno descubrimiento de otros novelistas modernos como Albert Cohen o William Faulkner. En esa ocasión, lo que llamó profundamente mi atención fue el título, que me remitía al mito de Procusto, un ladrón que vivía una colina donde ofrecía hospedaje a los caminantes, para después torturarlos.

El suplicio por el que hacía pasar a sus víctimas consistía básicamente en amordazarlos y amarrar cada una de sus extremidades a las esquinas a un lecho hierro: si sus brazos, piernas o cabeza sobresalían de la cama, Procusto se las cortaba con el fin de hacerlos encajar; pero si sus extremidades eran demasiado quedaban demasiado pequeñas, las estiraba hasta despedazarlos.

Y esta es precisamente la metáfora detrás de esta magnífica novela epistolar de Petrescu: la tragedia amorosa de Ladima y Emilia, y la pasión frustrada entre la señora T. y Fred Vasilescu. Cada uno de los testimonios contados por los amantes se ajustan a su propia realidad y sensibilidad acerca del amor, pareciendo contradictorios e incompatibles entre sí al compararlos. Más que un retrato fiel del ser amado, nos encontramos ante un ser ideal, forzando al personaje de carne y hueso a encajar en un hechizo de pura ilusión. Así, esta novela nos cuenta el amor ciego del periodista y poeta Ladima por Emilia, una actriz de cuarta que ejercía la prostitución como modo de vida; no obstante, a los ojos del escritor, Emilia aparecía como una mujer intachable y de talento excepcional, procurando y cumpliendo los caprichos de esta, a pesar de saberse engañado e intuir a la verdadera mujer que se ocultaba detrás de su imagen idealizada. De igual manera, la pareja de la Señora T. y Fred Vasilescu aparece con diferentes matices y versiones de los hechos, llevando al lector a preguntarse quién de los personajes lleva la razón y nos cuenta la verdad. Al final, ambos llevan la verdad a su manera, mostrándonos una cara diferente del mismo amor.

Imagen: Catrina, Nicolae Tonitza, pintor rumano

La exaltación del fluir de la vida: un poema de Jean-Baptiste Chassignet

Si algún autor fue representativo en la corriente del barroco francés, este es Jean-Baptiste Chassignet con su poesía. En ella podemos percibir las características de este movimiento que está representado por la polifonía de miradas en la pintura y la constante transformación del hombre, aunque siga siendo el mismo. En efecto, de este último punto es el que hablaremos en este artículo.

El poema que vamos a comentar a continuación trata sobre el famoso Πάντα ῥεῖ de Heráclito, es decir, que todo en la vida está en continuo cambio como el fluir de un río, pues nunca llegamos a bañarnos en las mismas aguas ni ser los mismos de cuando miramos una fotografía del pasado, ya que el tiempo nos indica la ausencia de reconocimiento. Para ello el autor emplea vocabulario propio del agua (rivière, fleuve, cours) tanto en la fonética (las letras de la v y la f recuerdan los sonidos del río) como el juego de ese cambio e inestabilidad con paralelismos y con los tiempos verbales, comparando de este el nombre con el río por sus semejanzas.

Assieds-toi sur le bord d’une ondante rivière
Tu la verras fluer d’un perpétuel cours,
Et flots sur flots roulant en mille et mille tours
Décharger par les prés son humide carrière.

Mais tu ne verras rien de cette onde première
Qui naguère coulait ; l’eau change tous les jours,
Tous les jours elle passe, et la nommons toujours
Même fleuve, et même eau, d’une même manière.

Ainsi l’homme varie, et ne sera demain
Telle comme aujourd’hui du pauvre corps humain
La force que le temps abrévie et consomme:

Le nom sans varier nous suit jusqu’au trépas,
Et combien qu’aujourd’hui celui ne sois-je pas
Qui vivais hier passé, toujours même on me nomme.

Pintura: The Seine At Asnieres, Renoir

20 consejos para alcanzar tus objetivos: el esfuerzo como herramienta poderosa

Hay, en efecto, una carencia de esfuerzo y disciplina en nuestros jóvenes bastante preocupante, pues -con el surgimiento de los llamados “niños emperadores”- no toman en serio a sus padres, y a veces compiten entre ellos por sacar las peores calificaciones y ser considerado el que más asignaturas suspendió de todos ellos. A pesar de esto, sus parientes les obsequian con el móvil de última tecnología o el mejor ordenador del mercado.

