Biografías poéticas: Jaime Sabines

Si no has tenido tiempo de leer algo sobre el cantor de los Amorosos, lo recomendable sería echarle un vistazo a esta pequeña semblanza y dejarte llevar por el talento del poeta chiapaneco Jaime Sabines (1926-1999). Originario de Tuxtla Gutiérrez, México, Sabines es reconocido como uno de los grandes líricos del siglo XX en tierras americanas. Es autor de grandes poemarios como “Adán y Eva” (1952) y “Tarumba” (1956), dos de nuestros preferidos: el primero por su erotismo carnal y místico; el segundo por sus reflexiones sobre la vida de uno más que se sabe mortal. No obstante, el placer no está en describirlo o arrojar miles de datos sobre su trabajo, sino en la lectura de su obra. En la Villa de los Papiros te dejamos dos composiciones pertenecientes a los poemarios mencionados. ¡Qué lo disfrutes!

¿Qué putas puedo?
(De Tarumba)

¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla,
con mi pierna tan larga y tan flaca,
con mis brazos, con mi lengua,
con mis flacos ojos?

¿Qué puedo hacer en este remolino
de imbéciles de buena voluntad?

¿Qué puedo con inteligentes podridos
y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía?

¿Qué puedo entre los poetas uniformados
por la academia o por el comunismo?

¿Qué, entre vendedores o políticos
o pastores de almas?

¿Qué putas puedo hacer, Tarumba,
si no soy santo, ni héroe, ni bandido,
ni adorador del arte,
ni boticario,
ni rebelde?

¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo
y no tengo ganas sino de mirar y mirar?

III
(De Adán y Eva)

Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas?

Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquila y tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.

¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron, pues, de mi costado, no me dueles?

Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande, de algún modo.

Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día.

Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve.

Pintura: Los amantes, Alfredo Ramos Martínez.

 

 

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