El amor descompuesto en Charles Baudelaire

Charles Baudelaire, el poeta maldito de Francia del siglo XIX según Verlaine, famoso por  su vida bohemia y de excesos, así como por la visión del mal que impregna en toda su obra, nos deslumbró en Las flores del mal con poemas que se componían de forma orgánica, a pesar de que esto no está tan claro en las ediciones realizadas después de la censura. En esta obra ya podemos ver la teoría de las correspondencias, además de la concepción del poeta moderno como un ser maldito, que es excluido de la sociedad burguesa, entregado al vicio, a las drogas y a la prostitución; sin embargo, en esta búsqueda de excesos sólo consigue el tedio.

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Pues bien, Las flores del mal, publicada en 1857, le llevó a juicio y le supuso la censura de algunos de sus poemas debido su inmoralidad, donde alegó que su obra debía entenderse en su totalidad, es decir, como un poema total que seguía un orden de finalidades.

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Uno de estos poemas prohibidos es el de Una carroña, dedicado a su amada, en el que describe un día de paseo con ella y se encuentran un cuerpo en estado de putrefacción. Allí, enfrente de ella, le dice que terminará así -al igual que todos nosotros-, pero que no por ello no dejará de amarla por “la forme et l´essence divine” frente a la descomposición real, expresando su amor incondicional a su pareja cuando le confiesa que envidia a los gusanos que la comerán a besos en el momento que se descomponga.

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Una charogne

Rappelez- vous l´objet que nous vîmes, mon âme,
Ce beau matin d´été si doux:
Au détour d´un sentier une charogne infâme
Sur un lit semé de cailloux,

Les jambes en l´air, comme une femme lubrique,
Brûlante et suant les poisons,
Ouvrait d´une façon nonchalante et cynique
Son ventre plein d´exhalaisons.

Le soleil rayonnait sur cette pourriture,
Comme afin de la cuire à point,
Et de rendre au centuple à la grande Nature
Tout ce qu´ensemble elle avait joint;

Et le ciel regardait la carcasse superbe
Comme une fleur s´épanovir.
La punanteur était si forte, que sur l´herbe
Vous crûtes vous évanovir.

Les mouches bourdonnaient sur ce ventre putride,
D´où sortaient de noirs batallons
De larves, qui coulaient comme un épais liquide
Le long de ces vivants haillons.

Tout cela descendait, montait comme une vague,
Ou s´élançait en pétillant;
On eût dit que le corps, enflé d´un souffle vague,
Vivait en se multipliant.

Et ce monde rendait une étrange musique,
Comme l´eau courante et le vent,
Ou le grain qu´un vanneur d´un mouvement rythmique
Agite et tourne dans son van.

Les formes s´effaçaient et n´étaient plus qu´un rêve,
Une ébauche lente à venir,
Sur la toile oubliée, et que l´artiste achève
Seulement par le souvenir.

Derrière les rochers une chienne inquiète
Nous regardait d´un oeil fâché,
Epiant le moment de reprendre au squelette
Le morceau qu´elle avait lâché.

Et pourtant vous serez semblable à cette ordure,
A cette horrible infection,
Etoile de mes yeux, soleil de ma nature,
Vous, mon ange et ma passion!

Oui! Telle vous serez, ô la reine des grâces,
Après les derniers sacrements,
Quand vous irez, sous l´herbe et les floraisons grasses,
Moisir parmi les ossements.

Alors, ô ma beauté! dites à la vermine
Qui vous mangera de baisers,
Que j´ai gardé la forme et l´essence divine
De mes amours décomposés!


Una carroña

Recuerda lo que vimos, alma mía,
esa mañana de verano tan dulce:
a la vuelta de un sendero una carroña infame
en un lecho sembrado de guijarros,

con las piernas al aire, como una mujer lúbrica,
ardiente y sudando los venenos
abría de un modo negligente y cínico
su vientre lleno de exhalaciones.

El sol brillaba sobre esta podredumbre,
como para cocerla en su punto,
y devolver ciento por uno a la gran Naturaleza
todo lo que en su momento había unido;

y el cielo miraba el espléndido esqueleto
como flor que se abre.
Tan fuerte era el hedor que tú, en la hierba
creíste desmayarte.

Zumbaban las moscas sobre este vientre pútrido
del cual salían negros batallones
de larvas que manaban como un líquido espeso
por aquellos vivientes andrajos.

Todo aquello descendía y subía como una ola,
o se lanzaba chispeante
se hubiera dicho que el cuerpo, hinchado por un aliento vago,
vivía y se multiplicaba.

Y este mundo producía una música extraña
como el agua que corre y el viento
o el grano que un ahechador con movimiento rítmico
agita y voltea con su criba.

Las formas se borraban y no eran más que un sueño,
un esbozo tardo en aparecer
en la tela olvidada, y que el artista acaba
sólo de memoria.

Detrás de las rocas una perra inquieta
nos miraba con ojos enfadados,
espiando el momento de recuperar en el esqueleto
el trozo que había soltado.

Y, sin embargo, tú serás igual que esta basura,
que esta horrible infección,
¡estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,
tú, mi ángel y mi pasión!

¡Sí! tal tú serás, oh reina de las gracias,
después de los últimos sacramentos,
cuando vayas, bajo la hierba y las fértiles florescencias,
a enmohecer entre las osamentas.

Entonces, oh belleza mía, di a los gusanos
que te comerán a besos,
¡que he guardado la forma y la esencia divina
De mis amores descompuestos!

Ilustraciones: Otto Dix

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