Aún así, todavía hay algunos padres que suelen emplear la norma del esfuerzo y la meritocracia como método principal y base de la educación y el desarrollo de sus hijos, remedio eficaz si se toma en pequeñas dosis durante toda la vida.

1. El éxito depende del esfuerzo – Sófocles.

2. Mucho esfuerzo, mucha prosperidad – Eurípides.

3. La felicidad es una opción que requiere esfuerzo a veces – Esquilo.

4. Nadie sabe lo que puede hacer hasta que lo intenta – Publilio Syrus. 5. Cada hombre es el forjador de su propia fortuna – Apio Claudio.

6. Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego – Aristóteles.

7. Cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito – Tito Livio.

8. La vida no regala nada a los mortales sin un gran esfuerzo – Horacio.

9. Más se estima lo que con más trabajo se gana – Aristóteles.

10. No se llega a campeón sin sudar – Epicteto.

11. Las arañas atrapan a las moscas y dejan huir a las avispas – Plutarco.

12. El trabajo moderado fortifica el espíritu; y lo debilita cuando es excesivo: así como el agua moderada nutre las plantas y demasiada las ahoga – Plutarco.

13. Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, por tanto, no es un acto, sino un hábito – Aristóteles.

14. El buen carácter no se forma en una semana o en un mes. Se crea poco a poco, día a día. Se requiere un esfuerzo paciente para desarrollar un buen carácter – Heráclito.

15. Lo que hagas sin esfuerzo y con presteza, durar no puede ni tener belleza – Plutarco.

16. El que no hace un esfuerzo para ayudarse a sí mismo, no tiene derecho a solicitar ayuda a los demás – Demóstenes.

17. Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga – Homero.

18. Con dificultad hallaremos quien después de tomar sobre sí grandes trabajos y soportar peligros, no desee con vivo ardor la gloria como premio de las empresas realizadas – Cicerón.

19. Que un hombre se conquiste a sí mismo es la primera y más noble de todas las victorias – Platón.

20. Lo lícito no me es grato; lo prohibido excita mi deseo – Ovidio.

Pintura de portada: Bailarinas en clase, Edgar Degas.

Biografías poéticas: Estratón de Sardes, un homenaje a la pederastia

En la actualidad, la práctica de la pederastia es considerada como un delito sexual grave en la mayor parte del mundo, con duras consecuencias psicológicas para los menores abusados y sanciones equivalentes para los adultos culpables. No obstante, la relación pederasta no fue siempre concebida como una práctica criminal, sino como parte fundamental de la formación de los jóvenes varones. En este caso, hablamos de la pederastia como una de las instituciones más arraigadas en la Antigua Grecia, donde era considerada un pilar en la formación de los hombres aristócratas, pues iba más allá del mero contacto sexual.

Zeus y Ganímedes, Anton Raphael Mengs
Pintura: Zeus y Ganímedes, Anton Raphael Mengs. 

Así, la relación pederasta sólo podía darse entre hombres de la misma condición social y con fines principalmente pedagógicos y civiles, ya que su principal fin era introducir al erómenos (ἐρώμενος), quien era un varón de entre 12 y 18 años, a las virtudes y deberes del ciudadano.  El encargado de esto era el erastés (ἐραστής), quien debía ser un varón mayor de 25 años y ciudadano prominente, adinerado y comprometido con la vida social de la polis griega. Si bien la relación entre ambos tenía acercamientos carnales, esta se basaba el respeto mutuo y no implicaba la homosexualidad de alguna de las partes. De esta forma, la pederastia en la Antigua Grecia constituía un ideal antes que un goce meramente sexual; posteriormente, con el declive de la polis y el comienzo del periodo helenístico, la pederastia se transformo en una práctica que apuntaba más a la belleza del joven y al placer derivado de la misma.

Parejas pederastas - Colonia griega de Paestum

Pintura:  Parejas pederastas en un fresco de una tumba ubicada en la colonia griega de Paestum, Italia.

