Fedra en la Ópera

Por Mónica Encinas Fons

Desde tiempos inmemoriables, la música – como es, en nuestro caso, la ópera- y el arte escénico han estado ligados, a pesar de considerarse independientes y libres. Encontramos ejemplos de ello: en la tragedia griega, con los coros por la unión indisoluble de la danza y la música; en los misterios medievales y en los espectáculos profanos de los comediantes ambulantes que viajaban desde su patria, Inglaterra, a toda Europa hasta muy entrado siglo XVIII; y, por último, las primeras formas operísticas.

En cuanto a la enorme correlación existente entre música y arte escénico, los temas clásicos, preferentemente los grecorromanos, han sido imitados tanto por los maestros indiscutibles de la literatura, como por los grandes compositores de la música. Así pues, un personaje mítico como lo es Fedra, caracterizado por la profunda humanidad de sus pasiones, es fuente de inspiración de numerosas óperas y musicales, aunque no sean una obra maestra en su género.

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Pintura: Dolce Far Niente de John William Godward.

De manera que dedicaremos esta primera parte (1) al estudio de la proyección a través de los siglos en el mito de Fedra e Hipólito. Según M. D. Gallardo, estas son la relación de compositores y obras musicales que tendremos presente en esta: F. Vanarelli, Fedra, 1661; Ph. Rameau, Hippolyte et Aricie, 1733; T. de Roseingrave, Phaedra and Hippolytus, 1766; T. Traetta, Hipolito e Aricia; Ch. W. Gluck, Hippolyto, 1744; J. B. Lemoine, Phèdre, 1786; G. Paisiello, Fedra, 1787; C. Cavos, Fedra, 1806; P. B. Romberg, Fedra, 1806; F. Orlandi, Fedra, 1814; S. Mayer, Fedra, 1820; M. Federmann, Fedra, 1895; J. Massenet, Fedra, 1900; Pizzatti, Fedra, 1915; y, por último, A. Honegger, Fedra, 1926.

Empezaremos, ante todo, con la ópera de la Fedra de Vanarelli, fechada en 1661, cuyo libreto fue escrito por D. Motio y que no presenta un interés especial. Aparte de esta obra, no encontramos en este siglo ninguna otra obra que trate este tema.

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Pintura: Fedra de Alexander Cabanel.

En lo tocante a la producción operística en el siglo XVIII, observamos un aumento considerable de obras con este argumento: Philippe Rameau, Hippolyte et Aricie (1733); Phaedra and Hippolytus del irlandés Tomás de Roseingrave (Dublín,1690- Ídem, 1766) ; Hippolito e Aricia de Tomás Traetta (1720-1779); Christophe W. Gluck, Hippolito (1744); Jean Baptiste Lemoine o Moyne (Eymet, 1751-París, 1796), Phèdre, 1789; y, Giovanni Paisello (1741-1815), Fedra, 1787.

El compositor francés Philippe Rameau había creado una obra teatral de esta clase, titulada Hippolyte et Aricie, después de haber escuchado Jefté de Monteclair sobre libreto del abate Simón Joseph Pellegrin, drama lírico de cinco actos y un prólogo que consistía en una reducción -más bien, una deformación- de la Fedra de Racine, y cuyo título estaba cambiado, estrenándose en 1733. La figura de Fedra está empeñecida y limitada; en cambio, Hipólito y Aricia, personajes predominantes a lo largo de la obra, se consideran convencionales y artificiosos, en gran medida, por sus efusiones amorosas. Ahora bien, el libreto de este abate tenía un defecto: contenía demasiada música y estaba escenificada con situaciones propiamente “teatrales”, es decir, con múltiples posibilidades con sus episodios, coros de sacerdotisa, pastores, fiestas y danzas, y escenas (la más famosa de ellas fue la bajada de Teseo a los infiernos). El ambiente que se presentó esta obra – la música de Lully cobró gran importancia en esta época por su solemnidad y pomposidad, además de la orquesta y, ante todo, el decorado sonoro- fue para priorizar la orquesta, añadiéndole una función decorativa y descriptiva con nuevos detalles, como por ejemplo, la parte sinfónica que asociaba y fundía las líneas vocales e instrumentales, originando arias de forma fija.

