Las nanas de la cebolla, un canto a la desesperación

Autora: Mónica Encinas Fons, Universitat de València

Miguel Hernández, poeta de la Generación del 36 -categoría acuñada por Ricardo Guillón-, le dedicó este poema a su segundo hijo, Manuel Miguel, cuando estaba en la cárcel de Torrijos, una vez que el poeta recibiera una carta de su mujer, Josefina Manresa, en la cual le decía -como canta la canción- que sólo tenían pan y cebolla para alimentarse, a modo de respuesta.

Este poema -compuesto en seguidillas (versos concisos, rápidos y directos)- se encuentra al final del Cancionero y romancero de ausencias, cuyo tema principal es la familia a la que no puede dar de comer, al estar allí encerrado por haberse posicionado en el bando republicano durante la Guerra Civil Española.

El texto está estructurado en dos partes: en la primera (desde el verso 1 hasta el verso 49) nos describe la impotencia del poeta por no poder ayudar a su mujer y a su hijo recién nacido, así como los ánimos para continuar con la esperanza de estar con ellos algún día; en la segunda da ánimos a su hijo para que disfrute de su infancia, a pesar de que no esté presente.

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Pintura: La sopa de los pobres, Reinaldo Giudici.

Extra: te recomendamos las siguientes versiones de Nanas de la cebolla que hemos encontrado en You Tube. Seguro ya conocías la célebre versión de Serrat. Aún así, dales un vistazo.

Serrat

Enrique Morente

Alberto Cortez

José Mercé

Juan Valderrama

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