En este sentido, la pederastia como goce sexual quedó plenamente representada en la poesía grecorromana, especialmente en los poemas que componen el libro XII de la Antología Palatina, dedicado exclusivamente al amor pederasta, y en donde el nombre de Estratón de Sardes sale a relucir, pues 94 epigramas pertenecen a este epigramista que, según los pocos datos que tenemos,  vivió en siglo II d.C. Su poesía destaca por su carácter satírico y pornográfico. Su obra se encuentra reunida en el famoso libro titulado “La musa de los muchachos”.

A continuación les dejamos algunos epigramas de su autoría.

I

Las pirulas de los muchachos, Diodoro, de tres formas
cuelgan; aprende sus nombres.
La que todavía está sin descapullar, llámala “Lalu”;
“Coco”, la que comienza a empalmarse;
La que puede menearse con la mano, dile “Lagarto”,
la más perfecta. Ya sabes como debes llamarlas.

II

Me complace el muchacho de doce años; pero
más deseable que este es con mucho el de trece.
El que tiene catorce es la flor más dulce de los amores.
pero más encantador es el que acaba de cumplir los quince.
El año decimosexto es propio de dioses. Al de diecisiete
no me toca a mi buscarlo, sino a Zeus.
Si alguno desea un muchacho de más edad, ya no juguetea,
sino que busca responder “dándose la vuelta”.

III

Aunque te haya crecido vello en la cara
y finos rizos rubios en las sienes,
ni aún así abandono a mi amado. Pues su belleza,
a pesar de la barba, a pesar del cabello, me pertenece.

IV

Una muchacha no tiene esfínter, ni besos
cándidos, ni buen olor natural en la piel,
ni ese dulce lenguaje picante, ni inocente
mirada…y si va de lista es bastante peor.
Frígidas por detrás todas son. Pero lo más importante
no es eso, sino dónde poner la mano errante.

V

Me gustan los blanquitos, lo mismo que me encantan los de piel color miel,
y los rubios, pero por otro lado amo a los morenos.
No desdeño los ojos castaños; pero especialmente
me encantan los de brillantes ojos negros.

Pintura de portada: Cílica ática, siglo V a.C

 

Cuando el destino toca la puerta: más allá de la leyenda del hijo rojo (primera parte)

Lo que todos sabemos del hilo rojo

Uno de los tópicos más conocidos acerca del amor en nuestra cultura es el famoso hilo rojo del destino (姻缘红线). Según se cuenta, existe un hilo rojo que conecta a las personas de manera íntima y profunda, con tal fuerza que su existencia se encuentra fuertemente unida a la de la otra persona.

El origen de esta leyenda se encuentra en la antigua cultura china y tiene dos versiones más que conocidas por todos nosotros. La primera de ellas nos dice que existe un anciano que aparece todas las noches bajo la luna (Yue Lao, dios del amor y del matrimonio en China) y comienza a unir a las almas predestinadas con un hilo rojo, a fin de hacerlas coincidir en esta vida.

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Fotografía: Representación de Yue Lao, Templo de  Wong Tai Sin, Hong Kong.

La segunda narración es un poco más larga y puede resumirse así: Hace mucho tiempo, durante la dinastía Tang, hubo un joven llamado Wei Gu, quien caminaba hacia la ciudad de Songcheng. Una tarde, se encontró con un anciano leyendo un libro a la luz de la luna. Sorprendido por este hecho, Wei Gu se acercó y le preguntó qué estaba haciendo. El anciano, un poco receloso, respondió: “Estoy leyendo un libro de la lista de matrimonio para saber quién se va a casar con quién. En este pequeño morral, llevo cordones rojos para atar los dedos de los futuros esposos”. Admirado por esto, Wei Gu le pidió al anciano que le mostrará a su futura mujer, por lo que el viejo decidió llevarlo de paseo hasta llegar a un mercado, en donde vieron a una anciana ciega que llevaba en sus brazos a una niña de apenas tres años. Entonces, el anciano le dijo a Wei Gu: “Esta pequeña niña será tu esposa”. Wei Gu pensó que tal vez el anciano le estaba tomando el pelo y le ordenó a uno de sus sirvientes que marcara a la pequeña con su cuchillo.

hilo rojo

Catorce años después, Wang Tai, el gobernador de Xiangzhou , le dio a Wei Gu su hija en matrimonio; sin embargo, la joven tenía dificultades para encontrar una pareja, a pesar de su hermosura. Cuando Wei Gu preguntó por qué, le dijeron que hace tiempo un malhechor la había marcado con una navaja, dejándole una profunda cicatriz en la frente. Días después, Wei Gu accedió a casarse con la hija del gobernador, y al destaparse esta el velo durante la ceremonia, quedó al descubierto la marca que años antes el sirviente de Wei Gu le realizó.

