Buñuel y Dalí: la confluencia de dos sueños en Un perro andaluz

Cuentan que, tras el escenario, estaba Buñuel armado con piedras por si su cortometraje más representativo del surrealismo, Un perro andaluz, fuese un fracaso en el mismo día de su estreno, el 6 de junio de 1929 en el cine Studio des Ursulines de París. Con todo, la cinta fue un verdadero éxito y un ejemplo perfecto de surrealismo cinematográfico según André Bretón, pues, a partir de este momento, estos genios formaron parte de dicho movimiento.

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Un perro andaluz es un cortometraje de unos veinte minutos que está dirigido por Luis Buñuel con colaboración en el guion de Salvador Dalí -cuya máxima era la de no dejar intervenir ninguna asociación de ideas lógica convencional -que nació de la confluencia de dos sueños: por una parte, Dalí soñó con unas hormigas que pululaban en sus manos; por otra, Buñuel, con una hoja de navaja que cortaba la luna en dos. Así surgió esta magnífica cinta, en la que radicaba su originalidad en romper con los esquemas narrativos canónicos propios de la mímesis aristotélica tradicional a la cinematografía y en la heterogeneidad de los intertítulos (“Érase una vez”, “Ocho años después”, “Hacia las tres de la mañana”, “Dieciséis años antes”, “En primavera”), cuyas imágenes remitían a
las obsesiones recurrentes en Buñuel y en Dalí, además de criticar a la educación impartida por la iglesia, la represión sexual o burro en descomposición, la mano con hormigas o el cuerpo femenino.

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Sin lugar a dudas, el nombre de esta cinta era un poemario homónimo que el director tenía escrito desde 1927, no una alusión de Federico García Lorca, como este pensaba. Pues bien, el ambiente que reflejaba Un perro andaluz era la Residencia de Estudiantes donde estos artistas vivían, tal como lo demuestra las imágenes del hombre castigado cara a la pared, los pupitres, la rebelión ante la autoridad, los hermanos maristas o el deseo carnal constante.

| makma.net

Nuestro director comenzó su filme con el plano del ojo seccionado para introduccir al espectador en un estado de libre asociación de ideas, en el cual podía soportar el choque traumático de esta imagen, tratándose de un cegar la mirada convencional con la intención de dirigirla hacia el interior. Esto mismo es lo que pregonaba esta corriente, como podemos observar en los versos de Benjamín Péret, el poeta surrealista preferido de Buñuel:

Si existe un placer
es el de hacer el amor
el cuerpo rodeado de cuerdas
y los ojos cerrados por navajas de afeitar.

La cinta estuvo en cartelera durante nueve meses interrumpidamente en el Studio 28 de París, pasando a la posterioridad por las imágenes de la mariposa calavera -que apareció en el cartel de la película El silencio de los corderos (1991), de Jonathan Demme- y el ojo cortado, homenaje que hizo Alfred Hitchcock en su film de Recuerda (1945).

Puedes ver el cortometraje dando clic aquí.

 

 

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