Biografías poéticas: poetas del Al-Andalus, primera parte

En la Villa de los Papiros buscamos poner al alcance de nuestros lectores lo mejor de la poesía universal. Por ello, comenzaremos con una breve selección de los mejores autores de ese periodo de la historia de la Península Ibérica conocido como Al-Andalus. Sin entrar en polémicas sobre su denominación y los problemas académicos alrededor de este concepto, podemos decir que el origen del Al – Andalus comienza en el año 711 con la ocupación y conquista de las tierras del Reino Visigodo, que comprendían la Península Ibérica y el territorio galo conocido como Septimania, por parte del Califato de Damasco. La expansión de la cultura árabe y del Islam en este espacio geográfico dio como resultado una rica producción literaria, científica, filosófica y artística sin igual, así como el desarrollo de una sensibilidad particular que ya se ve reflejada en textos como el Collar de la Paloma o en los lamentos amorosos de la poetisa Layla.

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Patio de los leones, Alhambra de Granada.

En esta ocasión, damos inicio a la poesía del Al – Andaluz con Bakkar ben Dawud al-Marwani, del cual sabemos muy poco: su fecha de nacimiento se data en el 1048 y se sabe que perteneció a la familia Omeya, cuya dinastía comienza alrededor del año 661 con el califa Muawiya.

Dura Asta

Tú, estás tardando a la cita,
y yo, en tenso anhelo y cuita.

En mis manos tengo para ti algo
que se ha alzado como dura asta.

Si lo probaras una sola vez, jamás
volverías a tardar, no seas tonta.

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Odalisca y esclava, Ingres.

¡Qué dolor!

Mi corazón no sabía el valor de tu amor
hasta que te has distanciado- ¡Ay dolor!

Yo creía que tu lejanía en nada me afectaría,
y cuando te has ido, me he quedado con ardor.

No cesa de dolerme la amargura del del abandono,
en su fervor casi me separa al alma del cuerpo.

¡Ojalá puedas con el encuentro salvarme de la agonía!

No tengo yo alma que aguante tanto dolor, ¡amor!

 

 

 

 

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Biografías poéticas: Pierre Louÿs, el maestro de lo obsceno

La literatura erótica francesa siempre ha gozado de una estupenda salud y de una amplia difusión en las letras universales. Escritores como Dominique Aury o George Bataille dan testimonio de esta afirmación. Y es ya conocido el cliché de pensar en el francés como el idioma del amor -también de la perversión- y otros tantos lugares comunes acerca de esta lengua que dio voz a escritores tan polémicos como Pierre Louÿs, quien es el motivo de esta entrada.

Pierre Félix Louis nació el 10 de diciembre de 1870, en Gante, Bélgica, en donde vivió muy poco tiempo, ya que a muy temprana edad viajó hacia Francia, lugar en el que desarrollaría su controvertida obra literaria. Amigo de artistas e intelectuales de la época como André Gide o Claude Debussy, se desenvolvió en el ámbito literario desde muy temprana edad, pues con tan solo 20 años de edad (1891) participa en la fundación de la célebre revista de autores parnasianos y simbolitas La Conque, a la vez que publica su primer poemario, Astarté.  Años más tarde, en 1896, publica su primera novela Aphrodite (mœurs antiques), en la cual se mezcla la ficción, el refinamiento y su estilo erótico inconfundible.

A continuación les dejamos algunos fragmentos del Manuel de civilité pour les petites filles à l’usage des maisons d’éducation (Manual de Urbanidad para Jovencitas).

No diga…diga…
(fragmento)

No diga: “Mi coño”.
Diga: “Mi corazón”.

No diga: “Quiero follar”.
Diga: “Estoy nerviosa”.

No diga: “Vengo de gozar como una loca”.
Diga: “Estoy un poco fatigada”.

No diga: “Cuándo tendré pelos”.
Diga: “Cuándo creceré”.

No diga: “Prefiero la lengua al pene”.
Diga: “Solamente me gustan los placeres delicados”.

 

Rúbrica especial para hacerse desvirgar
(fragmento)

Cuando tengas ocho años cumplidos, si te piden la virginidad, hay que darla; si no te la piden, hay que ofrecerla amablemente.

