10 enseñanzas de autoridades clásicas acerca del fracaso

Todos hemos sucumbido ante el amargo sabor de nuestros fracasos. A pesar de ello, nos hemos levantado para poder iniciar una nueva etapa de la vida, sin importarnos los obstáculos que vendrán después. No obstante, gracias a esta experiencia, nos hacemos más fuertes y valiosos con tal de lograr las metas deseadas.

Te dejamos 10 lecciones sobre el fracaso para que apliques en tu día a día.

  1. Si eres hombre, alza tus ojos para admirar a los que han emprendido cosas grandes aunque hayan fracasado – Séneca
  2. Cuando una parte del todo cae, lo demás no está seguro – Séneca
  3. Todos reclaman los éxitos pero los fracasos se imputan a uno solo – Tácito
  4. A la piedra arrojada no le importa caer ni subir – Marco Aurelio
  5. Vale más fracasar honradamente que triunfar debido a un fraude – Sófocles
  6. Muy pocos aciertan antes de errar – Séneca
  7. No destruyas lo que has conseguido – Solón
  8. Entre dos hombres iguales en fuerza, el que tiene más razón es el más fuerte – Pitágoras
  9. Quien tiene la voluntad tiene la fuerza – Menandro
  10. Haz por ser semejante a un promontorio. Las olas del mar se estrellan contra él de conjunto, y él se mantiene inmóvil, hasta que en torno suyo se abonanzan las aguas – Marco Aurelio.

Pintura: La muerte de Séneca – Manuel Domínguez y Sánchez

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Biografías poéticas: Jaime Sabines

Si no has tenido tiempo de leer algo sobre el cantor de los Amorosos, lo recomendable sería echarle un vistazo a esta pequeña semblanza y dejarte llevar por el talento del poeta chiapaneco Jaime Sabines (1926-1999). Originario de Tuxtla Gutiérrez, México, Sabines es reconocido como uno de los grandes líricos del siglo XX en tierras americanas. Es autor de grandes poemarios como “Adán y Eva” (1952) y “Tarumba” (1956), dos de nuestros preferidos: el primero por su erotismo carnal y místico; el segundo por sus reflexiones sobre la vida de uno más que se sabe mortal. No obstante, el placer no está en describirlo o arrojar miles de datos sobre su trabajo, sino en la lectura de su obra. En la Villa de los Papiros te dejamos dos composiciones pertenecientes a los poemarios mencionados. ¡Qué lo disfrutes!

¿Qué putas puedo?
(De Tarumba)

¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla,
con mi pierna tan larga y tan flaca,
con mis brazos, con mi lengua,
con mis flacos ojos?

¿Qué puedo hacer en este remolino
de imbéciles de buena voluntad?

¿Qué puedo con inteligentes podridos
y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía?

¿Qué puedo entre los poetas uniformados
por la academia o por el comunismo?

¿Qué, entre vendedores o políticos
o pastores de almas?

¿Qué putas puedo hacer, Tarumba,
si no soy santo, ni héroe, ni bandido,
ni adorador del arte,
ni boticario,
ni rebelde?

¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo
y no tengo ganas sino de mirar y mirar?

III
(De Adán y Eva)

Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas?

Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquila y tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.

¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron, pues, de mi costado, no me dueles?

Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande, de algún modo.

Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día.

Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve.

Pintura: Los amantes, Alfredo Ramos Martínez.

 

 

Los procedimientos de repetición y sustitución textual en español (primera parte)

Autor: Daniel Álvarez Bermúdez

Una buena redacción no se limita únicamente a una buena ortografía o al uso correcto de los signos de puntuación. En el ámbito profesional de la producción y el análisis de textos, existen otros elementos tales como la cohesión y la coherencia textuales, que abarcan desde la sintaxis y la organización de las estructuras superficiales, hasta los procesos retóricos y las estrategias discursivas empleadas por el productor. Por ello, en esta ocasión queremos ir más allá de las recomendaciones de estilo más comunes, para acercarnos poco a poco a terrenos un poco más profundos. Así, comenzamos con dos elementos a tomar en cuenta en el análisis textual y discursivo: la repetición y la sustitución.