Phedre_hippolyte_1678_title_pageImagen: Phedre et Hippolyte de Jean Racine

Phaedra and Hippolytus de Tomás de Roseingrave, organista de la iglesia de San Jorge y contemporáneo de Rameau, es otra obra de inspiración mítica en el que aparece el personaje de Fedra, pero en la cual no cabe prestar atención debido a su escasa importancia.

Más tarde, nos encontramos con la ópera buffa -o sea, una ópera con tema cómico que desarrolló en Nápoles en la primera mitad del siglo XVIII-, Hippolito e Aricia, del napolitano Tomás Traetta.

Por otra parte, Christophe W. Gluck, cuyo estreno de Hippolito con libreto de Gorini en 1744 en Milán, supuso para este género una ópera puramente italiana de su primera época.

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Pintura: La muerte de Hipólito de Peter Paul Rubens.

A partir del final del siglo y comienzos del siglo XIX, el personaje de nuestra heroína apareció, en gran medida, en obras como la del francés Jean Baptiste Lemoine o Moyne. Este compositor se vio inspirado, en sus obras, por los temas clásicos (Electre, 1782; Phèdre, París, 1789; Milcíades en Maratón, etc.), careciendo de éxito entre ellas. Finalmente, el tarentino Giovanni Paisiello (1741- 1815) escribió asimismo una Fedra (Nápoles, 1787) sobre el libreto de A. Salvioni, pero que tampoco logró su cometido.

Ya entrado el siglo XIX, cabe destacar estas óperas: Fedra de Catterino Cavos (1775-1840); Fedra (1806) de P. B. Romberg; Fedra (Milán, 1814) de Fernando Olandi (Parma, 1777-Munich, 1840); Fedra (Milán, 1820) de Juan Simón Mayer (Mendorf, 1763-Bérgamo, 1845); y Fedra (1895) de M. Federman. El veneciano Catterino Cavos compuso una Fedra carente de importancia; sin embargo, P.B. Romberg, autor de Iván Sussannino que le valió el ser nombrado por el emperador maestro de capilla, se inspiró en el texto de Racine, y Fernando Orlandi, conocido compositor de La pupilla scozzese y Il podestá di Chioggia, lo escribió sobre un texto de Romanelli. Después de abandonar la música religiosa, Juan Simón Mayer se dedicó a la composición de música dramática de temas clásicos ( Safo; Telémaco; El retorno de Ulises; Ifigenia en Áulide, con dos versiones; Fedra, etc.), cuya Fedra se destacó por una excelente orquestra. La Fedra de M. Federmann está compuesta sobre un libreto de E. Pohl.

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Pintura: La muerte de Hipólito de Lawrence Alma-Tadema.

En el siglo XX, hallamos cuatro óperas con este personaje mítico: la de J. Massenet; Pizzetti; Arthur Honegger; Maurice Besly, y Cocteau-Auric. J. Massenet (1842-1912) – autor de música dramática a partir de 1867 por haber compuesto su primera obra teatral, Grand´Tante- creó su Fedra partiendo de la targedia de Racine; por el contrario, Pizzetti, director del Conservatorio de Florencia en 1919 y de Milán en 1921, para la Fedra de D´Annuncio, estrenándose en 1915. Arthur Honegger estrenó su Fedra en 1926. Por último, nombraremos a Maurice Besly por haber creado una escena para sopano y escena, así como a Cocteau-Auric, por un ballet que se estrenó en 1949.

(1) Seguiremos el estudio de Fedra e Hipólito en la música de M. D. Gallardo, en su artículo “Análisis mitográfico y estético de la Fedra de Séneca” para mayor comprensión de este bello arte.

Imagen de portada: Fedra e Hipólito de Pierre Narcisse Guérin. 

 

 

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