Para hacerse desvirgar, póngase en medio de la cama, quítese la camisa, o al menos levántela hasta las axilas, abra las piernas y abra con sus propias manos los labios del coño.

Una vez que la hayan desvirgado, cuídese bien de ir a contarlo a su señor padre. Eso no se hace.

 

De visita
(fragmento)

Si se ha hecho usted una paja en el ascensor, vuelva a ponerse los guantes antes de entrar.

En un salón muy fino, no coja nunca el pañuelo de un señor para limpiarse las partes ocultas, incluso si se moja por él.

Si una mujer modesta le dice: “Mi hijo trabaja peor que su hermano”, no conteste “Sí, pero su leche es mejor”. Los elogios de este tipo no suelen complacer a una madre cristiana.

 

Imagen de portada: Desnudo femenino, Egon Schiele

Cuando los sueños se hacen realidad: 10 reflexiones acerca de los sueños por autoridades clásicas

Los sueños, al igual que la vida, nos resulta, con frecuencia, llenos de obstáculos que debemos superar con trabajo arduo y perseverancia. De este modo, podemos llegar a saborear nuestros éxitos que son la base de estos, puesto que, sin ellos, carecemos del motor que gira nuestro rumbo.

Seguidamente, los dejamos 10 reflexiones acerca de los sueños que fueron la guía de las autoridades grecorromanas y que aún siguen vigentes en nuestro tiempo.

1. No nos atrevemos porque las cosas sean difíciles, son difíciles porque no nos atrevemos – Séneca.

2. La esperanza es un sueño despierto -Aristóteles.

3. Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo – Aristóteles.

4. Los hombres despiertos no tienen más que un mundo, pero los hombres dormidos tienen cada uno su mundo. También los dormidos son obreros que coadyuvan a lo que en el mundo se está haciendo -Heráclito.

5. Pesado sueño tiene el que no siente cuán mal duerme – Séneca.

6. Nunca seremos recolectores de esbeltas espigas o de flores si en los surcos nuestros diarios empeños carecen de la fuerza que les dan los sueños – Hesíodo.

7. No arruines lo que tienes deseando lo que no tienes; recuerda que lo que ahora tienes estuvo una vez entre lo que anhelabas -Epicuro.

8. Si no quieres ver tus deseos frustrados no desees jamás sino aquello que sólo de ti depende – Epicteto.

9. Los deseos del joven muestran las futuras virtudes del hombre – Cicerón.

10. El sueño alimenta cuando no se tiene qué comer – Menandro.

Pintura: Ladies’ Suit – Remedios Varo

Camil Petrescu, el padre de la novela moderna rumana

Tras una breve pausa en la Villa de los Papiros, retomamos las habituales publicaciones sobre literatura universal. En esta ocasión quisiera hablar de un novelista rumano que, hasta hace algunos meses, era un completo desconocido para mí. Además de Cioran y Mircea Eliade, ¿qué otro nombre nos viene a la memoria cuando buscamos representantes de la literatura en Rumania?

Camil Petrescu nació en Bucarest un 9 de abril de 1894, en el seno de una familia ausente,  ya que se sabe que su padre murió antes de su nacimiento y que perdió a su madre poco después de haber visto la luz. No obstante, logró sobresalir como un estudiante aplicado, además de mostrar un talento evidente para la literatura. Se sabe que su primer poema lo compuso durante la escuela secundaria; a partir de entonces, dedicaría un especial cultivo a este género literario a lo largo de su vida, publicando cuatro libros de poesía. Pero su carrera dentro de la literatura daría un auténtico vuelco con su primera novela Última noche de amor, primera noche de guerra, en donde narra los recuerdos sobre su participación en la Primera Guerra Mundial, conflicto que supuso una auténtica catástrofe para su país. De igual manera, incursionó dentro del ámbito del teatro, con 8 obras de teatro que lo posicionaron como una de las figuras más representativas de la dramaturgia de su país. A raíz de esto, fue nombrado director del Teatro Nacional de Bucarest en 1939.

