El rastro de Fedra en la literatura italiana

Autora: Mónica Encinas Fons

La presencia de Fedra en la tragedia griega ocupa un aspecto reivindicativo importante por considerarse la portavoz de la disidencia (dimensión política contestataria) y la representación de su posición de marginalidad que supone su género, aunque actualmente este aspecto ha sido relegado a un segundo plano por el de pasión pecado que le acarreará un castigo en las versiones modernas, en las cuales el valor ejemplar, moralizador, admonitorio de las heroínas trágicas, sobre todo de Fedra y Medea, está asociado a una fuerte carga negativa, ya que la lleva a cometer lo peor de lo humano, esto es, el crimen más abyecto. De manera que nos encontramos ante una lucha entre la naturaleza humana y las leyes divinas que acaba por ser una entre la naturaleza humana y la “deformada” de lo femenino, en donde permanece, contra todo pronóstico, los instintos más bajos.

En cuanto a las Fedras en la literatura italiana (1), cabe destacar cinco de ellas: la Fedra de Franceso Bozza (2), la Fedra de Umberto Bozzini (1909) (3), El Crispo de Annibale Marchese, la Fedra de D´Annunzio (4) y la Fedra en prosa de  (5).

4.1

Ya Dante nos menciona a Fedra en su Infierno (capítulo XVII) como ejemplo de crueldad y con el papel de la “pérfida madrastra”.

La Fedra de Francesco Bozza es una relectura de interpretación jesuita tanto del personaje como de la historia de nuestra heroína, cuyas fuentes novelescas son las de Matteo Bandello y el Eptamerón de Margarita de Navarra (influencia posterior en la Fedra de Racine); sin embargo, abre un nuevo apartado en la introducción de las Fedras palaciegas, que se caracterizarán por su pasión incestuosa en las intrigas de las redes del poder cortesano, valorando la figura del inocente como víctima futura de esas redes.

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Por lo que se refiere a las novedades de esta Fedra con las versiones de Eurípides y Séneca, se distinguen tres puntos a destacar: en primer lugar, Teseo está en el palacio en una reunión (ausente en las versiones clásicas); en segundo lugar, cuando Fedra es rechazada por Hipólito se retira a su habitación con la intención de dar a entender a Teseo que está enferma; en tercer lugar, la confesión de Hipólito de sus secretos a su amigo Filandro. Pero modifica la sucesión lógico-cronológica de los hechos (primero la confesión y después el sufrimiento de la madrastra), así como Fedra es la representante de su propio deseo y rencor, pasiones consideradas más deplorables por dejarse llevar por ellas.

La importancia que se le da a la nodriza en esta obra es notable debido a los elementos que representan una continuación y ampliación a la línea argumental senequiana: la confesión de Fedra de su pasión por su hijastro; la moralidad incorruptible de este personaje por oponerse siempre a la pasión y a la colaboración en la trama de la calumnia de su ama, así de conducirla ante el rey, y la actitud condescendiente ante la amenaza de la reina de suicidarse (la reina se suicida con la espada de Hipólito), cuya novedad radica en que la nodriza está en el cortejo fúnebre de su señora, suicidándose después lanzándose desde una roca al vacío (esta novedad del suicidio de la nodriza también está en la Fedra de Bozzini).

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El Crispo de Annibale Marchese, basada en El Crispus del jesuita Bernardino Stefonio, trata sobre la relación entre Fausta-Fedra y Crispo, partiendo de la dialéctica de la pasión amorosa pecaminosa y la virtuosa inocencia, lucha cristiana entre el bien y el mal con el fin de conseguir que triunfe la virtud. Pues, Fausta está sometida por una pasión que proviene del demonio y que quiere destruir la familia de Constantino. A igual que en Séneca, esta heroína la consume un deseo incestuoso, sin que exista arrepentimiento (novedad), en donde se prioriza su vocación manipuladora obtenida por su posición social.

Por otra parte, la Fedra de D´Annunzio, obra en tres actos con fuentes clásicas, es la protagonista la que mata a Hipólito para apaciguar la pasión que Afrodita le ha arrojado, poniéndose así por encima de las leyes. De modo que Hipólito no cede ante nuestra heroína y se echa atrás cuando descubre la pasión de su madrastra por él (Eurípides). En cuanto a las novedades de esta Fedra con las obras italianas anteriores, podemos observar dos puntos: primero Fedra acusa a Hipólito mediante circunloquios ante su marido siempre insinuando, pero sin confesarlo; segundo, el motivo del beso que Fedra le da a su hijastro cuando este está durmiendo (también lo emplea Bozzani). Por tanto, la Fedra de este autor se la considera una mujer que sigue sus propios instintos con paso de pantera, sin embargo se queda petrificada. Así pues, esta llegará a ser una mujer nacida de un semidios que, por su propia grandiosidad e incertidumbre, le proporcionará la construcción de su propio mito.

