Cuando el destino toca la puerta: más allá de la leyenda del hijo rojo (primera parte)

Lo que todos sabemos del hilo rojo

Uno de los tópicos más conocidos acerca del amor en nuestra cultura es el famoso hilo rojo del destino (姻缘红线). Según se cuenta, existe un hilo rojo que conecta a las personas de manera íntima y profunda, con tal fuerza que su existencia se encuentra fuertemente unida a la de la otra persona.

El origen de esta leyenda se encuentra en la antigua cultura china y tiene dos versiones más que conocidas por todos nosotros. La primera de ellas nos dice que existe un anciano que aparece todas las noches bajo la luna (Yue Lao, dios del amor y del matrimonio en China) y comienza a unir a las almas predestinadas con un hilo rojo, a fin de hacerlas coincidir en esta vida.

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Fotografía: Representación de Yue Lao, Templo de  Wong Tai Sin, Hong Kong.

La segunda narración es un poco más larga y puede resumirse así: Hace mucho tiempo, durante la dinastía Tang, hubo un joven llamado Wei Gu, quien caminaba hacia la ciudad de Songcheng. Una tarde, se encontró con un anciano leyendo un libro a la luz de la luna. Sorprendido por este hecho, Wei Gu se acercó y le preguntó qué estaba haciendo. El anciano, un poco receloso, respondió: “Estoy leyendo un libro de la lista de matrimonio para saber quién se va a casar con quién. En este pequeño morral, llevo cordones rojos para atar los dedos de los futuros esposos”. Admirado por esto, Wei Gu le pidió al anciano que le mostrará a su futura mujer, por lo que el viejo decidió llevarlo de paseo hasta llegar a un mercado, en donde vieron a una anciana ciega que llevaba en sus brazos a una niña de apenas tres años. Entonces, el anciano le dijo a Wei Gu: “Esta pequeña niña será tu esposa”. Wei Gu pensó que tal vez el anciano le estaba tomando el pelo y le ordenó a uno de sus sirvientes que marcara a la pequeña con su cuchillo.

hilo rojo

Catorce años después, Wang Tai, el gobernador de Xiangzhou , le dio a Wei Gu su hija en matrimonio; sin embargo, la joven tenía dificultades para encontrar una pareja, a pesar de su hermosura. Cuando Wei Gu preguntó por qué, le dijeron que hace tiempo un malhechor la había marcado con una navaja, dejándole una profunda cicatriz en la frente. Días después, Wei Gu accedió a casarse con la hija del gobernador, y al destaparse esta el velo durante la ceremonia, quedó al descubierto la marca que años antes el sirviente de Wei Gu le realizó.

Entonces Wei Gu supo que el anciano de esa ocasión no mentía.

La arteria ulnar

Según la leyenda, el hilo rojo parte de alguno de nuestros dedo meñique y se conecta con el de la otra persona a la que estamos destinados; sin embargo, esto no sería más que una metáfora que hace referencia a la arteria ulnar, conectada directamente con el corazón, siendo una de las responsables de llevar sangre hacia cada una de los dedos de las manos. Esta arteria tiene su origen específicamente en la arteria subclavia, que posteriormente se convierte en la arteria axilar y sigue su recorrido hasta transformarse en la arteria braquial, para finalmente desembocar en la arteria ulnar.

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Yubitsume o acortamiento del dedo

Otras de las referencias importantes al dedo meñique se encuentra en la cultura japonesa con el yubitsume o acortamiento del dedo, una práctica que consiste en amputarse una parte de alguno de los dedos (generalmente el meñique) como una ofrenda para disculparse por alguna ofensa hecha hacia otra persona (casi siempre un superior). Cabe señalar que el yubitsume se asocia generalmente como parte un ritual exclusiva de la mafia japonesa o Yakuza.

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Las Moiras

En la mitología griega muchas veces se hace referencia a las hilanderas del destino, mejor conocidas como las Moiras. Según nos cuenta Hesíodo en la Teogonía, las Moiras son hijas de Zeus y Temis, y reciben los siguientes nombres:  Cloto (Κλωθώ o hilandera), poseedora de la rueca con la que hilaba las hebras de la vida; Láquesis (Λάχεσις o la que tira la suerte), quien se encargaba de decidir la longitud del hilo de la vida de los humanos, y Átropos (Ἄτροπος o inveitable), encargada de cortar el hilo de la vida.

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Pintura: A golden thread, John Melhuish Strudwick

Y después [Zeus] se desposo con la espléndida Temis, que le dio a luz a las horas, a Eunomia, a Dica y a la floreciente Irene, quienes maduran los trabajos de los hombres mortales; y a la Moiras a quienes el sapientísimo Zeus concedió los mayores honores, Cloto, Lacesis y Atropos, que dan a los hombres mortales la facultad de poseer bienes o de sufrir males.
Hesíodo, Teogonía (901-905)

El equivalente romano de las Moiras eran las Parcas, conocidas como Nona (presente en el nacimiento), Décima (determina la extensión de la vida de los mortales) y Morta (corta el hilo de la vida y da la muerte). Sobre estema, ahondaremos en una segunda parte.

 

 

 

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