El lecho de Procusto

Sin embargo, la novela que lo catapultó a la fama dentro de los círculos literarios e intelectuales de su país fue El lecho de Procusto,  una obra en la que se nos narra una historia de amor contada a través de cartas y relatos autobiográficos que ponen de manifiesto la condición irracional y caótica de la pasión. Traducida al castellano en 2007 para Editorial Gadir, esta novela llegó a mis manos cuando aún era un estudiante universitario y me encontraba en pleno descubrimiento de otros novelistas modernos como Albert Cohen o William Faulkner. En esa ocasión, lo que llamó profundamente mi atención fue el título, que me remitía al mito de Procusto, un ladrón que vivía una colina donde ofrecía hospedaje a los caminantes, para después torturarlos.

El suplicio por el que hacía pasar a sus víctimas consistía básicamente en amordazarlos y amarrar cada una de sus extremidades a las esquinas a un lecho hierro: si sus brazos, piernas o cabeza sobresalían de la cama, Procusto se las cortaba con el fin de hacerlos encajar; pero si sus extremidades eran demasiado quedaban demasiado pequeñas, las estiraba hasta despedazarlos.

Y esta es precisamente la metáfora detrás de esta magnífica novela epistolar de Petrescu: la tragedia amorosa de Ladima y Emilia, y la pasión frustrada entre la señora T. y Fred Vasilescu. Cada uno de los testimonios contados por los amantes se ajustan a su propia realidad y sensibilidad acerca del amor, pareciendo contradictorios e incompatibles entre sí al compararlos. Más que un retrato fiel del ser amado, nos encontramos ante un ser ideal, forzando al personaje de carne y hueso a encajar en un hechizo de pura ilusión. Así, esta novela nos cuenta el amor ciego del periodista y poeta Ladima por Emilia, una actriz de cuarta que ejercía la prostitución como modo de vida; no obstante, a los ojos del escritor, Emilia aparecía como una mujer intachable y de talento excepcional, procurando y cumpliendo los caprichos de esta, a pesar de saberse engañado e intuir a la verdadera mujer que se ocultaba detrás de su imagen idealizada. De igual manera, la pareja de la Señora T. y Fred Vasilescu aparece con diferentes matices y versiones de los hechos, llevando al lector a preguntarse quién de los personajes lleva la razón y nos cuenta la verdad. Al final, ambos llevan la verdad a su manera, mostrándonos una cara diferente del mismo amor.

Imagen: Catrina, Nicolae Tonitza, pintor rumano

La exaltación del fluir de la vida: un poema de Jean-Baptiste Chassignet

Si algún autor fue representativo en la corriente del barroco francés, este es Jean-Baptiste Chassignet con su poesía. En ella podemos percibir las características de este movimiento que está representado por la polifonía de miradas en la pintura y la constante transformación del hombre, aunque siga siendo el mismo. En efecto, de este último punto es el que hablaremos en este artículo.

El poema que vamos a comentar a continuación trata sobre el famoso Πάντα ῥεῖ de Heráclito, es decir, que todo en la vida está en continuo cambio como el fluir de un río, pues nunca llegamos a bañarnos en las mismas aguas ni ser los mismos de cuando miramos una fotografía del pasado, ya que el tiempo nos indica la ausencia de reconocimiento. Para ello el autor emplea vocabulario propio del agua (rivière, fleuve, cours) tanto en la fonética (las letras de la v y la f recuerdan los sonidos del río) como el juego de ese cambio e inestabilidad con paralelismos y con los tiempos verbales, comparando de este el nombre con el río por sus semejanzas.

Assieds-toi sur le bord d’une ondante rivière
Tu la verras fluer d’un perpétuel cours,
Et flots sur flots roulant en mille et mille tours
Décharger par les prés son humide carrière.

Mais tu ne verras rien de cette onde première
Qui naguère coulait ; l’eau change tous les jours,
Tous les jours elle passe, et la nommons toujours
Même fleuve, et même eau, d’une même manière.

Ainsi l’homme varie, et ne sera demain
Telle comme aujourd’hui du pauvre corps humain
La force que le temps abrévie et consomme:

Le nom sans varier nous suit jusqu’au trépas,
Et combien qu’aujourd’hui celui ne sois-je pas
Qui vivais hier passé, toujours même on me nomme.

Pintura: The Seine At Asnieres, Renoir