Biografías Poéticas: Jaime Siles

La primera vez que escuché la poesía de Jaime Siles fue en su tierra natal, en voz de una compatriota suya que tuvo la camaradería de contarme un poco de la historia de este escritor y erudito valenciano. Nacido en 1951, Jaimes Siles es un fiel representante de eso que llamamos “tradición clásica”, tanto por su formación en letras (doctorado por la Universidad de Salamanca en Filología Clásica), como por su dedicación a la poesía en sus formas más tradicionales. Autor de 19 poemarios, entre los que se encuentra el célebre Semáforos, semáforos (1990) y Desnudos y acuarelas (2009), Siles destaca no sólo como vate talentoso, sino también como estudioso de otros poetas españoles, especialmente de la Generación del 27. En fin, esperamos que disfruten una de sus obras más célebres y que se animen a leer más de este magnífico autor.

Semáforos, Semáforos

La falda, los zapatos,
la blusa, la melena.
El cuello, con sus rizos.
El seno, con su almena

El neón de los cines
en su piel, en sus piernas.
Y, en los leves tobillos,
una luz violeta.

El cláxon de los coches
se desangra por ella.
Anuncios luminosos
ven fundirse sus letras.

Cuánta coma de rimmel
bajo sus cejas negras
taquigrafía el aire
y el aire es una idea.

El cromo de las motos
gira a cámara lenta.
Destellos, dioramas,
tacones, manos, medias.

Un solo parpadeo
Y todo se acelera.
El carmín es un punto
y es un ruido de seda.

La falda, los zapatos,
la blusa, la melena
Se han ido con la luz
verde que se la lleva.

En un paso de cebra
La vi y dije: ¡ella!
Y todos los motores
me clavaron su espuela.

El semáforo dijo
hola y adiós. Y era
muy pronto para todo,
muy tarde para verla.

El ámbar me mordía
los ojos y las venas
y la calle tenía
resplandor de pantera.

En qué esquina de yodo
su mirada bucea.
En qué metro de níquel
o burbuja de menta.

Ningún libro me dice
ni quién es ni quién era.
Ni su nombre ni el mío
intercambian fonemas.

Lloran los diccionarios,
lloran las azoteas
y dicto mis mensajes
en una lengua muerta.

He llegado hasta junio
y estoy en las afueras.
La costura del cielo
tiene blondas de niebla.

Las boquitas pintadas
dejan polvo de estrellas
en el borde de un vaso
boreal de ginebra.

Escrito en cuneiforme
el perfil de sus ruedas
los taxis amarillos
tatúan la alameda.

La noche me maquilla
con su breve tormenta
de bares y de hoteles
sonámbulos que tiemblan.

Otoño de terrazas
vacías y de mesas,
de toldos recogidos
y sillas genuflexas.

Los lápices de labios
con la aurora despiertan.
Los espejos los miran
dibujar sus dos letras.

En un paso de cebra
la vi y dije: ¡ella!
y todos los motores
me clavaron su espuela.

Ésta es la misma calle.
Ésta es la misma acera.
Y la hora, la misma.
Sólo ella no es ella.

La falda, los zapatos,
la blusa, la melena.
El cuello, con sus rizos.
El seno, con su almena.

¿Y la coma de rimmel
bajo sus cejas negras?
El aire me grafía
Aún su silueta.

Esculpida en el ámbar
de algún paso de cebra
fosforesce su piel,
fosforescen sus medias.

Pintura: Jorge Luis Santisteban

 

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