Entonces Wei Gu supo que el anciano de esa ocasión no mentía.

La arteria ulnar

Según la leyenda, el hilo rojo parte de alguno de nuestros dedo meñique y se conecta con el de la otra persona a la que estamos destinados; sin embargo, esto no sería más que una metáfora que hace referencia a la arteria ulnar, conectada directamente con el corazón, siendo una de las responsables de llevar sangre hacia cada una de los dedos de las manos. Esta arteria tiene su origen específicamente en la arteria subclavia, que posteriormente se convierte en la arteria axilar y sigue su recorrido hasta transformarse en la arteria braquial, para finalmente desembocar en la arteria ulnar.

arteria ulnar

Yubitsume o acortamiento del dedo

Otras de las referencias importantes al dedo meñique se encuentra en la cultura japonesa con el yubitsume o acortamiento del dedo, una práctica que consiste en amputarse una parte de alguno de los dedos (generalmente el meñique) como una ofrenda para disculparse por alguna ofensa hecha hacia otra persona (casi siempre un superior). Cabe señalar que el yubitsume se asocia generalmente como parte un ritual exclusiva de la mafia japonesa o Yakuza.

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Las Moiras

En la mitología griega muchas veces se hace referencia a las hilanderas del destino, mejor conocidas como las Moiras. Según nos cuenta Hesíodo en la Teogonía, las Moiras son hijas de Zeus y Temis, y reciben los siguientes nombres:  Cloto (Κλωθώ o hilandera), poseedora de la rueca con la que hilaba las hebras de la vida; Láquesis (Λάχεσις o la que tira la suerte), quien se encargaba de decidir la longitud del hilo de la vida de los humanos, y Átropos (Ἄτροπος o inveitable), encargada de cortar el hilo de la vida.

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Pintura: A golden thread, John Melhuish Strudwick

Y después [Zeus] se desposo con la espléndida Temis, que le dio a luz a las horas, a Eunomia, a Dica y a la floreciente Irene, quienes maduran los trabajos de los hombres mortales; y a la Moiras a quienes el sapientísimo Zeus concedió los mayores honores, Cloto, Lacesis y Atropos, que dan a los hombres mortales la facultad de poseer bienes o de sufrir males.
Hesíodo, Teogonía (901-905)

El equivalente romano de las Moiras eran las Parcas, conocidas como Nona (presente en el nacimiento), Décima (determina la extensión de la vida de los mortales) y Morta (corta el hilo de la vida y da la muerte). Sobre estema, ahondaremos en una segunda parte.

 

 

 

Nací en el Mediterráneo: Sorolla y la colección “Visión de España” (segunda parte)

En esta ocasión trataremos una de las colecciones más conocidas que Sorolla tuvo que pintar para la Hispanic Society de Nueva York (1911): las Regiones de España o La visión de España. Esta colección fue un encargo que consistía en la realización de catorce paneles al óleo sobre lienzo que decorarían la biblioteca del edificio sede de la institución, y estarían dedicados a cada una de las regiones de España. Esta obra, que hizo entre los años 1913 y 1919, es un monumento imborrable a nuestro país, dado que se representaban escenas características de diversas provincias tanto españolas como portuguesas, reflejando sólo una escena interior y las demás exteriores.

Ayamonte, la pesca del atún - Sorolla
Pintura: Ayamonte, la pesca de atún.

Para llevar a cabo esta grandiosa obra, necesitó casi todo el año de 1912, con tal de poder viajar por todo el país, modelando bocetos y trabajos de costumbres y paisajes in situ. Pues bien, de esta colección destacó las pinturas que realizó en 1916, dedicadas a niños y mujeres en las playas de Valencia, como Madre e hija o Pescadora valenciana. Se inspiró, por tanto, en las alquerías y los grandes naranjales de Alcira.

