El paso inexorable del tiempo en Alphonse de Lamartine

Nacido hacia 1865 en el seno de una familia militar de la pequeña nobleza francesa, Alphonse de Lamartine recibió una educación clásica durante su escolarización, en la cual leyó a Chateaubriand, a Virgilio y a Horacio, además de haber viajado bastante en su juventud. Pero, en 1816, a causa de una depresión, nuestro autor se trasladó a Aix-les-Bains (Saboya), donde conoció a Jules Charles, mujer del físico Jacques Charles, que murió de tuberculosis y a la cual dedicó parte de sus Meditaciones poéticas.

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Lago Brothers Water

Los cargos más importantes que obstento fueron: el primer puesto oficial bajo el gobierno de Luis XVIII en la secretaria de la embajada francesa (desde 1825 hasta 1828); miembro de la Academia Francesa (1829); electo diputado (1833 y 1839); gobernador durante la revolución de 1848 en Francia; ministro de Asuntos Exteriores después de la caída de Luis Felipe de Orleans; y gobernador interino en la recién República (desde el 24 de febrero de 1848 hasta el 11 de mayo del mismo año).

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Lago de Chalain.

Asimismo, dentro su obra poética, cabe señalar esta producción: Les Méditations poétiques (1820), Les Nouvelles Méditations (1823), Harmonies poétiques et religieuses (1830) y Recueillements poétiques.

 

Lagos de Covadonga

Nuestro autor muríó en la pobreza en 1869, en París.

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Lago de Pátzcuaro

Le lac es un poema dedicado a su enamorada, Elvira, en el cual abordaba el tema de el paso inexorable del tiempo con la presencia de la naturaleza salvaje, donde los días de felicidad se van tan deprisa como los de infelicidad, que permanece como ese punto de anclaje y lugar propicio para la intimidad de los amantes (grutas, bosques, la noche, etc.), cuya ambivalencia de la naturaleza aparece en que el lago es reposo y tormenta.


}«Le Lac», Méditations poétiques (1820)

Ainsi , toujours poussés vers de nouveaux rivages,
Dans la nuit éternelle emportés sans retour,
Ne pourrons-nous jamais sur l´océan des âges
Jeter l´ancre un seul jour?

Ô lac! l´année à peine a fini sa carrière,
Et près des flots chéris qu´elle devait revoir,
Regarde! Je viens seul m´asseoir sur cette pierre
Où tu la vis s´asseoir!

Tu mugissais ainsi sous ces roches profondes,
Ainsi tu te brisais sur leurs flancs déchirés,
Ainsi le vent jetait l´écume de tes ondes
Sur ses pieds adorés.

Un soir, t´en souvient-il? Nous voguions en silence;
On n´entendait au loin, sur l´onde et sous les cieux,
Que le bruit des rameurs qui frappaient en cadence
Tes flots harmonieux.

Tout à coup des accents inconnus à la terre
Du rivage charmé frappèrent les échos
Le flot fut attentif, et la voix qui m´est chère
Laissa tomber ces mots:

«Ô temps! Suspends ton vol, et vous, heures propices!
Suspendez votre cours:
Laissez-nous savourer les rapides délices
Des plus beaux de nos jours!

«Assez de malheureux ici-bas vous implorent,
Coulez, coulez pour eux;
Prenez avec leurs jours les soins qui les dévorent,
Oubliez les heureux.

«Mais je demande en vain quelques moments encore,
Le temps m´échappe et fuit;
Je dis à cette nuit: Sois plus lente; et l´aurore
Va dissiper la nuit.

«Aimons donc, aimons donc! de l´heure fugitive,
Hâtons-nous,jouissons!
L´homme n´a point de port, le temps n´a point de rive;
Il coule, et nous passons!»

Temps jaloux, se peut-il que ces moments d´ivresse,
Où l´amour à longs flots nous verse le bonheur,

S´envolent loin de nous de la même vitesse
Que les jours de malheur?

Eh quoi! n´en pourrons-nous fixer au moins la trace?
Quoi! Passés pour jamais! Quoi! Tout entiers perdus!
Ce temps qui les donna, ce temps qui les efface,
Ne nous les rendra plus!