Cuando hablamos de repetición nos referimos a la aparición de una misma palabra, término, concepto o estructura a lo largo del texto, con la finalidad de reforzar su presencia a lo largo del discurso. En el nivel más básico, la repetición se refiere a la aparición constante de una misma palabra o bien de sus sinónimos. Por ejemplo:

El delantero se lleva el balón por toda la banda. Cerca de la portería, dispara con toda su fuerza y el esférico rebota en un poste. Finalmente, cuando ve perdida su oportunidad, la pelota es retomada por el defensa y remata. El portero no ve el balón y mira desconcertado la celebración del equipo contrario.

Como se puede observar, la palabra balón aparece a lo largo del texto, ya sea de manera literal o a través de sinónimos, en este caso, esférico y pelota (si bien no existe la sinonimia exacta en el español). También aplica en este caso la sinonimia referencial, como se da en el siguiente caso:

Leonardo iba al frente de toda la escuadra de jóvenes militares. Como el capitán de la misión, debía alcanzar el objetivo. El hombre al mando era él y no otro. Su objetivo era claro: lograr recuperar el control en la zona del atentado. El líder de la misión debía arriesgarlo todo o dejarlo.

De igual manera, existen otro tipo de repeticiones que van más allá del mero léxico y se dan en el terreno sintáctico. Por ejemplo:

Tenemos que lidiar con aquellos que nos oprimen todos los días. Tenemos que brindar atención a las personas sin distinción alguna. Tenemos que seguir el curso de la realidad, a pesar de las desgracias. Tenemos que llevar nuestras ideas a donde nos escuchen.

Este tipo de repetición es conocida como paralelismo sintáctico, es decir, cuando se repiten determinadas estructuras dentro del texto, aunque con pequeñas variaciones. Cabe señalar que dentro de los estudios literarios, a este fenómeno se le conoce también como anáfora y ocurre sobre todo en la poesía, cuando se repiten las mismas unidades léxicas al comienzo del verso. Un ejemplo perfecto de la anáfora serían los siguientes versos de Miguel Hernández:

Tristes guerras, si no es amor la empresa. Tristes, tristes.
Tristes armas, si no son las palabras. Tristes, tristes.
Tristes hombres, si no mueren de amores. Tristes, tristes.

Dentro de la repetición también encontramos a los hiperónimos y los hipónimos, es decir, conceptos que engloban a otros, en el primer caso, y conceptos que se encuentran dentro de otros, en el segundo caso. Por ejemplo:

Dejamos las sillas, mesas y armarios en casa. El día de mañana sacarán los muebles y los venderán.

Plantarán flores el día de mañana en el jardín. Al fin podremos disfrutar de las gardenias, girasoles, rosas y demás bellezas.

En el primer ejemplo, sillas, mesas y armarios constituyen hipónimos de muebles; y en el segundo, flores sería el hiperónimo de gardenias, girasoles y rosas.

No obstante, existen otras formas de repetición más complejas, tanto léxicas como sintácticas, que podemos encontrar en los textos: la paráfrasis, la metáfora, el uso de epítetos, la concatenación, el retruecano, entre otros más que pertenecen más a la retórica literaria.

De esta manera, queda conclusa la primera parte de este breve exposición.

Esperen la segunda parte pronto.

Obra de portada: El tejedor, Vicent van Gogh.