Valencia, las grupas - Sorolla
Pintura: Valencia, las grupas.

Así pues, por necesidades de restauración, estas obras fueron descolgadas en 2008, ocasión que se aprovechó para exhibirlas en distintas ciudades españolas (Valencia, Barcelona, Málaga, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Museo de Bellas Artes de Sevilla y el Museo del Prado en Madrid) hasta el 2009, considerándose un éxito de visitas. Sin embargo, la serie de lienzos fueron devueltos a la institución en 2010. Puedes conocer más de este autor dando clic aquí.

Estas son las pinturas que componen esta eximia colección. Para conocer los títulos, da clic en la imagen.

Pintura de portada: Cataluña, Joaquín Sorolla.

 

 

 

20 pinturas de Safo

Esta última entrega la dedicaremos exclusivamente a apreciar cómo los pintores y ceramistas plasmaron con sus pinceles a nuestra poetisa favorita, Safo de Lesbos. A continuación podrán observar la bellezacon la que se representa a esta escritora, cuyos escritos nos han llegado de manera fragmentaria por desgracia. Si quieres conocer más sobre Safo de Lesbos, puedes picar aquí.

Biografías poéticas: Rosalía de Castro, la flor del Rexurdimento

Los datos que recogen los biógrafos de Rosalía de Castro son pocos y en ocasiones contradictorios, aunque suficientes para darnos una idea de la vida de esta grandiosa poeta de origen gallego. Nació el 25 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela,  fruto de una relación escandalosa para la época: su madre, María Teresa de Castro y Abadía, se había visto en relaciones con el sacerdote José Martínez Viojo, quien por su condición no pudo reconocer a Rosalía como su hija. Al parecer este hecho marcó tanto a la madre como a la hija, quienes construyeron a lo largo de su vida en común una relación estrecha y profunda, la cual se ve reflejada en algunos de sus poemas.

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Fotografía: Rosalía de Castro.

Si bien Rosalía de Castro no fue una mujer con mucha instrucción, supo construir una obra poética de gran calidad estética, tanto en forma como en fondo. Esto se comprueba en su formidable manejo expresivo del castellano, pero sobre todo en el interés por escribir en su lengua materna, el gallego. Su primer poemario, La Flor (1857), fue escrito en castellano, y dado a conocer por Manuel Martínez Murguía, su esposo, en la revista “La Iberia”; no obstante, su primer libro en gallego fue Cantares Gallegos (1863), en donde se reivindica el espíritu romántico de Galicia, lo que le valió la admiración de sus contemporáneos. Para los interesado en su producción literaria en gallego, puede interesarles su Folla Novas (1880).

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Fotografía: Brañas del Sar, Turismo Santiago.

A continuación, les dejamos una probadita de la obra de esta magnífica poeta del llamado Rexurdimento o resurgimiento literaria en la Galicia del siglo XIX.

Follas novas 

¡Follas novas! risa dame
ese nome que levás,
cal si a unha moura ben moura,
Branca lle oíse chamar.

Non Follas novas, ramallo
de toxos e silvas sós,
hirtas, coma as miñas penas,
feras, coma a miña dor.

Sin olido nin frescura,
bravas magoás e ferís…
¡Se na gándara brotades,
como non serés así!

Versión al castellano

¡Hojas nuevas! me da risa
el nombre que os pienso dar,
como si a una negra bien negra
blanca la oyera llamar.

No hojas nuevas sino ramo
de zarzas y aliagas son,
tan yertas como mis penas,
fieras como mi dolor.

Sin aroma ni frescura,
bravas dañáis y herís…
¡Si en el páramo brotasteis,
como no iba a ser así!

Ben sei que non hai nada

Ben sei que non hai nada
novo en baixo do ceo,
que antes outros pensaron
as cousas qu’ora eu penso.

E ben, ¿para qu’escribo?
E ben, por que así semos,
relox que repetimos
eternamente o mesmo.

Versión al castellano

Bien sé que no existe nada
nuevo debajo del cielo,
y que antes ya otros pensaron
las cosas que ahora pienso.

Y bien, ¿para qué escribimos?
Pues bien, porque así seremos
relojes que repetimos
idéntico son eterno.

 

Para conocer más de la obra de Rosalía de Castro, da clic aquí.