Hero y Leandro, un amor de leyenda

Autora: Mónica Encinas Fons, Universitat de València

¿Quién no se ha enamorado alguna vez de alguien que estaba lejos de nuestro hogar y ha tenido que cruzar océanos, continentes o cualquier cosa que se ponga por delante tan sólo para estar con él? Esto mismo les pasó a Hero y Leandro, protagonistas de este amor de leyenda.

Hero (Ήρώ), sacerdotisa de Afrodita cortejada por Apolo, residía en una torre junto con sus padres en la ciudad Sestos; Leandro (Λέανδρος), en Abido, al otro lado del estrecho que separaba ambas ciudades. Estos dos jóvenes se conocieron en el mismo santuario de Hero, mientras la doncella estaba ocupada en sus obligaciones como sacerdotisa en el templo de Afrodita. En ese mismo momento, surgió la llamada del amor; sin embargo, los separaba el Helesponto (en la actualidad, estrecho de los Dardanelos, en Turquía).

Tan pronto como los padres se enteraron de su amor -al igual que Romeo y Julieta, historia que está basada en este mito-, se negaron en rotundo a que contrajeran matrimonio, así como a sus largos encuentros amorosos. No obstante, ellos trazaron un plan para verse, a pesar de la oposición de sus padres, a escondidas y en secreto. Así, cuando caía la noche, Hero encendía una antorcha en lo alto de la torre, a modo de guía, para que Leandro -que estaba en la orilla opuesta- supiera, a través de esta señal, que podía visitarla sin ningún temor a ser descubierto. De esta manera, todos los días Leandro, al ver brillar esta luz al otro lado de la orilla, se lanzaba con ímpetu al mar, a fin de atravesarlo a nado, cuya recompensa era estar en los brazos de su amada, tal y como nos relata Ovidio (Heroídas, XVIII, versos 101- 110):

Texto latino

“Ne fieret prima pes tuus udus aqua

excipis amplexu feliciaque oscula iungis –

oscula, di magni, trans mare digna peti! –

eque tuis demptos umeris mihi tradis amictus,

et madidam siccas aequoris imbre comam.

Cetera nox et nos et turris conscia novit,

quodque mihi lumen per vada monstrat iter

non magis illius numerari gaudia noctis

Hellespontiaci quam maris alga potest;

quo brevius spatium nobis ad furta dabatur,

hoc magis est cautum, ne foret illud iners”.

Traducción al castellano

“Me recibes en un abrazo y me das unos abrazos felices, unos besos felices, unos besos ¡grandes dioses!, que merecen ser buscados cruzando el mar; te quitas tu capa de los hombros y me la das y me secas el pelo empapado de agua marina. Lo demás lo sabe la noche, y nosotros, y la almena,  nuestra cómplice, y la lumbre que me enseña el sendero a través del mar. Tan innumerables como las algas marinas del Helesponto fueron las delicias de aquella noche. Cuanto menos tiempo se concedía a nuestro amor escondido, tanto más cuidábamos de que no pasara en balde”.

De este modo transcurrió su amor durante cierto tiempo, pues Leandro repetía esa acción sin importarle desafiar a la muerte para estar con ella, aunque fuesen pocas horas de la noche, en las cuales podían permanecer juntos sin temor a que los padres de la muchacha les sorprendiesen. Sin embargo, estos amantes tenían que despedirse al comienzo del alba, estando Leandro apenado por su partida y con la esperanza de volver a cruzar el mar al día siguiente (Ovidio, Heroidas, XVIII, versos 111-115):

Texto latino

“Iamque fugatura Tithoni coniuge noctem

praevius Aurorae Lucifer ortus erat;

oscula congerimus properata sine ordine raptim

et querimur parvas noctibus esse moras

atque ita cunctatus monitu nutricis amaro”.

Traducción al castellano

“Y ya la esposa de Titono estaba a punto de poner en fuga a la noche,  y había salido el Lucero, precursor de Aurora.  Amontonamos besos apasionados, sin orden ni concierto,  y nos quejamos de que tan cortas fueran las horas de la noche”.

Pero esta situación terminó en tragedia una noche de tempestad, en la que un fuerte vendaval hizo apagar la antorcha de su amada, hecho que provocó que Leandro ya no pudiera guiarse y, por tanto, perdiese el camino; no obstante, reforzó sus fuerzas en balde, ya que unas olas embravecidas fueron las causantes de su funesto destino.

A la mañana siguiente, Hero, desesperada por no haber recibido noticias de su amado, fue a la playa donde se citaban; y acto seguido, el mar depositó el cuerpo inerte de Leandro al pie de la torre. La reacción inmediata de Hero fue arrojarse a las turbulentas aguas, según algunas versiones, o tirarse desde lo alto de su torre, según otras:

Texto griego

ἤλυθε δ’ ἠριγένεια καὶ οὐκ ἴδε νυμφίον Ἡρώ.

πάντοθι δ’ ὄμμα τίταινεν ἐς εὐρέα νῶτα θαλάσσης,

εἴ που ἐσαθρήσειεν ἀλωόμενον παρακοίτην

λύχνου σβεννυμένοιο. παρὰ κρηπῖδα δὲ πύργου

δρυπτόμενον σπιλάδεσσιν ὅτ’ ἔδρακε νεκρὸν ἀκοίτην,

δαιδαλέον ῥήξασα περὶ στήθεσσι χιτῶνα

ῥοιζηδὸν προκάρηνος ἀπ’ ἠλιβάτου πέσε πύργου.

κὰδ δ’ Ἡρὼ τέθνηκε σὺν ὀλλυμένῳ παρακοίτῃ.

ἀλλήλων δ’ ἀπόναντο καὶ ἐν πυμάτῳ περ ὀλέθρῳ.

Traducción al castellano

“Y llegó la Mañana y Hero no vio a su marido. A todas partes dirigía su mirada sobre la ancha superficie de la mar, por si en parte alguna avistaba, a la deriva, a su esposo, por haberse apagado el candil. Mas cuando, al pie de la torre, vio el cadáver de su esposo que los escollos habían magullado, rasgóse el artístico manto sobre sus pechos y con ímpetu de cabeza se arrojó de la escarpada torre. Y Hero encuentra la muerte junto a su marido muerto, y hasta en el mismo trance postrero de su mutua compañía gozaron” (Museo, Hero y Leandro, versos 335-343).

Pintura: Il corpo di Leandro trasportato dalle nereidi, Carpioni Giulio.

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