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En relación a la Fedra de Bozzini, desarrollada en cuatro actos, tiene algunas novedades, como la naturaleza de los sentimientos de Fedra hacia su hijo y viceversa, además del sufrimiento que ha padecido Hipólito por tener una infancia infeliz, en la que no ha tenido afecto y está solo, motivos por los que encuentra en su madrastra el afecto que carecía, hasta que lo besa en la boca. En efecto, esta Fedra adquiere una forma prohibida de amor, que lo resuelve con la muerte por no satisfacerlo, a pesar de ser una mujer agresiva que está poseída por un deseo irrefrenable que no aplacará aún con la muerte de ambos. Se diferencia la muerte de esta de la de Eurípides por morirse después, ante el cadáver de Hipólito, pero sí en Racine. Por consiguiente, nos encontramos en escena con dos muertes consecutivas.

A principios del siglo XIX, el personaje de Fedra vuelve aparecer en el teatro italiano por dos hechos: el nacimiento de las escritoras profesionales y el florecimiento de la producción literaria escrita por mujeres, y la lectura de los personajes femeninos (arquetipos de perfidia y de animalidad) que se hace durante el verismo y el modernismo italiano, como podemos ver en las dos Fedras modernistas de Bozzini y D´Annunzio. En estas dos Fedras, el hijastro está vampirizado por la mujer, careciendo de protagonismo en su mundo, pues el joven es un hombre débil e inseguro.

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Una de estas Fedras es la de Nadia Fusini, que escribe una Fedra en prosa , cuya fuente parafraseada es la de Eurípides, aunque se beneficia de otros textos posteriores, volviendo de este modo al motivo clásico de una Fedra dominada por Afrodita. La tragedia de la Fedra de Fusini radica en la palabra, a igual que la de Racine. Esta Fedra terminará ahorcándose, así como se enfatizará la genealogía de nuestra heroína que está señalada por la desgracia (hija de Pasífae y hermana de Ariadna).

Tanto la Fedra de Fusini como la de D´Annunzio emplean el tema de la oscilación clásica entre la luz y las sombras, es decir, entre la luminosidad y la muerte, de la misma naturaleza de su ser. Si las ambigüedades de Racine están relacionadas con la confesión deseada y no deseada a la nodriza de su amor por su hijastro, las de Fusini están insertas en las contradicciones de la protagonista como prerrogativa de vida dentro de la condición femenina universal, pues surgen en ella múltiples voces, leyes y dioses que luchan, condición en la cual hallamos el aspecto de la venganza por amor, en donde ella misma será la ejecutora y la víctima, ya que se refleja en el ambigua posición de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad.

A modo de recordatorio, las Fedras convertidas en óperas son las siguientes: L´Hippolito redivivo con librero de Leopardo Buontempo (Venecia 1656); Hipólito (1661) de Emanuele Tesauro; la Fedra (1661) de Domenico Montio; Fedra Incoronata (1662) de Pietro Paolo Bissari; Fedra de Giovanni Paisello (Nápoles, 1787); Fedra de Fernando Orlando (Milán, 1814), y la de Giovanni Simone Mayr (Milán, 1820). Sin embargo, también aparecen melodramas basados en la Fedra de Racine (Della Valle 1818, Zauli Sajan 1829, Villa 1842, Rolandini 1863, así como la Fedra de D´Annunzio con música de Idebrando Pizzatti (estreno en 1915).

  1. La línea de nuestro argumento estará sostenida por el artículo de Mercedes Arriaga Flórez, “Fedra en la literatura italiana”, en Fedras de ayer y de hoy. Teatro, poesía, narrativa y cine ante un mito clásico, A. López-A. Pociña (ed.), Granada, 2008, 619-628.
  2. F. Bozza, Fedra, Venecia, Gabriel Giolito de Ferrari; Cristiano Luciani (ed.) Roma, Vecchiarelli, 1996.
  3. U. Bozzini, Fedra. Tragedia in quattro atti, Bolona, Capelli, 1959, p. 122.
  4. G. D´Annunzio, Fedra, P. Gibellini (ed.), Milán, Mondadori, 1986.
  5. N. Fusini, La luminosa. Genealogía di Fedra, Milán, Feltrinelli, 1990.
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