Fedra y la literatura francesa: la pasión incestuosa de la Fedra de Patrice Chéreau (tercera parte)

Autora: Mónica Encinas Fons

El montaje de la Fedra de Patrice Chéreau, director de prestigio internacional en el teatro, que se estrenó en París entre enero y abril del 2003, está considerada el modelo para las obras posteriores sobre este personaje, ya que se encuentra basado en la obra de Racine, aunque el montaje de esta transgredió tanto la recitación típica, el verso alejandrino, como las normas de conveniencia, mostrando todo lo que no se podía enseñar (la sangre y la violencia física). Así lo vemos cuando Aricia aparece en escena con las manos manchadas en sangre del cadáver de Hipólito, al igual que en la “Tirade” de Terámenes, al narrarnos la muerte del joven, hallamos el cadáver descuartizado de este en escena.

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Aquí nos centraremos en la Metteur en scène (acto II, escena V), fragmento que analizamos más arriba, cuando hablamos de la obra maestra de Racine, donde nos describe la muerte de Fedra. Este personaje es consciente de que todo el mundo conoce su pena, y que por revelar su amor, Hipólito cae muerto, muerte que se ha contado mediante la palabra. Encontramos la confesión (“aveu“) de su amor a Hipólito. Cabe destacar la relevancia en este fragmento de los campos semánticos que se refieren al desprecio (“odio”, “abhorre”, “me détestes”).

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En la escenografía, los actores van vestidos con abrigos; con esto se actualiza un mito que no ha pasado de moda, para que exista un contacto directo entre el actor y el espectador.

En cambio, Fedra muere reptando, porque, a mayor desafío de la sociedad, mayor castigo. Sólo la saliva que echa Fedra en el momento de su muerte, le devuelve la humanidad a este personaje que ama con locura. El escenario de esta obra se nos presenta totalmente desnudo, tal como la escenografía de la Fedra de Miguel de Unamuno. Al final, Fedra es incapaz de hablar, sólo susurra. Pues bien, el vigor de Fedra es el de la palabra femenina en todo su esplendor.

Por otra parte, la omnipresencia de la sangre es evidente cuando el padre se embadurna de la sangre de su hijo para reconciliarse con él.

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