Si la muerte pisa tu huerto: Elegía a Ramón Sijé

Autora: Mónica Encinas Fons

La “Elegía” del poeta Miguel Hernández (1910-1942) -víctima de la violencia de la Guerra Civil y la posguerra- es un canto desgarrado a la muerte de su amigo, compañero de letras y conversaciones, Ramón Sijé.

José Ramón Marín Gutiérrez, cuyo seudónimo era el de Ramón Sijé (Orihuela, 1913 – ibídem, 1935) fue escritor, periodísta y abogado, quien estrechó lazos amistosos desde joven con el poeta valenciano gracias a sus inquietudes literarias y políticas, aunque no compartían las mismas opiniones religiosas. En cuanto a su obra literaria, fundó dos revistas (Voluntad y El Gallo Gris) y un ensayo antirromántico (La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas).

Este escritor murió el 13 de diciembre de 1935 en Orihuela al enfermarse de una infección intestinal, que le produjo una septicemia que le infectó el corazón a la edad de 22 años. Su amigo del alma, al enterarse de su fallecimiento, le escribió este hermoso poema en su memoria, que está dentro del libro El rayo que no cesa (1936), a modo de último homenaje.

Respecto a la estructura del poema, este se encuentra dividido en cinco partes: en primer lugar, nos narra el dolor del poeta ante la pérdida de su compañero (tres primeros tercetos); en segundo lugar, la presencia de la muerte como fuerza segadora (los tercetos 4 al 8); en tercer lugar, la rebeldía del poeta ante la muerte injusta de su amigo (tercetos 9 al 11); en cuarto lugar, la esperanza en el reencuentro con el amigo a través de la naturaleza (tercetos 12 hasta el 16); y en último lugar, la cita para la primavera, donde el poeta tiene la esperanza de que su amigo vendrá de nuevo a estar con él, una vez que vuelvan a brotar las flores (cuarteto final).

Por tanto, el poema -junto con el del “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico García Lorca- es uno de los poemas, donde resalta la crueldad de la muerte temprana de su amigo en los meses anteriores a la Guerra Civil, escrito en tercetos encadenados que van agrupados de manera desordenada las emociones en endecasílabos.

Elegía

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.                                                   Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Pintura: La muerte de Sócrates, Jacques-Louis David

Música




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