 

La mujer que quiso combatir: la Balada de Mulan

Autora: Mónica Encinas Fons

En esta entrega de la Villa, pasamos de la poesía de la Arabia Preislámica con la sensualidad de Imru´l Qays y el amor eterno de la poetisa Layla Al-Ajyaliyya, a la de la Antigua China de la mano de Hua Mulan. Todos conoceréis este personaje gracias a la maravillosa factoría de sueños de las películas de Disney. Pero nosotros hablaremos de quién era en realidad. Hua Mulan fue una mujer legendaria que se unió al ejército masculino disfrazada de guerrero con el fin de ocupar el lugar de su anciano padre, cuya fuente de su presencia es el texto narrativo chino, que se compuso en el siglo VI, conocido como La Balada de Mulan, durante el gobierno de la dinastía Tang, a pesar de que se haya discutido si era un personaje histórico o literario, pues el período en que sucede la historia es incierto, y fue enseñado en las escuelas de allí.

El argumento de esta historia es el siguiente: mientras Mulan estaba lavando ropa -como un día cualquiera-, escucha que el ejército está reclutando a gente; en ese preciso momento, decide disfrazarse de hombre con tal de salvar a su padre, que estaba demasiado enfermo y anciano para combatir en una guerra, ocupando su lugar. A continuación, Mulan va al campo de batalla con una mula y una espada de sus antepasados, luchando durante diez o doce años y consiguiendo a su vez el título de general.

Durante la contienda Mulan conoce un oficial, cuyo nombre era Jim Yong, del cual se enamoró. Tras terminar esta con el servicio militar, el emperador le entregó los más altos honores. Una vez que este conoció que era una mujer, su amor creció más, soñando incluso con casarse. Pero esta, al no querer continuar allí, le pide solamente un burro con tal de regresar a su casa. Después de esto, sus antiguos compañeros la visitan y descubren sorprendidos al verla que es una mujer por su vestido. Por último, el poema presenta la imagen de una liebre hembra -representada por Mulan- y otra macho -que son sus compañeros- corriendo juntos, siendo preguntado por un narrador si hubiese alguien que pudiera distinguirlos.

Por otra parte, gracias a la referencia del “Khan”, podemos fechar la composición del poema. Similar a la leyenda de Mulan es la historia de la emperatriz Fu Hao, esposa del emperador Wu Ding de la Dinastía Shang, que se convirtió en general de los ejércitos chinos.

La fuente del relato está en una canción popular de la Dinastía Wei del Norte (184-283 d. C.), cuyo nombre era La balada de Mulan, texto fechado en el siglo VI, que hemos conservado en la obra Music Bureau Collection, antología de lírica, de canciones y poemas recogidos por Guo Maoqin durante el siglo XI o XII, a pesar de que la mayoría de los relatos de su relato fueron agregados durante la dinastía de la Dinastía Tang. Otra presencia de nuestra protagonista la hallamos en la dinastía Ming, así como en otras dos obras más. Estas son: La femenina Mulan o la Heroína Mulan va a la guerra en el palacio de su padre, pieza de dos actos; y el Romance Sui-Tang, novela histórica del siglo XVII. En cuanto a las adaptaciones, nos encontramos una novela basada en dicha balada en el período tardío de la dinastía Ming (1368-1644), la película animada de Disney (1998), así como en numerosas obras de arte.

Tsi-tsi, tsi-tsi…
Está tejiendo Mulan
junto a la puerta.
De pronto cesa el telar,
y se oye un suspiro.
-¿Qué estás pensando, hija?
¿Qué es lo que te preocupa?
-Nada, padre, casi nada…
Es que ayer vi un edicto del Gran Khan
sobre el inicio del reclutamiento.
La lista viene en doce libros,
y en todos encuentro su nombre.
Usted no tiene hijo varón,
ni yo ningún hermano mayor.
Así que quería montar a caballo
y reemplazarle para ir a la guerra.
Compra Mulan un caballo fuerte
en el mercado del este,
una montura en el del oeste,
un freno en el del sur,
y un látigo en el del norte.
A la mañana siguiente,
se despide del padre y la madre.
Por la noche, se detiene
a la orilla del río Amarillo.
Ya no oye la afectuosa voz de sus padres,
sino furiosos rugidos de las olas.
De madrugada, otra vez parte
para pernoctar en el Monte Negro.
Tampoco oye a sus cariñosos padres,
sino furiosos rugidos de las olas.
De madrugada, otra vez parte
para pernoctar en el Monte Tártaro.
Presurosa marcha al campo de batalla,
deja atrás varias fortalezas
El gélido aire trae el duro son
de los gons de los veladores.
Las corazas, bajo un sol lánguido,
despiden un frigio brillo.