Éternité, néant, passé, sombres abîmes,
Que faites-vous des jours que vous engloutissez?
Parlez: nous rendrez-vous ces extases sublimes
Que vous nous ravissez?

Ô lac! Rochers muets! Grottes! Forêt obscure!
Vous, que le temps épargne ou qu´il peut rajeunir,
Gardez de cette nuit, gardez, belle nature,
Au moins le souvenir!

Qu´il soit dans ton repos, qu´il soit dans tes orages,
Beau lac, et dans l´aspect de tes riants coteaux,
Et dans ces noirs sapins, et dans ces rocs sauvages
Qui pendent sur tes eaux.

Qu´il soit dans le zéphyr qui frémit et qui passe,
Dans les bruits de tes bords par tes bords répétés,
Dans l´astre au front d´argent qui blanchit ta surface
De ses molles clartés.

Que le vent qui gémit, le roseau qui soupire,
Que les parfums légers de ton air embaumé,
Que tout ce qu´on entend, l´on voit ou l´on respire,
Tout dise: Ils ont aimé!


El Lago

Así llevados siempre a nuevas orillas,
sin retorno arrastrados a la noche eterna,
¿nunca podremos en el océano del tiempo
echar el ancla un día?

¡Oh lago!, el año casi ha acabado su curso,
y junto a las olas gratas que ella debía mirar,
¡mírame!, me siento sólo en la misma roca
donde la viste sentada.

Así bramabas bajo estos peñascos profundos,
así te rompías contra sus bordes rasgados,
así el viento echaba la espuma de tus olas
en sus pies adorados.

Una noche, ¿te acuerdas?, bogábamos callados;
sólo oíamos lejos, en el agua, bajo el cielo,
el rumor de remeros tocando en cadencia
la armonía de tus olas.

De pronto, unos tonos extraños a la tierra
hicieron eco en la orilla encantada:
la ola esperó y la voz para mí tan grata abandonó estas palabras:

¡Oh tiempo!, ¡detén tu acoso!, y vos, ¡horas propicias!,
detened la carrera:
dejadnos saborear las fugaces delicias
de los días más bellos.
«Muchos infelices en la tierra os imploran,
corred, corred para ellos;
tomad con sus días las penas que los devoran,
olvidad a los felices.

»Mas pido en vano aún algunos momentos,
el tiempo se va y huye;
le digo a la noche: Ve más lenta; y el alba
va a desvanecer la noche.

»¡Amemos, pues, amemos!, de la hora fugaz,
deprisa, gocemos.
El hombre no tiene puerto, ni tiempo la orilla;
¡él corre y morimos!».

¿Puede el tiempo celoso de los entusiasmos,
cuya dicha el amor vierte por oleadas
ponerlos en fuga, lejos, con la misma presteza
como en los días nefastos?

¡Y qué!, ¿podríamos al menos fijar la huella?
¡Muertos para siempre! ¡No!, ¡por completo perdidos!
Lo que el tiempo nos dio luego lo quitó,
¡y no nos lo devolverá!

Eternidad, vacío, pasado, negros abismos,
¿qué es lo que hacéis de los días que devoráis?

Hablad: ¿nos daréis estos sublimes éxtasis
que nos arrebatáis?

¡Oh lago!, ¡mudas peñas!, ¡grutas!, ¡bosque oscuro!,
a quienes el tiempo salva o rejuvenece,
guardad de esta noche, guardad naturaleza
al menos el recuerdo.

Ya sea en calma, ya sea con tempestades,
hermoso lago, y en el perfil de alegres laderas,
y en los negros abetos y en las rocas salvajes
colgantes sobre el agua.

Ya sea en el céfiro que tiembla y pasa,
en el rumor de tus bordes que otros bordes repiten,
en el astro de plata que blanquea tu cara
con luces suaves y claras.

Que el lamento del viento, el suspiro del junco,
los suaves perfumes de tu aire resinoso,
que todo lo que se oye, se ve o se respira,
todo diga: Han amado.

Portada: Lago de Zirahuén.

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