Cuando Shakespeare se hizo cool

Autor: Daniel Álvarez Bermúdez

Introducción

En la actualidad cualquier fanboy con una cuenta en alguna de las tantas redes sociales y acceso a un sitio de blogging se erige como representante de los estudios en Cultura Pop. No es nada nuevo, ni tampoco despreciable, ya que si tomamos en cuenta las horas invertidas frente a Netflix o con los oídos pegados a listas de Spotify con música de los 80s, 90s y más posmo, podríamos decir que los estudios de este nuevo tipo de “erudito” iluminan sobremanera las vivencias del consumidor de espectáculos de la sociedades mediáticas (en la línea de Debord).

Sin embargo, esto no es una diatriba contra nuestros amigos coolturetas, ni un intento por analizar su comportamiento, sino el análisis de un fenómeno literario que desde hace unos años se aloja en Tumblr: los maravillosos Pop Sonnets (https://popsonnet.tumblr.com/).

En un principio, la imagen encabezado de Shakespeare y el estigma contemporáneo de la palabra Pop me dieron la impresión de que el sitio se trataba de uno más de los rollitos de algún chico buena onda de las redes sociales; sin embargo, cuando me di el tiempo de leer algunas de sus re-composiciones, quedé sorprendido por la habilidad poética de Erik Dridiksen, autor del material comentado.

Básicamente, Pop Sonnets se trata de relaboraciones poéticas de famosas canciones de personajes como Ariana Grande, Taylor Swift, Britney Spears, Maria Carey y más exponentes de la misma línea. Cabe preguntarse, ¿cuál fue la particularidad de los Pop Sonnets como para traerlos a cuento?

Pues bien: el autor de estos sonetos no sólo es uno de esos tipos bastante ingeniosos y con talento que saben explotar el nicho comercial, sino también un auténtico artista (en la misma línea de Warhol) que transformó melodías de compositores pop a un estilo de verso muy particular del Renacimiento literario en lengua inglesa, es decir a pentámetros yámbicos, unidad de composición del soneto isabelino.

Este simple hecho ya merece un poco de reflexión posmoderna y mucho de aplicación sobre estudios literarios a una obra que ya se ha convertido en fenómeno editorial en fechas recientes. Desde luego, quisiera énfasis en los siguientes aspectos: autor y obra. ¿Por qué? Sin la fanfarronería de muchos actores mediáticos de la web 2.0, este tipo de creadores le brindan a la literatura nueva sangre, que sin ser exclusivamente popular, reviste las galas de lo que ahora consideramos formas cultas.

En síntesis, puede decirse que convergen el género formal e informal: pastiche y tradición se dan cita en un entorno paródico y fiel a las instituciones de la poesía universal, como parte del cultivo de un género que lleva poco más de medio milenio establecido en el nicho literario.

 

“Tus días son tus sonetos”

Argumentar extensamente sobre el hecho de si los Pop Sonnets son o no son literatura (“be or no to be: that is the question”) me parece un poco forzado, pero la respuesta es obvia: sí, lo son. Varios son los argumentos para sustentar la afirmación; sin embargo, basta el desarrollo y el planteamiento de uno sólo para articular un análisis concreto y válido: los Pop Sonnets pertenecen a una tradición poética identificable y con bastante trayectoria académica en los estudios de historia literaria. Desde luego hablamos del soneto, género que tuvo su origen en Sicilia durante el siglo XIII y que fue cultivado y popularizado por los poetas pertenecientes a Il Dolce Stil Nuovo. Su paso a la tradición inglesa derivó en el llamado soneto isabelino o inglés, base de donde parten las creaciones de Dridiksen.

El punto de partida de este análisis se encuentra en el encabezado de la página de Pop Sonnets y en el título mismo del blog: “Pop Sonnets: Old twists on new tunes, every Thursday”. Traducido e interpretado como “un giro tradicional para nuevas melodías”, el encabezado anuncia la poética de los textos de manera breve y explícita. Como ya se mencionó, los Pop Sonnets son letras de canciones de compositores como Taylor Swift adaptadas a la estructura del soneto inglés: por un lado se encuentra con un elemento de la Tradición Literaria (soneto) y por el otro la referencia a un elemento de la Cultura Pop (canciones de la industria discográfica y radiofónica), ambos con particularidades que abordaré desde criterios lingüístico – enunciativos e históricos – sociológicos.

 

¿Qué sabemos sobre los orígenes del soneto?

El soneto es un tipo de composición poética formada por 14 versos endecasílabos, divididos en 4 estrofas en la versión moderna introducida por el italiano Petrarca: las dos primeras de 4 versos cada una y las dos últimas de tres versos cada una, con una rima consonante del tipo abba – abba para los cuartetos (una octava) y variable para los tercetos (sexteto en doble rima o triple rima).

Algunas hipótesis plantean que el soneto tiene su origen con el siciliano Giacomo de Lentini, de quien se conservan 21 sonetos, escritos entre 1230 y 1243. En los textos que se conservan de este autor, la forma original plantea una estrofa de siete versos, cada uno compuesto por dos hemistiquios endecasílabos; la rima de esta composición planta una interna y una final, bajo la configuración ab, ab, ab, ab, cd, cd, cd.