Tras cien combates muere el general,
y al cabo de diez años regresa la guerrera.
La recibe el monarca
en la sala de Audiencia.
La asciende al grado más alto
y le concede miles de onzas de oro.

Le pregunta qué piensa hacer.
Mulan le dice que no quiere ser
ni mandarín ni funcionario.
Sólo pide un camello
para volver a casa.
Recibida la noticia,
sus padres, ya muy ancianos,
apoyados uno en el otro,
van a la entrada del pueblo a su encuentro.
Recibida la noticia,
su hermana se adorna ante la ventana.
Recibida la noticia,
su hermanito afila la cuchilla
para matar cordero y cerdo.

Mulan abre la puerta del pabellón este.
Sentada en el lecho del pabellón oeste,
se quita su ropa de combate
y se pone la de doncella.
Junto a la ventana, ante el tocador,
se peina y se maquilla.
Sale a ver a sus compañeros,
que se quedan con la boca abierta.
«Luchando doce años codo a codo,
nunca supimos que era muchacha».

Cuando corren por el campo
una pareja de liebres,
¿quién podrá distinguir
entre el macho y la hembra?

Cuadro: Hua Mulan (Fuente no identificada).

 

 

 

 

De amor sí se puede morir: la poetisa Layla Al-Ajyaliyya

Autora: Mónica Encinas Fons

En ocasiones pensamos que el amor no visitará nuestra puerta; otras, que será efímero como el paso de las estaciones y del transcurso de la vida; no obstante, algunos afortunados encontrarán el amor para toda la eternidad. Este es el caso que le sucedió a la poetisa Layla Al-Ajyaliyya (muerte 704), representante de la continuación de la tendencia amorosa de la Arabia Pre-islámica, en la que los amantes sólo consagran devoción a una pareja. Esta poetisa, que cultivó el treno, se enamoró de un guerrero llamado Tawba, muerto en combate en el año 674; en este preciso momento, nuestra autora empezará a sufrir tanto de amor, que enfermará hasta el punto de morir a la edad de ochenta años sobre la tumba de su amado en la completa pobreza, representando de este modo a alguien que muere de amor.

Juro llorar la muerte de Tawba
y honrar a aquél contra quien se volvió la fortuna.
Por vida tuya, que la muerte no es un oprobio para el joven,
si en vida no cayó en falta.
Ni uno solo entre los vivos, por muy sano que esté,
sobrevivirá a los enterrados en las tumbas,
y quien, angustiado, interpela al destino,
un día, sin remedio, se verá pacientemente juzgado.
Ninguna vida escapa a la muerte;
los días y el tiempo no vuelven atrás.
El vivo no puede evitar lo que decreta el destino
ni el muerto resucitará, si ni tan siquiera el vivo espera.
Toda juventud o todo lo nuevo se reducen a nada.
Todo hombre torna a Dios un día.
En desconcierto nos separamos de nuestros compañeros,
por más que los tuviéramos en mucho,
por larga que fuera nuestra convivencia.
Juro no dejar de llorarte
mientras la paloma zuree sobre la rama o un pájaro vuele.

 

Cuadro: Frederick Leighton – The Reconciliation of the Montagues and Capulets over the Dead Bodies of Romeo and Julieta.

