Sabiduría de la brevedad: consejos de Baltasar Gracián y el Oráculo manual

Dentro de su discreto lugar en la historia de la literatura, Baltasar Gracián es capaz de enseñarnos importantes lecciones acerca de la brevedad y la sabiduría condensada en pocas palabras. Pocos exponentes como el jesuita, nacido en el año 1603, en Zaragoza, de lo que significa la síntesis y el comentario. En obras como el Oráculo manual y arte de prudencia, se disfruta del aforismo en su más plena expresión dentro de la lengua española de aquel siglo XVII.

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Baltasar Gracián © J. Bedmar/Iberfoto

Gracián fue un hombre polémico dentro del círculo de jesuitas, aunque nunca motivo de censura expresa. Y si algo enseña este autor es a comportarse de acuerdo a una determinada situación de acuerdo a los principios de la prudencia y su contraparte, la imprudencia.

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Giovanni Bellini, cuatro alegorías: la prudencia.

A continuación les dejamos algunos aforismos de este magnífico autor. A decir nuestro: breve, pero sustancioso y jugoso.

42. Del natural imperio. Es una secreta fuerça de superioridad. No ha de proceder del artificio enfadoso, sino de un imperioso natural. Sugétansele todos sin advertir el cómo, reconociendo el secreto vigor de la conatural autoridad. Son estos Genios señoriles, Reyes por mérito y Leones por privilegio inato, que cogen el coraçón, y aun el discurso, a los demás, en fe de su respeto. Si las otras prendas favorecen, nacieron para primeros mobles políticos, porque executan más con un amago que otros con una proligidad.

61. Eminencia en lo mejor. Una gran singularidad entre la pluralidad de perfecciones. No puede aver Héroe que no tenga algún extremo sublime: las medianías no son assunto del aplauso. La eminencia en relevante empleo saca de un ordinario vulgar y levanta a categoría de raro. Ser eminente en professión Humilde es ser algo en lo poco; lo que tiene más de lo deleitable, tiene menos de lo glorioso. El excesso en aventajadas materias es como un carácter de soberanía: solicita la admiración y concilia el afecto.

80. Atención al informarse. Vívese lo más de información. Es lo menos lo que vemos; vivimos de fe agena. Es el oído la puerta segunda de la verdad y principal de la mentira. La verdad ordinariamente se ve, extravagantemente se oye; raras vezes llega en su elemento puro, y menos quando viene de lejos; siempre trae algo de mixta, de los afectos por donde passa; tiñe de sus colores la passión quanto toca, ya odiosa, ya favorable. Tira siempre a impressionar: gran cuenta con quien alaba, mayor con quien vitupera. Es menester toda la atención en este punto para descubrir la intención en el que tercia, conociendo de antemano de qué pie se movió. Sea la reflexa contraste de lo falto y de lo falso.

108. Atajo para ser persona: saberse ladear. Es mui eficaz el trato. Comunícanse las costumbres y los gustos. Pégase el genio, y aun el ingenio sin sentir. Procure, pues, el pronto juntarse con el reportado; y assí en los demás genios, con éste conseguirá la templança sin violencia: es gran destreza saberse atemperar. La alternación de contrariedades hermosea el universo y le sustenta, y si causa armonía en lo natural, mayor en lo moral. Válgase desta política advertencia en la elección de familiares y de famulares, que con la comunicación de los extremos se ajustará un medio mui discreto.

Pintura de portada: Virtù Cardinali e Teologali e la Legge, Rafael Sanzio.

 

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