A su vez, existe la hipótesis de que el soneto se trata de la evolución de la estrofa de la canción cultivada por los provenzales, aunque es difícilmente comprobable o posible de desarrollar en una teoría sólida que dé muestras de tal.

Si bien extenderse sobre un estudio filológico sobre el soneto no es mi intención, con el nombre de Lentini se institucionaliza el origen del género en la literatura académica y el origen del género mismo. La estructura arcaica propuesta por el siciliano sería la base sobre la cual Petrarca desarrollará las bases para el soneto 4/3, implementado la rima de los cuartetos en abba (lo cual incluso es discutido por diversos teóricos que hacen hincapié en la diferencia entre el quattordici y el soneto, por lo que la discusión es aún más abundante e interesante): el tipo de versificación se mantiene en los poetas del Dolce Stil Nuovo, aunque con algunas variables mínimas en los tercetos, y puede comprobarse esto en los sonetos de Dante Alighieri y Guido Cavalcanti.

 

¿Pero qué le ocurre al soneto en su paso a la lengua inglesa?

Se habla de Thomas Wyatt como el introductor del soneto en Inglaterra. Las alteraciones hechas por este poeta a la estructura petrarquista son considerables, a pesar de conservar –aparentemente– el ordenamiento 4/3. A esta nueva tradición que comienza a gestarse en la lírica inglesa, inaugurada con las traducciones que Wyatt hizo de los sonetos de Petrarca, se le conoce con el nombre de soneto isabelino. Años más tarde, Shakespeare hará radicales las diferencias con la forma italiana y dará identidad plena a la forma en lengua inglesa. Sin embargo, es preciso señalar cuáles son las características propias del isabelino y por qué motivos difiere de la estructura popularizada por los poetas del Dolce Stil Nuovo.

 

Traducción, adaptación y continuidad: reelaboración del soneto

En las traducciones que Wyatt hizo de los sonetos de Petrarca, se respeta el esquema italiano abba-abba para los cuartetos en la mayoría de las composiciones, conservando la octava; sin embargo, los tercetos desaparecen y con ello la unidad del sexteto, para dar paso a un cuarteto y un pareado. ¿A qué se debe la transformación métrica del soneto isabelino?

Como ya se señaló, el primer factor es la traducción del italiano al inglés, hecho que modifica el tipo de verso empleado de manera definitiva: de ser versos endecasílabos, se pasa al verso decasílabo o pentámetro yámbico, que se empleará hasta nuestros días en el soneto isabelino. Otras de las modificaciones es el tipo de rima señalado, debido a las posibilidades expresivas del inglés: es usual encontrar en Wyatt el esquema abba-abba-cddc-ee.

Estos hechos no deben pasarse por alto: al igual que Lentini fue el precursor del soneto italiano perfeccionado por Petrarca, Wyatt da la pauta para que Henry Howard, otro traductor posterior de Petrarca y el primero en traducir la Eneida al inglés, establezca la forma definitiva del isabelino o soneto shakesperiano. El nuevo esquema rítmico introducido por Howard, quien con anterioridad ya había usado el verso blanco (pentámetro yámbico) en sus composiciones y que retoma con modificaciones para los sonetos, se da de la manera abba-cddc-effe-gg (popularizado por Shakespeare). Cabe señalar que ambos poetas ingleses trabajaron sus traducciones y sonetos propios con la influencia de Petrarca en mente.

 

Taylor Swift y el verso de arte mayor

Es posible profundizar más sobre las diferentes etapas históricas y marcos de referencia a través de los cuáles interpretar las transformaciones del soneto, pero sería de una extensión inverosímil un estudio con tales aspiraciones. Sin embargo, es posible acercarnos brevemente a los Pop Sonnets, composiciones poéticas con una chispa de genialidad para esta época que adora la ironía y el pastiche como recursos poéticos en todas las artes contemporáneas. ¿Por qué no trasladar canciones de Taylor Swift a pentámetros yámbicos y cantarlos al son de la cítara?

En una sociedad mediática como la nuestra, el uso de recursos de la cultura pop en las artes contemporáneas ya es un elemento más que agotado; pero al incorporar este pequeño guiño de la cultura clásica de lengua inglesa a la cultura pop, la intención de los Pop Sonnets adquiere múltiples sentidos, que van desde la parodia hasta el homenaje, creando vasos comunicantes entre las instituciones de la industria musical y las instituciones literarias.

Fernández Porta ya hace tal distinción entre lo seriamente frívolo y lo frívolamente serio como una de las condiciones de la producción artística de nuestro tiempo. No obstante, considero que los Pop Sonnets son una reivindicación satírica más del clasicismo y la alta cultura, pues no es lo mismo una canción de Taylor Swift que una canción de Taylor Swift en versos de arte mayor. Detrás de estos últimos respira una tradición.

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