Dos poemas de amor de Sor Juana Inés de la Cruz

Más de trescientos años nos separan desde la última vez que Sor Juana Inés de la Cruz vio la luz de este mundo. Muere el 17 de abril de 1695, víctima de una epidemia que azotó a la capital de la Nueva España. Su legado literario, científico y filosófico pervive hasta nuestros días gracias a la gran fama de la que gozó Sor Juana durante su vida, llegando a ser famoso su nombre en el viejo continente por su ardua labor literarias, sobre todo en el campo de la poesía. Pocas mujeres se han distinguido en las letras hispánicas anteriores al siglo XX, tanto como lo fue la erudita originaria de Nepantla, Veracruz.

juana-ines-de-la-cruz

Su vida es un oscuro pasaje reconstruido a partir de diversas fuentes que recogen algunos testimonios que la sitúan como acompañante de la virreina Mancera en su juventud; sin embargo, y de manera repentina, Juana Inés decide dedicarse a la vida religiosa y se entrega a las Carmelitas Descalzas, de donde salió gravemente enferma ante la difícil vida que llevaba dentro del convento. Posteriormente, vuelve a la vida religiosa, pero esta vez entregada al convento de las Jerónimas.

juana-ines-de-la-cruz-feminismo-en-tiempos-de-oscurantismo

Mucho se habla de sus relaciones íntimas con las Virreinas Mancera y Paredes, con quienes se le atribuyen intensos romances idílicos. No obstante, esta información es más producto de la imaginación novelesca y de la interpretación de la correspondencia que mantenía la monja con ambas mujeres. No tenemos más información al respecto. Pero lo que sí queda entre nosotros es la obra poética en la que vertió su gran capacidad lírica para cantarle al amor: versos delicados, profundamente emotivos y poseedores de un estilo en el que se lee la influencia  de la poesía italianizante en lengua española.

sor_juana_ines_de_la_cruz_by_meme_candia-d7qmtqs

A continuación, dos obras maestras de Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana.

Esta tarde, mi bien…

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.

Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos:
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.

 

Al que ingrato…

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata,
y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo, por mejor partido, escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que, de quien no me quiere, vil despojo.

Anuncios

El carácter extraordinario del poeta en El albatros de Charles Baudelaire

La obra más importante de nuestro autor es Les Fleurs du Mal (1857). En esta encontramos cuatro bloques en cuanto a su estructura: el spleen e ideal; los paraísos artificiales; la mujer y el amor, y los paraísos urbanos.

En el spleen e ideal, existe una división del hombre a causa del cansancio por el presente y el ideal, que es traducido por el exilio forzado del poeta, donde, al final, aborda el combate que hay en el hombre de miseria y grandeza no resuelto.

800px-NSRW_Albatross

Los paraísos artificiales son el alcohol y las drogas que le proporcionan momentos de plenitud, considerado así como un recurso desesperado de artistas e idealistas; pero también los placeres sexuales (vicio, amores prohibidos).

Por otro lado, en el tercer apartado la mujer es un paraíso artificial, en donde nos describe dos tipos de amores: el amor ideal sensual y el sensual derivado del dolor.

AlbatrozDibujo1837

Por último, los paisajes urbanos son elementos que nos permiten alivio del spleen.

Aquí, como vimos en Una carroña, se compara el poeta con el albatros, pues este es como un exiliado “en una parte de los cielos”; empero, el poeta está alejado del mundo normal, ya que, cuando se encuentra en este lugar, se vuelve torpe y vergonzoso al no saber caminar por una inadaptación de otro hábitat que no es el suyo. Por tanto, la soledad de este profesional debida a su elevación es incomprendida, y adquiere un carácter extraordinario.

L’Albatros

Souvent pour s´amuser, les hommes d´équipage
prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
qui suivent, indolents compagnons de voyage,
la navire glissant sur les gouffres amers.

A peine les ont-ils déposés sur les planches
que ces rois de l´azur, maladroits et honteux,
laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
comme des avirons traîner à côté d´eux.

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!
Lui, naguère si beau, qu´il est comique et laid!
L´un agace son bec avec un brûle-gueule,
L´autre mime, en boitant, l´infirme qui volait!

Le poète est semblable au prince des nuées
qui haute la tempête et se rit de l´archer;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l´empêchent de marcher.


El Albatros

A menudo, para divertirse, suelen los marineros
dar caza a los albatros, vastos pájaros de los mares,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al barco que se desliza sobre los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas de cubierta,
que estos reyes del azul, torpes y avergonzados,
Dejan que sus grandes alas blancas se arrastren
penosamente al igual que remos a su lado.

Este viajero alado, ¡Qué torpe y débil!
Él, otrora bello, ¡Qué feo y qué grotesco!
¡Aquel quema su pico con una pipa,
otro imita, cojeando, al inválido que una vez voló!

El poeta se asemeja al príncipe de las nubes
que frecuenta la tormenta y se ríe del arquero;
exiliado sobre el suelo en medio de las burlas,
sus alas de gigante le impiden ya marchar.

Portada: L’Albatros, Davide Rotella