La Mu´allaqa de Imru´l Qays, un prólogo amoroso ejemplar en la literatura árabe

Autora: Mónica Encinas Fons

Antes de comenzar a ilustrar la belleza de semejante poema, mis palabras se centrarán en el agradecimiento eterno a la que me enseñó por primera vez esta literatura embriagada de erotismo en toda su plenitud. Pues, desde ese momento, no he dejado de leer por las noches la poesía árabe de la época preislámica. Esta vez hablaré de un poeta beduino -poeta que recorre el desierto como un nómada, con el fin de luchar contra sus enemigos y que se rige por el código del honor y deshonor-, Imru´l Qays (muerte 540), que fue conocido por ser “El rey errante”, al proponerse vengarse de los que asesinaron a su padre, así como también sabemos que Justiniano se dio cuenta de las miradas amorosas entre su hija y nuestro autor, por lo que hizo que, antes de marcharse, se le entregase una túnica envenenada, recuerdo del mito de Heracles y el centauro Neso.

Sin embargo, si de algo conocemos su obra, es por el primer prólogo amoroso (Nasib) en dicha lengua, donde nos describe que Imru´l estaba agazapado en una especie de duna en la que podía ver a unas mujeres desnudas que se bañaban. Este prólogo se diferencia de los demás en romper la norma: habla de varias amadas, además de observarse claramente cuatro partes imprescindibles del nasib: la descripción física de la amada; el hecho de estar montado en caballo y hacer un alto en el campamento de su amada; la descripción de las ruinas; y por último, el llanto ante las ruinas, constante en esta poesía.

 

Hagamos un alto y lloremos en recuerdo de la amada
y una morada cerca del bancal entre Dajl y Hawmal.
Los vientos del Norte y del Sur, Tudih y Miqrat,
han tejido en los patios, sin borrar sus huellas,
excrementos de gacela como granos de pimienta.

La mañana en que ella partió yo mascaba coloquíntida por las acacias del aduar.
Mis compañeros detuvieron junto a mí sus monturas:
Contente, no caigas en la aflicción.
Mi consuelo es dejar correr las lágrimas;
más, ¿Acaso consuelan unas huellas borradas?
¿No cortejaste antes a Umm al-Ribab en Mas´al?

Cuando ellas se levantaban esparcían bocanadas de almizcle,
aroma de clavo transportado por el céfiro y,
al dejarlas, tanto lloraba que llegué a mojar de lágrimas el cinto.
Con ellas pasé días maravillosos,
pero el mejor fue el día de Darat Yulyul.

Ese día maté a mi caballo para ofrecérselo a las muchachas
que se disputaban los trozos de carne,
yendo y viniendo la grasa de unas a otras como jirones de seda,
entré en el palanquín de Unayza.
Baja, dijo, si no lo haces tendré que hacerlo yo.

El palanquín se balanceaba bajo nuestros cuerpos.
Baja, Imrul Qays, el animal sufre.
Yo le respondí: suéltate brida. No me alejes de tu codiciado fruto.
Antes he visitado a mujeres como tú, incluso encintas,
que dejaban al recién nacido con sus amuletos.
Girándose, si lloraba, tan sólo de medio cuerpo para arriba.
Una se me resistió una vez en lo alto de la duna
pretextuando una promesa indisoluble.

Calma, Fátima, aunque hayas decidido romper vete poco a poco;
¿o te gusta ver como tu amor me mata, como mil corazón te obedece en el acto?Pretextando una promesa indisoluble.

Calma, Fátima, aunque hayas decidido romper vete poco a poco;
¿o te gusta ver como tu amor me mata, como mi corazón te obedece en el acto?

Si por algo me odias, separa nuestros vestidos
y verás que están hechos de la misma trama.
Tus ojos sólo lloran para mejor lanzar sus dardos
que han herido de muerte a un corazón desgarrado.

Con otras mejor guardadas disfruté en una alcoba infranqueable
atravesando una tropa de guardianes atentos para matarme.
Entré cuando en el cielo se desplegaban las pléyades
como juego de perlas en collar ensartadas.

Ella se había quitado la ropa, sólo llevaba una llevaba una ligera túnica.
No, por Dios, tus tretas no valen aquí, dijo,
veo que no cejas en tu seducción.

