De amor sí se puede morir: la poetisa Layla Al-Ajyaliyya

Autora: Mónica Encinas Fons

En ocasiones pensamos que el amor no visitará nuestra puerta; otras, que será efímero como el paso de las estaciones y del transcurso de la vida; no obstante, algunos afortunados encontrarán el amor para toda la eternidad. Este es el caso que le sucedió a la poetisa Layla Al-Ajyaliyya (muerte 704), representante de la continuación de la tendencia amorosa de la Arabia Pre-islámica, en la que los amantes sólo consagran devoción a una pareja. Esta poetisa, que cultivó el treno, se enamoró de un guerrero llamado Tawba, muerto en combate en el año 674; en este preciso momento, nuestra autora empezará a sufrir tanto de amor, que enfermará hasta el punto de morir a la edad de ochenta años sobre la tumba de su amado en la completa pobreza, representando de este modo a alguien que muere de amor.

Juro llorar la muerte de Tawba
y honrar a aquél contra quien se volvió la fortuna.
Por vida tuya, que la muerte no es un oprobio para el joven,
si en vida no cayó en falta.
Ni uno solo entre los vivos, por muy sano que esté,
sobrevivirá a los enterrados en las tumbas,
y quien, angustiado, interpela al destino,
un día, sin remedio, se verá pacientemente juzgado.
Ninguna vida escapa a la muerte;
los días y el tiempo no vuelven atrás.
El vivo no puede evitar lo que decreta el destino
ni el muerto resucitará, si ni tan siquiera el vivo espera.
Toda juventud o todo lo nuevo se reducen a nada.
Todo hombre torna a Dios un día.
En desconcierto nos separamos de nuestros compañeros,
por más que los tuviéramos en mucho,
por larga que fuera nuestra convivencia.
Juro no dejar de llorarte
mientras la paloma zuree sobre la rama o un pájaro vuele.

 

Cuadro: Frederick Leighton – The Reconciliation of the Montagues and Capulets over the Dead Bodies of Romeo and Julieta.

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