Me la llevé en seguida abriéndole camino
mientras con su manto ella iba borrando las huellas del suelo.
Cuando atravesamos la plaza del aduar
y alcanzamos el fondo de un vado rodeado de dunas,
con las manos en las sienes, la incliné hacia mí:
fina cintura, pierna exuberante, llena de ajorcas.

Blanca y esbelta, prieta. Su pecho era liso y pulido como un espejo,
reflejos de rechazo o deseo en un rostro liso.
Su ojo, tierno como el de la fiera de Wajrah para con su cría.
Su cuello tan hermoso como el de la gacela, delicado al alzarse, sin abalorios.
La cabellera abundante y muy negra, engalanando la espalda,
rica como rama de palmera cargada de frutos.
Sus rizos rebeldes son indómitos y enredan los lazos del pelo
en una ola de ondas encabalgadas.
Costados delicados, maleables como cuerda trenzada.
Una cepa hincada en tierra regada en su pierna.

Duerme, el sol en alto, ligera de ropa,
copa desparramados de almizcle sobre su lecho.
Extiende sus tiernos, suaves dedos, como larva de Zuby o palillis de Ishal.
Luce en el ocaso como lámpara de monje en la noche.
Los hombres criados entre corazas y escudos
se enamoran de mujeres así, virgen blanca reluciente entre oros.

Otros insensatos la olvidan, más no yo.

Pintura: Hans Zatzka (1859-1945), Harem Entertainers.

20 recomendaciones de autores clásicos para llegar a prudente

Autora: Mónica Encinas Fons

En estos tiempos que corren necesitamos la ayuda de la prudencia para poder socializarnos sin ningún problema, a pesar de que nuestros dirigentes no sean un buen ejemplo de ello. Aún así la sociedad, en constante evolución, puede ayudarse de los clásicos sin que sepa exactamente su pervivencia en cada uno de nosotros. Por lo que sabemos, la prudencia que ejerció cada uno de las autoridades clásicas es vital en el comportamiento de la multitud.

De todas maneras, les aportamos 20 consejos que nos ofrecieron estos autores con el fin de convivir en harmonía y plenitud con la sociedad.

1. La imprudencia suele preceder a la calamidad – Apiano.

2. El rasgo distintivo del hombre prudente es el ser capaz de deliberar y de juzgar de una manera conveniente sobre las cosas – Aristóteles.

3. Confiamos porque somos precavidos – Epicteto.

4. La prudencia es el más excelso de todos los bienes – Epicuro.

5. Si la prudencia te acompaña, ningún poder celestial te desamparará – Juvenal.

6. Por el camino de en medio irás siempre muy seguro – Ovidio.

7. En la prosperidad modérate; en la adversidad resígnate y sé siempre prudente – Periandro.

8. No aticéis el fuego con una espada – Pitágoras.

9. La temeridad es peligrosa en un jefe: el verdadero coraje es la prudencia – Eurípides.

10.Cuando una casa está a punto de venirse abajo, todos los ratones la abandonan – Plinio el Joven.

11. El que es prudente es moderado; el que es moderado es constante; el que es constante es imperturbable; el que es imperturbable vive sin tristeza; el que vive sin tristeza es feliz; luego el prudente es feliz – Séneca.

12.La prudencia suele faltar cuando más se la necesita – Publio Siro.

13.Si sois prudentes observaréis atentamente a los hombres para que no os oculten lo que piensan – Solón.

14.No obres nunca apasionado. ¿Por qué quieres entrar en el mar durante la tempestad? – Teógenes.

15.No lo hagas si no conviene. No lo digas si no es verdad – Marco Aurelio.

16.Sé prudente. Lo mejor en todo es escoger la ocasión – Hesíodo.

17.No es la blancura de los cabellos la que comunica prudencia – Menandro.

18.No des la felicidad de muchos años por el riesgo de una hora – Tito Livio.

19.La fuerza que no va guíada por la prudencia, cae por su propio peso – Horacio.

20.Mezcla a tu prudencia un grano de locura – Horacio.

Pintura: Alegoría de la virtud de la Prudencia – Simón Vouet